viernes, 8 de julio de 2016

¿POR QUÉ MI BLOG ES ANÓNIMO?


No hace mucho tuve una curiosa conversación con un conocido mío acerca del anonimato de los blogs. A esta persona, que lee a veces La pluma viperina, se le ocurrió preguntarme por qué utilizaba un pseudónimo en vez de firmar las entradas con mi nombre y apellidos. Según su lógica, si creo que tengo algo que contar en un medio público, pienso que lo hago bien y no me avergüenzo de mis ideas y opiniones, lo suyo sería que me identificara de forma transparente. Lo contrario, según él, demuestra que quiero ocultar algo, que no estoy seguro de lo que pienso y escribo, que me da miedo lo que opinen de mí y que tengo algo así como una doble personalidad, pues me muestro de diferente forma en el blog que en mis relaciones cotidianas.

La cosa parece tener su miga, pero como que no. Las razones por las que firmo como Al Neri son tan obvias y están tan al alcance intelectual de cualquiera que casi me da pereza explicarlas. Me gusta escribir mis reflexiones. Deseo hacerlas públicas porque creo que pueden aportar algo a los demás. Me hace mucho bien expresarme con total libertad, sin ningún condicionante ni cortapisa. Pero, igual que les sucede a millones de blogueros de todo el planeta, no me interesa asociar públicamente mi identidad con los contenidos de mi bitácora. ¿Por qué? Por distintos motivos.

Primero porque en La pluma viperina abordo aspectos de mi intimidad que no me apetece airear indiscriminadamente.

En segundo lugar, puesto que muchos de mis artículos tienen una carga ideológica muy disonante con los valores y paradigmas políticos hoy vigentes, considero que su difusión bajo mi verdadera rúbrica podría acarrearme una serie de perjuicios que, al menos a fecha de hoy, no estoy dispuesto a asumir. Es triste, sí, pero ya he visto de cerca las consecuencias que han sufrido varios amigos por firmar opiniones incluso menos “estridentes” que las vertidas en este diario agridulce y políticamente incorrecto. La cosa es que yo tengo bastante más que perder que casi todos ellos y, en cualquier caso, no me da la gana ser represaliado en ningún ámbito de mi vida y mucho menos en aquellos con una dimensión pública.

¿Esto significa que en determinados contextos y ambientes no voy predicando la filosofía viperina? ¡Pues claro! Con la salvedad del blog, yo mis ideas solo las aireo en dos situaciones: en la intimidad y cuando me las preguntan. Mi etapa evangelizadora terminó hace mucho.

¿Esto quiere decir que soy un cobarde y que estoy vendido? Pues a lo mejor.

Y el último motivo es que Internet en general me parece un mal negocio para la gente honesta que decide arriesgarse y saltar a la lona a pecho descubierto, sin ganar encima nada a cambio. Si todos los internautas, feisbuqueros y visitantes de blogs operaran con perfiles reales y todos supiéramos quién es quién en la Red, podría merecer la pena exponerse en una bitácora personal, pero visto el panorama no parece muy aconsejable embarcarse, con nombre propio, en ciertos proyectos sensibles en los que, amén de no obtener ningún beneficio, cabe esperar continuas puñaladas traperas, denuncias anónimas y vendettas de canallas embozados con un nick. Soy sincero pero no tonto.

O sea que los contras de “dar la cara” me parecen muchísimos más que los pros, si es que hay algún pro en escribir gratis, casi como un puro desahogo, y para un reducido número de destinatarios. Todavía si yo fuera Isasaweis, tuviera dos millones de seguidores o me estuviera forrando con el blog, igual me pensaba firmar los posts, siquiera por vanidad...

El anonimato, opción mayoritaria de los blogueros, me parece perfectamente legítimo siempre que se utilice con responsabilidad y honradez, y no se aproveche para lanzar ataques ad hominem contra personas que actúan bajo su verdadera identidad y no pueden defenderse.


Leer también, sobre este mismo tema, La sinceridad en La pluma viperina

7 comentarios:

ELISA dijo...

¿Y si se deja ir? Total no viviremos siempre... Y si le preguntan contestar ¡es lo que hay! :))

Anónimo dijo...

