martes, 29 de marzo de 2016

ZARAGOZA

Basílica del Pilar tras el Puente de Piedra
Zaragoza es una joya mudéjar a orillas del Ebro que impresiona por su tamaño. Con casi 700.000 habitantes, es la cuarta urbe más grande de España, después de Madrid, Barcelona, Valencia y Sevilla. Tiene avenidas, como el Paseo de la Independencia, que recuerdan el centro de Madrid. Es una ciudad que combina, con perfecto equilibrio, modernidad y belleza. A mí me encanta su tranvía, que le da un aire europeo y dinámico. Eso sí, como todas las grandes metrópolis, tiene sus inconvenientes y uno de los más graves es, sin duda, su alta densidad de inmigrantes, particularmente morunos. Me ha impresionado la morisma que abarrota literalmente la calle Conde de Aranda.

He pasado dos días muy agradables en la capital de Aragón, alojado –como no podía ser de otro modo– justo frente a la estatua de César Augusto, fundador de la ciudad, que el mismísimo Mussolini regaló al ayuntamiento tras la Guerra Civil. Hacía muchos años que no visitaba Zaragoza y he tenido la ocasión de repasar algunos de sus viejos rincones. Se siente uno como en casa en esta histórica localidad que ha sido testigo de algunos de los hitos más gloriosos de nuestra Patria y simboliza su riqueza cultural.

Aparte de la visita obligada a Nuestra Señora del Pilar en la tradicional basílica barroca, cañoneada por los herejes napoleónicos, y de la compra de los habituales –y un poco catetos- recuerdos en la tienda adyacente, no he olvidado entrar en la Seo, un impresionante templo gótico que a mí personalmente me gusta más que la basílica y que cuenta con un museo muy interesante de tapices del siglo XV. Y por supuesto he dedicado una tarde a recorrer la Aljafería, un antiguo palacio de la Taifa de Saraqusta convertido tras la reconquista en la residencia de los monarcas del Reino y de la Corona de Aragón, rodeado por un foso y un jardín espléndidos. En la actualidad es la digna sede de las Cortes de esta comunidad autónoma, algo de lo que debería aprender Castilla y León, cuya asamblea legislativa está ubicada en un edificio moderno, feo y hortera, flanqueado, para más inri, por una espeluznante escultura de Cristóbal Gabarrón.

Con todo, la visita cultural que más me ha gustado ha sido la del Museo Goya, donde se encuentran expuestas catorce pinturas y todos los grabados del genio de Fuendetodos.

Palacio de la Aljafería


También he disfrutado de alguna actividad "medioambiental". Me ha gustado mucho el acuario de agua dulce del complejo de la Expo de 2008, donde se reproducen los ecosistemas de varios ríos de todo el planeta, con especies piscícolas y de otros animales, incluidas las nutrias (que, desgraciadamente, no pude ver porque estaban durmiendo).  Además, como anécdota curiosa, sufrí el ataque de una enorme tortuga de río. La “pobre” había salido accidentalmente de su recinto acondicionado y se encontraba en mitad de un pasillo del recorrido, así que la cogí para devolverla al agua y la muy zorra empezó a mover las patas a velocidad de vértigo y me dejó las muñecas despellejadas con sus zarpas afiladas como puñales. Además di un paseo inolvidable por la ribera del Ebro, que han acondicionado muy bien (al menos la orilla de enfrente de la Basílica). Hay hasta una torreta para la observación de aves. El río, que estaba precioso y muy crecido, ofrece unas vistas únicas para los amantes de la fotografía. Los últimos cormoranes de la temporada practicaban la pesca submarina y sobrevolaban una y otra vez el Puente de Piedra.

Patatas Sherry, todo un clásico en El Tubo
Pero el capítulo más placentero de mi breve viaje ha sido el gastronómico, gracias a los inestimables consejos de Capitán Alatriste, un amigo zaragozano de La pluma viperina al que pedí que me asesorara. Había oído que el barrio de El Tubo es uno de los mejores sitios de España para tapear y lo he confirmado. Una docena de pequeños bares concentrados en tres o cuatro callejuelas del casco viejo ofrecen una gastronomía exquisita a precios variados pero no excesivos. Los locales que más me han gustado son Casa Pascualillo y su deliciosa chistorra con cebolla caramelizada regada con un tinto de Calatayud; El Champi, que solo sirve un montado de champiñones a la plancha para chuparse los dedos y una cerveza tostada en un frasco de rosca; la Taberna Doña Casta, con sus espectaculares croquetas de arroz negro y alioli; La Pilara, con unas tapitas de lo más original y una excelente relación calidad-precio; y La Ternasca, donde no hay que perderse sus ricas patatas Sherry, que son una especie de huevos rotos con patatas fritas muy delgadas y tallarines de ternasco (cordero joven). Se me hace la boca agua solo de escribirlo y recordarlo. También tuve ocasión de tomar unas copas por otras zonas del centro. Me agradó bastante un pub llamado La Bodeguilla. El ambiente nocturno está muy bien y la gente me pareció majísima aunque hablase exactamente igual que Marianico el Corto.

15 comentarios:

Aprendiz de brujo dijo...

Hermosa semblanza de Zaragoza, ciudad que solo conozco de pasada.
Habrá que ir a pasear y degustar esos manjares.
Besos y abrazos.

