martes, 29 de diciembre de 2009

AVATAR: OTRA CHARLETA ANTICOLONIZACIÓN

El cine de animación por ordenador no es ni mucho menos mi género favorito y en ocasiones he criticado que en una película normal se abuse de la informática para suplir el ingenio o cuando no viene a cuento. Sin embargo no tengo ningún problema en reconocer los méritos de un film de simulación cuando su objetivo es precisamente mostrarnos las maravillas que pueden plasmarse en la gran pantalla gracias a las nuevas tecnologías. Este es el caso de la última obra de James Cameron, Avatar, que vi la semana pasada y me pareció un artificio maravilloso, un derroche de técnica y de imaginación que no puedo dejar de recomendar. No creo que nadie quede indiferente al contemplar los bellísimos paisajes extraterrestres, los sorprendentes artilugios futuristas y las vertiginosas batallas que aparecen en esta peli tan destacable. Me parecería incluso un crimen esperar para verla en las económicas Salas Emule, pues el tamaño de la pantalla (no sé si la versión en 3D merece la pena) es lo que le da la gracia al gran espectáculo que es Avatar.

No voy a enrollarme con el argumento. Un destacamento militar de terrícolas está colonizando un planeta de nombre Pandora, en el que habitan unos nativos humanoides altos y larguiruchos, más ágiles que monos y más feos que pegarle a un padre. Una de las estrategias de los invasores es el diseño de los llamados avatares, que son, por así decirlo, cuerpos de estos indígenas "teledirigidos" por la mente de terrícolas. Con ellos se pretende la infiltración en su cultura a fin de convencerlos de que abandonen sus territorios de origen (muy ricos en recursos naturales codiciados por la Tierra) y estos puedan ser ocupados. Los larguiruchos no están por la labor y arman gresca, porque en sus montañas está el súper-mega-árbol sagrado, que es el eje de sus creencias y de su vida.

La película busca un paralelismo descarado (mal disfrazado de metáfora) con la conquista del Oeste por los Estados Unidos, durante la que se desplazó o exterminó a numerosas tribus indias a cambio de tierras cultivables y espacio vital. Con carácter más general, la historia pretende lanzar una moraleja fuertemente ecologista y anticolonización, algo que no es nada nuevo en los sectores de la izquierda hollywoodiense.

Para mí la poca habilidad para manejar este mensaje es lo peor de la película, aunque sinceramente creo que la mayoría de los que vamos a ver este tipo de cine lo hacemos por razones estéticas o tecnológicas, por lo que las charletas políticas de turno nos suelen entrar por un oído y salir por el otro, y más aún cuando se trata de discursos tan generalizadores y simplificados como en este caso.

La colonización es un fenómeno histórico complejo, no apto para desarrollarse en una cinta de este estilo. Vendernos la invasión de un territorio ajeno o la “imposición” de una cultura como algo necesariamente demoníaco no puede menos que hacerme sonreír.

Si bien es cierto que la experiencia yanqui con los nativos americanos deja muchísimo que desear (aunque por motivos distintos a los insinuados en Avatar), la actividad colonizadora de las potencias europeas en diferentes partes del mundo subdesarrollado no merece desde luego un balance homogéneo ni carente de matices.

Aunque los abusos han estado presentes en buena parte de estas experiencias y como consecuencia de algunas de ellas ha desaparecido un valioso patrimonio cultural y humano, no podemos olvidar que la expansión de Occidente hacia otros territorios ha ido otras muchas veces de la mano de una mejora de la dignidad humana y de la calidad de vida de los pueblos colonizados, que no en pocas ocasiones practicaban costumbres no muy diferentes a las de los animales, si no peores.

La colonización ha sido la base de la expansión del cristianismo, de la cultura de la vida y la salud, de la paz, de la mejora en las relaciones humanas y en algunos casos (como en el español) de un mestizaje biológico y cultural que ha resaltado lo mejor de cada pueblo y consolidado una hermandad indisoluble.

Todo esto muchas veces ha tenido un precio alto, tanto para los colonizadores como para los colonizados, pero más elevado y cruel ha sido el precio que hemos tenido que pagar todos, pero principalmente los habitantes de las áreas más débiles del planeta, tras la descolonización de mediados del pasado siglo. El abandono repentino de las zonas ocupadas por las metrópolis europeas ha sido la única causa de la aparición del Tercer Mundo y del brutal dominio económico que ejercen hoy sobre los más pobres las naciones que más impulsaron la chapuza descolonizadora.

Así que cuando veamos Avatar, quedémonos con los paisajitos y las naves espaciales, que son muy chulis, pero dejemos claro a Cameron y a su cuadrilla de rojos que para pensar ya estamos nosotros.

sábado, 26 de diciembre de 2009

RELEYENDO "EL PADRINO" (10): APRENDE A COMPORTARTE

Connie Corleone discute con su marido Carlo Rizzi: Una bronquilla típica en cualquier matrimonio.


¿Qué dirían tantos periodistas sensacionalistas, feministas militantes, legisladores de moda, jesuses neiras y mujeres aporreadas al oír las rotundas palabras de Don Corleone cuando su querida hija Connie le contó que su marido le daba estera?



"La primera vez que la había abofeteado se sintió un poco preocupado. Ella se había dirigido de inmediato a Long Beach, a quejarse a sus padres y mostrarles su ojo amoratado. Pero, sorprendentemente, a su regreso Carlo se encontró con la clásica esposa italiana, sumisa y obediente. Entonces se propuso ser un marido perfecto.

Durante varias semanas la trató con deferencia, siempre amable y cariñoso, y todos los días, por la mañana y por la noche, le hacía el amor. Finalmente, Connie, que pensaba que su marido no volvería a golpearla, le contó lo que había ocurrido.

Connie había recibido la desagradable sorpresa de que sus padres no parecían dar importancia alguna a la conducta de Carlo. A lo máximo que llegó su madre fue a decirle al Don que hablara con Carlo Rizzi. Pero él se había negado, arguyendo:

—Es mi hija, pero ahora pertenece a su marido. Él sabe cuál es su deber. Ni siquiera el rey de Italia se atrevería a mezclarse en las relaciones entre marido y mujer. Vete a tu casa, Connie, y aprende a comportarte de forma que tu marido no tenga que pegarte.

Connie, airada, había replicado:

—¿Has pegado tú alguna vez a tu esposa?

Era la favorita de su padre, por lo que podía permitirse el lujo de hablarle así.

—Tu madre nunca me ha dado motivos para hacerlo —había respondido Don Corleone, provocando con ello una complacida sonrisa por parte de su esposa.

Les explicó que su marido le había quitado la bolsa con el dinero que les habían regalado el día de su boda y nunca había querido explicarle qué había hecho con el dinero.

—Yo habría hecho lo mismo que él —dijo Don Corleone—, si mi esposa hubiese sido tan presuntuosa como tú.

No le quedó otro remedio que volver a casa, desilusionada y un poco asustada. Siempre había sido la favorita de su padre, y no atinaba a comprender la frialdad de éste".

jueves, 24 de diciembre de 2009

FELICES Y AUSTERAS NAVIDADES



Quiero felicitar las Navidades a todos los amigos y visitantes de La pluma viperina con una canción clásica que, aunque no forma parte de la BSO de El Padrino, sí se escucha en la película (emitida por la radio) durante la secuencia en la que Luca Brasi se viste para la entrevista con Sollozzo y Tom Hagen es secuestrado por este. No he podido encontrar, ni en Goear, ni en Emule ni en YouTube la versión de Bing Crosby, pero Frank Sinatra nos sirve.

Espero de todo corazón que disfrutéis esta Noche con vuestra familia y seres queridos y que paséis unas Fiestas entrañables, sin olvidar en ningún momento lo que de verdad celebramos. Hago un pequeño llamamiento a todos (a mí también) para que nos esforcemos en que estas Navidades sean más austeras y sencillas de lo que normalmente estamos acostumbrados; para que no nos dejemos llevar por la corriente de los gastos innecesarios; para que el cariño y el reencuentro predominen en todo momento sobre lo material; para que rescatemos la esencia de estos días del torbellino de regalos, comida y luces de neón.
Si Jesús nació pobre, ¿qué celebramos nosotros derrochando?
Un abrazo a todos y feliz Navidad.

lunes, 21 de diciembre de 2009

NO ME GUSTA LA NAVIDAD

Quizás sea demasiado soso. O demasiado introvertido. O me deje dominar por la inercia que me insta a mantener mi estado de repos o cuando estoy parado, o de movimiento recitilíneo cuando ya he arrancado. Incluso puede que sea mi carácter, muchas veces melancólico; o desconfiado; o poco expresivo... Pero no me gusta nada la Navidad.

