sábado, 5 de noviembre de 2011

LOS HOMBRES NO MIENTEN



El otro día asistí en Madrid a una divertida obra de teatro protagonizada por Arturo Fernández, Sonia Castelo y Carlos Manuel Díaz, y titulada Los hombres no mienten, que aparte de hacerme reír de lo lindo también me dejó abierta una línea de reflexión sobre las abismales diferencias psicológicas entre hombres y mujeres, en especial en todo lo referente a la pareja y al sexo.

Sin enrollarme con el argumento, diré que en uno de los actos una señora (la Castelo) enreda a su marido (el gran Arturo) para que le confiese sus infidelidades conyugales durante sus casi treinta años de matrimonio, empleando toda clase de argucias, como asegurarle que a estas alturas ya no tiene importancia, que le perdona de antemano, que le extraña que un hombre tan atractivo no haya tenido nada por ahí, e incluso picándole con que si reconoce sus aventuras ella le contará las suyas. Como era de esperar, el hombre acaba hablando y metiéndose él solito en un desagradable callejón sin salida. Por idiota.

Tengo un conocido bastante experto en el dudoso arte de colocar cornamentas en las cabezas femeninas que siempre asegura que la regla número uno para ser infiel es negarlo siempre todo, en toda circunstancia y frente a cualquier presión, prueba o evidencia. Suele explicar que el 90% de las veces la novia o la parienta no está completamente segura del desliz; solo tiene sospechas y por ello lanza andanadas a ver si cuela, inventándose datos e intentando sacar de mentiras verdades. Es por ello que un infiel listo jamás debe dejarse embaucar, ni ha de agachar la cabeza pase lo que pase. La norma, según mi conocido, es negar, negar como un condenado diga la cornuda lo que le diga y se ponga como se ponga, incluso aunque presente pruebas irrefutables como mensajes de móvil, llamadas, fotografías, testimonios de terceros o incluso, incluso, aunque le pille en la cama con la querida. La frase “esto no es lo que parece” no debe caerse de la boca de un golfo espabilado, porque así, en el peor de los casos, si la engañada corta la relación, casi siempre le quedarán dudas de si realmente la traicionaron y, de todas formas, no tendrá ni idea de con quién, cómo, cuándo o cuántas veces, datos comprometidos que evidentemente no conviene airear lo más mínimo ni en el presente ni en el futuro.

Vamos, todo lo contrario a lo que hace el personaje de Arturo Fernández en Los hombres no mienten.

Y la verdad, aunque por supuesto me parece deplorable cualquier forma de infidelidad en la pareja, he de reconocer que mi conocido, dentro de lo malo, tiene toda la razón. Yo tuve una novia muy celosa (con lo feo que soy) que me preguntaba de vez en cuando: ¿si tú me fueras infiel me lo contarías?, y yo, todo sincero, le respondía que ni de coña, que me callaría como una puta, y se agarraba unos buenos rebotes a cuenta de eso. Le explicaba que yo no nunca le pondría los cuernos, pero que no consideraba nada positivo ni constructivo confesar una cosa así, fuera cual fuera el motivo o la situación.

Si alguien engaña a su mujer y le apetece mantener indefinidamente esta relación bigámica, naturalmente que es inmoral, pero también comprensible que no confiese; en una inmoralidad va englobada la otra igual que en el delito de robo se subsume la acción de forzar la puerta, que no se castiga por separado.

Si el que pone los cuernos lo hace solo una vez, por debilidad, y sufre un sincero arrepentimiento, también me parece contraproducente y absurdo contarlo como forma de honestidad o de desahogo, ya que hacerlo solo sirve para causar un dolor innecesario a la persona que amas y encima poner en peligro una relación consolidada y valiosa.

Y por último, si se engaña a la mujer porque se ha enamorado uno de otra chica y se va a recurrir a la separación o al divorcio, tampoco creo que sirva de nada andar suministrando ciertos detalles sobre fechas y motivos. Lo mejor desde luego es la sinceridad, que implica aclarar que se ha conocido a otra persona, etcétera, pero, ¿qué sentido tiene humillar a la persona a la que has querido y con la que has compartido tu vida contándole historias que nadie te manda contar y que no aportan nada a nadie?

