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viernes, 13 de mayo de 2016

RELEYENDO "EL PADRINO" (32): SE NOS ESTÁ ENFRIANDO LA COMIDA




En la novela El padrino hay un pasaje conmovedor en el que se aprecia el contraste entre la actitud mezquina e insensible de la policía de Nueva York y la dignidad personal de Kay Adams y de su padre, un estricto pastor baptista de New Hampshire que, sin embargo, estaba dispuesto a apoyar a su hija bajo cualquier circunstancia.

Lo primero que hizo la policía nada más cometerse el asesinato del capitán McCluskey fue mandar a dos detectives a New Hampshire para interrogar a la novia de Michael, pero esta no estaba dispuesta a colaborar por mucho que los agentes la amenazaran.


"—Si sabe algo ¿nos lo comunicará? —preguntó Phillips.

Kay negó con la cabeza. El otro policía, Siriani, dijo en tono rudo:

—Sabemos que usted y Michael tienen relaciones íntimas. Contamos con testigos y, además, los registros del hotel no mienten. Si proporcionamos esta información a los periódicos, su padre y su madre se sentirán muy avergonzados ¿no lo cree, señorita? Unas personas tan respetables como ellos no podrían resistir la noticia de que su hija es la amante de un gángster. Si insiste en no hablar, voy a llamar ahora mismo a su padre.

Kay lo miró con expresión de sorpresa. Luego se levantó y abrió la puerta del estudio. Vio a su padre de pie junto a la ventana de la sala, fumando su pipa.

—Papá ¿puedes venir un momento?

El señor Adams entró en el estudio. Pasó el brazo alrededor de la cintura de su hija y dijo:

—¿Sí, caballeros?

Al no obtener respuesta, Kay se dirigió al detective Siriani, en tono gélido:

—Vamos, oficial, hable.

Siriani carraspeó antes de decir:

—Señor Adams, no quiero que me comprenda mal. Lo que voy a explicarle es en bien de su hija. Es amiga de un individuo del que tenemos fundadas razones para creer que asesinó a un oficial de la policía. Acabo de decirle que puede verse en serios problemas, a menos que coopere con nosotros. Pero ella no parece darse cuenta de la gravedad del asunto. Tal vez usted consiga hacerla entrar en razones.

—Eso es completamente increíble —dijo el señor Adams.

—Su hija y Michael Corleone han estado saliendo juntos durante más de un año —puntualizó Siriani—. Han pasado más de una noche juntos en diversos hoteles, inscribiéndose siempre como marido y mujer. Buscamos a Michael Corleone para interrogarlo en relación con la muerte de un oficial de la policía. Su hija se niega a proporcionarnos cualquier información. Estos son los hechos. Para usted serán increíbles, pero tengo pruebas.

—No dudo de su palabra, señor —dijo el señor Adams, amablemente—. Lo que no puedo creer es que mi hija se encuentre metida en problemas. A menos que usted esté sugiriendo que ella es la «compañera» de un maleante.

Kay miró asombrada a su padre. No podía creer que se tomara el asunto tan a la ligera.

El señor Adams, en tono firme, añadió:

—No obstante, tengan la seguridad de que si ese joven aparece por aquí, informaré de inmediato a las autoridades. Y mi hija hará lo mismo. Ahora, por favor, discúlpennos; se nos está enfriando la comida.

Acompañó a los dos policías hasta la puerta y una vez que hubieron salido cerró ésta a sus espaldas.

Tomó a Kay del brazo y la condujo hasta la cocina, que estaba en el extremo opuesto de la casa.

—Vamos, hija; tu madre nos está esperando para comer.

Al llegar a la cocina, Kay estaba llorando silenciosamente, conmovida por la afectuosa actitud de su padre."

sábado, 15 de agosto de 2015

RELEYENDO "EL PADRINO" (31): LOS SINDICATOS


Tom Hagen amenazó a Woltz con la presión de los sindicatos para conseguir el papel de Johnny Fontane

 
Gran parte de los ingresos de muchas familias de la Cosa Nostra provenía del control de los sindicatos. La estrategia era muy simple: la mafia se infiltraba en las trade unions o compraba a sus líderes y después manipulaba la actividad sindical para extorsionar a los grandes empresarios de Estados Unidos. Al estilo de la vieja Sicilia o de Little Italy, donde los campesinos o los tenderos habían de abonar una “cuota” al capo mafioso a cambio de “protección” frente a “peligros” creados por la propia organización criminal, muchos gánsters de Chicago o de Nueva York vinculados al “sindicalismo” exigían a los constructores o a los industriales el pago de una determinada suma para evitar parones, sabotajes y conflictos laborales que le harían perder mucho más dinero. 

(Permítaseme comentar, a modo de paréntesis, que en los grandes sindicatos españoles actuales no hace falta que se infiltre ninguna mafia, pues ellos mismos se bastan y se sobran para venderse a los poderosos, extorsionar a los empresarios y manipular a los trabajadores.)

En El Padrino esta práctica aparece encarnada en el personaje secundario de Billy Goff, “el hombre más poderoso del sindicato del cine”. Al principio de la novela, este dirigente sindical está corrompido por una familia de California, pero estaba “bien dispuesto a acatar los deseos del Don” porque “el imperio familiar, técnicamente hablando, se limitaba al área de Nueva York, pero Don Corleone había empezado a conseguir su poder ayudando a los líderes de los sindicatos. Muchos de ellos le debían todavía grandes favores.” Por este motivo, Billy Goff aceptó  la "sugerencia" de Don Vito de chantajear al productor de cine Jack Woltz, amenazándole con una huelga sonada si no cedía a las pretensiones de Tom Hagen acerca del papel protagonista de Johnny Fontane en su película. El propio consigliere irlandés mencionó el asunto en su inolvidable entrevista con el magnate cinematográfico: “Parece que en el horizonte hay algunos nubarrones en forma de conflictos laborales. Mi amigo puede garantizarle la desaparición de tales nubarrones”. 

Todos sabemos cómo acabó esta historia. No hizo falta ninguna huelga para que el soñador Fontane saliera en la peli. 

Avanzada la Guerra de las Cinco Familias y a la vista de la debilidad de los Corleone, la actitud de Goff cambió completamente, y cuando Johnny se dispuso a rodar una superproducción financiada por el Don, el sindicalista trató de sacar tajada. El relato merece la pena: 


“Por ello se mostró sorprendido cuando el productor ejecutivo le dijo que debería pagar cincuenta mil dólares al representante del sindicato. Los contratos y las horas extras, entre otras cosas, solían ser fuente de grandes problemas, por lo que el dinero estaría bien empleado. De momento, Johnny pensó que el productor ejecutivo intentaba extorsionarlo.

–Al tipo ese del sindicato envíemelo a mí -dijo Johnny.

El tipo se llamaba Billy Goff. Johnny le comunicó:

–Pensaba que mis amigos lo habían arreglado todo. Me dijeron que no me preocupara del asunto de las cuotas.

