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lunes, 14 de abril de 2014

ENSEÑAR INGENIERÍA A UN ABOGADO

Sin ánimo de ofender a nadie y partiendo de dos indiscutibles premisas, que la universidad española es una fábrica de macarrones donde cualquiera con tiempo, dinero y aguante obtiene cualquier título y que en todos los oficios abundan los inútiles, siempre me he preguntado cuáles serían las causas para que las facultades de Derecho fueran las más elefantiásicas.
Próximo patrón de las facultades de
 Derecho en España


El Lute: paradigma del
estudiante de Derecho
Sinceramente, siempre me extrañó por qué los estudiantes de Derecho, a partir de tercer curso, solo acudían a clase tres días por semana y de dónde sacaban tiempo, ellos para doctorarse en mus y ellas para acudir a clase más arregladas que en nochevieja (por no mencionar que muchos de los cuerpos femeninos abundantes en esas gigantescas aulas son, sin duda, fruto de cientos de horas de gimnasio).

¿Es normal que en una ciudad como Madrid, existan más licenciados en Derecho que en toda Alemania?



¿Es normal que la mayor parte de la oposiciones fueran para licenciados en Derecho? ¿Qué dice eso de la organización de la Administración Española?


¿Por qué los profesionales de la política, en su mayoría, estudiaron dicha carrera? ¿Qué se puede deducir e inducir de esto?

¿Es normal que, en la cosa pública española, los puestos de responsabilidad estén copados por licenciados en Derecho independientemente que el peso específico de dicha responsabilidad recaiga en el ámbito industrial, médico, ciéntifico, militar...? Porque no me cabe en la cabeza que exista una titulación en el mundo que convierta, de la noche a la mañana, a cualquier persona en alguien capaz de afrontar responsabilidades de todo ámbito y nivel tiranizando a verdaderos expertos en la materia. Y no sirve el manido argumento de que esta persona cuenta con unos buenos asesores porque, y simplemente comparando los ambientes de las facultades y correspondientes escuelas técnicas, ¿no sería más fácil utilizar un par de tardes para que un ingeniero, un médico, un científico, un militar, o incluso un barrendero, adquiriese los conocimientos básicos de leyes y economía y, después, se rodease de un par de licenciados en Derecho o, mejor aún, en Administración y Dirección de Empresas. Porque, sinceramente, dudo que un licenciado en mus y maquillaje, perdónenme que el subconsciente me traiciona, quería decir, Derecho pueda entender la Ley de Ohm o el funcionamiento ya no de un hospital, sino de un ascensor.

Dos colegas de estudios, preparándose para seguir
tiranizando a ingenieros, médicos, científicos, militares
Y sí; si algún lector piensa que he escrito esta entrada con muy mala uva y con ánimo provocador, está en lo cierto. Tengo grandes amigos y conocidos licenciados en Derecho. Personas cultas, trabajadoras y capaces de asumir grandes desafíos profesionales de ámbito muy diferente. Lo cual no impide que los párrafos anteriores emanen, sin filtrar, ciertas, o incluso grandes, dosis de verdad.


Un buen escudo para el Colegio de Abogados y otros

martes, 8 de abril de 2014

LETRISTAS

Realizo muchos kilómetros con el coche a lo largo del año, del orden de 40.000. Tantas horas sentado al volante, muchas veces en solitario y por las mismas carreteras castellanas, rectas y monótonas, precisan de una ligera distracción. Hace algunos años, siempre sintonizaba La mañana de Federico en la COPE, antes de que el locutor se comportara como un auténtico psicópata. Más tarde, aburrido de los voceros bicolores del régimen y de los CD's que ya me sabía de memoria, comencé a captar cadenas musicales. Esto supuso un trabajo de selección bastante sencillo, utilizando como primer criterio que los locutores hablasen poco (así se descartó Los 40 Subnormales); y, como segundo, que huyeran de las gitanadas (y así eliminé Cadena Dial).

Y poco a poco, según desaparece del espectro o se acomoda en un estilo único, voy mudando de emisora favorita: de M80 a Vive Radio (del ínclito rey juntero Michel Méndez Pozo); de KissFM a EuropaFM; y tras eliminar esta última emisora y a sus locutoras guarrofónicas nocturnas del dial de mi Toyota, pasé a Cadena 100 que, por fin, se escucha en toda Castilla y León.

No sé si será por causa de la edad o porque la falta de competencia profesional también incluye a los que programan la parrilla de las emisoras o por una crisis de creatividad pero, últimamente, la música que escucho en todas las emisoras me parece más aburrida, vulgar y similar cada día que pasa. Tanto en inglés como en español, la música es mala y la letra logra rematarla. En inglés, al menos, no entiendo casi nada la mayoría de las veces, a Dios gracias, pero las letras españolas son francamente pésimas. De ahí creo que viene la moda española de componer letras en inglés, incluso para Eurovisión: para que poca gente se entere de las chorradas que estamos diciendo, vamos a traducirlas chapuceramente a otro idioma. O bien se piensan que nuestra lengua y cultura, que representan a 500 millones de almas en el mundo, no están a la altura de un histriónico y caduco concursillo.

La música siempre me había parecido un especie de ciencia oscura, reservada para elegidos capaces de interpretar sus arcanos pero va a resultar que estaba equivocado. Poco a poco me voy convenciendo que, en su expresión más comercial, popular y monetaria, está infestada de frotaguitarras cuyos conocimientos no exceden el de los gitanillos de órgano Casio, trompeta, cabra y escalera. Gentes que solo son capaces de juntar cuatro notas, en el mejor de los casos pegadizas, y que, sin duda debido a su escasa formación académica, no aciertan a componer unos ripios resultones que sirvan siquiera de acompañamiento.

Ahí está como prueba aquel compositor de Mecano empeñado en que su ¿ópera? se estrenara en El Real. Una chapuza que le obligó a aprender solfeo y que, a pesar de haber sido interpretada por Plácido Domingo -poderoso caballero habrá sido don Dinero- parecía una auténtica broma: «Que por qué; que por qué./ Yo que sé; yo que sé./Si tú me dejas, yo me tiro al río,/ ¿sabes? Cariño mío.» decía el gitano Manolillo o algo así.