Lo malo es que ellas se las saben todas, y nosotros, a veces por pardillos y a veces por nuestro prurito de machos ibericos, terminamos hablando más de la cuenta y metiéndonos en unas ratoneras de órdago.


P.D.: Se admiten críticas despiadadas sobre mi asistencia, a mi edad, a una obra de Arturo Fernández.


Sobre la infidelidad, en La Pluma:


15 comentarios:

Aprendiz dijo...

Que prenda el conocido ese que comentas... lo peor de un infiel, si cabe, es que encima vaya pregonando sus infidelidades. Más no se puede humillar a una mujer que encima vayan presumiendo de como te la están pegando... o viceversa, que también lo he escuchado en una chica de 20 años, diciendo que lo que no se encuentra dentro del matrimonio hay que buscarlo fuera... y eso que solo eran novios...

Chirly dijo...

Sr. Neri, se me ha caido un mito. ¿es usted un viejo verde de pueblo en los años setenta? ¿no? ¿entonces que hace usted en una "obra" de Arturo Fernández... Por Dios, ir a Madrid a ver una revista... se me ha caído con todo el equipo. No sé, no se... me quedo sin palabras.

El chico de los tablones dijo...

Nunca he protagonizado una infidelidad, la verdad, así que no sé cuál sería mi forma de actuar bajo el yugo del interrogatorio... No obstante, creo que me incomodaría bastante guardar una mentira así y que, tarde o temprano, terminaría por cantarlo todo.

Los remordimientos, la mala conciencia, el saberse una mala persona y estar constantemente sobreactuando para no parecerlo... Es un factor que usted ha pasado por alto en su análisis de hoy (a mi modo de ver, en exceso focalizado en una visión algo pragmática y utilitarista de LA VERDAD), pero a mí es el que me destrozaría por dentro.

P.D.: jo, Al, conque una obra de Arturo Fernández, ¿eh? De aquí al geriátrico hay sólo un paso ;-P

Ramiro Semper dijo...

Me parece muy sensato y acertado su consejo respecto al debido silencio en caso de refocile extraconyugal. la discreción es una gran virtud y, en estos casos, es también una piadosa forma de no causar un daño innecesario. Un buen artículo sin duda, Sr. Neri. Aconsejaré su lectura a todos mis conocidos que estén en un trance similar.

Álvaro dijo...

Hay un libro antiguo, bastante conocido, en el que el Protagonista en un momento dado de la historia sentencia con cierto ademán trascendente: "la Verdad os hará libres" ...

Y a lo mejor hasta tenía razón pero, ¿renunciar a pactar con mis miserias a cambio de ser auténticamente libre? ¡Por favor! Con lo bien que se vive teniendo como único norte mi propia conveniencia egoista.

Suso dijo...

Vi una película sueca acompañado de un sacerdote , moralista él,y confesor de muchas almas. Creo que se titulaba "Infidelidad", donde una mujer le es infiel a su marido en una escapada.

Los remordimientos pueden con ella y se lo confiesa a un sacerdote, luterano. El hombre le aconseja que se lo diga a su marido y le pida sinceramente perdón.

En ese momento el cura que me acompañaba exclamó "¡GRAN ERROR ESE CONSEJO; ESO NO SE PUEDE HACER!.

Efectivamente, la película termina muy mal, porque el marido , aunque lo intenta, es incapaz de perdonar, de olvidar...la confianza se rompre para siempre.

Me quedé con la exclamació de mi cura, que por algo lo diría.

Lo de que vaya usted a ver a Arturo Fernández me ha dejado preocupado...la próxima, qué, ¿una de Lina Morgan?, ¿Bertín Osborne con Arévalo?

Modérese.

Al Neri dijo...

Se quedarían impresionados de cómo está Arturo Fernández para sus 82 años. Aunque tiene la voz algo cascada, se mueve el tío como pez en el agua en el escenario y el papel que hace es de un hombre de 25 años menos que los suyos.