Quizás se deba a motivos que algún pelamanillas psicolojeta atribuyera a traumas infantiles o vaya usted a saber qué. Quizás la culpa la tenga sólo mi descreimiento o mi fe descafeinada, desnatada y sin azúcar ni sal. O puede que conozca demasiado bien la naturaleza humana o, a lo mejor, demasiado mal. También puede ser que sólo vea superficialidad en la mayoría de las cosas; aunque pudiera ser que, acostumbrado al microscopio, necesitara gafas o incluso prismáticos... Pero no me gusta nada la Navidad.

Quizás hace ya mucho tiempo que murió el niño que espontáneamente cantaba villancicos o disfrutaba comprando figuritas para el Belén; y se despertaba de madrugada el día de Reyes y se sorprendía y saltaba de alegría. Y que acudía a la misa del gallo. Quizás hace mucho tiempo que ese niño murió; o lo mataron; o lo maté; o, al menos eso espero, sólo lo desterré... Pero no me gusta nada la Navidad.

Quizás piense demasiado las cosas y juzgue que todos los días del año son iguales. Que no se convierten en especiales porque digamos que es tal o cual celebración. Puede ser que no me guste divertirme -y mucho menos estar feliz- por decreto; ni felicitar nada que le pasa a todo el mundo. Ni ser bueno o malo según ordenen las manecillas del reloj o El Corte Inglés. Quizás piense que la alegría y la celebración deben surgir imprevisible y naturalmente sin seguir un planning ni unos tiempos preestablecidos y meditados. Y eso que, probablemente, ciertas vivencias sólo puedan nacer de la voluntad o, lo que muchas veces es lo mismo, de la fe... Pero no me gusta nada la Navidad.

Aún así. A pesar de todo, y a pesar de mí. Feliz Navidad.

domingo, 20 de diciembre de 2009

EL COMENTARIO DE LA SEMANA (44): BORRAR AL DIOS QUE ESTÁ EN TODAS PARTES

El mejor comentario de la semana ha sido:

Zapatero, presidente,
de entre las miles de cosas
de tu sapiencia demente
(ya nos abriste las fosas
de aquella guerra perdida
por el abuelo masónico),
esto de la cruz caída
me parece lo más cómico.
¿O es que piensas, mamonazo,
que puedes con malas artes
borrar de golpe y porrazo
al Dios que está en todas partes?

Autor: j.m.
Entrada: Poema del crucifijo

jueves, 17 de diciembre de 2009

POEMA DEL CRUCIFIJO

Rojos, viles ateos, progres pijos,
demócratas de pega y liberales
pretenden desterrar los crucifijos
de colegios y centros oficiales.

Pueden agradecer que esté vigente
su Constitución vana y majadera,
pues para mí lo justo y lo prudente
sería calcinarlos en la hoguera.

Nada de derechillos enlatados,
a la mierda el precepto veintisiete
que tanto invocan todos estos listos.

¡Adiós Congreso de los Diputados!,
¡fuera politicastros alcahuetes!
¡Vuelva la Inquisición!, ¡nada sin Cristo!



Al Neri
17-12-2009

lunes, 14 de diciembre de 2009

HISTORIAS DE ESPAÑA VIEJA (IV): SAGUNTO. SEGUNDA PARTE.

«Roma, pueblo grande y de fina intuición política, conoce con adelanto de siglos lo que algunos han creído inventar en nuestros tiempos: la información secreta, la infiltración, la siembra del derrotismo, la agitación de las masas. Agentes de Roma han pactado sigilosamente con Sagunto constituyendo una verdadera quinta columna romana en la zona de influencia cartaginesa, susceptible en un momento dado de convertirse en cabeza de puente para la invasión de las Legiones. En Sagunto se refugian informadores y espías que traen y llevan datos de los preparativos y proyectos de la flota y el ejército de Cartago. Roma aconseja a los saguntinos la resistencia al invasor cartaginés y fomenta en sus espíritus altaneros el sentido de la independencia. Sentido que -extendiéndose después de la Segunda Guerra Púnica por toda la piel de toro- costaría doscientos años a la República del Líctor para dominar a Iberia. Porque después de la caída de Sagunto, Roma -sin careta- descubre su juego imperial en el que la guerra y la destrucción de Cartago no era más que una de tantas buenas bazas.

Sagunto, como casi todas las ciudades de Iberia, era una ciudad abierta. No estaba guardada por murallas ciclópeas ni existían en ella un material de guerra bastante para su defensa. Pero si la piedra, el hierro y el fuego necesario para combatir al enemigo escasean en el poblado edetano, hay un elemento nuevo en la Historia que inmortaliza a la ciudad e inicia una manera inédita en el arte de guerrear: el coraje y la desesperación ibéricas, destructores de científicas estrategias y matemáticas tácticas. Manera que se repetirá en la historia militar española en varios capítulos llamados Numancia o Gerona, Zaragoza o Baler, Alcázar de Toledo o Santuario de Santa María de la Cabeza. El coraje y la desesperación que no son ni castrenses ni civiles, ni varoniles ni femeninos, ni juveniles ni seniles. El corazón ibérico no tiene sexo, edad ni condición. Cuando suena el rebato de la patria en peligro, el fraccionamiento de las tribus, la división de las ideas y los prejuicios de las castas se borran como por arte de encatamiento. Surge el caudillo y surge el sentimiento nacional colectivo y, sin necesidad de formularlo, algo como un juramento sagrado sobre la vida y la muerte da impulso a los corazones. Así pasó en Sagunto. Hombres, mujeres, niños, ancianos, se apresuraron a defender la ciudad con un valor increíble. Con una más increíble abnegación, los saguntinos se obstinan en la defensa después de la dureza violentísima del primer ataque. Se atrincheran tras sus muertos y convierten en flechas envenenadas todas las herramientas agrícolas o industriales. Sagunto vive la primera guerra total de la Historia. El mando cartaginés contempla asombrado aquella resistencia suicida ante la que fracasan las máquinas de guerra tenidas por segurísimas. El fuego mismo no abre brecha en Sagunto. Como las mejores tropas de Cartago al mando de Aníbal han franqueado los Pirineos y van hacia los Alpes rumbo a Italia, se decide no atacar Sagunto para ahorra vidas que podrán ser necesarias en la fase final de la batalla de Roma y se opta por apretar tenazmente el cerco. Allá, en lo alto de la montaña, los saguntinos tendrán que rendirse al hambre y la sed. Ni un grano ni una gota pueden entrar en el recinto sitiado, donde el racionamiento llega a límites increíbles. El hambre grita desgarradora en las gargantas de los niños que mueren con las manitas crispadas clavadas en los secos y fláccidos senos de las madres. Por mitigar su hambre y su sed, los hombres muerden sus brazos y chupan su propia sangre. Al cabo de meses, Sagunto es una población de espectros que no se rinden. Dentro de ella no ha quedado un animal ni un niño ni un pozo con agua. Se han hecho los más arriesgados intentos de salida y se ha lapidado a todo aquel que, en un delirio de la fiebre o de la sed, ha murmurado la palabra rendición. Desde la altura se insulta y se provoca a los cartagineses que , impasibles, juegan juegos de azar en sus campamentos, sin lanzar una flecha. Sagunto se entregará.


Pero Sagunto no se entrega. Cuando ya no queda un grano ni una raíz alimenticia, el pueblo entero -espantósamente enflaquecido, sin sangre ni nervios ya- decide suicidarse. Hombres, mujeres, niños, ancianos y adolescentes beben la cicuta y se clavan sus dagas y sus lanzas después de incendiar sus enseres, fundir sus alhajas, desgarrar sus ropas, quebrar sus cerámicas. Los romanos no han llegado a salvarlos, pero Sagunto ha cumplido su palabra. Cuando las tropas de Cartago, asombradas por el largo silencio de cementerio de la ciudad sitiada y por el hedor a carroña que baja mezclado con el humo, se aventuran a acercarse a la plaza sitiada, contemplan por primera vez el trágico espectáculo de un suicidio colectivo y comprenden que para la Historia ha nacido un pueblo de héroes sin esperanza, para el que la independencia y la palabra de honor valen más que la vida. Muchos siglos atrás, Esparta había pasado de la vida a la Historia como ejemplo de heroísmo y dureza. ¿Pasaría lo mismo con Iberia?... Los siglos venideros darían la respuesta.»

domingo, 13 de diciembre de 2009

EL COMENTARIO DE LA SEMANA (43): AMOR PREMEDITADO

El mejor comentario de las últimas semanas ha sido:

" (...) me parece amoral la búsqueda premeditada y alevosa de alguien que tenga mi misma cultura, mi mismo nivel económico, mi misma ética sexual,mi mismo palamarés amatorio. Me parece amoral y cobarde. Muestra de una inseguridad incontrolable.

