En el marco de una visita de trabajo de varios días a la antigua Unión Soviética, el Ministro de Asuntos Exteriores José Manuel García-Margallo rindió homenaje el domingo pasado a los españoles caídos que lucharon contra Alemania en la Segunda Guerra Mundial, depositando una corona de flores en el monumento erigido a estos combatientes en el Parque de la Victoria de Moscú. Ni que decir tiene que el sobrino nieto del capitán García-Margallo, héroe de la Guerra del Rif y del que por cierto no ha heredado ni la testiculina ni el ardor patriótico, ni siquiera barajó la posibilidad de incluir en su agenda de viaje una breve visita a alguno de los cementerios militares donde reposan los restos de muchos de los 5.000 valientes que cayeron plantando cara al comunismo en la División Azul, en la Legión Azul y, una vez disueltas estas, en distintas unidades de la Wehrmacht.
Ciertamente sería como pedir peras al olmo pretender que este pepero de mañas lacayunas que en 2012 expulsó de España al embajador del presidente sirio Al Asad, reconociera el valor y el sacrificio de los jóvenes idealistas que entre 1941 y 1943 se alistaron en la 250ª División para frenar la tiranía materialista y atea que amenazaba Europa, y en defensa de la verdadera libertad de los pueblos y de un nuevo orden económico anticapitalista y solidario. Pero lo que clama al cielo, lo que no puede aceptarse de ninguna manera, es que se avenga a honrar en exclusiva a los soldados españoles que combatieron en el lado soviético.
Aunque mi opinión sobre mis "compatriotas" que desertaron de la División para pasarse a los ruskis no puede ser más negativa, habría aceptado de más o menos buen grado que el Ministro de Exteriores dedicara unas palabras de recuerdo a “todos los españoles caídos en Rusia durante la Segunda Guerra Mundial”, sin más especificaciones. Lo que me avergüenza y me parece indignante es que se rinda honores a los muertos de un solo bando, obviando la más mínima mención a los del contrario, que encima son muchísimos más.
Yo estaría dispuesto a pasar por alto que los españoles que sucumbieron en la estepa enrolados en el Ejército Rojo fueron unos traidores que odiaban a su patria, unos marxistas execrables que tras sembrar el odio en nuestro país, provocar el baño de sangre más trágico de nuestra historia y protagonizar una auténtica orgía de crímenes, huyeron como conejos al terminar la guerra para librarse de la justicia y volver a empuñar las armas al otro lado de los Urales en nombre de un régimen político basado en el despotismo, el rencor y la impiedad. No me importaría mirar para otro lado, como ya hizo en 1954 el General Agustín Muñoz Grandes, quien, en su discurso de bienvenida al último contingente de divisionarios y de desertores que regresaba de Rusia, declaró que “el Gobierno no establece diferencia alguna entre los miembros de la División Azul y los demás españoles que con ellos vuelven después de haber luchado en el campo contrario. Sean bienvenidos todos ellos”. Pero naturalmente un servidor tragaría siempre y cuando el Ministro hubiera recordado, también sin distinción, a todos los fenecidos en el campo de batalla, y no solo, como hizo el domingo, a los que más conviene a su imagen y a sus intereses. Claro que comparar a Muñoz Grandes con este moñas es como equiparar a Dios con un botijo.
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| A Margallo los guripas caídos se la traen floja |
Lo que pasa es que con políticos de la mediocridad y del partido de García-Margallo tampoco hay que llevarse demasiado las manos a la cabeza ante gestos tan mezquinos y tan antiespañoles. Todavía me sonrojo al recordar al Gobierno de José María Aznar votando en 2001 en el Congreso de los Diputados a favor de la “rehabilitación total de los guerrilleros antifranquistas”, es decir de los grupos terroristas de extrema izquierda popularmente conocidos como "maquis" que entre 1939 y 1952 causaron más víctimas que ETA en las zonas rurales de toda España. (834 secuestros, 538 sabotajes, 5.963 atracos y 953 asesinatos).