–¿Quién se lo dijo? – preguntó Goff.

–Usted sabe perfectamente quién me lo dijo. No diré su nombre, pero es un hombre que nunca habla por hablar.

–Las cosas han cambiado -replicó Goff-. Su amigo está en apuros, y su palabra ya no llega hasta California.

–Bien, venga a verme dentro de un par de días. ¿De acuerdo?

Con una sonrisa, Goff concluyó:

–De acuerdo, Johnny; pero llamar a Nueva York no le servirá de nada.

Resultó que sí sirvió. Johnny habló por teléfono con Hagen, quien le dijo claramente que no pagara.

–Tu padrino se enfadará mucho si sabe que has pagado un solo centavo. El respeto hacia su persona se vería afectado, y eso es algo que el Don no puede tolerar, y menos en estos momentos.

–¿Puedo hablar con el Don? – preguntó Johnny-. ¿O prefieres ser tú quien hable con él? Tengo que empezar el rodaje.

–Nadie puede hablar ahora con el Don -respondió Hagen-. Está demasiado enfermo. Hablaré con Sonny; él se encargará de arreglar el asunto. Pero recuerda que no quiero que pagues ni un centavo. Si algo cambiara, te lo haría saber.

Molesto, Johnny colgó el auricular. Los problemas con el sindicato podrían encarecer mucho la película, además de demorar el trabajo. Por un instante consideró la posibilidad de pagar los cincuenta mil a Goff, sin decir nada. Después de todo, ni el Don ni Hagen le habían ordenado nada al respecto. Hagen se había limitado a darle un consejo, por así decirlo. Pero decidió esperar unos días. 

La espera hizo que se ahorrase cincuenta mil dólares. Dos noches más tarde, Goff fue encontrado muerto en su casa de Glendale. Ya no se habló más de problemas laborales. Johnny se sintió un poco afectado por el final de Goff. Era la primera vez que el largo brazo del Don daba un golpe tan cerca de él.”

domingo, 10 de mayo de 2015

RELEYENDO "EL PADRINO" (30): LA MAFIA SICILIANA


Mafiosos sicilianos en 1971


He leído mucho sobre la Mafia siciliana y pienso que Mario Puzo, pese a no ser historiador, es uno de los autores que mejor ha explicado los orígenes, historia, razón de ser y funcionamiento de esta compleja sociedad criminal. El libro donde mejor nos ilustra sobre estas cuestiones es, sin duda, El siciliano (1984), una especie de biografía novelada del romántico bandido Salvatore Giuliano (1922-1950), en la que curiosamente aparecen, como personajes secundarios, Michael Corleone y Peter Clemenza.  Pero también en El Padrino, concretamente en la sexta parte, dedicada  al exilio de Michael en Sicilia, podemos encontrar unos párrafos donde se resume a la perfección en qué consistía realmente la Onorata Società. Imprescindible su lectura para entender bien el fenómeno.


“Vestido con ropas sencillas y gorra, Michael había sido trasladado desde el barco anclado en Palermo hasta el interior de la isla, concretamente a una provincia controlada por la Mafia, donde el "capomafia" local debía un gran favor a su padre. En la provincia estaba la localidad de Corleone, cuyo nombre había tomado el Don al emigrar a América. Pero ya no vivía ninguno de los parientes del Don; las mujeres habían muerto a edades muy avanzadas, mientras que los hombres, o habían sido víctimas de "vendette" o habían emigrado a Estados Unidos, Brasil o a alguna provincia del norte de Italia. Más tarde, Michael sabría que el porcentaje de crímenes de la pequeña localidad era más alto que el de cualquier otro lugar del mundo.

Michael fue instalado, en calidad de invitado, en casa de un tío soltero del "capomafia". El hombre, que tenía más de setenta años, era el médico del distrito. El capo contaba cerca de sesenta años y se llamaba Don Tommasino.

Actuaba como "gabellotto" de las extensas propiedades de una de las más nobles familias sicilianas. (El "gabellotto" era una especie de controlador de las propiedades de los ricos, que se cuidaba también de que los pobres no reclamaran las tierras que no eran cultivadas ni presentaran problemas a los dueños de los latifundios. En resumen, un mafioso que por dinero protegía a los ricos de los pobres, sin importar de parte de quién estuviera la razón. Cuando algún pobre campesino trataba de hacer valer la ley que le permitía comprar tierras no cultivadas, era él quien lo amenazaba con hacerle pegar una paliza o con la muerte. Así de sencillo.) 

Don Tommasino controlaba también las aguas de riego de la zona, y se encargaba de torpedear todos los proyectos de construcción de presas. Éstas hubieran arruinado el lucrativo negocio de vender el agua de los pozos artesianos que controlaba, pues al abaratarse su precio, aquel negocio que ya llevaba cientos de años se habría ido a pique. No obstante, Don Tommasino era un mafioso anticuado, que nunca se hubiera dedicado al tráfico de drogas o a la prostitución. En esto, Don Tommasino chocaba con la nueva generación de jefes de la Mafia de ciudades como Palermo, los cuales, bajo la influencia de los gángsteres norteamericanos deportados a Italia, no tenían tales escrúpulos.

El jefe de la Mafia era un hombre corpulento y majestuoso al que todos temían (...)”

domingo, 5 de abril de 2015

RELEYENDO "EL PADRINO" (29): LUCY MANCINI

Lucy Mancini en la boda de Connie Corleone

La historia de Lucy Mancini daría para una novela entera. Era amiga íntima de Connie Corleone y dama de honor en su boda. Durante los preparativos del bodorrio coqueteó con el hermano mayor de la novia y terminaron acostándose en mitad del banquete, convirtiéndose así esta "chiquilla inexperta e ingenua" en la amante del nuevo Don interino tras el atentado contra Vito. Sonny la visitaba de vez en cuando y con discreción, pero pronto el lío fue de dominio público: se enteraron su padre (antes del tiroteo), Tom Hagen y hasta su propia esposa, Sandra, que “estaba continuamente de mal humor” porque “le disgustaba que pasara tantos días sin tocarla”.

Cuando estalló la Guerra de las Cinco Familias, las visitas de Sonny al piso de la Mancini se redujeron, pero a pesar de todo las medidas de seguridad de los Corleone eran extremas para evitar emboscadas: “Sonny sabía que estaba en la mira de sus enemigos, y eso le producía una tensión continua. Tenía que ser extraordinariamente cuidadoso en todos sus movimientos. Sus rivales habían descubierto que visitaba a Lucy Mancini, pero él había tomado toda clase de precauciones. En el apartamento de Lucy estaba completamente seguro. Aunque ella no lo sospechaba, los hombres del “regime” de Santino la vigilaban durante las veinticuatro horas del día, y cuando se desocupaba un apartamento de la planta en que vivía, lo alquilaban de inmediato."