Evidentemente en una relación ha
de haber empatías culturales, intereses comunes y principios morales innegociables desde el principio. No se puede ser tan ingenuo de creer lo contrario, pero cuando entra la premeditación a la hora de buscar un modelo determinado estamos matando lo más importante de la pareja. (...)"

Autor: Aprendiz de brujo
Entrada: Las claves de la atracción

viernes, 11 de diciembre de 2009

HISTORIAS DE ESPAÑA VIEJA (III): SAGUNTO. PRIMERA PARTE.

Para este capítulo en dos partes, seguiré el libro de Felipe Ximénez de Sandoval, La piel de Toro. Cumbres y simas de la Historia de España, publicado en 1.944 por la editorial Juventud.

«El cordero que el año 219 antes de Jesucristo despertó el apetito de la loba romana y el león cartagines, fue un poblado alafarero de la piel de toro que se llamaba -y se llama, porque el heroísmo colectivo perpetúa su nombre- Sagunto.

Sagunto era un ciudad edetana del Mediterráneo, que giraba económicamente en la órbita de la colonización cartaginesa; sin aceptarla de una manera total ni mucho menos. Los edetanos, como el resto de las tribus de Iberia, no habían cuajado su personalidad racial en un pueblo propiamente dicho. Como los demás grupos autotóctonos, -cántabros, astures, galaicos, vascones, indigetes, contestanos, túrdulos, tartesios, lusitantos, etc.-, carecían de sentido nacional, de aspiración colectiva y de disciplina civil y militar. Incapaces de ser Nación o Estado, ni siquiera llegaba a constituir la entidad política llamada ciudad para la que es indispensable la refinada sensibilidad que suponen la jerarquía, el mando y la obediencia. Dentro de un mismo recinto urbano, las tribus y las castas eran independientes y no reconocían un jefe superior a sus jefecillos de clan. Las más feroces rencillas aislaban a unas tribus de otras. Ni siquiera cabía la unión por el lado religioso, pues cada tribu tenía sus dioses propios y exclusivos. Por ello, se aceptaban sin lucha las sucesivas invasiones. Los indígenas, inermes, por su falta de cohesión, se sometían a uno y otro pueblo, sobre todo cuando la colonización era sin ruido de armas. Los fenicios y los griegos no tuvieron que pelear. El comercio era su medio de penetración pacífica. Los cartagineses gustaron menos a nuestros compatriotas. ¡Como desembarcaron formados y armados y en sus bagajes había muchas más lanzas, espadas, flechas y arcos que lienzos y joyas para cambiar por productos de la piel de toro! Rudos soldados, los hombres de Cartago no eran zalameros como los fenicios ni corteses como los helenos y usaban más de la brusquedad de la requisa que de la negociación de la permuta. Sus dioses eran sanguinarios y su idioma lleno de violencia.


Los saguntinos se veían perdidos con vecinos tan ásperos y ansiosos. Hasta los alfares de los ceramistas edetanos llegaba la inquietud prebélica de la Nueva Cartago, dedicada al acaparamiento de las materias primas y a la captación de los mozos para sus falanges de combate. Gobernadores y capitanes imponían altas contribuciones, saqueaban las huertas y los talleres y amedrentaban a las madres con la amenaza de enrolar a sus hijos en las filas de los mercenarios de Numidia.»

Continuará...

miércoles, 9 de diciembre de 2009

LA REALIDAD DE LOS PIJOS


Dejémonos de eufemismos y de disimulos. Ser pijo no significa tener un determinado estilo de ropa o de ocio, ni una manera concreta de hablar. No supone tener unos gustos especiales, ni ser más finolis, ni más tonto, ni más superficial. Los pijos no son –como se ha pretendido- una suerte de tribu urbana que se mueve por determinadas zonas de copas, o que va a esquiar o juega al golf. Ser pijo es ni más ni menos sinónimo de ser rico. Y punto.

El problema de este país es que no hay muchos ricos, pero sí miles y miles de gilipollas que pretenden parecerlo a base de ser, vivir, vestir o hablar como ellos suponen que hacen los ricos. El que va de pijo por la vida o se viste como un pijo casi nunca lo hace por casualidad, porque le encante la ropa de tal marca o tenga unas determinadas aficiones de siempre, sino porque quiere que los demás se crean que es rico.

Y eso es lo triste del fenómeno de la pijería: hay muchísima peña que diríamos que es pija por su apariencia y costumbres, pero muy pocos lo son de verdad, hay muy pocos ricos genuinos. El pijo por lo general es un tipo que quiere tener pinta de forrado, pero luego la realidad… a saber.

Tengo un amiguete que va siempre en plan Armani, hecho un figurín, con su ropa súper cara e infinidad de zapatos y complementos a la última. Va siempre maqueado y es imposible sacarle de los bares más chupis de la ciudad. En cuanto alguien propone tomarse algo en una cervecería de La Antigua, ya está diciendo que esos sitios no le molan porque tienen poco nivel. Y no se refiere a las tías precisamente. Lo que le gusta es ver muchos “pijos” como él en la barra. Pero luego resulta que el tío gana poco más del sueldo mínimo y vive con sus padres. No ahorra ni una chapa y, por supuesto, no podría ni comprarse un coche. Pero claro, gastando 800 euros en ropita para uno solo todos los meses, parece pijo cualquiera.

Por el contrario, hay gente que está forrada hasta las orejas y nadie les llamaría pijos, porque tienen claro que el dinero sirve para disfrutarlo o mejorar su calidad de vida, pero no para demostrar nada a los demás. En chulear con el vecino se va mucha pasta y los listos lo saben bien, así que invierten en ellos y no en el que dirán.

El dinero que cada uno destina a su ropa o a sus vacaciones, a su coche o a salir de marcha, debería guardar una proporción razonable con el volumen de su sueldo y con sus obligaciones a medio o largo plazo, para evitar que nadie se ría en su cara. Porque conozco a más de uno y a más de dos que tras años viviendo a lo grande, viajando a lo grande y conduciendo a lo más grande, van y te lloriquean que no pueden casarse o comprarse piso porque “está todo fatal” (que lo está, por otra parte, pero que lo digan ellos…)

Me parece poco elegante y menos caritativo intentar demostrar a la gente de tu entono un alto nivel de ingresos a través de tu aspecto externo o de ciertos comportamientos forzados. Si encima no eres rico, hacerlo es propio de almas mezquinas y de acomplejados.

Siempre me ha desagradado la gente pija, tanto la auténtica, por prepotente, como la de pega, por poco honrada y por parecerme digna de lástima. Creo que la austeridad es un valor muy en crisis que deberíamos rescatar para sentirnos más personas, más humildes y más cercanos a los demás, en vez de vivir atados a la estúpida carrera del “y yo más” que encima solo
beneficia a los de siempre, a nuestros amigos de la banca, a las constructoras y demás ricos de verdad.

lunes, 7 de diciembre de 2009

CALVOS


Una de las grandes desgracias que puede sucederle a un hombre (y de hecho le sucede a menudo) es quedarse calvo. Si la calvicie es prematura, es decir si tienes muchas entradas o te quedas mondo lirondo antes de los 35, la putada en cuestión adquiere tintes de tragedia.

Para mí no hay nada más antiestético ni que envejezca más a un varón que una vergonzante calvorota. De hecho no puedo comprender cómo hay mujeres que insisten en considerar sexys a los “bolas de billar”. Bueno, también las hay que aseguran sentir atracción por las barriguitas, pero en fin, si son tontas, qué le vamos a hacer. Mejor para nosotros. No me acercaba yo a una calva de treinta años ni a diez metros.

Mi abuelo era completamente calvo y a mi padre le quedan cuatro pelos mal puestos. A mi edad ambos tenían más entradas que el Bernabéu, pero yo milagrosamente todavía conservo una nutrida cabellera que rezo cada día por no perder ni menguar, ya que dejar la bombilla al descubierto me supondría un gran motivo de disgusto. Dicen los estudiosos que la alopecia se hereda en un 70% por vía materna, así que puedo estar de suerte porque en la familia de mi madre no hay pelones.

Pero tengo muy claro que si me quedara parcialmente calvo, preferiría raparme al uno las islas de pelo que conservara, en vez de dejarlas crecer, porque no hay cosa más deshonrosa que mantener la coronilla o mechones en los laterales. Hace mucho más viejo que pelarse entero con diferencia.

También es muy probable que empezara a usar sobrero o, casi mejor, boina castellana, para ocultar mis vergüenzas.

Algo que me llama mucho la atención de los calvos jóvenes son sus esfuerzos patéticos por tomarse el tema con humor, cuando todo el mundo sabe que semejante desgracia no se presta nada a chirigotas. Hay que ser un poco más honrados. Si estás muy fastidiado por tu alopecia juvenil (que es lo suyo), mejor déjate de chistes, porque como alguien te siga la broma te puedes terminar cagando en sus muertos.

