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sábado, 31 de diciembre de 2016

CAMBIO DE RUMBO




Un último trimestre de año complicado y distintos problemas y retos personales me han mantenido apartado dos meses de La pluma viperina. Este blog demoledoramente sincero, que me ha causado satisfacciones y contratiempos casi por igual durante más de ocho años, de momento ha dejado de ser para mí una prioridad en mis ratos de asueto.

Estos meses no he escrito porque no encontraba ni tiempo ni palabras, pero he pensado bastante en La pluma. Se me ha pasado por la cabeza abandonar con una despedida a la altura de la bitácora, transformar su línea y sus contenidos (convirtiéndola en una web de historia, o de crítica literaria y cinematográfica, por ejemplo), reducir drásticamente su periodicidad o incluso abrirla a otros colaboradores. Luego he pensado que ni el blog, ni sus lectores ni yo nos merecemos nada de eso después de tantos años, y que, en realidad, me apetece seguir escribiendo sobre mis dudas y mis cuitas, sobre mis ideas y mis valores, y sobre todo lo que siempre me ha apasionado y siempre me apasionará.

Ahora mismo, y espero que la situación cambie, no puedo garantizar una mínima continuidad. Me espera un año complicado en el que aunque disponga de algún rato para escribir, no contaré con las horas suficientes para investigar y profundizar en los temas con el cariño habitual. El resultado, espero, será un blog que se actualice menos y con posts más cortos y menos documentados, a modo de rápidas pinceladas sobre mis puntos de vista. Este es el cambio de rumbo que tengo en mente, pero a saber.

Para terminar, quiero pedir disculpas por este parón sin explicaciones y dar las gracias a los muchos amigos viperinos que se han interesado por el blog y por mí. Ocho años de comunicación diaria han forjado un vínculo, un afecto y una admiración mutuas que yo, desgraciadamente, no he sabido valorar en su justa medida hasta que el blog ha encallado.

Feliz año 2017 y un abrazo a todos, amigos.

viernes, 8 de julio de 2016

¿POR QUÉ MI BLOG ES ANÓNIMO?


No hace mucho tuve una curiosa conversación con un conocido mío acerca del anonimato de los blogs. A esta persona, que lee a veces La pluma viperina, se le ocurrió preguntarme por qué utilizaba un pseudónimo en vez de firmar las entradas con mi nombre y apellidos. Según su lógica, si creo que tengo algo que contar en un medio público, pienso que lo hago bien y no me avergüenzo de mis ideas y opiniones, lo suyo sería que me identificara de forma transparente. Lo contrario, según él, demuestra que quiero ocultar algo, que no estoy seguro de lo que pienso y escribo, que me da miedo lo que opinen de mí y que tengo algo así como una doble personalidad, pues me muestro de diferente forma en el blog que en mis relaciones cotidianas.

La cosa parece tener su miga, pero como que no. Las razones por las que firmo como Al Neri son tan obvias y están tan al alcance intelectual de cualquiera que casi me da pereza explicarlas. Me gusta escribir mis reflexiones. Deseo hacerlas públicas porque creo que pueden aportar algo a los demás. Me hace mucho bien expresarme con total libertad, sin ningún condicionante ni cortapisa. Pero, igual que les sucede a millones de blogueros de todo el planeta, no me interesa asociar públicamente mi identidad con los contenidos de mi bitácora. ¿Por qué? Por distintos motivos.

Primero porque en La pluma viperina abordo aspectos de mi intimidad que no me apetece airear indiscriminadamente.

En segundo lugar, puesto que muchos de mis artículos tienen una carga ideológica muy disonante con los valores y paradigmas políticos hoy vigentes, considero que su difusión bajo mi verdadera rúbrica podría acarrearme una serie de perjuicios que, al menos a fecha de hoy, no estoy dispuesto a asumir. Es triste, sí, pero ya he visto de cerca las consecuencias que han sufrido varios amigos por firmar opiniones incluso menos “estridentes” que las vertidas en este diario agridulce y políticamente incorrecto. La cosa es que yo tengo bastante más que perder que casi todos ellos y, en cualquier caso, no me da la gana ser represaliado en ningún ámbito de mi vida y mucho menos en aquellos con una dimensión pública.

¿Esto significa que en determinados contextos y ambientes no voy predicando la filosofía viperina? ¡Pues claro! Con la salvedad del blog, yo mis ideas solo las aireo en dos situaciones: en la intimidad y cuando me las preguntan. Mi etapa evangelizadora terminó hace mucho.

¿Esto quiere decir que soy un cobarde y que estoy vendido? Pues a lo mejor.

Y el último motivo es que Internet en general me parece un mal negocio para la gente honesta que decide arriesgarse y saltar a la lona a pecho descubierto, sin ganar encima nada a cambio. Si todos los internautas, feisbuqueros y visitantes de blogs operaran con perfiles reales y todos supiéramos quién es quién en la Red, podría merecer la pena exponerse en una bitácora personal, pero visto el panorama no parece muy aconsejable embarcarse, con nombre propio, en ciertos proyectos sensibles en los que, amén de no obtener ningún beneficio, cabe esperar continuas puñaladas traperas, denuncias anónimas y vendettas de canallas embozados con un nick. Soy sincero pero no tonto.

O sea que los contras de “dar la cara” me parecen muchísimos más que los pros, si es que hay algún pro en escribir gratis, casi como un puro desahogo, y para un reducido número de destinatarios. Todavía si yo fuera Isasaweis, tuviera dos millones de seguidores o me estuviera forrando con el blog, igual me pensaba firmar los posts, siquiera por vanidad...

El anonimato, opción mayoritaria de los blogueros, me parece perfectamente legítimo siempre que se utilice con responsabilidad y honradez, y no se aproveche para lanzar ataques ad hominem contra personas que actúan bajo su verdadera identidad y no pueden defenderse.


Leer también, sobre este mismo tema, La sinceridad en La pluma viperina

viernes, 11 de diciembre de 2015

UN TERRIBLE DRAMA DE NUESTRO TIEMPO

Me ruega un lector que me haga eco de una dolorosa injusticia que atenaza nuestra sociedad para contribuir desde esta página a denunciarla y a concienciar a la ciudadanía de la necesidad de plantarle cara. Ya que La pluma viperina es un blog comprometido desde sus orígenes en la lucha contra toda clase de desafueros  y abusos, en especial con los más débiles, me presto con mucho gusto a hacer de altavoz de las víctimas de este drama, y pido a la vez a todos los viperinos afectados que sean valientes y compartan sus experiencias en la zona de comentarios. Entre todos podemos poner fin a esta iniquidad tan frecuente, por desgracia, en nuestro país.

El lector que demanda mi ayuda, un varón de 38 años que padece alopecia en un estadio muy avanzado, me explica que su mujer luce una larga y densa cabellera, y que, por este motivo, cada vez que acude a la peluquería a peinarse o a teñirse le cobran un sustancioso suplemento. Por el contrario, cuando va él a recortarse los cuatro pelos que aún le quedan en el cogote y en los laterales tiene que pagarle al peluquero exactamente lo mismo que un melenudo, sin descuentos de ningún tipo.

¿Cómo es posible que este atropello siga impune en un estado social y democrático de derecho? ¿Con qué legitimidad moral se manifiesta el  gremio de los peluqueros contra la subida del IVA del 8% al 21% cuando después no tiene empacho en insultar a sus clientes con este agravio comparativo? ¿En qué están pensando la OCU y el Defensor del Pueblo? ¿Para cuándo un recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional?


viernes, 23 de octubre de 2015

APAGÓN


Para mí, la inspiración al escribir es sobre todo una cuestión de disciplina y de rutina. Si durante siete años y medio he venido publicando contenidos en este blog con una periodicidad fija (cada dos o tres días) y sin saltarme siquiera las semanas de vacaciones, ha sido gracias a una rígida mecánica de trabajo. Los temas de los posts, excepto los de más rabiosa actualidad,  siempre los he planificado e incluido en una lista con más de un mes de antelación, y lo mismo he venido haciendo con los huecos en mi agenda para investigar y recopilar la información necesaria para escribir ciertas entradas. Una Pluma viperina espontánea, en la que fuera publicando lo que se me ocurría y cuando se me ocurría, jamás hubiera sido posible. De hecho siempre he estado muy seguro de que el día en que esta rutina se descabalgara por cualquier motivo, en el momento en que se quebrara, aunque fuera una sola vez, mi hábito de escribir tres veces por semana, la bitácora se iría hacer puñetas.