Y luego, tras sufrir bodrios como este que me obligaban a desconectar la radio, he decidido volver a sintonizar de nuevo la COPE (advierto a los lectores que escuchar esta canción aumenta las ganas de matar):

     

jueves, 27 de marzo de 2014

REGLAS DE USO DEL GUASAP

No negaré que es una gran ocurrencia. Pero no me voy a dedicar a cantar las alabanzas de un invento que, además, no es tal puesto que previamente ya existían otras aplicaciones de mensajería instantánea también gratuitas. Simplemente querría explicar unas sencillas normas de sentido común que, si todos las aplicáramos, no transformarían una excelente herramienta en una máquina de tortura.




  1. La gente normal no tiene por qué andar de fiesta a las cinco de la mañana y, sin embargo, está en todo su derecho de dejar encendido su teléfono, sin darte explicaciones, ya sea para emergencias, asuntos familiares,... NO ENVIARÁS MENSAJES A HORAS INTEMPESTIVAS.


  2. Los grupos de trabajo son para trabajar; bombardear grupos de este tipo con fotos de gatitos solo conseguirá que los mensajes importantes pasen inadvertidos. NO ENVIARÁS GILIPOLLECES A GRUPOS CREADOS PARA ASUNTOS SERIOS.


  3. Como bien explicó Al Neri en su día, se pueden enviar varias frases en un único mensaje de tal forma que el teléfono no suene diez veces seguidas y el receptor no deje lo que esté haciendo pensando que es algo importante. NO ENVIARÁS MÁS DE UN MENSAJE PARA TEMAS NO URGENTES.


  4. Las personas normales tienen una vida que no está centrada en su teléfono. Quizás reciban tu mensaje o incluso estén «en línea» y no contesten. No pasa nada; no es que te ignoren. Si tan importante es para ti la contestación, gástate unos céntimos en llamar. NO ENVIARÁS ASUNTOS QUE CONSIDERES IMPORTANTES Y ESPERARÁS ASFIXIADAMENTE LA RESPUESTA MIENTRAS PIENSAS COSAS RARAS.


  5. Es ridículo mantener una conversación de más de cinco minutos con una persona a base de mensajitos. Si de verdad te interesa, llama. ¿O acaso eres un despreocupado para el cual el dinero vale más que el tiempo? NO MANTENDRÁS CONVERSACIONES INTERMINABLES POR GUASAP PARA NO GASTARTE TREINTA CÉNTIMOS.


  6. En Internet existen otras formas de red social como los foros o los blogs, usados por quien de verdad desea conocer opiniones e intercambiar pareceres. NO CONVERTIRÁS LOS GRUPOS DE GUASAP EN TU BLOG PARTICULAR.


  7. Si es de mala educación dejar a cualquiera con la palabra en la boca, podemos imaginarnos lo que supone estar de tertulia con los amigos y no atenderlos para mirar la última chorrada que nos hayan enviado. NO USARÁS EL GUASAP EN EL BAR EN CUALQUIER MOMENTO U OCASIÓN.


  8. Millones de personas en el mundo carecen de alimentación básica. Por ello, el momento de la comida debe ser respetado. NO USARÁS EL MÓVIL EN LA MESA.


  9. Tan importante para un buen profesional es serlo como parecerlo y existe una gran diferencia entre acudir al trabajo e ir a trabajar. NO USARÁS EL GUASAP EN HORAS DE TRABAJO PARA ASUNTOS NO LABORALES.


  10. Uno de los pilares de cualquier relación sentimental seria, sana, madura y estable es la mutua confianza entre el hombre y la mujer. Además, alguien a quien le comprometa un mensaje de móvil y no lo borre, es tan tonto que sus genes no merecen prevalecer en el mundo. NO COTILLERÁS EL TELÉFONO DE TU CÓNYUGE.

Estas diez sencillas reglas se resumen en otras más simples aún: USARÁS ANTES EL SENTIDO COMÚN QUE EL MÓVIL; INTENTARÁS TENER UN VIDA PLENA DISTINGUIENDO LAS NECESIDADES REALES DE LAS CREADAS y LA PUNTUALIDAD Y LA FORMALIDAD SON VALORES ETERNOS CUYO DESPRECIO NO SE PUEDE DISCULPAR PULSANDO UNAS TECLAS.

martes, 21 de enero de 2014

PERRITOS PATADAS



   

No me entusiasman especialmente los animales. Carezco de esa «sensibilidad» que parecen poseer algunas personas para tolerar cualquier bichejo, deleitándose acariciando animalillos malolientes. Pero no se me entienda mal: tampoco odio cualquier espécimen del reino animal, faltaría más. Disfruto contemplando el enfrentamiento entre un caballo, el noble bruto, y un toro bravo. Y, aunque me parece que los documentales sobre fauna africana fueron inventados para ayudar a conciliar el sueño durante la sobremesa, reconozco que me sobrecogen los grandes felinos de los zoológicos y que me encanta el vuelo de un milano en un día frío y despejado.

Me gustan los espectáculos taurinos siempre que no consistan en un grupo de gañanes apaleando a un animal que demuestra ser más civilizado que algunos mastuerzos. Y siento cierta lástima, que no compasión, cuando medito sobre la legitimidad de tener encerrado a un animal de naturaleza salvaje para el simple deleite de niños curiosos.

Opino que Walt Disney ha sido uno de los personajes más nefastos del siglo XX, fomentando un tipo de mentalidad infantiloide y pseudoecológica en la que los animales, capaces de hablar, razonar y sentir, adquieren una categoría humana y compasiva. Las ocas ya no son un producto comestible sino alegres amiguitos. Los perritos son tiernos e inocentes seres capaces de enamorarse y de optar, libremente, por sacrificarse heroicamente. Los gatos, nobles prusianos decimonónicos. Y cualquier gallináceo se puede convertir en el más noble aliado de una bella princesa desvalida. 