- Ya se me empieza a ver el cartón, jojojo – te suelta el clásico cretino jugando a hombre sin complejos.

Aquí lo que procede es soltar una buena andanada, también en “plan de coña”. Siempre les cambia la cara, oye.

- ¡Se te ve la caja entera, campeón!, jejeje...

En fin, que son reveses que hay que sufrir en silencio, como las hemorroides, asumiendo que la calvicie da al traste con cualquier asomo de aspecto juvenil.

domingo, 6 de diciembre de 2009

ENCUESTA DE MEDIDAS SOBRE ZP

Pregunta: ¿Qué crees que debería hacerse con ZP?
Nº de votos: 92
Duración de la encuesta: 50 días

Respuestas:

a) Darle un apoyo incondicional. 29 votos (31%)

b) Sustituirlo por otro líder del PSOE. 0 votos (0%)

c) Derrotarlo mediante una moción de censura del PP. 0 votos (0%)

d) Hacerle dimitir. 5 votos (5%)

e) Derrotarlo en las urnas con el Partido Popular. 2 votos (2%)

f) Derrotarlo en las urnas con otro partido que no sea el PP. 8 votos (8%)

g) Un golpe de estado. 6 votos (6%)

h) Que sufra en sus carnes la violencia de ETA con la que tanto dialoga. 1 voto (1%)

i) Fusilarlo contra la tapia de un cementerio. 31 votos (33%)

j) Encarcelarlo. 7 votos (7%)

k) Otras soluciones diferentes. 3 votos (3%)

viernes, 4 de diciembre de 2009

TENER DESPACHO


En mi vida profesional siempre he tenido despacho propio. Siempre he trabajado en medianas o grandes oficinas, donde la gente está repartida en salas amplias para seis u ocho, en despachos de dos o tres y en despachos individuales, como el mío.

Los criterios para asignar despachito o despachazo a un trabajador de mi oficina son de lo más variopintos. Hay razones prácticas (puestos en que se usa mucho el teléfono -para no molestar a los demás- , se tratan temas sensibles o se necesita concentración), razones jerárquicas (los jefes suelen tenerlo y los superjefes, siempre) y también mucho snobismo o gilipollez (trabajadores de determinadas categorías o titulaciones lo pueden tener sin que se den los requisitos anteriores).

Tener despacho individual se suele percibir como una ventaja, al menos en mi entorno laboral. Sin embargo, yo no estoy muy de acuerdo con que esto siempre sea así. Trabajar solo en un recinto tiene cosas buenas y cosas malas que intento resumir:

VENTAJAS

- Te puedes centrar mucho mejor en tu tarea cuando hay prisa por hacer algo o necesitas reflexionar.

- Tienes más intimidad si alguna vez necesitas tener una conversación o hacer una gestión o llamada delicada o particular, o comer algo.

- No tienes que ponerte de acuerdo con los compañeros para abrir o cerrar ventanas, o poner o quitar calefacciones o aires acondicionados (motivo de grandes broncas)

- Si has salido el jueves hasta las tantas, el viernes puedes encerrarte y decir que no te pasen llamadas.

- Hay gente, sobre todo de fuera del trabajo, que te trata mucho mejor porque se piensa que está ante un pez gordo.

- Si te gusta una compañera puedes decirle que pase a tu despacho con cualquier excusa banal y hacerle la pelota a cuento de “lo bien que trabaja”. (Este truco me lo ha contado un amigo)

-Tus pedos pasan mucho más desapercibidos.


INCONVENIENTES

- Puede favorecer el aislamiento, pues para relacionarte con los demás compañeros estás obligado a “salir de visita”. En mi caso ha sido un elemento hasta perjudicial porque de por sí soy poco sociable y tener despacho lo ha acentuado.

- No puedes divertirte charlando con los compañeros de al lado o de enfrente, ni hacer coñas, ni meterte con el jefe cuando se va a su despacho tras darte la murga.

-Un escritorio entre dos personas puede ser una barrera a la comunicación.

- Es pesadísimo estar pendiente del “protocolo de despacho” (“adelante por favor”, “siéntate”, “disculpa, que tengo una llamada”, “déjame eso ahí”, “pasa a mi despacho, por favor”)

- Siempre acaba habiendo algún plasta (particularmente tías) que se encierran contigo y te cuchichean su vida en verso, cuando a mí la vida de mis compañeros me la trae al pairo, y encima hay que poner cara de interés.

-Tienes que aguantar comportamientos irritantes como que llamen a tu puerta cuando está abierta; pregunten “puedo pasar” o “puedo sentarme” cuando ya han entrado o se han sentado, o repitan continuamente la estúpida frase “perdona que te moleste”. Si sabes que me molestas, lárgate.

- Como tienes intimidad, siempre te plantean celebrar muchas reuniones en tu despacho en vez de hacerlo en otras dependencias de "la casa".

miércoles, 2 de diciembre de 2009

BIBIANA ES ESPAÑA

Bibiana, visto que prefieres el tuteo, así lo haré. Bibiana, más que señora, ministra o incluso reina, encarnación de los más destacados vicios y defectos de España. Bibiana I, tú eres España.

Tú eres la España del compadreo y de la informalidad. Del coleguismo con los dignatarios que, olvidando la dignidad de su cargo de primus inter pares, renuncian a los renombres y a los excelentísimos, confundiendo su indignidad y su mediocre bajeza con la de su propio cargo en un tiempo en el que cualquiera puede ser, incluso, presidente del gobierno.

Bibiana, eres la España de opinión infantiloide lanzada al aire en la barra del bar. La España simple y simplona de intelectuales de peluquería y cola del pan. O de programas del corazón sin corazón.

Tú eres la España de la discriminación positiva. La España de mujeres excelentes que ven como las vulgares e inútiles les igualan o superan.

Eres, Bibiana, la España vacua y decadente de vida almodovariana: viciosa, aburrida, hedonista, ignorante...
La España de ponerse tetas a los dieciséis años.

Tú eres la España del mínimo esfuerzo. De la forma informe y sin fondo. La España que dedica más sudor a combinar la falda con los tacones que a preparar un discurso o una ley.

Bibiana, eres la España del buenismo sin bondad. De la caridad en las apariencias y de la solidaridad por consignas y sin convencimiento.


Tú eres, Bibiana, la España vil, cobarde y oscura que justifica la barbarie y el asesinato masivo con estúpidos e hipócritas argumentos entre sonrisas, abrazos y aplausos. Como siempre han muerto la Libertad y la Justicia.

Bibiana, eres la España de los vagos y arribistas. De los vividores que venderían a su madre por un coche más grande o un bolso nuevo cada d
ía. De los dispuestos a tragarse cualquier cosa, sonriendo. Y entiéndase esto, efectivamente, en el peor de los sentidos.

Bibiana, tú eres la España de la revancha, de las victorias con trampas y mentiras. La España odiosa nacida del odio. La España repugnante y podrida, sin conciencia de una Historia que desconoce y que, algún día, pondrá todo en su
correspondiente sitio.



lunes, 30 de noviembre de 2009

IGUALDAD Y JUGUETES

Niñas jugando a lo que más les gusta, aprendiendo a ser mujercitas de su casa

En plena era de la igualdad de género impuesta en plan Goebbels por Bibiana Aído, en esta época de las cuotas y de la discriminación positiva, es un auténtico descojone ver en la tele los cientos de anuncios de juguetes cuando se aproxima la Navidad. Ayer por la mañana pusieron la tira y a mí de verdad es que no me entra en la cabeza cómo la gentuza del PSOE puede consentir unos contenidos tan sexistas y tan opuestos al espíritu igualitario por decreto.

Los anuncios de juguetes de chicos son todos calcados, aparte de que al final hay pocas marcas y por lo tanto poca variedad de ideas. Invariablemente, cuando se publicitan coches, circuitos de carreras, robots de lucha o convertibles, juegos de aventura, figuras de animación, etc, siempre ponen una voz en off masculina, decidida, rotunda, hablando muy deprisa e incitando naturalmente a toda clase de prácticas ultrafascistas del estilo a “Vence a todos con tu pista Patatín” o “derrota a tus enemigos con las armas implacables de Super-Fulanín”, o “serás invencible con el robot de combate Mengano, que puede lanzar misiles”. Vamos, una cosa de tíos duros; una especie de escuela para darse de ostias en el futuro o competir a saco, sin miramientos y sin toma
r en cuenta los valores propios de la “igualdad de oportunidades”.

