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lunes, 31 de octubre de 2016

ENCUESTA SOBRE EL PRÓXIMO LÍDER DEL PSOE


Pregunta: ¿Quién será el nuevo secretario general del PSOE?

Participantes: 7
Duración: 10 días

Respuestas: 

a) Seguirá siendo Pedro Sánchez:  0 votos (0%)
b) Será Susana Díaz: 0 votos (0%)
c) Será otra persona: 7 votos (100%)

jueves, 25 de febrero de 2016

¿ANTIPROVINCIALISTAS O ANTIDIPUTACIONISTAS?

Diputación Provincial de Palencia

Anteayer PSOE y Ciudadanos alcanzaron un acuerdo de investidura cuyo punto más polémico es la eliminación de las Diputaciones Provinciales. Este pacto ha reabierto una vez más en España el eterno debate entre provincialistas y antiprovincialistas, sobre el que merece la pena hacer unas breves pero imprescindibles puntualizaciones.

Antes de entrar en materia, conviene tener claro que la controvertida propuesta ha sido malinterpretada en casi todos los medios y foros públicos. Se ha dado por sentado que Sánchez y Rivera aspiran a reformar la Carta Magna para eliminar las administraciones provinciales, a fin de simplificar la maraña burocrática española, reducir el número de cargos políticos y ahorrar miles de millones de euros. Se ha sobreentendido que la idea es suprimir uno de los niveles administrativos territoriales.

Pero nada más lejos de la realidad. La formación naranja y buena parte de los sociatas no son antiprovincialistas, sino simplemente antidiputacionistas. Y no se trata de un matiz leguleyo; son conceptos que no tienen nada que ver.

Resumidamente, porque no quiero aburrir con disquisiciones jurídicas, Ciudadanos y PSOE no proponen que las provincias dejen de ser “una división territorial para el cumplimiento de las actividades del Estado”. Y por supuesto tampoco pretenden alterar su condición de entidades (administraciones) locales con personalidad jurídica propia y “autonomía para la gestión de sus intereses”. Lo único que han prometido es sustituir el actual órgano de gobierno y administración de la provincia (la Diputación Provincial) por otro que se denominaría Consejo Provincial de Alcaldes. 

No hay más que repasar el artículo 141.2 de la Constitución: “El gobierno y la administración autónoma de las provincias estarán encomendados a Diputaciones u otras Corporaciones de carácter representativo”. Es decir que no es obligatorio que el órgano de gobierno de la provincia sea la Diputación Provincial y, de hecho, en las provincias vascongadas existen las diputaciones forales, que son totalmente distintas y que, por cierto, están expresamente excluidas del pacto de investidura. 



En definitiva, con la propuesta de los socialistas y los butanitos las provincias seguirían existiendo, exactamente igual que ahora, como entidades locales con gobierno, cargos representativos y competencias propias. ¿Qué cambiaría? Pues todo apunta a que los Consejos Provinciales de Alcaldes serían órganos de gobierno más simples, más baratos y con menos funciones que las Diputaciones. De hecho en el acuerdo se recoge expresamente que a estas corporaciones les correspondería exclusivamente la “atención al funcionamiento y la prestación de servicios de los municipios de menos de 20.000 habitantes”.

Se trata, por lo tanto, de una simple medida de simplificación que se traduciría en una reducción formal del número de altos cargos en España y en un alivio puramente simbólico de las partidas de gasto público. Subrayo lo de reducción formal, puesto que, aunque desaparecerían la figura del presidente de la Diputación y los diputados provinciales, qué duda cabe que alguien tendría que presidir estos nuevos Consejos y que los alcaldes que los integraran acumularían un poder equivalente al de los miembros de las actuales Diputaciones, amén de las jugosas retribuciones  y dietas que sería “necesario” asignarles.

