domingo, 27 de febrero de 2011

RELEYENDO "EL PADRINO" (17): COMPRENDIÓ ENSEGUIDA

Siempre me ha admirado la capacidad de persuasión de algunas personas. Ya no me refiero a la de Don Corleone en el pasaje de hoy (que en el fondo está respaldada por el miedo), sino la de determinada gente que todos conocemos que solo con su elocuencia, su labia o su simpatía son capaces de arrastrar la voluntad de los que les rodean, de conseguir que se haga lo que ellos quieren sin más que insinuarlo. ¿Qué extraño don poseen estas personas?, ¿es algo natural?, ¿tiene que ver con la inteligencia, la psicología o la observación o simplemente se trata de una especie de imán inexplicable que hace que todos les obedezcan?


"Años atrás, el entonces
joven Nazorine, que era sólo un ayudante de panadero que estaba a punto de casarse, le había pedido ayuda. Él y su futura esposa, una buena chica italiana, habían ahorrado dinero y habían pagado la enorme suma de trescientos dólares al propietario de un almacén de muebles que les habían recomendado. El comerciante les dejó escoger todo lo que quisieron para amueblar el piso. Un bonito y macizo juego de dormitorio, con sus mesillas de noche y sus lámparas, el tresillo, muy bonito también, con su sofá y sus dos butacas, y otras cosas. Nazorine y su prometida habían disfrutado de veras escogiendo lo que más les gustaba de entre una enorme cantidad de muebles. El vendedor tomó el dinero que los novios habían ahorrado con mucho esfuerzo, y les prometió que esa misma semana les enviaría el pedido.

Al cabo de pocos días, sin embargo, la tienda había ido a la bancarrota y los acreedores se habían quedado con todas las existencias. Entretanto, el propietario había desaparecido. Nazorine fue a ver a su abogado, quien le dijo que nada podía hacerse hasta que los tribunales decidieran, y comprendió que para que esto ocurriera podían pasar tres años o más, en cuyo caso podría darse por satisfecho si conseguía recuperar diez centavos por dólar, pues el activo del mueblista debía repartirse entre todos los acreedores.

Vito Corleone no daba crédito. No era posible que la ley permitiera un robo semejante. El propietario del almacén vivía en una hermosa casa, poseía una finca en Long Island, un lujoso automóvil, y enviaba a sus hijos a la universidad. ¿Cómo era posible que, teniendo los trescientos dólares, no hubiese enviado los muebles al pobre Nazorine? Vito Corleone no dudaba de la palabra de Nazorine, pero hizo que Genco Abbandando, a través de los abogados de la Genco Pura, se asegurara de ello.

Resultó que la historia de Nazorine era completamente cierta. El propietario tenía toda su fortuna personal a nombre de su esposa. Su negocio de muebles era una sociedad de responsabilidad limitada, por lo que no se le podía responsabilizar como ente individual. Su mala fe había sido evidente, pero no se trataba de un caso aislado; eran muchos los comerciantes que, cuando les convenía, se declaraban en quiebra, perjudicando así a mucha gente. Legalmente, nada podía hacerse por el pobre Nazorine.

Como es natural, el asunto no tardó en resolverse. Don Corleone envió a su consigliere, Genco Abbandando, a hablar con el mueblista y éste, que no tenía un pelo de tonto, comprendió enseguida. Nazorine tuvo sus muebles".

5 comentarios:

perroviejo dijo...

Hace unos años participé en un curso, un día a la salida el profesor me pasó un papelito a escondidas (no, no era su número de teléfono)en la nota me decía que en el ejercicio del día siguiente yo sería la persona que tenía que intentar que la biblia subiera al puesto más alto, sin descubrirme ante mis compañeros claro.
Comenzó el ejercicio, nos dividió en grupos y "nos hizo naufragar" en una isla desierta, nos dio una lista de objetos y teníamos que ponernos de acuerdo en lo más esencial que rescatar del naufragio.
Decidir entre biblia y cerillas es complicado en una isla desierta.

El Subdirector del Banco Arús dijo...

Un tema muy interesante porque precisamente ahora, una persona muy cercana se encuentra en una situación muy similar. Y, curiosamente, al margen de las acciones legales pertinentes (lentas y poco efectivas) yo era partidario de usar mi gran capacidad de persuasión personal con el sinvergüenza de turno.

Es cierto que hay gente con un don especial para convencer a otras personas y arrastrar su voluntad, no necesariamente por medios violentos. Algunas mujeres tienen el don de conseguir que los hombres no sólo obedezcamos su voluntad sino que renunciemos a nuestra dignidad, incluso.

Álex dijo...

Me desconcierta un poco este post, porque no acabo de ver cuál es el asunto principal: la capacidad de persuasión o la "capacidad de persuasión".
Respecto a la primera, yo diría que es una mezcla de todas las cosas que cita el sr. Neri: una parte de don, otra parte de imán, parte de sensibilidad, parte de habilidad, incluso en algún caso una buena parte de egoísmo... El sr. subdirector cita el don de algunas mujeres para conseguir que los hombres obedezcamos su voluntad. Añadiría que también ese "don" lo tienen algunos hombres respecto a algunas mujeres y diría que en ambos casos buena parte del "don" corresponde al dominado, por causas diversas (amor ciego, deseo ciego o voluntad ciega, por ejemplo).
Perroviejo, cuéntenos algo más de su ejemplo. Quién sabe, si la discusión en la isla desierta llega a mayores, puede terminar la cosa en que se gasten las cerillas para quemar la biblia...
Respecto a la "capacidad de persuasión" basada en el miedo o la amenaza poco puedo decir. Ahora que lo pienso, muchos de los casos de dominación de voluntad mujeres-hombres pueden llevar implícito algo de este otro tipo de persuasión.
Por último, también me quedo, por lo patente que es en la actualidad, con la impunidad con la que pueden actuar las sociedades. La de casos que hay hoy en día de personas que no cobran el dinero que les deben sociedades con su socio o socios forrados de dinero.

Mª Asunción Balonga Figuerola dijo...

El miedo, Sr. Neri.
Hay personas, incluso padres con respecto a sus hijos, o un cónyuge sobre el otro, que consiguen atemorizar y no empuñando una pistola, sino mediante un sutil y sofisticado mecanismo de manipulación entre la cólera y el chantaje emocional, a sus víctimas que harían cualquier cosa bajo el influjo de ese terror psicológico.
Interesantísimo tema que requeriría de mayor profundidad lo reconozco, pero valga este apunte para ser desarrollado por otros mejor preparados que yo.
Saludos cordiales.
Asun

Mª Asunción Balonga Figuerola dijo...

Perdone pero he olvidado decir que los mejores "maestros" en el género de "seducción" que usted propone son los líderes de las sectas.
Temidos y adorados a la vez por sus seguidores.
Un cóctel explosivo.
Buenas noches a todos.