Luego te fijas
en los anuncios de niñas y es de traca. Lo primero te ponen una canción más dulzona que el algodón de azúcar, generalmente interpretada por un coro femenino o infantil, describiendo con ripios en qué consiste el juguete. Pongo algunos ejemplos semi-inventados: “En la casita de Blancanieves / los enanitos vienen de trabajar / y las mesita ya está dispuesta / para que se puedan sentar”, o peor aún: “Con la pastelería Patatín / podrás hacer pastelitos / para celebrar tu festín / e invitar a tus amiguitos / tralarí, tralarí”. Me da vergüenza ajena hasta escribirlo.

Además, los juguetes para niñas y sus mensajes comerciales, diga lo que diga Aído, siguen estando dirigidos con toda claridad a fomentar la coquetería, el instinto maternal y el aprendizaje de las tareas domésticas, que es lo que les gusta a ellas por naturaleza, coño, por mucho que vean a su papá acoquinado por la bruja de su mamá y obligado a poner lavadoras, a planchar o a tender… Todos estos anuncios son como gotas de agua. Cuando no son de la “Bebita enfermita”, son de “Beibi Ricitos”, para que peinen al muñeco de turno, o de la “Casita del Mundo Mágico” para que lo tengan todo ordenadito, o de la “Fábrica de Magdalenas Pichuli” para que aprendan a hacer postres desde la más tierna edad. Como Dios manda y como debe ser.

Los publicistas saben muy bien a quién dirigirse y cómo vender, y por eso no se andan con soplapolleces ni con politiqueos. Lo que me extraña, ya digo, es que los talibanes del feminismo consientan estas prácticas tan poco disimuladas.

viernes, 27 de noviembre de 2009

LAS CLAVES DE LA ATRACCIÓN

Es de cajón que el atractivo que cada cual ejerce en el sexo contrario tiene muchos más componentes que la mera belleza física, pero, ¿cuáles son estos componentes y por qué?, ¿son siempre los mismos y han sido siempre los mismos?

Para mí hay dos variantes de atracción.

A una de estas variantes podríamos llamarla la “atracción objetiva”, es decir la capacidad que tiene alguien del otro sexo para llamar nuestra atención y agradarnos con independencia de nuestro interés en ser su pareja estable.

En esta modalidad yo pienso que juegan un papel esencial los parámetros estéticos, que son los que entran por los ojos, si bien estos parámetros han variado enormemente según las épocas. Tampoco hay que negar que cada uno tiene sus gustos particulares en este sentido, que a veces pueden convertirse en fijación obsesiva (solo gustarte las rubias, o las muy delgadas…)

Otro ingrediente básico de la atracción objetiva es la autoestima. Es innegable que las personas positivas, con la autoestima elevada y que transmiten optimismo, caen mucho mejor y resultan más atractivas que los melancólicos, problemáticos y pesimistas. A veces niveles muy altos de autoestima compensan los defectos estéticos a la hora de gustar y enganchar.

También es muy importante la habilidad social del sujeto, pues favorece las relaciones y la empatía con los demás. Ya dice el refrán que la gracia de la fea, la guapa la desea. El mundo está lleno de ligones (o ligonas) feos pero simpáticos (aunque yo diría que mucho más en el caso de los hombres).


Finalmente yo hablaría del morbo, aunque no sepa definirlo bien. El morbo es el aspecto más subjetivo de la atracción objetiva. Yo a veces me he sorprendido al comprobar que me gustaba alguna chica aun reconociendo que no tenía nada de guapa y ni siquiera de simpática. El morbo es como el toque secreto de una receta. A cada cual le da morbo una serie de cosas, yo qué sé, por ejemplo la forma de mirar, algún defecto físico que se lleva con salero, unas coletas, un culo gordo, la delgadez, el tono de voz, los pies, el aire misterioso, la diferencia de edad para arriba y para abajo, la condición de casado o ennoviado, la vocación religiosa, la virginidad, el ser más puta que las gallinas… Alguna de estas cosas tiene que ver con el sabor de lo prohibido, pero otras seguro que responden a mecanismos ocultos y subjetivísimos de nuestro instinto que, sin embargo nos hacen sentir una atracción objetiva por los individuos de esas características.

La otra modalidad de atracción es la "subjetiva" o "cultural". Yo la definiría como aquella atracción que creemos experimentar por alguien pero que, en realidad, está completamente condicionada por convencionalismos sociales, culturales y de interés personal. Es el tipo de atractivo que ejercen sobre nosotros las personas que deseamos como pareja, novio o novia, marido o mujer.

La atracción subjetiva no tiene por qué ser mala. De hecho puede ser muy positiva. Tiene la función de protegernos del fracaso sentimental y del rechazo social. También es un mecanismo casi instintivo para garantizar la estabilidad y la seguridad material del futuro hogar y de los futuros hijos. Salvo en casos extremos en los que estos elementos predominan sobre todos los demás (es decir sobre la atracción objetiva y sobre el cariño), una dosis razonable de ellos ayuda a prevenir muchos problemas y deberíamos ser más honestos a la hora de identificarlos y reconocerlos.

Sin ánimo de ser exhaustivo, voy a enumerar varios de estos elementos: posición socioeconómica y clase social, nacionalidad y raza, reconocer un carácter como compatible, proximidad de la residencia para evitar relaciones a distancia, nivel de estudios, deseo o no de tener hijos, valores familiares, ideas políticas y religiosas, inteligencia, estabilidad o prestigio del puesto de trabajo, importancia que se da al sexo, origen familiar, pasado sentimental o sexual, actitud hacia el gasto o el ahorro, afinidad en gustos de ocio o tiempo libre, etc.

Objetivamente estas cosas no sirven para gustar o no gustar, pero es indiscutible que condicionan siempre en mayor o menor medida nuestra decisión de comprometernos con alguien. O sea que no nos casamos simplemente con quien nos atrae, sino que hay muchas más cuestiones a valorar. Lo malo es que a veces nos engañamos a nosotros mismos, nos creemos mucho más románticos de lo que somos y nos pensamos que Fulanita o Fulanito nos atrae a rabiar cuando en realidad hay mucho de conveniencia y nos interesa casarnos con alguien así. Cada uno sabrá.

Todos estos elementos de atracción cultural han variado mucho en la historia y han sido más valorados por hombres o mujeres según el papel de éstas en la sociedad.

Así, cuando la mujer no trabajaba y era mantenida por el varón, las chicas jóvenes se “enamoraban” con mucha más facilidad de hombres más mayores, ricos o estabilizados. Esta fuerte tendencia educacional cambia más lentamente que las estructuras sociolaborales, lo que explica que muchas mujeres mantengan este patrón de comportamiento aunque ya no tenga sentido hacerlo en los nuevos tiempos de igualdad.

Pero al revés también sucede. Hay cosas que los hombres valoraban antaño por razones culturales, como el recato o la exuberancia física (para garantizar la legitimidad de la prole y la fertilidad respectivamente) que hoy en día han perdido importancia al haberla perdido también la moral sexual o la natalidad. A pesar de ello, ya digo que hay pautas que perviven como marcadas al fuego, casi como si fueran genéticas, al margen de las circunstancias sociales.

Me gustaría lanzar un reto y hacer estas preguntas: ¿Qué es lo que más nos gusta y valoramos de una persona del sexo opuesto?. ¿Hasta qué punto reconocemos la presencia de los elementos culturales o de interés en nuestra atracción por alguien?

jueves, 26 de noviembre de 2009

ESCUDITOS Y LOGOTIPOS

Con tanta descentralización y competencia entre administraciones locales, autonómicas, centrales y, sobre todo, con tanta pugna ridícula entre políticos inútiles cuyo único interés es mantenerse cuatro años en el poder ya sea en el mismo o en otro puesto diferente, uno se da cuenta de la manera en que se despilfarran nuestros impuestos.

Cada vez que se inaugura un paso de peatones, lo importante no es si se ha realizado en el momento o en lugar previsto o si se ha ajustado a los presupuestos. Ni siquiera es importante si el paso de cebra hace falta o no. Lo que verdaderamente interesa a esa caterva de ineptos, que si no fuera por la política no servirían ni para barrer lo que inauguran, es estar en el lugar conveniente para salir en la foto correspondiente del diario de provincias que no lee nadie pero que, sin embargo, pasará a engrosar el archivo de prensa correspondiente, verdadera hoja de servicios de los más vanos arribistas.
Otra cosa muy importante a la hora de justificar un trabajo más que deficiente es colocar el cartelito. Reciente está el tema de los elefantiásicos carteles del Plan E que, con casi 1.400 euros por unidad, eran más caros que muchas de las obras que anunciaban. Pero no sólo el (des)Gobierno de ZP está obsesionado con dejar claro quién está pagando la obra de turno. aunque yo, hasta ahora, creía que las pagábamos los ciudadanos con nuestros desproporcionados impuestos.