Lucy en El Padrino III
Al enterarse de la muerte de su amado, Lucy quedó tan trastocada que trató de sucidarse con una sobredosis de somníferos. “Mientras estaba en el hospital, Tom Hagen fue a verla y le ofreció un empleo en Las Vegas, en el hotel dirigido por Freddie, el hermano de Sonny. También le comunicó que recibiría una pensión anual de la familia Corleone, acordada por Sonny en su testamento. Luego le preguntó si estaba embarazada, pues creía que ésa era la razón de su intento de suicidio, y Lucy respondió que no.” Este dato sería una de las grandes diferencias con la saga cinematográfica, en la que Lucy (Jeannie Linero) dio a luz a Vincent (Andy García), bastardo de Santino y protagonista de la tercera película.

Pero tanta amabilidad de los Corleone no solo se debió, como ellos le explicaron, a que "su intento de suicidio nos ha conmovido a todos", y terminó revelándose muy interesada. Siempre a través de Hagen, la Familia “sugirió” a la muchacha convertirse en un testaferro de la Mafia, figurando a su nombre un paquete de acciones en el hotel-casino de Moe Greene. También se le encomendó vigilar de cerca todos los movimientos de Fredo y de Moe.

A continuación recojo un expresivo pasaje de la novela sobre el encoñamiento casi patológico de esta mujer con el temperamental primogénito de los Corleone justo antes de su ejecución a manos de los Barzini.


"Los días que precedían a la visita de su amante constituían para Lucy un verdadero tormento. Su pasión era de lo más elemental, y en ella nada tenían que ver ni la poesía ni el sentimentalismo. El suyo fue un amor ciento por ciento carnal, casi animal, por así decirlo. Cuando Sonny le anunciaba su visita, Lucy se aseguraba de que el mueble bar y la despensa estuvieran llenos, pues por lo general Sonny no se marchaba hasta bien entrada la mañana siguiente. Él tenía una llave del apartamento, y ella se echaba en sus brazos en cuanto lo veía entrar. Ambos eran brutalmente directos, bestialmente primitivos. Durante el primer beso se abrazaban con todas sus fuerzas, luego él la entraba en volandas en el dormitorio.

Hacían el amor una y otra vez. Permanecían en el apartamento, juntos y completamente desnudos, durante dieciséis horas seguidas. Lucy preparaba comida en grandes cantidades para no defraudar el descomunal apetito de él. A veces, cuando Sonny recibía alguna llamada telefónica —de negocios, desde luego—, ella prácticamente no se enteraba. Y si él se levantaba para servirse una copa, ella lo seguía, pegada a su piel, para no perder contacto con el cuerpo amado. Al principio, Lucy se había sentido avergonzada de sus propios «excesos», pero ese sentimiento desapareció cuando se dio cuenta de que a su amante le gustaban y se sentía halagado a causa de ellos. La suya fue una pasión instintiva, inocente. Fueron muy felices.
 

Cuando el padre de Sonny fue tiroteado en la calle, Lucy comprendió por vez primera que su amante podía estar en peligro. Sola en su apartamento, no lloraba, sino que gemía de angustia. Cuando Sonny estuvo casi tres semanas sin ir a verla, consiguió dormir gracias a los somníferos y el alcohol. La aflicción que sentía le producía un dolor físico. Y el día en que él, finalmente, fue a verla, estuvo horas y horas apretada contra su cuerpo. Desde entonces, las visitas se sucedieron regularmente, a razón de una a la semana, hasta que lo asesinaron."

domingo, 9 de noviembre de 2014

RELEYENDO "EL PADRINO" (28): PRÉSTAME CIEN DÓLARES




Me encanta esta parte de El padrino porque ahonda en la importancia de los detalles a la hora de hacer cualquier cosa. Generalmente los detalles son elementos accesorios que ni quitan ni restan valor objetivo al hecho principal, pero todos sabemos de su fuerte efecto psicológico. Los pequeños gestos que acompañan a una acción pueden hacerla grande aunque sea insignificante o quitarle todo el valor por muy importante que sea.

El comportamiento del Don con su viejo amigo Anthony también nos enseña que por muy pequeño que nos parezca un favor siempre debemos valorarlo y agradecerlo, pues sin duda hay mucha gente que jamás nos lo haría aun no suponiéndole esfuerzo alguno. 


"El hombre que Hagen acompañó en segundo lugar estaba atormentado por un problema muy simple. Se llamaba Anthony Coppola, y era hijo de un hombre con el que Don Corleone había trabajado en su juventud, en el tendido de una vía ferroviaria. Necesitaba quinientos dólares para abrir una pizzería y pagar el depósito de los muebles y enseres, incluido el horno especial, y por razones que no hacen al caso no querían concederle el crédito. El Don sacó de uno de sus bolsillos un fajo de billetes y contó, pero el dinero no alcanzaba.

—Préstame cien dólares. Te los devolveré el lunes, cuando vaya al banco —dijo a Tom Hagen, sonriendo. Coppola se apresuró a asegurar que con cuatrocientos ya se arreglaría, pero Don Corleone le dio un golpecito amistoso en el hombro.

—Esta boda me ha dejado un poco corto de dinero —le confesó humildemente, como disculpándose.

Don Corleone tomó el dinero que le entregaba Hagen, lo añadió al que había sacado de su bolsillo, y se lo tendió todo a Anthony Coppola.

Hagen no podía disimular su admiración. El Don siempre insistía en que, si un hombre es verdaderamente generoso, hace los favores de un modo personal. Seguro que Anthony Coppola se sentía halagado al ver que un hombre como el Don pedía prestado para él. Naturalmente, Anthony Coppola sabía que el Don era millonario, pero ¿cuántos millonarios habrían hecho por un pobre amigo lo que Corleone acababa de hacer?"

miércoles, 13 de agosto de 2014

RELEYENDO "EL PADRINO" (27): LA VENGANZA DE BONASERA



Tanto la novela como la película comienzan presentándonos la historia de Amerigo Bonasera, un apocado empresario de pompas fúnebres casado con la madrina de la hija del Don y distanciado durante años de los Corleone porque “no quería problemas”. El día de la boda de Connie se ve obligado a implorar a Don Vito que vengue la paliza que dos macarras dieron a su hija adolescente tras intentar abusar de ella. El Padrino le reprocha su ingratitud en el pasado pero termina apiadándose de la muchacha agraviada: “Bien, tendrás justicia. Algún día, un día que tal vez nunca llegue, te llamaré para pedirte algún pequeño servicio. Hasta entonces, considera esta justicia como un regalo de mi esposa, la madrina de tu hija”. 

Cuando Amerigo abandona el despacho, el Don le pide a Tom Hagen: “Encarga este asunto a Clemenza y dile que se asegure de emplear gente preparada, gente que no se emborrache con el olor de la sangre. Después de todo, y aunque este ayuda de cámara de cadáveres desee lo contrario, no somos asesinos”.