Con lo que no contaba es con la sequía inspirativa. Sin duda por mi ego -más inflado de lo que se merece a la luz de la cruda realidad- daba por descontada mi capacidad de publicar a menudo durante toda mi vida, de ofrecer temáticas variadas en el blog indefinida y permanentemente. Hasta que un día, hace dos semanas, me senté al teclado, miré en el móvil mi lista de posts pendientes, comencé a teclear un párrafo, y, de pronto, me di cuenta de que no se me ocurría nada que decir, o que se me ocurría pero no sabía cómo expresarlo, o que, al redactarlo y releerlo, me sonaba igual que lo que ya había escrito mil veces en otras entradas... De pronto, tras más de siete años, mi inspiración creativa sufría un apagón peor que el de NuevaYork del 65.

A los dos días me sucedió igual, así que cerré el documento de Word con diez líneas sobre la cercanía de los políticos, y abrí otro bien distinto para redactar una resolución concediendo subvenciones a dieciséis empresas. El lenguaje administrativo ampuloso, las fórmulas huecas, las fundamentaciones jurídicas y los enrevesados pies de recurso me liberaron de mi agotamiento creativo. Por primera vez me sentí más cómodo componiendo perífrasis verbales, enunciados de cortesía y citas normativas que escribiendo un artículo en mi querida Pluma viperina.


Hoy he vuelto a la carga y a ver qué tal. Espero sentado y un poco escéptico a que las musas se decidan a volver a ligar conmigo.

P.D.: ¡Gracias a todos por poner música al apagón!

viernes, 11 de septiembre de 2015

CUITAS DE UN BLOG EN FACEBOOK




Desde hace dos años puede seguirse La pluma viperina a través de Facebook. Mi experiencia con el blog en esta red social ha sido hasta ahora bastante agridulce.

Por un lado es una herramienta interesante en la medida que permite estudiar la reacción  espontánea del público ante cada post, averiguar rápidamente qué contenidos gustan y cuáles dejan indiferente al personal. Esto está muy bien, ya que este feedback instantáneo y a veces masivo permite enriquecer las temáticas, mejorar los enfoques y afinar las habilidades comunicativas. Al fin y al cabo el principal objetivo de cualquier bitácora es ser leída.

Pero publicar el blog en Facebook también tiene efectos, a mi juicio, perjudiciales. Tenemos una tendencia instintiva a creer que una entrada con cinco mil Me gusta siempre será mejor que otra con solo cinco, y no es cierto. La popularidad en la red de Zuckerberg resulta engañosa y demasiadas veces está reñida con la calidad. Para obtener audiencia en un medio tan multitudinario y poco selectivo suele ser imprescindible sacrificar matices, profundidad, extensión y nivel intelectual en los temas tratados, y además siempre está la tentación, a menudo invencible, de recurrir a ciertos trucos cutres (pero efectivos), como los títulos impactantes o las fotos sensacionalistas. Este comportamiento adaptativo puede terminar menoscabando el pedigrí y la independencia de un blog.

Aunque no siempre es así. Debo reconocer que cuando me curro un post, Facebook suele premiármelo, igual que castiga con su indiferencia mis textos más anodinos. 

Lo que es innegable es que el nivel medio de los usuarios del Caralibro es más bien bajo, y que, por lo general, tienen mucha más aceptación las ideas simples, la actualidad del último segundo, el morbo y la información masticada y remasticada que los artículos o ensayos de cierta enjundia o que pretenden invitar a la reflexión. 

Por ejemplo, me parece muy ilustrativo lo sucedido estos dos últimos días con mi polémico post Refugiados maricones, que ha tenido una inusual acogida en Facebook. La entrada ha sido compartida por cientos de personas y ha recibido un ingente número de comentarios. Al principio me halagó este pequeño éxito, pero la vanidad solo me duró hasta que leí las casi cien intervenciones. Más del 80% de los comentaristas (a favor y en contra casi en igual proporción) demostraban un porte intelectual de muy bajos vuelos. Un lenguaje de SMS, faltas tipográficas y ortográficas, destrozos gramaticales e inculturas supinas orgullosamente evidenciadas contrastaban demasiado con la forma y el fondo impecables que caracterizan a los comentarios, mucho menos numerosos, de la pagina del blog. Ni un solo comentario de Facebook me hizo pensar ni medio segundo, ni plantearme nuevas perspectivas del problema de los refugiados.

Dicen que Facebook está dejando en los huesos a los blogs personales porque es un medio más inmediato, intuitivo y ágil, en el que se puede opinar más rápido y dejar un Me gusta en vez de molestarse en escribir texto, pero no sé, qué queréis que os diga, yo me siento muy orgulloso del caché de los seguidores de la versión blog de La pluma viperina y de la riqueza de su zona de comentarios, mientras que la súper plataforma social americana me recuerda a una charca de ranas, a una casa de putas, a una asamblea de Podemos.

jueves, 16 de abril de 2015

CERRAZÓN




Hace muy poco un lector del blog me hacía una crítica que considero muy injusta. En medio de una absurda discusión sobre quién de los dos tenía la “mente más abierta”, terminó reconociendo que yo suelo leer libros y autores de ideas políticas diametralmente opuestas a las mías, pero puntualizó que yo a mis enemigos más que leerlos, los investigo. “Neri, tú lees a tus contrarios con el cerebro bloqueado por los prejuicios. No quieres conocerlos, ni enriquecerte con sus puntos de vista, ni contrastar sus opiniones con las tuyas. Solo buscas reforzar tu posición y los miras con lupa a la caza de datos que confirmen todo lo malo que piensas de ellos, desechando todo lo demás”, me escribía el muy cabrón.

Este tío se ve que no ha conocido en su vida a un verdadero talibán con la sesera cerrada a cal y canto. Yo sí he tenido el "gusto" y los he visto no solo descartando para sí mismos multitud de lecturas por la ideología del autor, sino imponiendo a sus discípulos los libros que podían o no podían abrir. Yo no he hecho eso jamás.

¿Leo a mis enemigos con prejuicios? Pues sí, probablemente; es algo humano. ¿Busco reforzar mi posición? Puede ser, pero en todo caso será porque tengo una posición, no como otros que nunca saben qué pensar sobre ningún tema. Ya lo dijo Chesterton: “No tengas la mente tan abierta que se te caiga el cerebro”. 

Sinceramente no sé qué problema hay. Más que nada no entiendo como esto puede ser objeto de censura. Es natural que la gente tenga sus opiniones y reciba las ajenas y sobre todo las contrarias con cierto recelo. Esto no implica cerrazón. Tener una actitud abierta consiste, en primer lugar, en aceptar información sobre creencias diferentes a las nuestras (que no es moco de pavo), y, después, en ser capaces de evaluarla con serenidad distinguiendo lo que se amolda a nuestros valores, lo que no se adapta del todo pero podría complementarlos e incluso modificar nuestra posición de salida, y, por último, aquellos puntos incompatibles de raíz con nuestra postura que no tenemos por qué aceptar si no nos convencen o, peor aún, nos repugnan. Yo creo que cumplo el requisito, vaya, que no soy tan cerril. A mí me parece que leo a todo el mundo y que las cosas que no me gustan las critico con argumentos razonados. Es lo que intento hacer en este blog desde hace siete años.

