No voy a entrar en los motivos por los que he leído La pasión
turca (1993), la segunda novela del melifluo Antonio Gala. Tampoco voy a
extenderme con su argumento, de todos conocido: una chica convencional de
provincias, que sufre un matrimonio aburrido e insatisfactorio, se enamora locamente
de su guía turístico en un circuito a Turquía, entregándose a una pasión sexual
desbordada que la lleva a romper con todo y a trasladarse a Estambul a vivir
con él. Esta relación se irá volviendo cada vez más sórdida, haciendo debatirse
a la protagonista (que acaba como las maracas de Machín) entre su pasión-obsesión,
y su dignidad y sentido del deber.
Como no podía ser de otro modo con una trama semejante, el
libro fue llevado al cine por el obseso de Vicente Aranda, director de gorrinadas
como Cambio de sexo (1977), Amantes (1991) o Libertarias (1996), y la película protagonizada por una pésima pero putaresca Ana Belén.
La novela, por resumirlo de algún modo, es una historia muy
vulgar pero bastante bien contada y aderezada con pinceladas culturetas y
guiños a la mitología clásica, tan propios del afeminado escritor que ni un
instante se separa de su bastón, suponemos que por su cojera.
Pero dejando ya a un lado mis valoraciones, voy a enumerar
los grandes temas que, con gran maestría y de un modo sugerente, plantea Gala en su Pasión turca, pues creo ya que merecen un buen debate. Soy breve:
- Plantea que la institución del matrimonio se ha cargado
completamente el sexo, al normalizarlo y estandarizarlo; que el sexo se
disfruta mucho más cuando es espontáneo y proscrito, cuando tiene un cierto
componente de clandestinidad y de pecado.
- Solo tenemos una vida, solo se vive una vez, por lo que
estamos obligados a disfrutar a tope, haciendo lo que de verdad nos hace
felices (= nos apetece) frente a los convencionalismos sociales, religiosos o
morales.
- Gala cuestiona que Turquía sea la anti-Europa por
excelencia, reivindica sus orígenes no musulmanes y explica que es la cuna del
Cristianismo y de Occidente, por lo que es más europea que cualquier
otra nación más al oeste.
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| En la peli, Ana Belén no tuvo que actuar; solo ser ella misma |
- La protagonista, Desi, se enamora de Yamam, el guía de su
circuito turístico. Se sugiere que la mujer tiene una tendencia inconsciente
a encapricharse de los hombres que dirigen, mandan o son referentes en un grupo
(su guía, su jefe, su profesor, etc)
- Buenísima frase: “La paternidad hace a los hombres más
humanos y la maternidad hace a las mujeres más animales”. Muy curioso, pues los
hombres, al tener un hijo, se comportan de un modo muy diferente al de los
animales macho, que se suelen desentender de la camada. En cambio en las
mujeres, cuando dan a luz, surge un
instinto atávico y animal que les lleva a dejar de lado, o al menos a
relativizar, todo lo demás, incluyendo
el trabajo, el marido, su vida social, su ocio, etc.
- Unas relaciones sexuales satisfactorias son la forma más
plena de comunicación y unión entre dos seres humanos.
- Gala insinúa que el enamoramiento y la pasión duran muy
poco, y que la rutina termina machacando el sexo y las relaciones afectivas por
muy sólidas que parezcan.
- Un enamoramiento repentino y
apasionado es siempre un espejismo, un reflejo de nuestro deseo por alcanzar lo
que nos falta, por colmar nuestras necesidades afectivas o sexuales. Con el
enamoramiento siempre nos engañamos a nosotros mismos y por eso cuando llega la
realidad del día a día surgen la decepción y el hastío.
- Las mujeres siempre tienden a
confundir el sexo con el amor, la atracción física con el enamoramiento.
- Hay un personaje del libro que cuando ve a Desi tan
enloquecida y tan dispuesta a arrojarlo todo por la borda por su turco, le advierte
que el amor de pareja no lo es todo en la vida, que hay otros mil aspectos que
cuidar como la familia (Desi no vuelve ni a visitar a su padre), los amigos,
las propias aficiones, el trabajo... Un "amor" que lleva a romper con todo supone
un desequilibrio antinatural.
- En su entrega total al amor de su vida, Desi llega a
tolerar de buen grado vejaciones y malos tratos de Yamam, llegando a confesar
que, antes que serle indiferente, prefiere que la humille porque eso al menos
significa que piensa en ella. Este fenómeno, dicen, no es tan inusual en los
casos de violencia “de género” que salen todos los días en la prensa. Yo me
planteo si las mujeres así de gilipollas de verdad no se merecen lo que las
pasa.
- En la novela puede verse que cuando una persona cede a la inmoralidad
en un aspecto concreto de su vida, se acaban deteriorando otras muchas facetas. Sucede a veces que el que se sabe muy pecador, aunque sea en un aspecto puntual de su
conducta, termina desanimándose por mantenerse íntegro en otros y el pecado se
acaba colando hasta la cocina. Es difícil ser relativista en unas cosas y dogmático en otras.