En la película solo vuelve a aparecer Bonasera cuando los Corleone le exigen la devolución del favor. Pero, ¿en qué consistió exactamente la venganza contra los dos golfos que agraviaron a la hija del funerario y luego salieron libres en el juicio?

El libro relata con detalle lo sucedido. El trabajo fue encomendado por Clemenza al después traidor Paulie Gatto:

“Clemenza le había entregado fotografías policiales de los dos muchachos, así como datos sobre los lugares que solían frecuentar en las noches que dedicaban a la caza de alguna camarera. Paulie había reclutado a dos de los hombres más fuertes de la Familia y les había dado las instrucciones pertinentes. Nada de golpes en la cabeza —en la cara, sí— , pues no interesaba que ocurriera algo irreparable. Por lo demás, tenían plena libertad de acción. Otra cosa les había advertido: si los muchachos salían del hospital antes de un mes, ellos tendrían que volver a su oficio de camioneros.”

Gatto y sus dos esbirros acudieron una noche al bar favorito de los pobres desgraciados y se los encontraron ligando con dos camareras, que les dieron calabazas. Para provocar la pelea, se burlaron de ellos: “¡Eh, Casanova! ¡Vaya éxito que habéis tenido con esas dos fulanas!”

“Mientras, Paulie Gatto se había colocado en la mano derecha un puño americano. Se encontraba en forma, pues acudía al gimnasio tres veces por semana. Estrelló el puño contra la nariz del golfo llamado Wagner. El hombre que lo agarraba lo levantó de modo que sus pies no tocaran el suelo, y entonces Paulie le golpeó fuertemente en la mandíbula. Wagner perdió el conocimiento, y el hombre lo dejó caer. Había sido cuestión de segundos.

Seguidamente, ambos dedicaron su atención a Kevin Moonan, que trató de gritar. El hombre de Paulie lo tenía inmovilizado con un solo brazo; con el otro le atenazaba la garganta, impidiéndole emitir sonido alguno. Paulie Gatto entró rápidamente en el automóvil y puso el motor en marcha. Los dos corpulentos hombres golpearon a Moonan con fuerza. Se recrearon en la paliza, como si dispusieran de mucho tiempo. No lanzaban sus golpes a tontas y a locas, sino que lo hacían despacio y aplicando en cada puñetazo todo el peso de sus cuerpos. Gatto echó una mirada al rostro de Moonan, totalmente irreconocible, al tiempo que los dos hombres lo dejaban tendido en el suelo, dispuestos a dedicar su atención a Wagner. Éste, que intentaba ponerse en pie, empezó a gritar. Alguien salió del bar y los dos hombres tuvieron que darse prisa. Hicieron arrodillar a Wagner, y uno de ellos le torció el brazo, para luego darle algunas patadas en la espalda. Debido al ruido de los golpes y a los gritos de agonía de Wagner, la gente se asomó a las ventanas, lo cual obligó a sus castigadores a acelerar su trabajo.

Mientras uno lo levantaba en vilo, aprisionándole la cabeza con las manos, el otro disparó su puño contra el inmóvil rostro de la víctima. Del bar había salido más gente, pero nadie trató de intervenir.”

La Familia lo arregló todo para que el Daily News publicara una foto de los apaleados “expertamente arreglada para que todo pareciera aún más horrible de lo que había sido en realidad. Los cuerpos de los dos muchachos semejaban sendas masas informes de carne. Milagrosamente, decía el News, habían salvado la vida, pero en el mejor de los casos tendrían que pasar varios meses en el hospital, eso sin contar con que la cirugía plástica tendría que obrar milagros en sus rostros”. 

Nada más leer la noticia, Bonasera telefoneó a Tom Hagen para expresar su gratitud por el favor recibido. “Quería que Hagen transmitiera al Don la seguridad de su amistad eterna. El Don no tenía más que llamarle. Él, Amerigo Bonasera, daría la vida, si preciso fuera, por el bendito Padrino”.

Para terminar, cito un detalle muy interesante de la entrevista entre el Don y Amerigo. En la novela, nada más ser recibido este, al ver a Sonny y a Hagen en la estancia, solicitó receloso hablar a solas con el Padrino, pero la respuesta fue: 

"— Tengo absoluta confianza en estos dos hombres —dijo Don Corleone, negando con la cabeza—.Ambos constituyen mi brazo derecho. No puedo insultarlos enviándolos fuera de esta habitación."

Esta petición y esta respuesta jamás fueron recogidas en el filme, pero sí en El Padrino II, en la escena de la visita del senador Pat Geary el día de la comunión de Anthony. El político corrupto deseaba una entrevista privada, pero Michael se negó a hacer salir a Al Neri y a Rocco Lampone con una frase idéntica a la del libro.

miércoles, 11 de junio de 2014

RELEYENDO "EL PADRINO" (26): MEMORIA FRÁGIL




Johny Fontane (trasunto de Fran Sinatra) empezó a cantar muy joven en tugurios de mala muerte con su amigo Nino Valenti, pero al final su padrino, el Don, empleó todo su poder para catapultarlo a la fama como intérprete de melodías románticas, mientras que el pobre Nino quedaba en segundo plano ahogado en la bebida. En la boda de Connie, Don Vito da al presuntuoso Fontane toda una lección sobre la amistad recordándole sus orígenes. A mí esta parte de la novela me trae siempre a la memoria a ciertas personas que conozco que habiendo alcanzado el éxito profesional gracias al enchufe puro y duro, lo olvidan demasiado rápido e incluso se autoconvencen de que están ahí solo gracias a su talento y brillantez.


"(…) —¿Y qué me dices de tu viejo camarada de la infancia, el que formaba dúo contigo en tus primeros tiempos de cantante? Me refiero a Nino. Los desengaños y las decepciones le han llevado a la bebida, pero nunca se queja. Trabaja como un condenado conduciendo un camión de grava, y canta los fines de semana por unos pocos dólares. Nunca se ha quejado de ti. ¿No hubieras podido ayudarle un poco? ¿Por qué no? Canta bien.

—Padrino, Nino no tiene bastante talento —respondió Johnny, con voz cansada—. Canta bien, pero le falta algo.

Don Corleone abrió los ojos, que tenía casi cerrados.

—Tú tampoco tienes suficiente talento, y lo sabes —replicó—. ¿Qué? ¿Te apetece un empleo de conductor de camión?

Al ver que Johnny no contestaba, el Don prosiguió:

—La amistad lo es todo. La amistad vale más que el talento. Vale más que el Gobierno. La amistad vale casi tanto como la familia. Nunca lo olvides. Si te hubieses preocupado de rodearte de buenos amigos, ahora no tendrías que venir a pedirme ayuda. Pero, dime ¿por qué no puedes cantar? En el jardín has cantado bien, tan bien como Nino.