Aunque por supuesto que hay determinadas ideas que es normal rechazar de plano, sin necesidad de mayores profundizaciones, a poco sentido de la moral y de la decencia que se tenga. ¿O no? 

Me gustaría ver cómo reaccionaría este chisgarabís que me llama a mí fanático y me pone verde si a él le invitaran a leer, por ejemplo, el Mein Kampf, un libro muy aburrido pero que tiene, aunque algunos no lo crean, partes rescatables. No se leería ni el prólogo y gracias si no lo quemaba antes de cinco minutos, lo que demuestra que al final esto de la “mentalidad abierta” es un poquito subjetivo. Hoy, como en todas las épocas, existen unos dogmas y los obtusos son aquellos que se resisten a asimilarlos. En cambio, repudiar con obstinación, incluso sin conocerlas, las doctrinas que cuestionan dichos dogmas es un síntoma de excelente salud democrática. Así está el patio.

miércoles, 8 de abril de 2015

RIQUEZA DE VOCABULARIO


Una de las cosas que más me preocupa a la hora de expresarme, tanto por escrito como verbalmente, es utilizar un vocabulario rico.

Me sorprende que de las casi 280.000 palabras que existen en castellano (la RAE recoge 93.000), la media de la población maneje solo entre 300 y 500. Las personas con cierto nivel cultural suelen emplear hasta 1.000 voces diferentes, y los escritores y periodistas se supone que unas 4.000 (permítaseme dudar lo de los periodistas). En el otro extremo, los sectores con menos formación, particularmente algunos jóvenes, solo alcanzan la cifra de 250 vocablos, algo inquietante toda vez que un chucho corriente es capaz de distinguir y entender 165.

En la obra de Miguel de Cervantes podemos encontrar 8.000 términos distintos.

Luego habría que distinguir entre el vocabulario activo de un sujeto, que es el que entiende y usa, del pasivo, que puede comprender pero es incapaz de utilizar.

A mí me encanta aprender palabras nuevas, y me esfuerzo en lo posible en renovar mi lenguaje. Cuando leo suelo apuntarme en el móvil las voces o expresiones que desconozco o me llaman la atención; después las consulto en el diccionario e intento quedarme con las que más me gustan para usarlas en el blog o incluso al hablar. 

Sin embargo, es curioso cómo la sociedad acepta con mucha más naturalidad la riqueza lingüística en los medios escritos que en la comunicación coloquial hablada. Aunque sea subconscientemente, la gente da por sentado que el idioma escrito es más culto y no le sorprende tanto toparse, mientras lee, con un verbo o un sustantivo que no haya visto en su vida. Pero, ¡ay del que meta en una conversación normal una palabra que no figure en el catálogo de 300 a 500 que todo el mundo se sabe! ¡Será automáticamente tomado por un pedante!

En efecto, cuesta mucho introducir cualquier novedad en nuestra forma habitual de hablar, pues tenemos unas entendederas muy rígidas respecto al lenguaje verbal. De primeras, nuestro cerebro solo asimila las fórmulas que ya conoce, y por eso cambiar de registro, aunque sea en unas pocas expresiones, siempre conlleva el riesgo de que no nos entiendan nada y, consecuentemente, nos tilden de raritos. Un ejemplo muy ilustrativo es el de las películas argentinas dirigidas por Campanella o protagonizadas por Ricardo Darín, que tanto éxito cosechan en España. Muchos reconocen que la primera media hora no entienden nada de nada, y el motivo es que su mente no digiere al ritmo adecuado todas las palabras y giros dialectales a los que no están acostumbrados.

En mi opinión la gran ventaja de introducir una mayor variedad en nuestro inventario léxico es que poco a poco nos expresaremos con mayor precisión, nuestros mensajes serán más claros y mejorará nuestra comunicación con las personas de nuestro entorno. Es posible que en un ámbito estrictamente doméstico o coloquial esto no parezca relevante, pero desde luego sí lo es en las relaciones de carácter más formal, como las académicas o las profesionales. Hacer un examen en la universidad, concurrir a una entrevista de trabajo, defender una postura en una reunión o convencer a un cliente puede convertirse en un problema si solo se dispone de un arsenal de 300 palabras. Pero incluso en una discusión familiar o conyugal, o en una simple tertulia de amigos, no acertar a exteriorizar nuestras opiniones y sentimientos con cierta nitidez, concisión o detalle puede provocar que se aburran al oírnos, que no nos presten atención, que nos malinterpreten o que nuestros argumentos parezcan débiles.

La pobreza de vocabulario nos deja siempre en una situación de desventaja, pues nos impide decir o escribir exactamente lo que queremos, quedando siempre nuestros mensajes a la libre interpretación de los demás. 

No se trata de sabernos las 8.000 palabras de El Quijote, pero sí al menos de ser capaces de evitar el uso abusivo de ciertos verbos, adverbios y nombres tan genéricos y polivalentes como “ser”, “hacer”, “bien”, “mal”, “chisme”, “cosa” o “cacharro”, y darnos cuenta de que todo tiene su denominación y de que nuestro idioma es una herramienta no solo bellísima, sino muy útil para comunicarnos correctamente y solucionar nuestros problemas cotidianos.

P.D.: Este post contiene 240 palabras distintas.

jueves, 27 de noviembre de 2014

CERRAR UN BLOG

En los años que llevo con La pluma viperina he visto clausurar cientos de blogs, normalmente a los pocos meses de su apertura. Existen varios motivos (no muchos) por los que alguien embarcado en el proyecto de publicar sus reflexiones de forma periódica decide abandonar de repente. El más típico es que el bloguero se da cuenta de que su bitácora no la lee nadie y se siente absurdo (no me extraña) compartiendo sus reflexiones con la pared. Pero existen otras dos causas muy frecuentes: que el autor no tenga nada que contar y que carezca de pericia redactando.

Hay bloggers que descubren que cuando se sientan a escribir una entrada no se les ocurre ningún tema y por lo tanto acaban frustrándose. Aquí el primer error es confiar en la inspiración; un blog mínimamente constante debe tener unos contenidos planificados de antemano. El segundo fallo es pretender mantener un ciber diario cuando no se tiene ninguna idea que expresar, ninguna vivencia que compartir y ninguna reflexión que hacer. Esta situación es frecuentísima y lo peor no es cuando desemboca en el cierre de la página, sino en el continuo enlace y copiapega de contenidos ajenos. Esta es la mayor aberración en la que puede incurrir un bloguero. Si no tienes ideas propias, usa Facebook, que es el sucedáneo para tontos de un blog.

La otra causa de “liquidación” a la que me refería es que el autor no sepa redactar ágilmente. Es muy habitual y se nota a la legua. Lo normal es que una persona con una mínima formación y gusto por la lectura pueda componer correctamente un texto de extensión media, pero existen abismales diferencias de destreza entre unos individuos y otros. Por ejemplo, para escribir, corregir, ilustrar y publicar un post de la misma extensión y nivel de profundidad que este que estás leyendo hay quien necesita diez minutos y quien necesita dos horas. Casi cualquiera podría pergeñar un texto formalmente correcto, pero muchos necesitan pensar demasiado las frases, dar vueltas a la forma de expresar los conceptos y hacer múltiples retoques. Así, al final, lo que nació como un mero pasatiempo se convierte para algunos en una incómoda carga, por precisar mucho tiempo a la semana para mantener la bitácora actualizada, mientras que a quienes redactamos muy rápido nos basta cualquier ratillo muerto para sacar un post. El efecto “redactor lento” se agrava si las entradas requieren cierto nivel de profundidad o de investigación previa. Quien no está acostumbrado a escribir a diario puede tardar días en cerrar un artículo serio y documentado, a diferencia de las plumas ligeras, que en una hora pueden dejar listo un reportaje de tres páginas con datos, enlaces y fotos.