Al final, observo con frecuencia que muchas personas adquieren una mascota y, por simple buenismo disneyniano, comenten un acto de crueldad tratándolas como personas y no como a seres de la especie correspondiente. Una situación que suele darse con los propietarios de esos perritos amariconados y de mala leche: auténtica aberración desarrollada contra la naturaleza por un hombre que, mediante una rudimentaria ingeniería genética, ha creado razas involutivas y perjudiciales para la especie solo para satisfacer un cursi deseo. Porque no es natural que un perro sea poco mayor que una rata; ni que viva dócilmente en un apartamento; ni que se alimente de latillas gourmet; ni que precise de vestiditos contra el frío; ni que duerma en ñoñas cestitas o, peor aún, en las camas de los dueños; ni que bese la boca de sus amos; ni que suponga gastos estratosféricos en intervenciones quirúrgicas que no están al alcance de muchos niños... 

Y me enerva compartir la ciudad con unos seres que van sembrando las aceras de cagadas más grandes que los propios cagantes. Y siento un deseo difícilmente reprimible de asestar un certero puntapié al perrito que me amenaza en cuanto me ve a lo lejos o me huele tras la puerta un piso del que es auténtico dueño. Y, a veces me regodeo, de una manera casi psicopática, en la idea de agarrar al típico perrito que me ladra, al cruzar un puente o en un paseo marítimo, y lanzarlo al agua delante de su propietario. Pues, esos monstruitos y yo nos profesamos un odio mutuo y visceral; no menor que la aversión que me producen esos dueños afeminados que, creyendo poseer un bebé y no un animal, son en realidad más bestias que sus alimañas.



Y eso por no hablar de los gatitos que, para más inri, me producen una alergia mortal.


Más sobre mascotas en La pluma viperina:

- Ley anticagadas
- Perros y gatos

jueves, 9 de enero de 2014

PRINGAOS


Gracias a Dios, existen ciertos papeles -los guays dirían roles- que se resisten a cambiar en un mundo plagado de metrosexualidades, ideologías de género diverso y confuso, feminazismo y pijoprogres pseudointelectuales con micrófono, estrado y varas diversas para medir y golpear.

Combatir a base de dictado educacional y legalista lo que la evolución ha configurado lentamente a lo largo de milenios se antoja más que complicado. Pretender eliminar, o incluso invertir, los dictados de nuestras conexiones neuronales y los tiránicos impulsos hormonales, que moldean nuestros cuerpos y nuestros pensamientos, es propio de ilusos que creen poder tapar el Sol con un dedo. La Naturaleza tiene un orden establecido anterior y superior a nuestros complejos por muy modernos y avanzados que nos creamos.


Un orden que lleva a los hombres y a las mujeres por caminos diferentes. Pues, aunque iguales en dignidad, no es cierto que los varones y las hembras tengamos diferentes gustos, vocaciones y maneras de enfocar nuestra existencia únicamente a causa de una sociedad paternalista y falocéntrica. Somos diferentes y, gracias a Dios, complementarios.

Por eso siento cierta repulsión cuando observo esas parejas en las que parecen haberse invertido los papeles. Supongo que siempre habrán existido relaciones en las que la mujer llevara los pantalones y se vería obligada a asumir obligaciones que habrían de corresponder al varón: conducir habitualmente mientras que él se queda en el asiento trasero con los niños; pagar una cena; llevar la voz cantante a la hora de gestionar cualquier tipo de papeleo... Hombres insulsos que, de seguro, no aportan nada a una relación. Ahora, incluso, debido a la pérdida de cierta vergüenza pública, algunos de forma voluntaria -no me refiero a los que no pueden trabajar, están ya jubilados o no encuentran empleo esporádicamente- deciden hacerse cargo de las labores domésticas y del cuidado de los hijos mientras la mujer sale todos los días a buscar un jornal.

Cuando, en una pareja, ella se tiene que encargar de todo en la recepción de un hotel; o cuando una joven se ocupa de aparcar el coche y de descargar la sillita del bebé que él sostiene en brazos; o cuando un pasmarote es llevado de aquí para allá por su señora en cualquier situación pública, la Subdirectora siempre pronuncia la misma frase: «¿Has visto que pringao?»

Y no se me ocurre mejor adjetivo.

sábado, 12 de octubre de 2013

FELIZ DÍA DE LA HISPANIDAD

SALUTACIÓN DEL OPTIMISTA

Ínclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda,
espíritus fraternos, luminosas almas, ¡salve!
Porque llega el momento en que habrán de cantar nuevos himnos
lenguas de gloria. Un vasto rumor llena los ámbitos; 
mágicas ondas de vida van renaciendo de pronto; 
retrocede el olvido, retrocede engañada la muerte,
se anuncia un reino nuevo, feliz sibila sueña,
y en la caja pandórica de que tantas desgracias surgieron 
encontramos de súbito, talismánica, pura, riente,
cual pudiera decirla en sus versos Virgilio divino,
la divina reina de luz, ¡la celeste Esperanza!

Pálidas indolencias, desconfianzas fatales que a tumba 
o a perpetuo presidio, condenasteis al noble entusiasmo, 
ya veréis el salir del sol en un triunfo de liras,
mientras dos continentes, abandonados de huesos gloriosos,
del Hércules antiguo la gran sombra soberbia evocando, 
digan al orbe: la alta virtud resucita,
que a la hispana progenie hizo dueña de siglos.

Abominad la boca que predice desgracias eternas, 
abominad los ojos que ven sólo zodíacos funestos, 
abominad las manos que apedrean las ruinas ilustres
o que la tea empuñan o la daga suicida.
Siéntense sordos ímpetus en las entrañas del mundo,
la inminencia de algo fatal hoy conmueve la tierra; 
fuertes colosos caen, se desbandan bicéfalas águilas,
y algo se inicia como vasto social cataclismo
sobre la faz del orbe. ¿Quién dirá que las savias dormidas
no despierten entonces en el tronco del roble gigante
bajo el cual se exprimió la ubre de la loba romana? 
¿Quién será el pusilánime que al vigor español niegue músculos
y que al alma española juzgase áptera y ciega y tullida? 
No es Babilonia ni Nínive enterrada en olvido y en polvo 
ni entre momias y piedras, reina que habita el sepulcro,
la nación generosa, coronada de orgullo inmarchito,
que hacia el lado del alba fija las miradas ansiosas,
ni la que, tras los mares en que yace sepulta la Atlántida, 
tiene su coro de vástagos, altos, robustos y fuertes.