Hagen y Johnny sonrieron ante la delicada alusión (…)"

domingo, 6 de octubre de 2013

RELEYENDO "EL PADRINO" (25): LA MUERTE DE FRABRIZIO




Una de las preguntas que todo el mundo se hace cuando ve las películas de El Padrino por primera vez es por qué Michael no se venga de Frabrizio, uno de sus dos guardaespaldas en su exilio en Sicilia, quien, comprado por la familia Barzini, intenta asesinarlo con una bomba en su coche que mata a su esposa Apollonia por error. Teniendo en cuenta que en la saga no queda vivo ni uno de los enemigos de los Corleone, sorprende, y mucho, que el joven pastor siciliano se libre de la vendetta en el montaje original de los filmes. 

En la novela, Frabrizio es descrito como un muchacho locuaz, con el cuerpo cubierto de tatuajes, que “había visto un poco de mundo gracias a que había hecho la guerra en la Marina”.  “En ocasiones, Fabrizio obsequiaba a Michael con queso fresco y lo acribillaba a preguntas sobre América, pues a los guardaespaldas no habían podido ocultarles su verdadera nacionalidad. Sin embargo, ignoraban quién era. Únicamente sabían dos cosas: que había tenido que huir de América y que no convenía meterse en honduras con respecto a él”. “Fabrizio no paraba de decir que un día se iría a América”.

 A diferencia de la película, en la novela Frabrizio no traduce al señor Vitelli las palabras de Michael solicitando permiso para cortejar a su hija, pues es este quien le habla directamente en siciliano. La traducción del pastor, con Calo detrás con la escopeta montada, es, de todas formas, uno de los puntos fuertes de la peli.
 
Tras la traición y la muerte de Apollonia, aun convaleciente de sus heridas, Michael Corleone le ruega a Don Tommasino: “Diga a sus pastores que el que me entregue a Fabrizio será dueño de las mejores tierras de Sicilia”. 

Un par de años después, el ya nuevo Don le confiesa a su padre Vito durante los preparativos de la gran venganza: “Sí, lo encontré. Hace un año. Tiene una pizzería en Buffalo, con un nuevo nombre, y un pasaporte y un carné de identidad falsos. A Fabrizio, el pastor, las cosas parecen irle muy bien”.

Ya al final del libro, un ejecutor anónimo entra a pedir una pizza al establecimiento del inmigrante  y le pide que le muestre uno de sus tatuajes. El ex guardaespaldas, preso del pánico, intenta huir por la trastienda pero es acribillado a tiros de pistola mientras se le informa de que “Michael Corleone te envía sus mejores saludos”. 

Sin embargo las películas se estrenaron sin ninguna secuencia del asesinato del pastor. 

En la primera parte de El Padrino sí hubo una escena que finalmente fue borrada (según algunos nunca rodada) y de la que solo se conservan como recuerdo varias fotos tomadas por Steve Schapiro, una de las cuales figura en el magnífico The Godfather Family Album, editado por Taschen. En estas imágenes puede verse a Michael en la pizzería de Buffalo ajusticiando personalmente al pastor con una lupara. 

Como al final, como digo, esta escena fue cortada (por desgracia) se rodó otra para El Padrino II. En ella, se ve a Frabrizio cerrar el restaurante y montarse en su coche, que explota al arrancar. De nuevo se prescindió de esta parte en el metraje original debido a la excesiva duración de la cinta, igual que desaparecieron los planos en los que Al Neri agrede al director de un casino sobre el que los Corleone quieren extender sus tentáculos. Ambas secuencias se pueden ver en el director´s cut de las películas y en El Padrino Épico.


martes, 27 de agosto de 2013

RELEYENDO "EL PADRINO" (24): ¿QUIÉN ES EL INGENUO?"




La novela El padrino aborda directamente o de refilón varias cuestiones políticas muy interesantes. La más jugosa para mí es la legitimidad y la moralidad del poder establecido. El mensaje que Puzo lanza continuamente es que los políticos, los jueces y los hombres poderosos que aparentemente actúan dentro de la legalidad son iguales o peores que la organización de Don Vito Corleone. Insinúa que la democracia y el derecho no son sino una fachada de los chanchullos criminales de cuatro espabilados, una cantinela que se han montado para que nos comamos con patatas los tejemanejes de un grupo de gánsters que fingen defender el bien común en el Congreso o hacer justicia en una sala de lo penal.

Frente a esta realidad, el libro nos muestra a unos hombres que se niegan a seguir semejante juego y defienden a su manera sus propios intereses, sin ser más ni menos inmorales que los congresistas o que los magistrados de la Corte Suprema, y recurriendo a la violencia igual que ellos (guerra, CIA) cuando les conviene. Son personas familiares que aman a los suyos, tienen sus sentimientos y sus propios códigos de honor, pero, a diferencia del resto de mortales, no se dejan pisotear por unos mangantes con corbata y nombramiento en el boletín oficial.

Esta idea, desde luego matizable pero con mucho fundamento (y hoy más que nunca), se refleja en la película en la escena del reencuentro de Michael y Kay. El joven Corleone explica a su novia que su padre no es más que un hombre poderoso, como un presidente o un senador, y la encantadora Kay responde: “Cómo puedes ser tan ingenuo? Los presidentes y los senadores no matan a nadie”. Michael la mira fijamente y susurra: “¿Quién es el ingenuo, Kay?"


En el libro hay bastantes más referencias a este tema:





"—Ahora acudes a mi diciendo: «Don Corleone; quiero que haga justicia». Y no sabes pedir con respeto. No me ofreces tu amistad. Vienes a mi casa el día de la boda de mi hija, me pides que mate a alguien y dices —aquí el Don se puso a imitar la voz y los gestos de Bonasera—: «Pagaré todo lo que me pida». No, no. No te guardo rencor, pero ¿puedes decirme qué te he hecho para que me trates con esta absoluta falta de respeto?

—América se ha portado bien conmigo. Quería ser un buen ciudadano y que mi hija fuera americana —dijo Bonasera, con la voz ahogada por la angustia y el temor.

El Don aplaudió.

—Has hablado bien, pero que muy bien. Así pues, de nada puedes quejarte. El juez ha dictado sentencia. América ha dictado sentencia. Cuando vayas al hospital, lleva a tu hija un ramo de flores y una caja de bombones, eso la consolará. ¡Alégrate, hombre! Después de todo, no ha sido nada grave; los muchachos eran jóvenes y alegres, y uno de ellos es hijo de un político muy influyente. No, mi querido Amerigo, siempre has sido honrado. A pesar de que hayas despreciado mi amistad, debo admitir que para mi la palabra de Amerigo Bonasera vale más que la de cualquier otro hombre. En fin, dame tu palabra de que vas a olvidarte de todo, como harían los americanos. Perdona y olvida. La vida está llena de desgracias."