Terrible lacra para un weblog es tener un autor poco ducho, y el síntoma más evidente es la caída en picado de la frecuencia y la complejidad de sus textos en los períodos en que está más ocupado.

domingo, 10 de agosto de 2014

SER CULTO YA NO TIENE MÉRITO



Hablando ayer sobre blogs con un tipo muy instruido, aunque algo petulante, me venía a decir que ahora con Internet “ser culto no tiene mérito” porque hasta el más cateto puede acceder en pocos segundos a cualquier información y escribir luego un post con tal amplitud de detalles, datos técnicos y fechas que le hagan parecer muy cultivado aunque acabe de leerlos por primera vez. 

Esta afirmación tiene una parte muy cierta y otra perversa.

No niego que el acceso indiscriminado a la información sobre una materia, y su manejo e interpretación por profanos, puedan causar serios inconvenientes o, como mínimo, resultar patéticos. La Red está infestada de internautas que se ve a la legua que tratan de informarse pero que ni pueden ni saben asimilar lo que leen, ni mucho menos expresarlo adecuadamente en sus entradas o intervenciones en los foros virtuales.

Sin embargo, afirmar que “ser culto ya no tiene mérito” tiene unas connotaciones elitistas que no acaban de gustarme. La frase lleva implícita una cierta añoranza de los tiempos en que el acceso a la información y a la cultura estaba restringido a los pocos que ostentaban el poder o disponían de medios económicos. Es como quejarse de que ahora todo el mundo pueda enterarse de todo, conocer sus derechos, aprender cosas nuevas cada día o satisfacer sus inquietudes culturales con un simple click.

Está claro que Internet no va a convertir en doctores universitarios a los internautas, pero digo yo que será preferible que un señor conozca sobre la Primera Guerra Mundial las cuatro cosas que ha leído en tres minutos en Wikipedia a que siga el resto de su vida sin saber ni la fecha ni los países que se enfrentaron.

La grandeza de la Red es que, con todas sus limitaciones, nos ha ayudado a todos a resolver muchas dudas y problemas, ha avivado nuestra curiosidad por mil temas y nos ha hecho mucho más cultos. 

Aunque parece que a algunos les jode perder el monopolio del conocimiento...

viernes, 25 de julio de 2014

UN PASEO POR OTROS BLOGS (11): DRAMA EN EL PORTAL

Llevo un año enganchado a un curioso blog que no tiene artículos escritos, sino que su autor, bajo el pseudónimo de El Hematocrítico, se limita a colgar fotografías de “notas dejadas en portales y garajes por vecinos pasivoagresivos”, tomadas por él mismo o enviadas por sus lectores. El único texto es un brevísimo comentario a cada cartel, normalmente en un sutil tono jocoso.

Como buen aficionado a la sociología parda, Drama en el portal fue para mí un gran descubrimiento, además de una fuente inagotable de risas. Entro una vez a la semana a ver las nuevas fotos y nunca logro reprimir unas buenas carcajadas que me vienen de perlas.

El tema de los letreros dejados por vecinos generalmente anónimos en puertas, escaleras, garajes y otras zonas comunes de los inmuebles en régimen de propiedad horizontal, daría para una tesis de postgrado universitario. Estos escritos espontáneos -vehementes o irónicos- casi siempre plagados de faltas de ortografía son además la prueba palpable de que la realidad de nuestros edificios de viviendas supera con creces la ficción de series como Aquí no hay quién viva o La que se avecina.

El blog de El Hematocrítico es una pequeña ventana a la realidad de nuestros vecindarios que, aunque tanto me hace reír, también suele dejarme algún poso amargo por cuanto constata el egoísmo, el individualismo espantoso, la cobardía y la incapacidad de convivencia de una parte significativa de la sociedad española, que se reflejan unas veces en la actitud de los destinatarios de los mensajitos y otras en la de sus autores.

Los avisos son de muchas clases y temas. Los hay redactados con letra temblorosa de anciano analfabeto o impresos en Word, impecablemente escritos y con un lenguaje engolado y pretencioso. Algunos simplemente invitan a cambiar de actitud con tono conciliador, pero otros son verdaderas joyas del sarcasmo popular o muestran una ira desbordada en los insultos más soeces. La temática de las quejas varía bastante, aunque suele centrarse en ruidos nocturnos (de parejas fogosas a menudo), robos, impagos de gastos comunes, uso inadecuado de puertas, luces u otros elementos, o conductas sucias o indecorosas muy frecuentemente relacionadas con las cacas de los perros. 

Son letreros que, ya digo, están redactados en unos tonos que incitan a la risotada, pero de los que pueden sacarse conclusiones muy poco halagüeñas e incluso políticamente incorrectas sobre las habilidades sociales, la extracción cultural o el entorno de los vecinos cabreados o cabreadores.

No me resisto a copiar algunos ejemplos, que podéis ampliar visitando esta original web que hará las delicias de todos los auténticos viperinos:


- “Al incívico/a que se dedica a tirar heces humanas al patio de los bajos 1ª, escalera 12, se guarde de repetirlo, de no ser así se tomarán las medidas pertinentes para evitar que continúe este acto asqueroso”.

- “Al vecino cerdo que se dedica a mear en el portal: Si te pillo te lo vas a beber”.

- “Rosa, mira como es la mierda de mi perra, cuando la veas me lo dices para quitarla. Como come el mulo caga el culo, y esa mierda es muy grande para ser de mi Luna.”

- “La próxima vez que tiren comida al patio, mato al gato”.

- “La cerda que tiene el pelo rojo y lleva todo el año tirando ovillos de pelo por la ventana, que se corte ya; ya está bien, parece gente de otra etnia, eso no lo hacen más que los cavernícolas. Y las muy cerdas. Hemos tenido el coraje de “cojer” el ovillo del pelo para que la gente sepa quien lo tira viendo su color [se adjunta], ya saben que esta vecina es muy sucia”

- "Aviso al vecino sinvergüenza y subnormal que llama a la policía para denunciar los coches que están aparcados sin molestar en la calle (...)"

- “Mamá de Carmen: seguro que hay otros métodos menos ruidosos para despertar a Carmen. Utilícelos. Carmen: Por favor, no remolonee”.

- “No tiren las bragas cagadas por la ventana”.

- “Esto va dirigido a la vecina que pega esos alaridos para hacer el acto sexual: Le recuerdo que vive en una comunidad de vecinos, así que le recomiendo que baje el volumen o cierre la boca porque la próxima vez que me despierte de madrugada por culpa de sus gritos, o tenga que irse mi sobrina de 9 años de mi casa a las 7 de la tarde por el mismo motivo, voy a llamar a la policía local”.

domingo, 5 de enero de 2014

MIL POSTS


Diseño de letra que estuvo a punto de tener la cabecera del blog


Con esta hacen mil las entradas publicadas en La pluma viperina. Llevamos algo más de cinco años y medio en la Red. 

Mil entradas y más de cinco años de contenidos originales y permanentemente actualizados son un pequeño logro para una bitácora personal, anómima y políticamente alternativa. Pero esta constancia jamás habría sido posible sin el apoyo de unos lectores y unos comentaristas tan fieles e implicados como vosotros. Muchas gracias a todos los que leéis o participáis, o habéis leído o participado, en La pluma viperina desde su inauguración por el Cuatriunvirato el 14 de mayo de 2008.  Mi mayor orgullo de este blog son sus seguidores.

También tengo mucho que agradecer al blog en sí, que tanto me hace crecer en lo personal, principalmente por cuatro motivos:

Primero porque me sirve de desahogo e incluso de "terapia", cumpliendo así el objetivo que me marqué en el primer post, Bienvenidos al experimento.

Segundo porque me permite cultivar mi afición a la escritura y me ha ayudado a pulir diversos defectos en mi manera de redactar, así como a adquirir mayor soltura y naturalidad.