Únanse, brillen, secúndense, tantos vigores dispersos: 
formen todos un solo haz de energía ecuménica.
Sangre de Hispania fecunda, sólidas, ínclitas razas, 
muestren los dones pretéritos que fueron antaño su triunfo.
Vuelva el antiguo entusiasmo, vuelva el espíritu ardiente 
que regará lenguas de fuego en esa epifanía.
Juntas las testas ancianas ceñidas de líricos lauros
y las cabezas jóvenes que la alta Minerva decora,
así los manes heroicos de los primitivos abuelos,
de los egregios padres que abrieron el surco prístino, 
sientan los soplos agrarios de primaverales retornos
y el rumor de espigas que inició la labor triptolémica.

Un continente y otro renovando las viejas prosapias, 
en espíritu unidos, en espíritu y ansias y lengua,
ven llegar el momento en que habrán de cantar nuevos himnos.
La latina estirpe verá la gran alba futura:
en un trueno de música gloriosa, millones de labios 
saludarán la espléndida luz que vendrá del Oriente, 
Oriente augusto, en donde todo lo cambia y renueva
la eternidad de Dios, la actividad infinita.
Y así sea Esperanza la visión permanente en nosotros, 
¡ínclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda!



miércoles, 16 de enero de 2013

LO IMPOSIBLE

Hace unas semanas, en un documental de esos a los que tan aficionado soy, aprendía que, según los sesudos físicos, en el origen de los tiempos el Universo era únicamente hidrógeno y vacío. Inconmensurables nubes del elemento más simple que, por atracción gravitatoria, se acumulaban formando estrellas que no se colapsaban gracias a la acción expansiva de las explosiones nucleares que se daban en su interior. Fusión nuclear y gravedad se combinan para, a lo largo de miles de millones de años, formar en el interior de dichas estrellas los elementos conocidos hasta que cada astro, finalmente, muere y estalla lanzando al espacio toneladas de polvo de estrella. La materia que nos compone a cada de uno de nosotros en algún momento se formó en el interior de miles de estrellas distintas que desaparecieron hace mucho más tiempo de lo que podemos imaginar. Que estuvieron entre sí a una distancia mayor de lo abarcable por nuestro entendimiento.

Pensar, de esta forma, en las probabilidades existentes de que se formase todo lo que nos rodea en un instante preciso, desconcierta sobremanera a cualquiera y, sobre todo, a quienes pensamos que nada ocurre por casualidad, a quienes creemos en el Destino.

Y puede llegar a trastocar de tal modo mi punto de vista que, si añadimos las vivencias y las reflexiones que llevo madurando desde hace tiempo, podemos darnos cuenta de que el Destino es tan etéreo que no se puede llegar conocer nunca. Tan solo podemos llegar a interpretarlo levemente una vez recorridos los caminos que nos haya puesto por delante. Y que es un fútil acto de soberbia intentar adivinarlo o asegurar conocerlo o, todavía peor, pretender dominarlo.

Porque hace un año comencé a comprender que es mejor alimentarse del Árbol de la Vida que obcecarse en alcanzar una sola manzana del de la Ciencia. Y que, aunque conviene meditar nuestros pasos, tarde o temprano uno debe llenar los pulmones, contar hasta tres y lanzarse de cabeza y agarrar las oportunidades y seguir los senderos que la Fortuna nos plante delante, guiándonos únicamente por la brújula de la conciencia aunque no esté todo lo bien calibrada que deseáramos, pues un instrumento humano, por muy perfecto que lo deseemos, siempre tendrá un margen de error.

Porque no hace tanto tiempo comprendí que nunca podemos llegar a saber por qué nos ocurren las cosas y que aquello que hoy vemos como una desgracia puede ser lo que nos conduzca hacia algo mejor en el futuro.

Porque hace un año tomé una de las mejores decisiones de mi vida, que estuvo motivada por un cúmulo de situaciones que en su momento tuve la desfachatez de intentar interpretar y, claro, lo hice mal. Y que dicha decisión me ha llevado a alguien que nunca soñé merecer y que prácticamente nadie creía que pudiera existir.

Porque, justo en el momento que se publique este artículo, si llegara a publicarse, habrá pasado un año. Y nevaba.

jueves, 27 de septiembre de 2012

OLER MAL

Posiblemente será uno de los peores defectos, si se puede llamar así a tal dejadez, con los que uno se puede encontrar. Y si a esto le sumas que estás comiendo, la situación pasa a ser totalmente nauseabunda. ¿Cómo es posible que a estas alturas de la historia, cuando prácticamente todo el mundo posee los medios para solucionarlo y la presión cultural y social es tan fuerte sobre este tipo de individuos, todavía existan personas que puedan despedir tufos similares? Seres que, además de cochinos, sean tan desconsiderados como para entrar en un bar de tapas y poner a punto del vómito a todos los presentes. 

Porque no era el pestillo propio de personas con problemas de sudoración o halitosis que, a pesar de poner todos los medios a su alcance, siguen emanando ligeros hedores. Ni el de aquellos maduritos que, tras reventarse a correr durante el partido del domingo, tienen la genial idea de asaltar el bar con la camiseta chorreando un sudor espeso y blanquecino con mayor proporción de sebo y colesterol que de agua y sal.

Ni siquiera era el olorcillo propio de personas ancianas que no son capaces de controlar totalmente sus esfínteres. Ni el tufo agrio y pastoso del que parece problemas digestivos o sufre de estreñimiento o intolerancia a la lactosa o al ajo. 

No. Era un olor a juego con la pelambrera que asomaba por las orejas patateras de este individuo. Una peste que combinaba a la perfección con su pelo grasiento y mal cortado; con su obesidad mórbida y sus inexistentes modales y avasalladores modos a la hora de acercarse a la barra, objetivo que alcanzaba fácilmente gracias a sus repugnantes efluvios. Se trataba de la hediondez propia de aquellos que no se acercan al jabón en meses. En este caso me atrevería a decir que en años. 

Era digno de contemplar como el resto de clientes, al instante, dejó de paladear las tapas antes deliciosas y ahora putrefactas; introduciendo la nariz, aquel que tenía la suerte de disponer de uno de ellos, en su vaso de tubo. Otros, se giraban hacia la puerta con la esperanza de que alguna pequeña brisa les salvara de la asfixia. Gracias a Dios, estuvimos lo suficientemente espabilados para tomar al asalto la única mesa del bar que quedó libre en la esquina más distante de este espécimen, único rincón relativamente a salvo de sus miasmas. 