Aprendiz de brujo dijo...

Lo de entrar a comprar vírgenes y estampitas no tenías que haberlo confesado, macho. Todos tenemos episodios vergonzantes de nuestra vida, que no tienen porqué salir a la luz.Y no es algo cateto, es de un catetismo esférico entrar en un tenderete de esos.
Estas cosas se callan y hasta se niegan si hace falta. Como cuando te lías con una mujer que tiene halitosis públicamente conocida. Se puede caer?. Sí. Se debe hacer?. No. Se debe contar?.DE NINGUNA MANERA.

El chico de los tablones dijo...

Al Neri, me he emocionado al leer sus amables palabras sobre una ciudad que, durante mis 6 años de universitario, también fue la mía.

Apenas ha pasado un mes desde la última vez que estuve en casa Pascualillo, dándome un homenaje con Capitán Alatriste (apostaría a que ha sido él su cicerone gastronómico ;-) ) y otros buenos amigos de la Facultad. La Ternasca, el Champi, esas croquetas... ¡No ha dejado usted por probar ni una sola de las tapas míticas del Tubo!

Me alegro de que haya disfrutado tanto de sus vacaciones en tierras aragonesas y a ver si la próxima vez se anima a visitar mi Huesqueta, que por la autovía se llega desde Zaragoza como una flecha.

Un fuerte abrazo a toda la familia viperina después de tanto tiempo.

Al Neri dijo...

¡Tablones, un saludo! Espero que haya tenido suerte con sus oposiciones... Que hace mucho que no sabemos nada de usted.

Espero poder conocer "Huesconsin".

Brujo, es inevitable hacer esas compras: los caramelos adoquines, las cintas de la medida de la Virgen del Pilar con la bandera de España, estampitas y figuras de la Virgen... Aunque sea muy cateto, no queda otra, hágase cuenta.

El chico de los tablones dijo...

Gracias por su interés, Sr. Neri. Pues por vueltas (más bien palos) que da la vida cambié de oposiciones a los escasos cuatro meses de empezar mi preparación. Ahora mismo me hallo en el ecuador de tres procesos selectivos distintos, cuyo estudio simultaneo con un 'minijob' para sentirme menos 'nini'.

Espero que a usted le vayan bien las cosas: la familia, el trabajo, sus mil y una aficiones... y, por supuesto, esta bitácora. Aunque llevaba eones sin pasarme por la zona de comentarios, lo cierto es que nunca he dejado de leer el blog en todo este tiempo.

Si algún día se deja caer por Huesconsin me ofrezco para asesorarle según mi escaso criterio :-)

Saludos también a Brujo, que a juzgar por su comentario supra sigue siendo el fenómeno de siempre.

Al Neri dijo...

¡Suerte, amigo! Y gracias.

Zorro de Segovia dijo...

coincido con usted en la gran valoración al museo dedicado a Goya. Realmente bien estructurado por Ibercaja. Y respecto a los souvenirs, me quedo con las frutas de Aragón, que por supuesto compro en una de las tiendas de la Plaza del Pilar

SUSTO dijo...

Lo de "Marianico el corto"...en fin, algunos no somos tan cerraus de acenticó.

Eso sí, la ciudad está bien pocholicá.

Aprendiz de brujo dijo...

Suso, tu te has pulido mucho en Valladolid. No cuentas a estos efectos.

Aprendiz de brujo dijo...

Un abrazo y mucha suerte,Tablones.Vales mucho tío. Seguro que todo te va ir bien.

Al Neri dijo...

Susto, usted ya parece de Valladolid y habla como los de Valladolid, no lo niegue.

Me hizo mucha gracia en Zaragoza, al pasar por el escaparate de una zapatería, que una chica le dijera a otra: "mira, qué botas más majicas". El acento sobre todo se lo he notado a la gente mayor.

Aprendiz dijo...

A mí me gusta mucho Zaragoza, pero siempre he ido de paso o de comuniones cuando mis primos vivían allí. Nunca he ido realmente de turismo, pero la basílica la he visitado bastante, y tengo cintas de la Virgen por todos lados. Hace mucho que no voy la verdad.

SUSTO dijo...

A mi, la verdad, me sale el acento cuando me cabreo.

Yo escuché en Zaragoza un piropo inolvidable en la calle san Vicente Mártir.

Pasaba una chavala que hasta los perros y los gatos se daban la vuelta para mirarla, y se oye a un hombre desde no se sabe dónde gritar:

- ¡¡¡QUIÉN TE PILLARA CAGANDO, MAJA!!!

Inolvidable.

Al Neri dijo...

Qué barbaridad. Esas cosas tan sórdidas en Castilla la Vieja no pasan.

A.J dijo...

Zaragoza está bastante peor que hace seis o siete años. Está más sucia, con muchos más grafitis, destrozos en las riberas del Ebro sin arreglar y además más gentuza en general.
Zaragoza, para ser una ciudad mediana, es bastante pesada si te tienes que desplazar por ella ya que el transporte público es bastante deficiente. El tranvía a penas cubre las necesidades de dos o tres barrios.
La Zaragoza de hace 20-25 años aún era provinciana y tipista. Ahora ya han llegado las modas amariconantes hipsters y demás chorradas estrafalarias de Madrid y Barcelona.

Con el hay-untamiento podemita ya es lo que nos faltaba...