Tercero, que gracias a La pluma reflexiono mucho más profundamente sobre las realidades que me rodean, tanto cuando pienso en temas para escribir como cuando me lanzo a teclear cada dos días.

La pluma el día antes de su apertura
Y por último, porque los comentaristas me enriquecéis diariamente ayudándome a contrastar e incluso a rectificar mis puntos de vista. Los que de verdad conocen La pluma viperina saben de sobra que este es un foro de crítica (a menudo muy desgarrada) pero también un espacio de libertad en el que siempre han tenido y tienen cabida personas con muy diferentes maneras de pensar. En este sentido quiero dar las gracias especialmente a todos aquellos que aun estando en las antípodas de mis ideas e incluso exasperándose con mis planteamientos, han tenido el interés, la paciencia, la educación, la inteligencia y la amplitud de miras suficientes como para rebatirme con fiereza pero con caballerosidad, con ironía pero sin odio, con dureza pero sin rencor.

Me quito el sombrero ante todos vosotros, amigos de La pluma. Seguiremos, si Dios quiere, por lo menos hasta el post dos mil.

viernes, 16 de agosto de 2013

UNA MIRADA DIFERENTE

Muchas veces he tenido la tentación de abandonar el tono íntimo y pseudofilosófico del blog y centrarlo en temas de actualidad (sobre todo de política) con algunos aderezos de historia y de cine. Un experto en blogosfera me ha explicado que La pluma tiene un contenido excesivamente personal, heterogéneo y disperso, y que así es complicado tener un target definido y fidelizar lectores.
 
Si dijera que me importa un huevo el número de visitas de La pluma estaría mintiendo descaradamente. Mi objetivo, como el de todos los blogueros, es ser leído por el máximo número de personas, pero con matices. El primer matiz es que soy consciente de que el tono de este diario agridulce y las ideas alternativas a la cultura dominante que se expresan en él marcan su vocación de minoritario. Y el segundo, que no creo que se trate de conseguir audiencia a toda costa analizando al milímetro el tipo de entradas a publicar, ciñéndome a las noticias frescas o entregándome a temas morbosos o deliberadamente polémicos para pinchar al personal.
 
Para mí lo más importante de La pluma viperina es su carácter de testimonio vivo y personalísimo. Aquí puede encontrarse lo que muy pocos ofrecen: una mirada unas veces ácida y escéptica, y otras esperanzada y soñadora, pero siempre parcialísima, desenfadada e independiente, de la sociedad que nos ha tocado vivir. Y ello me ha valido un público fiel y muy especial que comparte conmigo sus inquietudes desde hace varios años. Los seguidores de La pluma no son una multitud pero se diferencian a la legua de los de cualquier otra bitácora.
 
No haré un blog a la medida de los internautas, sino a la medida de mis paranoias y mis pasiones, que tanto bien me ha hecho expresar, sin olvidar que este rincón viperino también ofrece, cómo no, algunos contenidos exportables que merece la pena dar a conocer.
 
Y por cierto, si quieres que la voz insobornable de este ya veterano blog llegue más lejos y levante más ampollas que nunca,  echa una mano y hazte seguidor, con un simple Me gusta, de la página de Facebook de La pluma viperina.
 
¡Muchas gracias por estar ahí, viperinos!

martes, 16 de julio de 2013

LOS LECTORES DE LA PLUMA VIPERINA


De entre los cada vez más numerosos y variopintos lectores de La pluma solo un pequeño porcentaje conoce personalmente al hombre que hay detrás del apodo Al Neri. La gran mayoría ha aterrizado aquí por casualidad,  por mis comentarios en otras bitácoras o  atraída por ciertos temas que a veces abordo. Por ejemplo, bastantes activistas de las fuerzas nacionales están pendientes del blog porque se ponen muy cachondos cuando me da patriótica. Pero los que me conocen en vivo, ya digo, son solo unas pocas decenas.

Entre los que se adentran en territorio viperino sabiendo quién soy hay de todo.

Está un grupo minúsculo de amigos míos que se meten cada dos días, leen los posts y se largan sin comentar. De hecho, el único amigo que comenta a fecha de hoy es el incombustible Aprendiz de Brujo, y no quedan tan lejos Teutates o Ignatus. Los demás tienen sus razones para guardar silencio y yo les agradezco las visitas de todos modos. Algunos participaron en los primeros tiempos, allá por 2008, pero acabaron considerando que el blog era demasiado profundo, demasiado político o demasiado intransigente, y ahora se contentan con cotillear un poco varias veces a la semana, sin entrarme al trapo para tener la fiesta en paz. Hacen bien. Admito que cuando gestionas un blog es imposible ser objetivo y comportarse igual con los comentaristas que conoces y sabes bien sus intenciones que con los totales desconocidos.

Hay, sin embargo, un par de amigos que continúan comentando periódicamente aunque con nicks irreconocibles o distintos a los que en su día usaron. Muchas gracias también a ellos, pues solo intentan estar ahí sin condicionarme.

Después tenemos a varios lectores habituales que son simples conocidos o compañeros del trabajo que cuando se relacionan conmigo fingen desconocer la existencia de La pluma viperina. Sin embargo ahí están, día tras día, pasándoselo pipa,  unas veces aplaudiendo, otras riéndose de mis idealismos o de mis visiones angostas, y otras escandalizándose de las cosas que escribo, que les parecen inconcebibles en alguien como yo.

Pero en honor a la verdad he de decir que estos últimos son los “culpables” de que la bitácora sea mucho menos personal de lo que a mí me gustaría, pues me siento obligado a dosificar mi intimidad ante ciertos vouyeaurs imprevistos (que naturalmente tienen todo el derecho a leer) a quienes, por diversos motivos, me niego a contar mi vida. Son también una de las razones de la autocensura que me impongo de vez en cuando al expresar mis puntos de vista.

De todas formas no solo me pongo límites por la vocación de anonimato del blog o por no alimentar la curiosidad de gente de mi entorno a la que no me une confianza alguna, sino también para no hacer daño a ciertas personas que me conocen divinamente y de hecho forman parte de historias y anécdotas que siempre he querido contar y nunca me he atrevido, ni siquiera amparándome en la etiqueta Relatos.

Por último, debo confesar que hay algunos que nunca han leído y puede que nunca lean este diario agridulce y políticamente incorrecto, pero me encantaría que lo hicieran porque quizá les ayudara a contrastar el Al Neri que conocieron con un Al Neri más inseguro, incoherente, vulnerable e interrogante. En esos no lectores es en los que más pienso cuando escribo las entradas. 

viernes, 12 de julio de 2013

CONOZCO UN BLOG

Conozco un blog que es la crónica apasionada, y a veces delirante, de una resurrección, de una puesta a cero del cronómetro, de un cambio de rumbo más traumático de lo que el propio autor está dispuesto a aceptar.

Conozco un blog cuyo autor es la prueba viviente de que quien más experiencias ha vivido, más cosas interesantes y variadas puede contar; un blog que nos regala generosamente un bagaje personal y una trayectoria profesional con más moralejas que las fábulas de Iriarte.

Conozco un blog trufado de obsesiones y paranoias que lo hacen vital, humano, adictivo y delicioso.

Conozco un blog influyente. A mí al menos me influye porque me obliga a preguntarme cosas, a pelearme con mis prejuicios y a veces ganar la pelea.

Conozco un blog cuyo administrador ataca con saña a todo aquel que le recuerda, aun lejanamente, la rigidez moral de la que él fue abanderado no hace tanto.
 
Conozco un blog que si ha alcanzado tales cotas de calidad y de magnetismo es, simple y llanamente, por la fuerte personalidad de su autor, por su amor propio y por su egocentrismo desatado.

Conozco un blog que es un grandioso homenaje a las contradicciones humanas.