Ya más alejado, pude observar, sin embargo, que no vestía ropa andrajosa ni excesivamente sucia. Incluso llevaba una camisa bastante planchada. Además, el pestoso en cuestión, se tomó su tapa, su coñac y su buen vaso de café con leche, depositando sin problema un billete de veinte euros sobre la barra. De ahí, se concluye que no fuera un indigente o una persona que viviera sola. Probablemente, existía una mujer que cuidaba de él y le lavaba la ropa mientras sufría, resignada, a un guarro cuyas costumbres higiénicas serían paupérrimas en comparación con las de un animal de bellota. Quizás por eso se sintiera tan a gusto en un bar llamado La Pocilga.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

MARRANO DE BELLOTA

Me comentan la noticia aparecida en 20 minutos: Rajoy se gasta 1000 euros en la cena del vuelo a la Eurocopa. Como la noticia habla por sí misma, no aburro con su transcripción a nuestros lectores, ni con otras obviedades, sino con unas simples conclusiones que les animo  a completar:

PREMISAS
  1. En el vuelo a Polonia, de unas dos horas, consumieron, además de la cena a base de jamón de bellota a 190 euros el kilo, solomillo y rodaballo (!Toma austeridad, Soraya!), siete botellas de vino y diez cervezas entre seis personas. Por lo tanto, de media, cada uno se pimpló más de una botella de vino y dos cervezas en un lapso de aproximadamente 120 minutos.
  2. Si tenemos en cuenta que, en el viaje a México, entre treinta y dos personas se metieron al cinto 24 botellas de vino, dos de güisqui Cardhú y otras dos de Johny Walker, tres de ron Brugal y dos de Beefeater, cada uno bebió casi una botella de vino y unos dos cubatas muy bien cargados.
CONCLUSIONES

  1. Rajoy es lo que, en el pueblo de mi abuela, llaman un tío tragón capaz de hincharse a cenar y a beber en dos horas. Vamos, ni en mis noches amorosas con la señorita Bacardí era capaz de tanto.
  2. Rajoy y sus acompañantes tienen un serio problema de alcoholismo.
  3. Rajoy y sus acompañantes, además, tienen mal gusto con el ron y la ginebra. Deberían probar el Varón Dandy a granel pues nos saldría mucho más económico y con Coca-Cola les sabría mejor que el Brugal.
  4. Rajoy y sus acompañantes, en lugar de aprovechar los viajes para preparar las reuniones y trabajar, se dedican a celebrar botellones, de tal forma que llegan torzas perdidos. ¡Vaya usted a saber qué les manda hacer la Merkel y qué entienden ellos!
  5. Rajoy comparte con el Rey aficiones que explican la atrofia testicular de ambos.
  6. Ni a Mariano ni al Rey les gusta el vino del Penedés.
  7. El defecto del habla de Rajoy no lo podría solucionar un logopeda sino un terapeuta de alcohólicos anónimos.
  8. Rajoy, al igual que JuanCar, se deja barba para disimular las arañas vasculares de la cara, propia de los mejores clientes de Asunción.

(...)






        lunes, 16 de julio de 2012

        HISTORIAS DE ESPAÑA VIEJA (XXIII): OCHO SIGLOS DE LAS NAVAS DE TOLOSA

        Entre los cagatintas semianalfabetos y voceros del régimen; los progres y rogelios islamófilos a quienes de muy buen gusto pagaría un billete de ida y vuelta a Irán aun a riesgo de perder el dinero del regreso; los maricomplejines peperos que sólo sacan a pasear la bandera de España, a veces con Águila de San Juan incluida, cuando están en la oposición y la Casa Real ocupada en otros menesteres más lucrativos, ahora que a todos nos toca apretarnos el cinturón (sic), ha pasado totalmente desapercibido el octavo centenario de la batalla que marcó el principio del final del la Reconquista Hispánica.

        En unos tiempos en los que convendría recordar a los españoles aquello de lo que son capaces cuando aparcan sus diferencias a favor de una gran empresa común, la monarquía, tan distinta de aquellos guerreros que eran los primeros en entrar en combate solicitando siempre los puestos de mayor peligro, rechaza acudir a la conmemoración en La Carolina de tan insigne fecha, quizás temiendo enfadar a sus amigos los sultanes de Marruecos o Arabia. Cuando los españoles sentimos ser el hazmerreír de Europa y el mundo, nuestros politiquillos e intelectualoides, con uno u otro collar, silencian todo atisbo de orgullo nacional que difiera de unos payasos que, en ropa interior, persiguen a una pelota, para seguir ladrando lo que su amo les manda.

        Pero España no siempre ha sido este pozo de corrupción y podredumbre moral. Y, a pesar de todo lo que nos toca ver y padecer a diario, estoy seguro de que, como diría José Antonio, siguen vivas las fuentes genuinas de España. Que, debajo de aquella encina medio sofocada por la yedra, en palabras de Maeztu, la potencia guerrera, creadora, espiritual y material de España sigue hoy, como hace ocho siglos, esperando un brazo que recoja la saeta caída y vuelva a lanzarla hacia el blanco.

        Hoy no es mi intención copiar un artículo de la Wikipedia, o competir con Pérez-Reverte, o con el Sr. Neri que ya trató este tema hace tiempo. Ni siquiera explicar como Sancho VII el Fuerte de Navarra, ganó las cadenas para su escudo; o los palentinos la Cruz para el suyo. Simplemente, voy a explicarlo con claridad y sencillez, como cuando a los niños se les enseñaba a amar a España:

        «Ante el enorme peligro que para los estados cristianos significaba la entrada en España del ejército almohade, Alfonso VIII solicitó una cruzada del Papa Inocencio III. 

        Concedida ésta y predicada por el famoso arzobispo de Toledo Don Rodrigo, acudieron en ayuda de Don Alfonso el rey de Navarra, que en aquella ocasión era Sancho VII el Fuerte; el de Aragón, que era Pedro II el Católico,y otros varios príncipes nacionales y extranjeros, tropas portuguesas y diversas órdenes militares.