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"—Lo que ocurre —dijo Michael—es que has visto muchas películas y has leído demasiados periódicos sensacionalistas. Tienes una idea muy equivocada de mi padre y de la familia Corleone. Voy a explicarte algo más. Mi padre es un hombre de negocios que trata de ganar dinero para mantener a su familia y ayudar a sus amigos necesitados. No acepta los dictados de la sociedad, porque tales dictados lo hubieran condenado a una vida indigna de un hombre de su inteligencia y personalidad. Lo que quiero que comprendas es que él se considera al mismo nivel que un presidente, un primer ministro, un juez del Tribunal Supremo o un gobernador de cualquier estado. Se niega a aceptar que alguien le imponga su voluntad. No quiere acatar las leyes dictadas por los otros hombres, unas leyes que lo habrían condenado a ser un fracasado. Ahora bien, su mayor deseo es entrar a formar parte de esa sociedad, pero como miembro poderoso de ella, ya que la sociedad sólo protege realmente a los poderosos. Entretanto, actúa basándose en un código que él considera muy superior a las estructuras legales de la sociedad."

lunes, 20 de agosto de 2012

RELEYENDO "EL PADRINO" (23): ME ES INDIFERENTE LO QUE UN HOMBRE HAGA PARA VIVIR

La entrevista entre la familia Corleone y el narcotraficante Virgil Sollozzo es el punto de la novela y de la película en el que comienza la trama después de una larga presentación inicial de los personajes y su contexto. De hecho, la negativa del Don en este encuentro a respaldar el negocio de importación de heroína del Turco y de la familia Tattaglia es la chispa que desencadena toda la espiral de crímenes en que se basa la historia.

Aunque el momento clave de esta entrevista es la metedura de pata de Sonny al dejar entrever su postura favorable al negocio, para mí la mejor frase (y una de las de más miga de toda la narración) es la que pronuncia Don Vito cuando Sollozzo se molesta de que considere los estupefacientes un asunto sucio. “Me es indiferente lo que un hombre haga para vivir” (traducción para el doblaje español de la película), con la que el Padrino pone de manifiesto su filosofía inmoral, según la cual la sociedad es en el fondo una jungla regida por la ley del más fuerte, en la que lo importante es sobrevivir sin importar si se tiene un oficio decente o se dedica uno a la extorsión, al asesinato o a corromper la sociedad con drogas.

Es una de las pocas opiniones expresadas por Don Corleone por la que yo siento un claro desprecio, ya que el libro en general muestra el complejo código de honor de una familia de emigrantes sicilianos (lealtad, insumisión a una sociedad injusta, amor a la familia) con el que es fácil caer en la tentación de identificarse sin deslindar matices. Pero eso de que cualquier forma de ganarse la vida es igualmente válida nunca lo he compartido ni lo compartiré.

Ni siquiera dentro del abanico de los trabajos legales o socialmente admitidos, creo que todos sean igual de dignos y de honrados. Aunque no siempre (y ahora menos) puede escogerse, hay unos límites que marcan la diferencia entre el esfuerzo y el abuso, entre el negocio y la estafa, entre la publicidad y el engaño. Y en cruzar o no esos límites está la diferencia entre un profesional honesto y un Sollozzo o un Vito Corleone cualquiera.


"—Así, pues —dijo don Corleone—, voy a recibir el cincuenta por ciento sólo por prestar ayuda financiera y protección legal. No tendré que preocuparme por las operaciones ni por nada. ¿Es eso lo quiere usted decirme?



Sollozzo asintió con un gesto.


—Si usted considera que dos millones de dólares en efectivo no es sino ayuda financiera, le felicito sinceramente, Don Corleone.


—He consentido en recibirle —replicó con calma el Don—sólo por el respeto que me inspira la familia Tattaglia y porque he oído que es usted un hombre serio y digno de respeto. Aunque me veo obligado a decirle no, me siento obligado a explicar las razones de mi negativa. Los beneficios, en el asunto que usted me propone, son enormes, pero también lo son los riesgos. Su operación, si tomáramos parte en ella, podría perjudicar el resto de mis intereses. Es verdad que tengo muchos, muchos amigos en el campo de la política, pero no serían tan tolerantes si en lugar de dedicarme al juego, negociara con los narcóticos. A su entender el juego es algo así como el licor, un vicio sin importancia. En cambio, opinan que las drogas son algo muy perjudicial para la gente. No, no proteste. Le estoy diciendo lo que piensan ellos, no mi opinión. El modo en que un hombre se gane la vida es algo que no me incumbe. Lo único que le estoy diciendo es que este negocio suyo es muy arriesgado. Todos los miembros de mi Familia han vivido muy bien durante los últimos diez años; sin peligro y sin daño alguno. No puedo permitirme el lujo de ponerlos a todos en la cuerda floja."


sábado, 31 de marzo de 2012

RELEYENDO "EL PADRINO" (22): EN NUESTRO MUNDO NO HAY LUGAR PARA EL PERDÓN



En las últimas páginas de la novela se nos cuenta (y esto no aparece en la película) como Kay abandona a su marido y vuelve a casa de sus padres al saberse casada con un mafioso criminal que la ha engañado sobre sus negocios y sus planes. Michael envía a Tom Hagen a New Hampshire para convencerla de que regrese y entonces el consiguiere irlandés mantiene con ella una inolvidable charla sobre el perdón.

¿Debe darse siempre a todo el mundo una segunda oportunidad o deben valorarse muy seriamente los riesgos que ello supone? ¿Tenemos derecho a equivocarnos en cualquier cosa o hay errores que no dejan posibilidad de rebobinar ni de repetir la jugada? ¿El perdón cristiano significa partir de cero y bajar la guardia con la persona que nos ofendió?


"—De acuerdo. De todos modos, te ruego que me escuches. ¿Qué dirías si supieras que Carlo fue el cebo en el que picó Sonny? ¿Qué dirías si supieras que la paliza que Carlo le propinó a Connie fue una comedia ideada para hacer salir a Sonny de su casa? Y ¿qué dirías si supieras que Carlo recibió dinero por colaborar en el asesinato de Sonny?

Kay no respondió. Hagen prosiguió:

—¿Qué dirías si supieras que el Don, un gran hombre, no tuvo el valor suficiente para vengar la muerte de su hijo, matando al marido de su hija? En fin ¿qué dirías si supieras que el viejo Don prefirió que fuera Michael quien cargara con la culpa de la muerte de Carlo?

Con lágrimas en los ojos, Kay musitó:

—Todo había quedado atrás. Todos éramos felices. ¿Por qué no perdonar a Carlo? ¿Es tan difícil olvidar?

Habían llegado a un frondoso árbol. Hagen se sentó a la sombra, sobre la hierba. Miró alrededor, suspiró y dijo:

—En nuestro mundo no hay lugar para el perdón.

—Pero Michael no es el hombre con quien me casé —dijo Kay.

—Si lo fuera, estaría muerto —repuso Hagen entre risas—. En este momento serías viuda. No tendrías estos problemas que tienes ahora.

—¿Qué diablos significa eso? —inquirió Kay, furiosa—. Vamos, Tom, habla claro una vez en tu vida. Sé que Michael no puede hacerlo, pero tú no eres siciliano, tú puedes decirme la verdad, puedes tratar a una mujer de igual a igual, como a un ser humano.