Conozco un blog de un tipo que pasó en un instante de la noche al día y del frío al calor; que tuvo que rehacer a toda prisa y con materiales improvisados sus cimientos, sus muros y su tejado, y todavía pretende que no se note mucho.

Conozco un blog cuyas entradas sin duda están entre los textos que me han provocado más ataques de risa en toda mi vida.

Conozco un blog que nos demuestra hasta dónde puede marcar el sexo la senda vital de un varón.

Conozco un blog con varios posts que ya forman parte de mi kit de superviviencia, de mi caja de herramientas, de mi armería particular.

Conozco un blog cuyo autor siempre acaba haciendo lo contrario a lo que predica. Ensalza el pluralismo pero detesta la controversia, venera el respeto pero humilla a quien le contradice, idolatra la libertad pero termina censurando, desprecia el anonimato y acaba escondiéndose tras él por intereses mundanos, presume de autenticidad pero cambia y se vende cuando las circunstancias se lo “exigen”.

Conozco un blog cuya frescura y calidad, cuya brillantez y talento le hacen merecedor de terminar en letra de imprenta y en las estanterías de bestsellers de El Corte Inglés.

Conozco un blog desde el que se intentó practicar (sin éxito) la venganza personal.

Conozco un blog que ha sido durante más de tres años mi primera lectura de la mañana, por delante de los boletines oficiales y de los resúmenes de prensa.

Conozco un blog cuyo titular se cree muy abierto y en el fondo es más facha que Don Pelayo.

Conozco un blog que me gusta tanto porque en él asisto a diario a la batalla entre la naturaleza del hombre y sus ansias de virtud.

Conozco un blog cuyo artífice es un pésimo gestor de la zona de comentarios; que ha dado cancha infinita a malintencionados y  a indigentes intelectuales, y ha arremetido contra amigos que simplemente le matizaban honradamente y con argumentos; que se ha enervado como una fiera cuando no se le atacaba y se ha quedado tan pancho recibiendo estocadas venenosas.

Conozco un blog de alguien que piensa que la mejor manera de purificar su alma es despelotarse sin pudor.

Conozco un blog que me ha enseñado que el extremismo es más una forma de ser que una postura, y que quien hoy es extremoso en un aspecto mañana puede serlo en el contrario.

Conozco un blog de un hombre redimido por el amor y por su afán de mejorar



¡Gracias y perdón!

jueves, 9 de mayo de 2013

SIN CRITERIO



Hablaba en la entrada anterior de las condiciones necesarias para tener independencia de criterio, pero no decía nada de la más elemental, que es, antes que nada, tener criterio. Parece de perogrullo, sí, pero no sé yo…

La gente solo sabe llenarse la boca de democracia y libertad, sobre todo de libertad de expresión. Parece que les va la vida en gozar del derecho a expresar sin cortapisas sus puntos de vista; que sacan pecho porque en una bazofia de constitución pone que pueden difundir libremente sus “pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción”. Pero luego resulta que la inmensa mayoría nunca opina de nada, ni dice nada,  ni difunde nada ni piensa nada, sencillamente porque pasan de todo, pero también, y fundamentalmente, porque carecen de criterio y ni se les ocurre qué decir.

Un ejemplo bien palpable son las redes sociales de Internet. Hasta el último mono se ha apresurado a hacerse un blog o una cuenta en Facebook o en Twitter para estar a la última y poder aportar su granito de arena a la sociedad global. Dando por sentado que solo un pequeño porcentaje de la población puede manifestar sus opiniones en los medios de comunicación de masas, nada nos impide sin embargo generar contenidos propios y distribuirlos a través de estos nuevos instrumentos de la sociedad de la información. Cierto que con ellos, en frío y partiendo de cero, es imposible hacer llegar nuestros planteamientos a millones de almas, pero digo yo que tanta obsesión con el derecho a opinar, tanto orgullo por las libertades que plasmó el panfleto de 1978, debería traducirse por pura lógica en un ansia natural por dar a conocer nuestras reflexiones, críticas, sensibilidades y posicionamientos aunque sea a las pocas decenas de amigos y conocidos que tenemos en nuestras cuentas en las distintas redes sociales.

Pero no. La gente, que debería estar ardiendo en deseos de utilizar Internet como cauce de expresión, no sabe ni qué expresar. Basta echar un vistazo a lo que publican a diario todos nuestros contactos en cada uno de los foros o redes de los que formamos parte. Por cada cien personas, solo una, y soy muy optimista, cuelga contenidos que ella misma ha creado, emite reflexiones propias o hace comentarios personales originales que aporten algún valor añadido a la información que ya tenemos por la prensa o la televisión. Prácticamente nadie comunica nada útil ni enriquecedor, ni comenta un libro que ha leído, ni una película que ha visto, ni pone fotos interesantes de los lugares que visita, ni hace críticas inéditas de las noticias, ni propone una solución novedosa a algún problema social ni explica o profundiza tan siquiera en algo con sus propias palabras. ¿El motivo? Que el personal está falto del menor sentido crítico, no tiene opinión, ni sabe en lo que cree ni por donde le da el aire.

Más claro todavía: La mayor parte de los amigos que tenemos en Facebook o en Twitter ni siquiera escriben nada, por decirlo así, de su puño y letra. Se limitan a compartir o a pegar enlaces absurdos, como imágenes de gatitos maltratados con “haz me gusta si estás en contra”; textos vitalistas, de autoayuda, amor o amistad que demuestran lo cursis y lo bobos que son; publicidad engañosa de ofertas y descuentos; chistes gráficos malísimos; caricaturas o ataques demagógicos al presidente del Gobierno en ese momento; diatribas populacheras contra las supuestas causas de la crisis; pataletas irracionales contra los vascos o los catalanes; invitaciones grotescas a boicotear productos con argumentos manipulados; reflexiones políticas facilonas, o en el mejor de los casos, convocatorias de manifestaciones. Pero insisto: todo copiado.

¿Y cuántos “blogueros” conocéis que no acaben día tras día copiapegando noticias, vídeos o canciones, o enlazando a contenidos ajenos, sin poner más de tres palabras suyas?

Así es la democracia, amigos: todo el mundo asegura muy digno tener opinión y querer medios para expresarla, pero después, si los tiene, no sabe qué decir o se dedica a decir gilipolleces. Al final, como toda la vida ha sucedido, acaban pensando y opinando cuatro y todo el rebaño a repetir sus consignas, por muchas vías de expresión que haya; los tres mafiosos que controlan los mass media importantes siguen convirtiendo la opinión publicada en opinión pública, como decía Ortega y Gasset; y por cada genio que crea algo, hay mil becerros que le copian, le chupan la rueda o intentan sacar provecho de su esfuerzo tocándose las narices.

¿Para qué leches quiere la gente la democracia y las libertades si ni sabe usarlas ni tiene el menor interés en aprender?

domingo, 14 de abril de 2013

MISÁNTROPO

Algunos creen que soy un misántropo y que este blog viene a ser un reflejo más o menos velado de mi misantropía, pero yo digo que se equivocan.

No es que tenga, ni mucho menos, aversión al género humano. Al contrario, la historia de la Humanidad me admira y pienso que el ser humano es capaz de gestas tan grandiosas y obras tan generosas que no podemos ni imaginar. Me resisto a creer que por naturaleza haya maldad en los corazones y me impresionan los sacrificios que algunas personas han sido y son capaces de hacer desde la Fe, desde la política o desde el simple impulso de sus sentimientos, para que otras puedan tener una vida un poquito mejor.

Pero considero que para que estas virtudes que alberga nuestro código genético se manifiesten, son necesarias unas condiciones y un ambiente que, por desgracia, hoy en día no se dan en absoluto. Y mientras no existan estos condicionantes, el hombre será un lobo para el hombre, como decía Hobbes.