        Púsose en marcha el ejército cristiano, y el calor sofocante del verano de Castilla hizo que los extranjeros abandonasen la empresa. Quedaron sólo las tropas cristianas españolas y a ellas corresponden, por tanto, los laureles del triunfo.

        Al llegar al puerto del Mudaral, en Sierra Morena, nadie sabía qué camino tomar, pero he aquí que un pastor que providencialmente apareció, les indicó una vereda oculta. Por ella el ejército cristiano llegó sin dificultad a una gran explanada llamada Navas de Tolosa y en ella acampó el 14 de junio de 1212.

        Ante su vista se extendía el gran ejército de los almohades en forma de media luna y en su centro estaba la tienda del jefe, defendida por 10.000 negros encadenados, que con sus lanzas formaban una gran muralla de acero.

        El ejército cristiano empleó los días 14 y 15 en preparativos militares y en prácticas piadosas y el día 16 atacó. La lucha que se entabló fue terrible y duró todo el día, pero al caer la tarde el rey navarro y los suyos consiguieron romper la barrera humana que rodeaba la tienda de Miramamolín y éste tuvo que huir precipitadamente; a la vista de ello, sus guerreros se desmoralizaron y la victoria fue para los cristianos.

        En esta batalla se hicieron al enemigo unos 100.000 muertos y 50.000 prisioneros y se le tomó un botín inmenso. Después de ello, el poder de los almohades quedó aniquilado y la Iglesia instituyó para conmemorar tan importantísima victoria la fiesta llamada Triunfo de la Santa Cruz.»

        Antonio Álvarez Pérez.
        Enciclopedia Álvarez. 1954.  

        domingo, 15 de julio de 2012

        PREFERÍA A ZP


        Me he propuesto no quemarme demasiado con temas que no puedo solucionar con solo quejarme en los pasillos, sobre todo ahora que ante mí se abre un horizonte nuevo y esperanzador. Toda la vida he estado convencido de que el sistema liberal patitocrático, mal llamado democracia, es una absoluta estafa que únicamente convence a tontos, ilusos, incautos y fanáticos sectarios que siempre apoyarán a su gurú independientemente de lo que diga o haga: «¿Cómo no va estar bien hecho? ¡Si son de mi partido!»

        Muchos de estos incautos, que hace ocho meses se echaron en manos de Mariano Rajoy y de Soraya Sáenz de Santamaría con el convencimiento ciego de que estos personajes serían capaces de arreglar los desmanes esquizofrénicos de ZP, aún siguen sin darse cuenta de su error y lo apoyan en tertulias televisivas, periódicos y tascas, demostrando que son unos auténticos burros incapaces de darse cuenta que lo mismo da el arsénico sociata que el cianuro pepero.

        Os está creciendo la nariz
        Algunos, y se dicen demócratas, utilizan como argumento que las urnas otorgan un cheque en blanco al gobernante para que haga lo que crea conveniente en sus cuatro años de legislatura. Otros echan la culpa de todo a los delirios de zapateriles cuando los peperos se hartaron a predicar que la situación en España era mucho peor de lo que reconocía el (des)Gobierno de entonces. ¿Acaso Mariano y Soraya no sabían en el berenjenal donde se iban a meter? 

        El caso es que recuerdo una serie de asuntos que criticaron en su día y prometieron no hacer como abaratar el despido, bajar el sueldo a los funcionarios, desmantelar la sanidad gratuita, aumentar los impuestos y las tasas, cobrar hasta por orinar...

        Y otra serie de promesas que ya han olvidado como ilegalizar los partidos etarras, derogar el mal llamado matrimonio homosexual y la ley del aborto y terminar con la mal llamada Ley de Memoria Histórica.

        Peperos contra el marimonio. Serán mariconazos.
        Y, en resumidas cuentas, tras siete meses, me toca seguir aguantando a una fea asquerosa y marisabidilla de vicepresidentE del Gobierno, a ministros gilipollas pero menos graciosos y payasetes que los sociatas, a Carrillo con su honoris causa y estatuas de La Pasionaria. Sé que la bajada de mi sueldo y el aumento de impuestos a las familias seguirá sirviendo para financiar a la ETA y que los españoles ni siquiera podrán morirse de hambre con la tranquilidad de que a dos admiradores de Ricky Martin o a dos camioneras de pelo en pecho se les antoje adoptar a sus hijos...


        Y, lo más grave de todo, que justifica cualquier acción contudente: cientos de niños, cada día, siguen siendo asesinados en el vientre de sus madres.

        El que tras cuatro años de mayoría absoluta amplió la ley del aborto
         con la legalización de las píldoras abortivas y la nueva fecundación artificial



        martes, 29 de mayo de 2012

        CHONIS CON DINERO

        Aunque estoy de acuerdo con el Capitán Alatriste cuando afirmaba que matar de lejos es propio de asesinos y que, para no convertirse en uno, es preciso contemplar de cerca el rostro de una víctima que acuda a perturbar nuestro descanso el resto de nuestra vida, podría defender que uno de los grandes inventos de la Humanidad es el cañón. Instrumento utilísimo para solucionar de un plumazo los problemas causados por gentuzilla que no merece el honor de morir a espada. Elaborar una lista de objetivos más extensa que la de enemigos de Richard Nixon no sería problema. La dificultad radicaría en ordenar prioridades pero, entre ellas de seguro, figurarían de forma destacada los estudios de Telecinco y la casa de Gran Hermano.

        Si lo que desean esos payasos son quince minutos de fama, así se asegurarían permanecer por siglos en la Historia. Pues algunos, por figurar, por ser tema de conversación, serían capaces de tolerar, incluso, que hablasen bien de ellos. Y no solo en este tipo de Realities; observo otros formatos, casi todos idénticos y del estilo a ¿Quién vive ahí?, Supercasas o Mujeres Ricas y, al final, todo gira en torno a lo mismo: engrandecer el propio ego e intentar ser envidiados.
        Veo a unas marujonas, cuyo mayor mérito en la vida ha sido abrir bien la piernas ante algún tipo con posibles que les permita costearse sus estúpidos caprichos, que son, casi todas, seres cortados por el mismo patrón: el mismo acento, la misma ropa, los mismos gustos, el mismo perro patada colocado de la misma manera junto al mismo bolso carísimo. O bien, solteronas o divorciadas aburridas de todo, locas por comprar cualquier trapo, siempre que sea tremendamente caro, con el que poder presumir ante sus supuestas amigas y los posibles ligues de golf, pádel y Lacoste... O sea y tal, ¿no?