Tras otro largo silencio, Hagen sacudió la cabeza y dijo:

—No conoces a Mike. Estás enojada porque te mintió. Bien, recuerda que te dijo que no le preguntases nada relacionado con sus negocios. Te indigna que aceptara ser padrino del hijo de Carlo. Pero tú lo obligaste a ello. Sin embargo, fue lo mejor que podía hacer, si pensaba actuar después contra Carlo: el clásico truco de ganarse la confianza de la víctima. ¿Te basta con lo que te he dicho?

Kay negó con la cabeza.

—Te diré algo más —prosiguió Hagen—. Después de la muerte del Don, alguien planeó asesinar a Michael. ¿Sabes quién fue? Tessio. En consecuencia, Tessio tuvo que ser eliminado. Carlo tuvo que ser eliminado también. Y es que no debe haber clemencia para los traidores. Michael pudo haberlos perdonado, pero ellos nunca se habrían perdonado a sí mismos, por lo que siempre hubieran constituido un peligro. Michael apreciaba mucho a Tessio. Y quiere a su hermana. Pero, si hubiese dejado que Tessio y Carlo viviesen habría faltado a sus deberes para contigo y tus hijos, a sus deberes para con su familia, a sus deberes para conmigo y los míos. Habría sido un peligro permanente para la vida de todos nosotros."

jueves, 15 de diciembre de 2011

RELEYENDO "EL PADRINO" (21): LA FAMILIA CORLEONE SERÁ COMPLETAMENTE RESPETABLE



Cuando Michael Corleone regresa de su exilio siciliano convence a Kay, su antigua novia, para que se case con él, prometiéndole que “en cinco años la familia Corleone será completamente respetable”.Cuando leo esta parte de la novela suelo reflexionar sobre lo predispuestos que estamos a dejarnos engañar cuando algo nos interesa. A veces incluso nos engañamos nosotros mismos para dar el paso que deseamos dar sabiendo muy bien que no deberíamos.Kay tenía la certeza de que una boda con Michael solo podía traerle disgustos, pero su amor por el joven mafioso le hizo tragarse sus promesas mentirosas.

¡Cuántas veces hemos visto situaciones similares en parejas que conocemos! A veces, en un punto determinado de la relación, uno de los dos se empeña en casarse y, aunque sabe de sobra que el otro no será un cónyuge apropiado, que no están en el mejor momento, que hay defectos o incompatibilidades que más tarde o más temprano traerán serios problemas, e incluso que habrá malos tratos,
se pone una venda en los ojos, minimiza los inconvenientes, se dice a sí mismo que le hará cambiar y, ala, al altar de cabeza.

Por desgracia, en este y en muchos otros temas, al final no solo terminamos haciendo lo que nos da la gana frente a las evidencias y consejos, sino que encima luego nos quejamos airadamente como si los demás tuvieran la culpa.



“—Todavía no me has dicho por qué quieres casarte conmigo —insistió Kay.


(…)


—Muy bien. Ahí va mi respuesta. Eres la única persona por la que siento afecto, la única persona que me importa de veras. Si no te llamé, fue porque estaba convencido de que ya no sentías interés por mí, después de lo que ocurrió. Y ahora voy a decirte algo que no quiero que repitas, ni siquiera a tu propio padre. Si todo marcha bien, dentro de cinco años la familia Corleone será completamente respetable. La cosa no va a ser fácil, desde luego, pero se conseguirá. Y es en el curso de esos cinco años que existe la posibilidad de que te conviertas en una viuda rica. Me preguntas por qué deseo casarme contigo. Voy a decírtelo: porque te amo y porque me gustaría formar una familia. Quiero tener hijos. Y no quiero que mis hijos reciban de mí la influencia que yo recibí de mi padre. (...)"


sábado, 10 de septiembre de 2011

RELEYENDO "EL PADRINO" (20): TODO ESTO ES NUEVO PARA MÍ


¿Qué es mejor: responder de frente y con vehemencia cuando somos víctimas de una ofensa o un abuso, o tantear primero el terreno e incluso callar en ese momento a la espera de una ocasión mejor para defendernos o devolver el golpe? ¿Una actitud premeditadamente cautelosa ante un insulto es síntoma de cobardía o más bien de astucia sobre todo cuando las fuerzas son desiguales o no es el lugar ni la ocasión de contraatacar como es debido? ¿La pasión y la sangre caliente son siempre buenas aliadas para defender nuestro honor o nuestros intereses, o es más sabio actuar taimadamente aprovechando las circunstancias más idóneas, el factor sorpresa o incluso ganándonos la confianza de nuestro enemigo?

El siguiente pasaje es una buena muestra de lo que pensaba el joven Vito al respecto.



"El trabajo se desarrolló sin complicaciones. Vito Corleone se sorprendió de no sentir miedo cuando sus dos compañeros encañonaron al conductor del camión. Lo que más le impresionó fue la sangre fría de que hicieron gala, bromeando con el conductor y asegurándole que si se portaba bien le enviarían algunos vestidos de seda para su esposa. A Vito no le hacía gracia la idea de ir de casa en casa vendiendo vestidos, por lo que ofreció la totalidad del lote que le había correspondido al comprador de objetos robados, un mayorista italiano. Sólo ganó setecientos dólares, pero en 1919 se trataba de una suma nada despreciable.

Al día siguiente, Vito Corleone fue abordado en la calle por el elegante Fanucci. El extorsionador tenía un rostro desagradable, sobre todo desde que mostraba la cicatriz de la herida que le habían infligido aquellos tres jóvenes y que él ni siquiera trataba de ocultar. Sus cejas eran negras y espesas, y sus facciones duras. No obstante, cuando sonreía no era repulsivo del todo. Habló con un fuerte acento siciliano:

—Me han dicho que tú y tus dos amigos sois ricos, muchacho; pero ¿no crees que habéis sido un poco desconsiderados conmigo? Después de todo, éste es mi distrito, y creo que merezco otro trato... Deberíais dejarme meter el pico.


Empleó la frase de la Mafia italiana: «Fari vagnari a pizzu». «Pizzu» significaba el pico de un pájaro pequeño, por ejemplo el canario.


Siguiendo su costumbre, Vito Corleone no respondió. Comprendió perfectamente lo que Fanucci quería decir, pero hubiese preferido que hablara con mayor claridad.

Fanucci sonrió ampliamente, mostrando sus dientes de oro. Se pasó el pañuelo por la cara y se
desabrochó la chaqueta, como si tuviera mucho calor, aunque lo que en realidad pretendía era que Vito Corleone viera la pistola que llevaba en la cintura.

—Dame quinientos dólares y olvidaré el insulto —dijo Fanucci—. Al fin y al cabo, los jóvenes
desconocéis las consideraciones debidas a un hombre como yo.