En román paladino: Soy muy pesimista con respecto al hombre en el actual contexto social, político, económico, cultural y religioso. Habitamos un ecosistema atroz que nos ha hecho atroces. Hemos dado cada vez más cancha al egoísmo y al materialismo, y hemos acabado convertidos en burbujas solitarias e impenetrables incapaces de moverse si no es en pos de un beneficio propio.

No es que odie a la Humanidad, a la que pertenezco, sino que he llegado a tales niveles de escepticismo que en realidad espero muy poco de ella. Me gusta la gente, y conocerla y tratarla; disfruto en su compañía y aprendo de ella continuamente. Considero imprescindible y agradable el trato social. Pero no espero que nadie me sorprenda para bien, ni haga nada por mí ni por nadie, ni me dé nada, ni luche por cambiar el actual estado de cosas, ni denuncie las injusticias sin obtener nada a cambio, ni se esfuerce sin recompensa clara.

Muchas cosas tendrían que cambiar y llegar alguien que supiera encender la mecha humana para que estallaran gloriosamente nuestras bondades y nuestras potencialidades enterradas.

Entretanto, si lo miro bien, casi todas las personas que me rodean no hacen más que darme alegrías, puesto que como mis expectativas en ellos están bajo cero, a poco que hagan, me dejan maravillado.

domingo, 24 de marzo de 2013

POLIÉDRICO

Él mismo dice que está un poco loco, pero es que a mí me gusta la gente peculiar, con alguna nota distintiva que resalte en la muchedumbre gris, y doy fe de que él posee muchas notas distintivas. Yo diría incluso que es un personaje multicolor, complejo y poliédrico del que cada día aprendo algo distinto. Extremadamente modesto, es sin embargo uno de mis amigos más cultivados e inteligentes, aunque en mi opinión sus mayores virtudes son su humor fino y extraordinario con el que tan buenos ratos me hace pasar, su actitud irónica y a la vez benevolente con la naturaleza humana, su absoluta falta de complejos y su capacidad de escuchar, incluso de escucharme a mí, que cuando me tomo tres cubatas suelto unos rollos que no hay quien aguante.

Si tuviera que hacer una lista de las cinco personas que más han influido en mi forma de ver la vida, este viejo y querido amigo estaría en ella, aunque no siempre se me note. Puedo ser cabezota y atrincherarme obstinadamente en mis posiciones, pero al final sus palabras dejan en mí un poso invisible que no hace efecto inmediato pero que va royendo poco a poco muchas de mis orejeras. Nos solemos enzarzar en peleas dialécticas al son de sus gin tonics y de mi Barcelós-cola. Él me llama fascista, inquisidor o aprendiz de Torquemada, y yo a él rojo de salón, liberaloide o tocahuevos, pero cuántas veces tengo que darle la razón mentalmente (en algunas materias, tampoco nos pasemos) aunque sigamos discutiendo con fiereza por no perder la costumbre.

Le conozco desde Primero de EGB. Hemos tenido una relación intermitente, más intensa desde los tiempos de la facultad. Desde hace unos años hablamos casi todos los días por teléfono y siempre terminamos filosofando o desgranando la actualidad política. Entre nuestros temas favoritos están la religión, los diferentes tipos de curas (este tema merece un post), las mujeres, la política, la sociología parda (¡cuántas entradas me ha inspirado!) y el humor del cine de Berlanga. Nos afanamos en mirar a nuestro alrededor y escudriñar la actualidad a la caza de situaciones berlanguianas que retocemos y sacamos jugo hasta la obsesión, pero ¿y lo bien que nos lo pasamos?

Llevo tres años intentando que escriba un post en La pluma viperina, pero siempre rehusa. Una vez estuve a punto de convencerle de que publicara uno, en plan de coña, sobre el curioso vínculo de amistad que une a los maricones y a las mujeres, pero fracasé. Por eso hoy quiero pedir a nuestros lectores (en especial a ellas, que le adoran) que pongan toda la carne en el asador para persuadirle, que le hagan ver que este blog no puede seguir existiendo sin una entrada firmada por el rey de la zona de comentarios, por el gran Aprendiz de brujo.

jueves, 10 de enero de 2013

INFLUENCIA


Nuestra forma de pensar y las decisiones que tomamos están condicionadas por nuestras experiencias vitales, por nuestro entorno y por nuestras circunstancias, pero también, y sobre todo, por las personas con las que tratamos con más asiduidad. Sin embargo es evidente que no todas las personas de nuestro círculo cercano ejercen el mismo nivel de influencia sobre nuestro comportamiento. De hecho, el ascendiente que un individuo pueda tener sobre nosotros no guarda tanta relación con el nivel de intimidad que nos une a él como con su carisma o su personalidad magnética. Hay gente con mucha capacidad de influir en los demás y otra que ya puede decir misa, que a todo el mundo le entra por un oído y le sale por el otro.

Al tratar hoy este tema no me refiero tanto al influjo que los adultos ejercen sobre los niños en sus primeros años de vida (que es lógico y forma parte del proceso de sociabilización), sino al que se da entre personas mayores con la personalidad, al menos en teoría, suficientemente formada. Hablo del peso que las opiniones de una madre, de un amigo, de una novia, de un cónyuge, de un jefe, de un político, de un escritor o de un bloguero, pueden tener en el comportamiento de un hombre o una mujer hechos y derechos.

Nunca me he considerado influyente ni mucho menos. Mi personalidad no destaca especialmente y, aunque algunos no lo crean, en mis relaciones personales me preocupa mucho respetar la libertad del prójimo excepto cuando colisiona frontalmente con la mía. Es cierto que en el pasado he sido una persona muy apasionada, de verbo encendido y afán proselitista, y que he tenido a mi cargo el adoctrinamiento de muchachos casi adolescentes, sobre los que se supone que alguna huella habré dejado, espero que para bien. Pero ni siquiera en aquellos tiempos de la cruz y la espada llegó mi celo a vulnerar la intimidad o la libertad ajenas, y de hecho siempre me negué a insistirle a alguien más de dos veces (por teléfono, por ejemplo) o a utilizar estratagemas que consideraba y sigo considerando sectarias, sobre todo si estaban el juego el dinero, la seguridad física, el tiempo de estudio o el futuro de los chavales.

Sin embargo, de un tiempo a esta parte vengo observando, a veces orgulloso pero muchas veces incómodo, que he influido e influyo en algunas personas más de lo que nunca me había imaginado. Me he dado cuenta de ello fijándome en pequeños detalles, como por ejemplo la preocupación excesiva que determinada gente muy cercana a mí tiene por mi opinión sobre ciertos aspectos de su conducta, el cambio de criterio de algunos tras hablar conmigo de determinados temas, la forma de trabajar de algunos compañeros ajustándose a lo que no era más que un simple comentario mío totalmente opinable, o –por qué no decirlo- la obsesión de algunos lectores de La pluma viperina por lo que escribo o dejo de escribir.

Mi sensación se ha acrecentado en los últimos tiempos a raíz de un par de sucesos un tanto desagradables que me han hecho preguntarme por qué a veces no cerraré la boca y dejaré de dar charletas a la gente.

Para evitar malentendidos, me gustaría subrayar que esta influencia a la que me refiero es puntual y con un número muy reducido de personas, pero me ha sorprendido e inquietado de algún modo darme cuenta de ella.

Hay en mí una contradicción que nunca he sabido explicarme, y es que por una parte soy defensor acérrimo de un Estado intervencionista que regule activamente los diferentes aspectos de la vida social y económica de la nación, es decir que predisponga, y no poco, el devenir diario del común de los ciudadanos, y por otra me incomoda influir personalmente en ciertos comportamientos de las personas que me conocen. Mi ego a veces se envanece cuando me percato de que se hace lo que yo digo o de que se aplauden mis posturas, pero cuando la cosa va más allá, cuando hay quien toma decisiones importantes condicionadas por mi actitud presente o pasada, quien estudia la oposición que yo le aconsejo, quien se calla sus opiniones en mi presencia, quien hace lo que yo pienso solo por recibir mi aprobación o quien me inunda de emails sobre las ideas expresadas en el blog, entonces no me siento tan a gusto y me da miedo que alguien se estrelle o sea infeliz por culpa de mis discursitos, que los resortes de una vida ajena a la mía estén supeditados a lo que dije un día vete tú a saber si con mucho criterio.