La Junta de Castilla y León, por poner otro ejemplo, es otra de esas instituciones de rótulo. Recuerdo que, en la Biblioteca Pública de mi ciudad, gestionada por la Consejería de Cultura, cuando se iba a celebrar una charla o conferencia lo único que te pedían era que, en una esquina del pasquín anunciador se colocara el logotipo de la Junta y que expresamente se dijera que ésta colaboraba con la iniciativa. Así, incluso una reconocidad secta gnóstica llegó a celebrar charlas acerca de la reencarnación y los marcianos que llegarían a la Tierra a salvarnos del enorme meteorito que se acerba a destruirla. ¿Ningún juntero se dio cuenta del ridículo que hace la Administración confesando su complicidad en mamarrachadas por el estilo? Vamos, que sólo les falta, ayudar a financiar -suponiendo que no lo hagan- los neones de cualquier lupanar de carretera si, a cambio, estos les colocan el escudito en cualquier esquina. Esquina del luminoso, quiero decir.

En algunos casos, el tema del letrerito roza el insulto al ciudadano. Es los pueblos de Castilla y León, hace unos años, al lado de casi todas las iglesias se colocó un enorme cartel del estilo al del Plan E donde se anunciaba la próxima restauración de dicho monumento. Eso sí, generalmente no se indicaban ni plazos ni presupuestos ni nada. Tanto es así que, como ningún duende ha decido ponerse al tajo por su cuenta, muchos carteles han quedado descoloridos y oxidados, sirviendo únicamente para que algunos garrulos los siembren de perdigonazos.

Lo último que he visto clama al cielo. Se trata de una dotación de ordenadores que llegaron a su destino con cerca de dos meses de retraso. Además, nadie hizo el más mínimo amago por enterarse de las características más convenientes para estas máquinas. Se trataba de ordenadores desfasados comprados a un mayorista de stocks por los que sólo Dios sabe lo que se habrá pagado. Eso sí, venían convenientemente serigrafiados con los logotipos de los ocho organismos, planes y administraciones que habían metido mano en tal desastre., tal y como puede verse en la foto siguiente. Debo vivir en otro mundo pues, hasta ahora, creía que las chapuzas era mejor no firmarlas.


(La foto está hecha con el móvil)

martes, 24 de noviembre de 2009

RELEYENDO "EL PADRINO" (9): EL VERDADERO RAYO

Apollonia escoltada por el fiel Calo

Siempre me sorprendió el repentino y casi violento enamoramiento de Michael (el "verdadero rayo") cuando conoció a Apollonia y siempre he dudado de la naturaleza de esta pasión. Creo que fue algo puramente carnal, aunque el cariño viniera luego. Vamos, que Michael, solo en Sicilia y a miles de kilómetros de Kay, se puso como una cafetera cuando vio a la adolescente morena pasear entre los naranjos...

Esta tendencia inevitable de los varones
a dejarnos guiar por la bragueta para tomar decisiones relevantes en la vida es uno de los aspectos más negativos de nuestro sexo, hasta el punto de hacerme dudar a veces de mi vieja teoría de que los hombres somos personas más completas que las mujeres.

Michael manda salir a Vitelli, el padre de Apollonia

—Decidle al dueño del café que salga.

Los dos guardaespaldas no dudaron ni por un instante. Se pusieron las armas al hombro y entraron en el local. Segundos después, reaparecían escoltando al dueño del café. El hombre no parecía nada asustado, aunque sí algo preocupado.

Michael se acomodó en su silla y lo estudió atentamente. Segundos después, con toda suavidad, dijo:

—Comprendo que lo he ofendido al hablarle de su hija, señor. Le presento mis más sinceras excusas. Soy forastero y no conozco las costumbres del país. Quiero que sepa que no era mi intención faltarle el respeto, ni a usted ni a ella.

Los dos pastores estaban profundamente sorprendidos. La voz de Michael había adquirido un tono desconocido para ellos. A pesar de que estaba disculpándose, sonaba autoritaria. El dueño del café hizo un gesto de asentimiento con la cabeza, pero estaba más preocupado que antes, pues tenía la impresión de que aquel hombre no era como los demás.

—¿Quién es usted y qué quiere de mi hija?

—Soy americano —contestó Michael—, y he venido a Sicilia huyendo de la policía de mi país. Me llamo Michael. Si informa usted a la policía, seguro que ganará una fortuna, pero si lo hiciera, su hija, más que ganar un marido, perdería un padre. Quiero conocer a su hija. Con su permiso, señor, y bajo la atenta mirada de su familia, naturalmente. Con todo decoro y con todo respeto. Soy un hombre cabal, y en modo alguno quiero deshonrar a su hija. Quiero conocerla, hablar con ella y luego, si ambos estamos de acuerdo, nos casaremos. Si no, nunca más volverán a verme. Quizá no le caiga bien a su hija, y en tal caso no podré hacer nada. Pero si no es así, le diré de mí todo lo que el padre de una esposa debe saber.

Los dos pastores y el padre de la muchacha lo miraban con expresión de sorpresa. Fabrizzio, con temor reverente, musitó:

—Es el verdadero rayo

viernes, 20 de noviembre de 2009

HISTORIAS DE ESPAÑA VIEJA (II): LA MUERTE DE JOSÉ ANTONIO

TENÍA 33 AÑOS Y MURIÓ AL AMANECER.


A las cinco y media de la mañana de un día como hoy, el director de la prisión y un guardia, Guillermo Toscano Rodríguez, se dirigieron a su celda para comunicarle que la hora había llegado. Pidió despedirse de su hermano Miguel y su cuñada Margot.

La madrugada del día 17 al 18, el tribunal lo había condenado a mu
erte. Su defensa, a decir de los presentes, fue brillante: un público, al principio hostil debido en gran parte a los recientes bombardeos de la aviación nacional sobre Alicante, poco a poco fue demostrando una abierta simpatía por los acusados. Pero la sentencia estaba escrita de antemano y, aún así, Miguel y Margot lograron salvar la vida. Él fue condenado a treinta años de prisión; ella a seis.


Afronta la muerte con serenidad y calma. Ya ha dispuesto qué hacer sobre sus bienes y asuntos pendientes una vez haya muerto. También ha escrito testamento; en él, reflejo exquisto de su alma, deja constancia del tipo humano completo que fue: valiente, sensible, cultivado, valeroso, generoso...

«Ojalá fuera la mía la última sangre española que se vertiera en discordias civiles. Ojalá encontrara ya en paz el pueblo español, tan rico en buenas calidades entrañables, la Patria, el Pan y la Justicia.»


Quiere estar en paz con Dios y se ha confesado. Los últimos auxilios espirituales se los ha ofrecido el sacerdote José Planelles, preso que sería fusilado días más tarde.

Sobre la mesita de la celda deposita una serie de cartas destinadas a sus familiares y amigos. En ellas, a pesar de la muerte que se anuncia irremplazable, no existe ni un solo tachón. Indalecio Prieto sería el encargado de entregárselas a sus destinatarios y de recoger en una maleta sus escritos en la prisión, sus papeles póstumos, entre ellos el Cuaderno de notas de un estudiante europeo.


Los guardias le exigen que se apresure en vestirse. Tienen prisa por terminar el trabajo. José Antonio, impertérrito, les exige calma: «Como sólo se muere una vez, hay que hacerlo con dignidad».

Con un mono azul, unas alpargatas y su abrigo, se dirige a la celda de su hermano. En inglés, le solicita ayuda en ese trance: «Help me to die with dignity». Se abrazan y Miguel se despide pidiéndole que ruegue por todos ellos.

Camina con calma hacia el patio de la enfermería de la cárcel. Conversa con sus guardianes y algunos son incapaces de mirarle a la cara. Uno de ellos se fija atentamente en el abrigo que lleva sobre los hombros. La humedad de la otoñal noche levantina impregna los huesos.

Ya está formado el pelotón de ejecución: seis anarquistas y otros tantos comunistas, al mando de Guillermo Toscano, y algunos guardias de asalto como refuerzo. José Antonio se encamina a ellos y les pregunta si son buenos tiradores. Después se dirige al sargento que manda a los milicianos para pedirle que limpie la sangre que allí vierta, pues no desea que su hermano sufra al verla.

Junto a la tapia esperan dos requetés y dos falangistas que reciben la sonrisa fraternal del jefe que comparte el destino de sus hombres. Se desprende del abrigo y lo lanza junto a los guardias. Aprita fuerte con su mano izquierda el crucifijo que antaño le regalara su hermana y levanta el brazo derecho dispuesto a recibir la muerte. Ya se adivina en el cielo el madrugador amanecer mediterráneo.


Nadie da la orden de disparar. Sus últimas palabras realizan el mismo cometido: «¡¡¡ARRIBA ESPAÑA!!!».