Sr. Neri.

Quiero transmitirle que todas y cada una de las razones que expone para fundamentar el uso del anonimato, son de un realismo incontestable. Y por desgracia, hablo por experiencia. Me permito resumirla para ratificar su impecable planteamiento.
Hace años tuve un blog que firmaba con mi nombre completo, porque desconocía los entresijos de Internet y fui muy imprudente.
Pues todavía me duelen las durísimas consecuencias que tuve que sufrir y que afectaron incluso a mi familia.Circunstancia de la que me sentí tremendamente culpable y me arrepentiré siempre.
Tan fuerte fue el escarmiento respecto al bloguerío "dando la cara" (para que te la rompan) que, en la actualidad, únicamente le sigo a usted y a otra persona que también me interesa. Punto.
A mi no me importa nada quién es usted, sino lo que dice y cómo lo dice.
Así que obra con total sentido común siendo discreto. Enhorabuena.
Un saludo muy cordial y ¡feliz verano!














Al Neri dijo...

Creo que sé quién es usted y me alegro de leerla.

El nivel de peligrosidad de un blog firmado depende de muchos factores. De hecho hay veces que no hay ningún peligro (un blog de recetas u otros temas totalmente neutros). Lo que sí conlleva riesgos muy graves es escribir sobre temas espinosos (políticos, sobre todo) ofreciendo visiones minoritarias o que puedan provocar fricción. La cosa se agrava si tu nombre es conocido, tienes una actividad de cara al público (un profesor, por ejemplo) o vives o trabajas en un entorno donde imperan ideas opuestas a las tuyas (escribir un blog antiseparatista en San Sebastián). A veces el riesgo puede existir incluso utilizando pseudónimo.

Yo también he tenido algún pequeño disgusto a costa de La pluma viperina, pero nada importante. De todos modos a veces los efectos negativos de escribir un blog como este (incluso de forma anónima) se esconden agazapados esperando el mejor momento para saltar: el momento más sensible, en el que pueden perjudicarte más.

Zorro de Segovia dijo...

razones convincentes y que dan aún más valor a quien, en ejercicio de su profesión, se la juega por dar información veraz o se dedica a la denuncia pública. Aún más si lo hace en un territorio donde las libertades no están garantizadas

alco dijo...

Si yo tuviera un blog, tampoco daría acceso a mi nombre real, por los mismos motivos que los suyos y porque, en mi caso, tendría cientos de lectores sumamente críticos (pienso en los papás y mamás ociosos de mis alumnos, trabajo en una zona burguesa pijoprogre, con un público bastante lo que usted puede suponer). Acabaría expedientado y en el mejor de los casos con un traslado forzoso a algún valle pirenaico o a un Bronx local.
Esto me lleva a considerar que vivimos en un país sólo formalmente democrático, pero las libertades individuales - de pensamiento y de expresión - no están garantizadas a menos que uno forme parte de la masa acrítica políticamente correcta. Hay un control social bolivariano muy cargante. Con el puñetero twiter te pueden convertir en un indigente social en pocas horas.

Al Neri dijo...

Es imposible explicar la situación mejor que Alco.

Tábano porteño dijo...

Quisiera complementar la reflexión de Alco citando una vez más -si me disculpan- a Gómez Dávila:

Todo individuo que disguste al intelectual de izquierda merece la
muerte (EI, 169b).

LA legislación que protege minuciosamente la libertad estrangula las
libertades (EI, 30d).

LA libertad ajena nos importa porque sin ella el triunfo de nuestra opinión
es vano, pero evitemos la santurronería de respetar opiniones
necias.

LA libertad es el producto del ajuste imperfecto entre las piezas de la
maquinaria social (EII, 309c).

LA libertad a que el hombre moderno aspira no es la del hombre libre,
sino la del esclavo en día de feria (NEII, 57e).

LA libertad es sueño de esclavos.
El hombre libre sabe que necesita amparo, protección, ayuda
(NEII, 189a).

UNA muchedumbre homogénea no reclama libertad. La sociedad
jerarquizada no es meramente la única donde el hombre puede ser
libre, sino también la única donde le urge serlo (EI, 15a).