Vito Corleone sonrió tímidamente a Fanucci, quien, al ver la expresión entre ingenua y asustada del joven, prosiguió:

—Si no lo haces, la policía irá a tu casa, y tanto tú como tu esposa y tus hijos, además de soportar la vergüenza, os veréis en la indigencia. Naturalmente, si la información que poseo acerca de tus
ganancias es incorrecta, estoy dispuesto a rebajar la cantidad, pero en ningún caso aceptaré menos de trescientos dólares. Y no trates de engañarme.

Por vez primera, Vito Corleone abrió la boca. El tono de su voz era razonable, tranquilo y cortés, como correspondía a un joven que se dirigía a una persona mayor y de reconocida importancia.

—Mis dos amigos todavía no me han entregado mi parte —dijo—; tendré que hablar con ellos.


—Pues diles lo mismo que te he dicho a ti. De ese modo me ahorraré el trabajo de ir a hablarles. No tengas miedo. Clemenza y yo nos conocemos muy bien; es un hombre que comprende estas cosas. Déjate guiar por él. Tiene más experiencia en estos asuntos.

Vito Corleone simuló sentirse asustado.


—Usted comprenderá que todo esto es nuevo para mí —alegó—. Gracias por haberme hablado como lo ha hecho.


—Eres un buen muchacho —dijo Fanucci, emocionado. Tomó la mano de Vito entre las suyas y
añadió—: Eres respetuoso, y esto es muy importante en un hombre joven. La próxima vez habla primero conmigo ¿eh? Tal vez pueda ayudarte.

Muchos años más tarde, Vito Corleone comprendió que lo que entonces le llevó a dirigirse con tanto respeto a Fanucci fue el haber presenciado la muerte de su propio padre, un hombre apasionado que había sido asesinado por la Mafia, allá en Sicilia. Pero en ese momento lo único que sintió fue un frío odio hacia Fanucci, que pretendía robarle parte del dinero que había conseguido a costa de arriesgar su libertad y aun su vida. No tuvo miedo alguno. Lo que Vito Corleone en realidad pensó fue que Fanucci era un pobre loco, pues estaba convencido de que Clemenza se dejaría matar antes que desprenderse de un solo centavo (¿acaso no se había mostrado dispuesto a matar a un policía sólo por robar una alfombra?). Y en cuanto al melancólico Tessio, era frío como una víbora, e igual de mortal."

sábado, 11 de junio de 2011

RELEYENDO "EL PADRINO" (19): DEJARSE VER

Me vais a permitir que ponga dos párrafos de El Padrino sin explicar a qué cuento viene. Necesito hacerlo hoy. Yo ya me entiendo...


"En el vecindario, Vito Corleone se había convertido en un «hombre de respeto». Se decía que era un reputado miembro de la Mafia siciliana. Un día, un hombre que organizaba partidas de cartas se acercó a él y se ofreció a pagarle veinte dólares semanales por su «amistad». Lo único que tenía que hacer a cambio era dejarse ver una o dos veces a la semana para que los jugadores supieran que estaban bajo su protección.

Los tenderos que tenían problemas con los ladronzuelos le pidieron
q
ue intercediera. Vito lo hizo y fue debidamente recompensado. Sus ingresos semanales no tardaron en llegar a los cien dólares, cantidad enorme si se tiene en cuenta la época y el lugar, y de ellos una parte era para Clemenza y Tessio, por el solo hecho de ser sus amigos y aliados que nunca le pedían nada".

domingo, 24 de abril de 2011

RELEYENDO "EL PADRINO" (18): LA CABEZA DE CABALLO





Sabía que no podría evitar la tentación de extractar en Releyendo el padrino el pasaje que, llevado al celuloide, se convertiría en una de las escenas más emblemáticas de la historia del cine. Tantas veces vista, comentada y parodiada, muchos somos ya inmunes a su fuerza, pero no hay nadie que lea la novela o vea la película por primera vez que no quede sobrecogido ante la que sin duda es la advertencia más macabra de los Corleone en todo el relato.

Además del detalle del paquete de pescado
(“Luca está durmiendo con los peces”), la práctica de avisar-amenazar a los enemigos dejando sobre su cama el cadáver de una mascota o un animal querido se remonta a los orígenes de la mafia siciliana.


"Casi había olvidado el problema de Johnny Fontane, cuando su secretario le anunció una llamada telefónica desde California. Sabía quién estaba al otro extremo del hilo.

—Al habla Hagen —dijo.

La voz que llegó a través del teléfono resultó casi irreconocible para Hagen, tanto era el odio que trasuntaba.

—¡Maldito hijo de puta! —gritó Woltz—. ¡Haré que os metan a todos en la cárcel! ¡Cien años vais a estar allí! ¡Si es preciso, me gastaré hasta el último centavo para destruiros! ¡Y a ese Johnny Fontane le voy a cortar los cojones! ¿Me oyes, cerdo italiano?

Hagen se limitó a decir, suavemente y con amabilidad:

—Soy irlandés.

Se produjo una larga pausa, que terminó con el clic producido por el auricular al ser colgado. Hagen sonrió. Woltz no había proferido ni una sola amenaza contra Don Corleone. El genio tenía su premio.

Jack Woltz dormía siempre solo. Tenía una cama lo bastante grande para diez personas y un dormitorio tan espacioso como una sala de baile, pero había dormido solo desde la muerte de su primera esposa, acaecida diez años antes. Eso no significaba que no tuviera relaciones con mujeres, pues a pesar de sus años seguía manteniendo un gran vigor físico. Sin embargo, lo único que le estimulaba era el contacto con muchachas muy jóvenes, y además había aprendido que su cuerpo y su paciencia solamente toleraban unas pocas horas, al atardecer.

Aquel jueves por la mañana, extrañamente, Woltz se había despertado muy temprano. La luz del amanecer daba a su enorme dormitorio el aspecto de una brumosa pradera. Al pie de la cama había una figura muy familiar, y Woltz se esforzó por distinguirla mejor. Era una cabeza de caballo. Todavía medio dormido, Woltz encendió la lámpara de la mesita de noche... y lo que vio le produjo náuseas. Le pareció como si le hubieran golpeado el pecho con un martillo, su corazón empezó a latir a gran velocidad, y sintió arcadas. El vómito cayó sobre la gruesa y lujosa alfombra.

Separada del cuerpo, la negra y sedosa cabeza del caballo Jartum estaba rodeada de un gran charco de sangre. Los tendones, blancos y delgados, pendían; el morro estaba cubierto de espuma, y aquellos ojos grandes que habían brillado como el oro tenían ahora un vidrioso color apagado. Woltz sintió un terror animal, que le hizo llamar a gritos a sus criados y maldecir a Hagen, llenándolo de insultos, a pesar de que éste no podía oírle, pues estaba muy lejos. El mayordomo se alarmó al ver a su patrón en aquel estado. Primero llamó al médico personal de Woltz, y luego al vicepresidente de los estudios. No obstante, Woltz consiguió recuperarse antes de la llegada de ambos".