Es importante evaluar la posible influencia que tenemos sobre nuestros seres queridos o sobre la gente en general, y actuar con responsabilidad. Se duerme mucho mejor por las noches.

domingo, 18 de noviembre de 2012

UN PASEO POR OTROS BLOGS (10): SIN ACTUALIZAR

Algo que llevo observando un tiempo en la blogosfera es que, salvo excepciones, aquellas bitácoras que me parecen más interesantes y creo que sus autores tienen más potencial, ideas y cosas que decir, son precisamente de las que menos se actualizan, dejándome casi siempre la miel en los labios, ansiando más información, más reflexiones suyas, no bastándome con las escuetas pinceladas que ofrecen de ciento en viento.

Es posible que la gente más interesante sea la que más ocupada está en mil cosas al margen de Internet.

martes, 7 de febrero de 2012

20 CONSEJOS PARA ESCRIBIR UN BLOG

Igual que existe el lenguaje literario, el poético, el periodístico o el jurídico, me atrevería a decir que Internet ha ido conformando una nueva forma de expresarnos que ya es moneda común en los chats, en las redes sociales, en el messenger y en los blogs. Y hoy quería hablar precisamente del lenguaje bloguero, que yo casi consideraría un subgénero del periodístico aunque tiene características muy distintivas.

Con la maraña de ciberinformación gratuita y de miles de bitácoras que pueden visitarse con un solo clic, no es de extrañar que la principal preocupación de los autores de blogs sea captar la atención de los internautas y conseguir que se fijen en sus posts y que los lean. Como los usuarios de la Red pueden acceder en un instante a cientos de artículos gratis sobre un determinado tema, no perderán ni un solo segundo en tragarse un texto poco atractivo (incluso visualmente), árido, mal redactado o aburrido, y es por ello que la prioridad de los blogueros es expresar sus contenidos de forma breve, sencilla, directa e interesante, para enganchar. Para mí, esta es la circunstancia que más condiciona el estilo propio de los ciber-diarios.

Tras bastantes años leyendo blogs muy distintos y unos pocos escribiendo en La pluma, voy a intentar resumir brevemente cuáles son las características de este nuevo lenguaje, género, estilo o como quiera llamarse; voy a dar unos consejos muy personales sobre cómo escribir entradas en una bitácora para que de verdad sean leídas:

1.- Un buen título. Dado que la mayoría de los internautas accederán a tu post desde links de otras páginas en las que figura el título, es importante escogerlo muy llamativo, pero que sea “honrado” y guarde relación con el contenido. Es decir, que aunque durante un tiempo podrías atraer lectores poniendo títulos bombazo y sensacionalistas, si luego el contenido no tiene nada que ver o no está a la altura, te acabará pasando como al pastor mentiroso y no te pinchará nadie.

2.- Brevedad. Es muy raro que, salvo que escribas como los ángeles y seas amenísimo, alguien te lea un texto de más de 700 palabras. Desengáñate, tus posts más largos casi nadie los lee enteros.

3.- Párrafos cortos. Un texto demasiado ladrillo desincentiva la lectura.

4.- Concreción. Debe evitarse divagar. Lo mejor es abordar un tema concretísimo e incluso un detalle de un determinado tema. Un post con excesivos contenidos distintos rara vez interesa.

5.- Bien escrito. Una redacción impecable y un estilo atractivo son la mejor carta de presentación, el mejor banderín de enganche. Si no sabes escribir decentemente, cometes faltas de ortografía o no estás dispuesto a ser puntilloso con los errores tipográficos o de formato, no abras un blog.

6.- Conocimientos. Un importante elemento de prestigio es demostrar que sabes de lo que hablas. Un post no es una tesis doctoral, pero si no trasluce conocimientos, datos o experiencias interesantes no enganchará a nadie.

7.- Originalidad. Antes de publicar un post, hazte las dos siguientes preguntas: ¿esto que voy a publicar puede estar ya en Internet igual o parecido?, ¿voy a decir algo nuevo o de una forma diferente a como lo haría cualquiera? Si a la primera respondes sí y a la segunda no, mejor no lo publiques.

8.- No copiar. Una entrada no debería consistir, salvo contadas excepciones, en copiar o enlazar un texto que no sea tuyo y menos sin citar la fuente. Aunque enlaces algo ajeno, haz siempre algún comentario o aportación personal.

9.- No repetirse. Es importante buscar cierto equilibrio en la temática. No se debe caer en el extremo de hablar siempre de lo mismo, pero tampoco en el de hacer un blog excesivamente heterogéneo donde nunca se sepa por dónde vas a salir. La fidelidad de los lectores se consigue teniendo una "línea editorial" más o menos definida, aunque seas variado eligiendo temas.

10.- Estilo directo. El lenguaje de un blog debería ser muy conciso y directo, yendo al grano de la cuestión, sin introducciones ni circunloquios. Un post no es el lugar adecuado para desarrollar ideas o noticias, sino que debe ser como un flash para invitar a la reflexión sobre un punto concreto.

11- Cómodo de leer. Haz una bitácora muy cómoda de leer. Es mejor pecar de simplón que de peñazo. Un post no es ni un artículo ni sirve de lucimiento literario. Separa las ideas en guiones, numéralas, simplifica, usa negritas, escribe frases cortas, no repitas ideas... Dalo todo mascado para que se lea rápido y sin esfuerzo.

12.- Divulgativo. Un post no es un artículo magistral científico o histórico, ni una elaborada columna de opinión. Sirve para lanzar, de forma sencilla y de modo que lleguen a todo el mundo, pequeños esbozos de ideas. Sus características esenciales son la simplificación y la omisión de matices para no quebrar el principio de brevedad y facilitar la lectura y el debate.

13.- Abierto al debate. Las entradas de un blog siempre deberían dejar abierta una puerta a la reflexión y al debate. Es típico del estilo bloguero intentar “pinchar” a los lectores lanzando preguntas al aire o esgrimiendo mensajes rotundos que animen al comentario de contraste.

14.- Autenticidad. Se tú mismo escribiendo; publica lo que de verdad salga de tu corazón. Esa honestidad la notarán tus lectores

15.- Complicidad. Un buen blog debe tener en cuenta de alguna manera quiénes son sus lectores y destinatarios, y buscar cierta complicidad con ellos, pero sin venderse jamás ni reflejar a todas horas lo que ellos esperan. Al que no le guste algo que has escrito, que se largue.

16- Independencia. No hay blogs más coñazo que los voceros recurrentes de un determinado grupo político. ¡Para eso está la web del partido!

17.- Humor. Di las cosas de forma diferente y divertida. Casi cualquier tema puede ser una excusa para echarse unas risas, pero además hay formas de expresarse y de enfocar las materias que son divertidas de por sí. Un lector al que hagas reír seguro que volverá.

18.- Regularidad. Si vas a publicar solo cuando te apetezca, mejor no empieces un blog. Lo mejor es tener preparada una larga lista de temas. Cada vez que se te pase por la cabeza algo que escribir, corre a apuntarlo. Un blog que no se actualiza al menos semanalmente no lo lee nadie.

19- No comentes. A ser posible participa poco en la zona de comentarios. Tú ya has dicho lo que tenías que decir y cualquier explicación, matiz o concreción posterior robará frescura y espontaneidad al contenido del post.

20- Cuidado con la actualidad. Se actual pero no esclavo de la actualidad. No te conviertas en comentarista de cafetería de los titulares que has leído en la prensa esa mañana. Como mucho, busca aspectos curiosos de las noticias y llama la atención sobre ellos.