        Dinero sí tendrán, no lo niego. Y mundo, y coches y estudios y viajes e idiomas... Y fajas. Pero les falta lo fundamental. No dejan de ser chonis de supermercado que, en lugar de tunear un Fiat Panda, han podido costearse un Mercedes SLK. Porque una mujer con estilo, con clase y guapa de verdad no necesita comprar un bolso de Loewe para adornarse. Es bella y atractiva incluso con un chándal. Y recién levantada y sin maquillar ensombrece al sol. Y arreglada, con sencillez, no digamos. Y destaca sobre las otras, sencillamente, con su porte y su mirada. Porque una mujer con clase transforma en un Balenciaga una falda de Zara y una blusa de Berska. Y causa lesiones cervicales con un vaquero de Blanco, unas botas de Maripaz y un jersey de Stradivarius. Y con un sencillo e inocente gesto lograría cualquier cosa de un hombre cabal.


        Porque la clase no se puede comprar. Se nace con ella. Y el señorío no se encarga en la tienda gourmet de El Corte Inglés. Es un auténtico Rey Midas: la vida frente al oro. O aquel soldado de Calderón:

        Aquí la necesidad
        no es infamia; y si es honrado,
        pobre y desnudo un soldado
        tiene mejor cualidad 
        que el más galán y lucido;
        porque aquí, a lo que sospecho,
        no adorna el vestido el pecho
        que el pecho adorna el vestido.

        jueves, 24 de mayo de 2012

        DIME QUÉ ES

        A principios de los años ochenta se puso de moda organizar entre los alumnos de parvulitos concursos de dibujo en los que, ¡oh casualidad!, todos los niños resultaban premiados. Para recoger el premio, los orgullosos padres tendrían que acudir junto a sus criaturitas al salón del algún hotel de la ciudad durante la tarde del sábado. Y claro, si éstos eran un pardillos con poca experiencia y todavía se les caía la baba contemplado los palotes que con los que su hijo había emborronado un papel, acudirían como moscas atraídas por un papel adhesivo repleto de miel.



        Y, aunque no viene a cuento, me llama muchísimo la atención como los niños de hoy en día, con 10 años hacen dibujos propios de bebés, siendo incapaces de colorear fuera de los bordes de los dibujos cuando, en mis tiempos -comentario propio del abuelo cebolleta- en quinto de EGB ya dibujábamos láminas con rosas y animales usando aquellas técnicas de la cuadrícula y el difuminador. Y, en tiempos de mis padres, con esa misma edad, les exigían la tinta china y el tiralíneas en el dibujo técnico y la plumilla en el artístico. En fin, debe ser parte del proceso de subnormalización de la democracia y su buenismo infantilista. Francamente, creo que el final del fracaso escolar pasa por retomar en las escuelas la Enciclopedia Álvarez de mi madre que, por cierto, le sustraje hace años y guardo con celo en mi casa: compendio de cultura y didáctica aplicada sin parangón en la actual telaraña de psicopedagogía blandurria.

        Volviendo al tema, mis padres picaron el anzuelo y, la consabida tarde del sábado, además de unas medallas de hojalata, para mí y mi hermano, con una cinta muy patriótica para colgar al cuello y presumir al lunes siguiente ante los centenares de niños que lucirían premios similares, a mis padres les encasquetaron una colección de libros.

        Y, saliéndome por la tangente, se me ocurren dos cosas. Primero, no recuerdo que mi hermano dibujara nada y, sin embargo, también le dieron una medalla. ¡¡¡Lagarto, lagarto!!! Y, ¿estoy desconectado del mundo o ya no hay vendedores de colecciones de libros de Espasa-Calpe y del Planeta-Agostini, dispuestos a embaucar al personal regalándoles una vajilla completa si adquirían cien libros de los que no leerían casi ninguno?

        Y otra vez volviendo al tema, que estoy muy cebolletas, bendita la hora en que mis padres adquirieron dichos libros. Se trataba de la llamada Enciclopedia Temática Argos, editada en Francia pero perfectamente traducida e ilustrada al español. Sus diez volúmenes te explicaban cómo funcionaba desde un secador eléctrico hasta una turbina de gas; biografías de personajes famosos como Magallanes o Casanova o los cometidos de ciertas profesiones y las cualidades que se consideraban necesarias para llevarlas a cabo.

        Si bien es cierto que era excesivamente pretencioso que niños de cinco o seis años se enfrentaran con el funcionamiento de una caja de cambios o con la Revolución Francesa, en poco tiempo y durante muchos años, me ofrecieron muchísimos ratos de descubrimiento y aprendizaje. Aún hoy, estos libros ocupan un lugar destacado en el salón de mis padres y, de vez en cuando, los uso como medio de escape y material de consulta si, por ejemplo, quiero revivir las hazañas de Orellana. Y, para ser sinceros, dan mil vueltas a la dichosa Wikipedia.

        A estas alturas de mi vida, dudo que algún día vaya a tener hijos. Sin embargo, espero que me llegue la oportunidad de compartir estos libros con algún sobrino y enseñarle el magnífico regalo que sus abuelos nos ofrecieron.

        lunes, 21 de mayo de 2012

        DON MIKI

        Descubrí estos tebeos cuando tenía 6 años. Había sido hospitalizado debido a unas fiebres reumáticas cuyos coletazos marcaron gran parte de mi niñez. En la habitación del hospital, a veces conectado a la botella de suero, y casi sin poder andar a causa de una fuerte inflamación de la rodilla, un niño no podía divertirse únicamente contemplando la vega del Carrión en una primavera verde y espléndida. De vez en cuando me traían números sueltos de comics Marvel que mi primo había desechado; pero poco tenía de entretenido leer un capítulo suelto de una larga historia que, además, era demasiado niño para comprender y disfrutar. De hecho, ni siquiera de mayor me llegaron a atraer semejantes frikadas.