Toscano se acerca al cuerpo de José Antonio y descarga con su pistola el tiro de gracia. Cinco años más tarde, en 1941, sería fusilado en Granada a pesar de las súplicas que por su vida hicieron los hermanos P
rimo de Rivera.



Ese muro de cal, lívido espejo
en que araña su luz la madrugada,
de infame gloria y muerte blasonada
coagula y alucina alba y reflejo.

Para siempre jamás. La suerte echada.
El grito de la boca en flor rasgada
-en el cielo, un relámpago de espada-,
y, opaco, en tierra, el tumbo. Después, nada.

Y ahora es el reino de las alas. Huele
a raíces y a flores. Y el decirme,
decirte con tu sangre lo que sellas.

Por ti, porque en el aire el neblí vuele,
España, España, España está en pie, firme,
arma al brazo y en lo alto las estrellas.

Gerardo Diego.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

UN TÍO QUE NO ESTÁ A LA VENTA

Lo que más me admira de él no es que sea una de las personas más serias, minuciosas y perfeccionistas que he conocido, ni su aguda inteligencia, ni su capacidad de sacrificio.

No es lo que más me impresiona -aunque me impresiona mucho- su cultura enciclopédica tanto en áreas tecnológicas como humanísticas, sobre todo en historia. Yo no sabría decir si es de letras o de ciencias.

Lo que más me llama la atención no son sus habilidades pedagógicas, ni su capacidad de trabajo, ni su pluma incisiva, ni su discurso preciso, ni sus dotes naturales de líder, ni su genuino espíritu castrense.

No aplaudo más que otras virtudes su gran humanidad, su sensibilidad con los humildes y su empedernido romanticismo combinado con simpáticos asomos de misoginia.

De entre todos sus valores, los más sobresalientes no son para mí su patriotismo encendido, su Fe sin ñoñería, su coherencia, su lealtad, su integridad o su sinceridad a prueba de bomba.

Para mí lo más valioso del Subdirector del Banco Arús es que en este mundo asqueroso donde todo tiene un precio; donde la gente se baja los pantalones ante quien manda o puede; donde el servilismo repugnante es regla habitual; donde no hay principios inmutables, sino circunstancias a las que abrazar según el momento, en este mundo, digo, él es y sigue siendo desde que le conozco un tío que no está a la venta.

Un tío que dice siempre lo que tenga que decir, a quien sea y pase lo que pase; que no se amilana ante poderosos, ni ante jefes, ni ante policías antidisturbios; que no miente nunca, ni alberga dobleces o segundas intenciones; que no te acaricia el lomo si no te lo mereces y que tiene un sentido tan desarrollado de la Justicia que vive en un duelo constante contra el mal, contra los abusos y contra las jetadas. Un duelo que tiene perdido de antemano, pero la suya será siempre una derrota honrosa frente a las victorias turbias que nos asolan a diario; una derrota con sabor a victoria.

Nunca le vi doblegarse, ni renunciar a un solo sueño ni aun a costa de sus seguridades. Nunca le vi agachar la cabeza cuando la razón le acompañaba, ni dejar de enseñar los dientes a todos y a todas, salvo a la señorita Bacardí y a pocas más…

Un año más y que sea por muchos:

¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS, SEÑOR SUBDIRECTOR!!

lunes, 16 de noviembre de 2009

UN GIN TONIC DE TANQUERAY

Un día un amigo mío que participa mucho en este humilde espacio se llevó las manos a la cabeza cuando me pedí en un bar del Pasaje un ponche-cola con un chorrito de lima. Otras veces me tomo un “zumo de piña con un hielo” y más habitualmente Barceló con Coca-Cola, pero lo del goloso Ponche Caballero era la primera vez que lo hacía en sus narices.

- ¡Pero qué mariconada!. ¡No me jodas!- conocía al camarero y le explicó que yo no era bujarrón ni nada. Pasé mucha vergüenza.

Luego me dio una plática a fondo. Me salió con que un hombre de verdad, de pelo en pecho, jamás se pedía esos potingues de nena. Dijo que yo era un caballero, un tipo con clase, y lo que procedía para quedar como Dios era pedirse un güisqui solo, en vaso ancho, o, mejor aún, un buen gin tonic.

- Pero macho, yo eso no lo he probado en mi vida. La tónica es muy amarga.

Siguió explicando que estaba muy bueno, que era un sabor muy elegante y masculino y que además un macho fetén no conocía siquiera el sabor de la tónica sola, porque siempre la combinaba con una ginebra de postín.

- ¿Gin Larios?

- ¡Gin pollas! -gruñó con desprecio- . Lo suyo es pedirse un gin tonic de Tanqueray, que es la mejor del mundo. Ah, y siempre con Swcheppes, que si no es joder la tónica, hazme caso.

Al final no me decidí ese día, pero mi colega siempre me insiste en que la próxima vez que quedemos (a saber cuándo, porqué somos tíos ocupadísimos) me invitará a esta bebida tan novedosa para mí.

Incluso el otro día en un blog amigo comentaron que la ginebra buena era la Hendrick´s y se lo dije a mi mentor, pero este soltó un bufido y me aseguró que no tenían ni puta idea.

Como me quedé con mucha curiosidad por llevar a cabo este experimento de sabor, no he podido esperar a quedar con mi atareado amigo, y anteayer precisamente, después de cenar en el Foster´s con Leonardo y compañía decidí pedir la combinación recomendada en un bareto de Parquesol lleno de viejos bailando cha-cha-chá.

- Para mí, un gin tonic con “Canceráis” –espeté todo chuleta. Estuve a punto de añadir que con Swcheppes, pero al ver la cara de la camarera intuí que podría quedar como un palurdo.

Mis acompañantes femeninas comenzaron a rebullir con que eso sabía a chinches, pero no hice ni puto caso, que ellas no saben de estas cosas serias. Leonardo arrugó el entrecejo porque conoce mis gustos de bebidas:

- Pero cómo pides eso… ¿Lo has probado alguna vez?

- Naturalmente, hombre… Es una copa muy especial, con muchos matices de sabor y tal…

- No, la verdad es que viste mucho…

En dos minutos tenía ante mis ojos la mezcla transparente. Las niñas rápido me pisparon el vaso para dar un sorbo, a pesar de la gripe A, y pusieron mala cara, muy mala cara, como si les costara tragar.

- Esto también se toma con pepino, pero no es plan –aclaré.

Y ni corto ni perezoso, zas, le di un buen trago. En el acto, un amargor denso y repelente inundó mi garganta. Me recordó al Mordex que me echaba mi madre en las uñas de pequeño, pero a lo bestia. Torcí el gesto instintivamente, frunciendo la boca y tensando los músculos del cuello.

- ¿A que sabe mal?, ¿a que sabe mal?

Recompuse la sonrisa como pude, mientras pensaba mirando el vaso: “y me lo tengo que beber entero…”

- ¿Qué decís? No sabéis apreciarlo porque no estáis acostumbrados – y me metí otro lingotazo para acabar cuanto antes.

- Oye, si quieres te pedimos un ponche-cola-lima para que pase mejor –me insinuaron entre codazos y risotadas.

Los diez minutos que duró la ingesta fueron muy traumáticos para mí. Mientras se me iba revolviendo el estómago entre sorbito y sorbito (y eso que dejé un buen culo), me acordaba sin cesar de todos y de cada uno de los muertos de mi amigo, y barajaba las posibilidades (muy escasas) de hacerle caso otro día en lo del güisqui solo.

Lo que tengo que reconocer es que pidiendo estos brebajes, uno parece muy chic. De hecho, yo quedé como un gentleman hasta que me vieron el careto al beber. A lo mejor es cuestión de hacerse al sabor, como con el tabaco y la cerveza, que al principio no gustan, o de aprender a disimular. Todo sea por la imagen de uno.

viernes, 13 de noviembre de 2009

¿ES INMORAL EL EMULE?

Soplan en Europa malos vientos y se atisban peores augurios para los que vemos mucho cine en Salas Emule o conseguimos música por procedimientos alternativos a pagar el disco en El Corte Inglés.

En los últimos años la SGAE y compañía han dado mucho la tabarra en los medios con una campaña para concienciarnos de que los piratas de Internet son equiparables a ladrones o a malvados delincuentes.

La línea fronteriza entre el derecho y la moral siempre se ha movido mucho. Sobra decir que no todo lo legal es moral (aborto), ni todo lo que la ley proscribe atenta contra los valores éticos. Ya sabemos que esto de la ética puede llegar a ser muy subjetivo, pero un ordenamiento jurídico que considera como delitos o infracciones muchas conductas que casi nadie percibe como nocivas para la sociedad, ni peligrosas ni inmorales es con toda seguridad un ordenamiento jurídico basado en intereses económicos de ciertas minorías privilegiadas o poderosas a las que el Bien Común les importa una mierda.