Lo de Bertín con Arévalo lo estoy valorando muy en serio. Y por cierto, Chirly, "Los hombres no mienten" no es una revista.

perroviejo dijo...

Creo que ya lo dije en otra ocasión, confesar una infidelidad así a lo vivo y sin motivo me parece una crueldad, además es un descargo para el infiel y ese o esa debería quedarse solito con su conciencia y remordimientos, que se joda y no haga más daño.

Zorro de Segovia dijo...

iba a contar una anécdota pero ... mi señora lee el blog

sefo dijo...

Las mentiras piadosas son comprensibles siempre que el único beneficiado no sea el que miente.

Aprendiz de brujo dijo...

Yo creo que confesar por el peso de la mala conciencia es de cobardes y egoistas.
Pero si te han pillado con el carrito de los helados, negarlo todo, hasta lo evidente me parece un atraso.
No hay nada que más moleste a una mujer que ser tomada por idiota.
Y no hay que olvidar que si llevas unos años casado, tu cónyuge es una de las personas que mejor te conoce, por lo que colarle un golazo es bastante complicado.
De todas formas en estos tiempos de crisis no es nada recomendable jugártela por unas tetas,(o por una polla).
Si teneis pensado ser infieles o infielas, espararse a que Mariano nos devuelva el bienestar y la felicidad, que un divorcio es mucho transtorno.
Y ya se sabe en tiempos de tribulación, no hace mudanza.

Álex dijo...

Yo, como algo general y abstracto, me quedo con la sinceridad total. Vamos, que lo ideal sería que la pareja conociese incluso la gestación de la infidelidad, ése momento en el que en la cabeza del "infiel" empiezan a pasar cosas.
En la práctica, ya sé que eso no es tan fácil de conseguir, casi ni es creíble.
Respecto a que haya ido usted, sr. Neri, a ver una obra de Arturo Fernández pues me parece fenomenal y en absoluto criticable. No estoy nada de acuerdo con las fichas de gustos a las que parece que hay que ajustarse obligatoriamente, así que me parece estupendo que vaya a ver esta obra de teatro y que nos lo cuente.
Feliz semana a todos.

la lozana andaluza dijo...

A ver,las infidelidades,no hay que contarlas nunca,JAMÁS,es mejor si te pillan contar alguna mentirijilla,como decir que solo era un juego,si mas,o una apuesta,cualquier cosa antes que confesar,la mujer puede que perdone,pero nunca olvida,y eso deteriora muchisimo una pareja.Hay un chiste que lo clava,es un matrimonio que va en un avión.y este está a punto de estrellarse,la mujer le dice al marido,cariño ya que vamos a morir juntos,confiesame si alguna vez,me has sido infiel,y le contesta el marido: si,si,¿ y si el avión no se estrella?,pos eso,mejor no contar nada nunca.

Dinio dijo...

Lo mejor si te pillan es decir que la noche te confunde.

La lozana andaluza. dijo...

A ver,voy a contar algo muy gracioso que me ocuurrió con un infiel.Yo como todo lo llevo al lado cómico de la vida,pos eso.Un día limpiando un armario me encontré muy bien guardada dentro de un libro,la foto de una chica,que logicamente,mi pareja escondía a buen recaudo,así que cogí la foto y la amplíe a tamaño folio,quité un cuadro de encima del sofá y plante alli la imagen,cuando mi pareja vino del trabajo y vió alli a su amiga colgada,se quedó mas blanco que la pared,y me dijo: ¿que es esto?,yo alzé la vista hacia la foto,y le dije:!dios mio¡,que me están saliendo en mi salón las caras de belmez,ahora mismo llamo a tele5,y es que me forro.Bueno fue algo que mezcló lo trágico con lo cómico,de hecho,esa pareja hace que se rompió,pero aún hoy en día,cuando nos vemos,y lo recordamos,nos hartamos de reir.En el fondo la vida es una feria,y así debe ser.