        Una tarde, mi tía me trajo un pequeño tebeo con el ratón Mickey en la portada y los más simpáticos y originales personajes de Disney. Contenía pequeñas historias, casi siempre completas, en las cuales el ratón Mickey, cuyo nombre castellanizado, Don Miki, bautizaba el «semanario juvenil», daba vida a un detective y periodista que resolvía los más variados enigmas del presente y del pasado partiendo de su afición a los viajes y a la arqueología. Historias en las que un niño descubría que en el Mediterráneo existía una isla llamada Creta donde vivió un Minotauro. Que en México los mayas habían construido enormes pirámides y que en Australia, nuestras antípodas, además de canguros, vivían unos extraños seres muy similares a alargados patos peludos que se llamaban ornitorrincos. O que en Argentina, en una enorme pradera conocida como la Pampa, donde los gauchos lanzaban unas bolas para cazar y bebían mate, Goofy intentaría montar a lomos de una especie de avestruz: el ñu.

        Desde ese día, todas las semanas, en lugar de propina, pedía a mis padres que acudieran al quiosco para comprarme el Don Miki. Los últimos números costaban unas 125 pesetas que en aquellos años daban para muchas bolsas de Monchitos. El aliciente de la mañana del domingo era conocer las últimas aventuras de Donald, Daisy, sus sobrinos, su afortunado primo Narciso y su avaricioso Tío Gilito que disfrutaba nadando en la fabulosa fortuna acumulada el El Depósito.



        Es uno de los recuerdos más queridos de mi infancia. Estoy firmemente convencido sus historias, junto a mi querida Enciclopedia Básica Argos a la que DM dedicaré la siguiente entrada, incentivaron mi curiosidad y mis futuras inquietudes intelectuales. Puede, incluso, que marcara el tipo de libros que me gustan en la actualidad.

        Cuando dejaron de publicarse en 1989, yo llevaría acumulada una colección de bastante más de un centenar de ejemplares a los que perdí la pista completamente hasta que, el otro día, mi madre dejó en la mesilla de la habitación que aún conservo en su casa, uno de los últimos números. La mujer se lo había encontrado rebuscando en cajas de una antigua mudanza y pensó que me ilusionaría verlo.

        Y era cierto: me ilusionó. Pero el ojearlo de nuevo y releer las historias que un día me supe casi de memoria, me produjo otra sensación que no sabría describir fielmente.

        jueves, 26 de abril de 2012

        NEGOCIAR

        Llevo siendo cliente de la misma compañía de telefonía móvil desde hace casi once años. Durante una buena temporada, mis facturas mensuales eran tan desmesuradas que, probablemente gracias a ellas, esta empresa pudo repartir exorbitados dividendos entre sus accionistas. Me estaban tan agradecidos que me anunciaban, cada dos por tres, que había sido premiado con tropecientosmil puntos extras para que adquiriera un nuevo terminal a un módico precio previa firma de la consabida permanencia de dieciocho meses. Pero los teléfonos de la oferta siempre eran un auténtica mierdecilla en comparación con los de otros que siempre obtenían unos terminales de última generación y suculentos descuentos en sus facturas aun consumiendo la quinta parte que yo.

        Muchos me decían que no fuera tonto pues, a la vista de mi gasto en teléfono, con hacer un amago de portabilidad a otra operadora, podría obtener mucho más. El problema es que estas cosas siempre me han parecido propias de gitanos, semitas, proxenetas y gentes de mal vivir. 

        Hasta que, por fin, el año pasado me decidí. Solicité la portabilidad a otra compañía que me ofrecía mejores condiciones y, efectivamente, la mía mejoró la oferta y me ofreció un aparato que parecía mínimamente decente. ¿Cuál fue mi sorpresa cuando comprobé que los que hicieron lo mismo en ese mismo periodo de tiempo habían conseguido algo mejor y que, en realidad, el teléfono que yo había adquirido era un puñetera basura que he tenido que sufrir durante más de quince meses?

        Otros, muy duchos en estas lides del racaneo y del toma y daca, me mostraron, incluso, foros de Internet donde la gente difunde las ofertas que han conseguido obtener de su compañía. Y es verdaderamente alucinante: ¡¡¡Menudas estrategias... Si lo tienen mejor planificado que la invasión de Polonia!!! Algunos seguro que tienen genes de moro de zoco.

        Por fin me decidí y, esta vez sí, amagué la portabilidad con otra telefónica, decidido a irme a cualquier precio si la mía no me ofrecía un móvil muy muy bueno. Y no era un farol. Y seguro que podría haber sacado a la mía mucho más de lo que he obtenido, aunque no está mal, si no fuera tan idiota y hubiera engañado a la teleoperadora. Pero soy tan tonto que le indiqué cuál era la oferta real original y encima consideré que la contraoferta que me ofrecían era justo.

        Y es que nunca he servido para negociar en ningún campo. Porque no sé sonreír y hacerme el simpático con una chica que me caiga mal. O fingir que desprecio a una mujer para forzar que vuelva a mí como una corderita. Es más, cuando me encuentro con alguna mínimamente progre no me puedo contener y termino  soltanto lo más machista y políticamente incorrecto que se me ocurre.

        Ni sé hacerme el tolerante con un proveedor que veo a la legua que quiere tangar a la Administración. Debo estar el la lista negra de decenas de empresas de proveedores de material y de servicios y de academias de formación.

        Tampoco sé hacerme el simpático cuando viene de visita el libredesignado o el politiquillo de turno que te coloca en las narices una cagada pintada de amarillo diciéndote que es oro. Al final, o no aparezco o acabo siendo el único que habla para decir lo que todos piensan, contemplando como los más flexibles alcanzan muchas metas que me sé vedadas.

        Y soy incapaz de decirle de forma convincente a la dueña de una cochera que un alquiler de setenta euros me parece muy caro cuando sé que, en la misma zona, cobran lo mismo o más. Y quedo como un idiota cuando me dicen que la camisa que he comprado por quince euros a una negra en el mercadillo seguramente podría haberla obtenido por diez. 

         - ¡Pero coño, si me pedía dieciocho y ya le he dicho que su compañero me la vendía por quince!
        -  Pero tío: te pidió quince para que le ofrecieras menos.