He reflexionado mucho sobre si bajarme pelis y discos con el Emule es algo grave de lo que debo sentirme avergonzado, sobre si estoy haciendo daño a alguien por culpa de mi conducta, y he llegado a pocas pero importantes conclusiones.

Creo que toda la normativa, medidas y proyectos vigentes y futuros para controlar la ciberpiratería son muy injustos porque repercuten o pueden repercutir en el bolsillo (canon) o en la intimidad (control de las descargas) de muchas personas que no realizan la actividad que se pretende reprimir. O sea que quieren matar moscas a cañonazos.

Por otra parte, y desde el punto de vista de los que sí practicamos el siniestro pirateo, pienso que más que injustas lo que son estas medidas es absurdas. Son como poner puertas al campo. Pretender que en plena era de las tecnologías, cuando cualquiera desde su casa con solo un clic de ratón puede conseguir en pocos minutos el estreno o la canción de moda, la gente deje de piratear me parece de ser bastante gilipollas. Pretender controlar este fenómeno sancionando o quitando la conexión a la peña a base de muestreos –porque no pueden empurarnos a todos- me provocaría carcajadas si no fuera una idea brutal, injusta y discriminatoria.

A mí me parece muy deseable que se proteja la propiedad intelectual y que los autores de libros, discos o películas reciban una justa –y subrayo justa- remuneración, pero está claro que, a la luz de los nuevos tiempos y habida cuenta de las mil formas incontrolables de difusión y reproducción de obras en formato electrónico, el sector audiovisual y los legisladores van a tener que olvidarse del modelo liberal y decimonónico de retribución a autores e idear otras alternativas más acordes con la actual situación.

Inmoral podría ser que yo me aprovechara de la obra de un autor para obtener beneficios a su costa y a sus espaldas, revendiéndola o yo qué sé. ¿Pero soy un delincuente por descargarme en divx Gran Torino para verla en mi salón un viernes por la tarde? ¡Anda ya!

Por otra parte, y siento ponerme un poco bruto, si tan jodidos y perjudicados se han visto los cantarines, grupos musicales y cineastas por culpa del pirateo, ¿por qué siguen en el negocio? ¿No dicen que ha dejado de ser rentable? Algo ganarán, digo yo… Por mí que lo dejen y se dediquen a poner ladrillos, que ni yo ni nadie nos vamos a morir por dejar de oír a Amaral o de ver películas de Hollywood. Hala. A tomar por culo.

Muchos dicen que si fueran más barato el cine, los CD´s de música o los vídeojuegos, se piratearía muchísimo menos y se acabaría el problema. Pero yo, que soy un tipo sincero, dejo bien claro que seguiría cogiéndole cosillas a mi amigo Emule aunque el producto en cuestión me costara solo dos euros más en la tienda de lo que yo invierto en la conexión y en los DVD´s vírgenes. Así que, por mí, campeones, no bajéis los precios.

martes, 10 de noviembre de 2009

¡NO DIGAS PALABROSTIAS!

Yo soy un tío muy malhablado. Desde siempre. Sobre todo cuando me cabreo (aunque no sólo) digo unas burradas que hacen daño a los oídos. Mi único límite es evitar la blasfemia, pero oye, no veas la de salvajadas que pueden decirse sin ofender a Dios.

Lo más curioso es que en mi familia no dicen ni un taco y en mi grupo de amigos casi tampoco. Generalmente me he movido en círculos donde hablar como un carretero no está bien visto y sin embargo… nunca me he cortado un pelo.

Normalmente me explayo más en ambientes de confianza. Cuando conozco a alguien nuevo me modero un poco, pero en cuanto me dan bolilla….

Además en determinados entornos en los que no hay ni la más mínima confianza (por ejemplo, en mi trabajo), me desenvuelvo con notable grosería, profiriendo toda clase de expresiones malsonantes y procaces, no tanto dirigidas a mis compañeros, sino a mí mismo o al cuello de mi camisa cuando algo me sale mal, se me cae un archivador, se atasca la fotocopiadora, no llego a tiempo para entregar algo, me hacen perder el tiempo u otras situaciones similares. De todos modos en mi trabajo estamos acostumbrados a las grandes voces, portazos y estridencias verbales (seguro que peores que las del cuartel de Aquí la más principal hazaña), así que no desentono demasiado.

Mis expresiones favoritas –disculpen ustedes: no servirá de precedente- son: “Me cago en la puta de oros”, “me cago en los cojones”, “no me jodas la marrana”, “coño”, “estoy hasta la punta de la polla”, “me cisco en la puta perra”, “a tomar por el culo, joder” y “a la mierda” (como Fernán Gómez). También a veces digo “ostias”, pero sin animus blasfemandi (¿se dice así?)

Donde no suelto casi palabrostias es en el blog porque, como diría Pascual Panete Zas, nuestros lectores son gente muy principal. Y me da corte.

Para mí decir bestiadas en los momentos de tensión es como una especie de desahogo, pero no es algo de lo que me sienta orgulloso. Reconozco que es una mala costumbre andar siempre soltando sapos y culebras y admiro a quienes consiguen controlarse, ya que demuestran una gran fuerza de voluntad de la que yo carezco.

También reconozco que no me inspira mucha confianza un fulano tan escrupuloso que no sea capaz de soltar un “coño” o un “cojones” en la situación adecuada. Sé de gente que lo evita a toda costa y sustituye estas interjecciones por muletillas light como “jolines”, “leche”, “leñe”, “joper”, “ostris”… Yo creo que son maricones.

Los tacos son una parte más de nuestro vocabulario. Resultan muy inapropiados si se abusa de ellos como en mi caso, pero quedan hasta simpáticos y salerosos si se sueltan en el contexto oportuno.

sábado, 7 de noviembre de 2009

NOS JODEN LOS INMIGRANTES

Desengañémonos. A los españoles no nos joden los inmigrantes porque su llegada masiva pueda poner en peligro nuestras costumbres o nuestra identidad, máxime cuando esa identidad la llevamos despreciando nosotros solitos desde hace mucho abandonando nuestras tradiciones y nuestras creencias, e incorporando encantados modos de vida extranjeros en forma de comida rápida, jalogüins, gustos cinematográficos, desprecio del patriotismo y de la Unidad de España (que son cosas de fachas), de prácticas religiosas, etc….

Desengañémonos. A los españoles no nos joden los inmigrantes porque puedan quitarnos el trabajo, porque nosotros, que somos unos señoritingos de país desarrollado, despreciamos los puestos que ellos ocupan, los trabajos duros o manuales. Nos hemos largado de los pueblos y del terruño y nos negamos a currar de camareros, o de albañiles, o a la intemperie, porque solo queremos trabajos de oficina en los que estemos sentados y calentitos.

Lo que nos jode de los inmigrantes es, ni más ni menos, que son pobres y cutres, y nos hacen daño a la vista. A los españolitos, que somos unos materialistas y unos cabrones, nos molesta ver a las rumanas mendigando en la calle, a las andinas andrajosas con el churumbel a cuestas, a los moracos llenos de mierda saliendo de la obra, a los zafios panchitos cantando y suplicando en los vagones del metro… Nos parece que esta gente de segunda estropea nuestro paisaje de desarrollo y de abundancia que nos hemos currado tantos años.

A los españoles comodones y conservadores nos joden los inmigrantes porque no queremos ningún cambio y nos irrita ver caras y lenguas distintas y que consideramos inferiores. Porque tenemos miedo de todo lo nuevo y nos pensamos automáticamente que nos van a robar o a engañar solo porque son extranjeros y menesterosos. Porque en nuestro egoísmo chulesco y occidental, se nos ponen los pelos de punta ante la sospecha de que tengamos que compartir, aunque sea una miga o un centímetro de suelo, con personas extrañas que no han nacido aquí y que, además, tienen esa pinta.

El miedo, el odio y el desprecio que les tenemos es el mismo que a lo largo de los siglos han tenido los ricos a los pobres. Es una fobia al necesitado y no al extranjero. A los europeos que han hecho uso en España del derecho comunitario de establecimiento, a los alemanes en Baleares o a los erasmus gabachos o irlandeses no les hacemos tantos ascos.

Si nuestro hijo nos presenta a su novia yanqui, economista, pelirroja y protestante, con la que no deja de hablar en pitinglis en nuestras narices, estaremos encantados. Pero si viene con una peruana sencilla, cariñosa y católica, que hace casas de nueve a nueve, nos da un soponcio y, antes de cruzar dos palabras con ella, ya le decimos al chico que le quieren sacar los cuartos, aunque el chico solo gane 800 euros en la oficina cómoda y calentita.