Desde mi punto de vista, la medida mejoraría  la situación actual a pesar de ser un mero parche y no implicar en modo alguno la desarticulación del aparato administrativo provincial. Lo que me escama es que se haya incluido en un paquete de reformas constitucionales cuando, tal como aparece formulada en el texto íntegro del acuerdo de investidura, no parece indispensable tocar la Constitución para implementarla. Como ya he comentado, el artículo 141 permite encomendar el gobierno autónomo de las provincias a órganos representativos distintos de las Diputaciones, de manera que, en principio, la única reforma necesaria sería la de la Ley de Bases de Régimen Local. Pero admito que la cosa no es tan sencilla, pues si la implantación de los Consejos de Alcaldes supusiera un vaciamiento o una reducción drástica de las competencias provinciales, se lesionaría la autonomía de las provincias consagrada constitucionalmente y la operación no podría llevarse a cabo retocando sin más una ley ordinaria. Por ello la pregunta que yo me hago es qué términos y qué alcance tendría la reforma planteada, algo imposible de deducir de las dos líneas que el pacto dedica al tema.



En todo caso, nos guste o no la solución, no es una solución antiprovincialista. El verdadero antiprovincialismo (una doctrina fuertemente municipalista) condena el vigente modelo de división provincial por cuanto atenta contra el sentido común y contra la historia de nuestra patria, y considera que la existencia de las administraciones provinciales menoscaba la autonomía de los municipios. 

El debate de las provincias tiene mucha más enjundia de lo que nos quieren hacer ver. El quid de la cuestión no son los cientos de sillones de altos cargos ni los más de seis mil millones de euros anuales (y otros siete mil de eundeudamiento) que implican las estructuras provinciales, sino la situación absolutamente insostenible de la administración municipal española. No es admisible que, en pleno siglo XXI, de los 8.125 municipios españoles, 3.800 tengan menos de 500 habitantes y 1.041 menos de 100, situación que se agrava en regiones como Castilla y León, que cuentan con 2.248 ayuntamientos de los que más de 1.000 tienen menos de 500 empadronados y 700 menos de 100. Mientras se mantenga esta coyuntura y no se opte por la fusión de ayuntamientos ni se impulsen las comarcas u otras fórmulas asociativas racionales, tendremos que seguir sosteniendo costosos armazones supramunicipales (llámense diputaciones o como se quiera), auténticos engendros políticos, para prestar servicios a los vecinos de los miles de minúsculos pueblos que configuran nuestra geografía humana.  Además, en la práctica, este modelo equivale a un régimen de tutela y de dependencia institucional difícilmente compaginable con la autonomía local y con el municipalismo que muchos consideramos el pilar fundamental de una sociedad verdaderamente participativa.


Javier de Burgos creó las provincias
Basta analizar la opinión de los ciudadanos de cada región sobre las provincias. En aquellas comunidades autónomas (por ejemplo, las mediterráneas) en las que abundan los pueblos grandes, ricos y dispersos, la gente desconfía del sistema provincial y se muestra muy crítica con la labor de las diputaciones, que estiman superflua y en ocasiones invasiva. Por el contrario, en las regiones del interior, donde predominan las localidades diminutas y sin apenas presupuesto, se tiene un buen concepto de estas administraciones y se las considera imprescindibles para garantizar a todos los vecinos unos servicios públicos de calidad.

Lo ideal, no obstante, sería avanzar hacia formas de organización y gestión municipal que hicieran posible unos ayuntamientos más fuertes y autosuficientes, capaces de administrar sus intereses sin el concurso de patrocinadores e intermediarios. Y no estoy pensando solo en la fusión de entidades locales, que me parece una medida ineludible e inaplazable, sino en las diversas modalidades de asociación y cooperación entre municipios cercanos y vinculados histórica, cultural y económicamente entre sí, empezando por las comarcas, la gran asignatura pendiente en nuestro país. Las comarcas, mancomunidades, comunidades de villa y tierra, áreas metropolitanas y consorcios me parecen alternativas mucho menos artificiales que las provincias sea cual sea el órgano de gobierno de estas.


Más sobre este tema en La pluma viperina: ¡Al carajo las Diputaciones!

jueves, 16 de julio de 2015

UN ALCALDE SOCIALISTA

Hace un mes, gracias al apoyo del resto de partidos de izquierdas, se ha convertido en alcalde de mi ciudad un monigote de bajísimo perfil cuyo nombre no merece la pena ni mencionar. La prensa de aquí dio la noticia con un titular que revolvió mis recuerdos históricos: “elegido el cuarto alcalde socialista de Valladolid”. Inmediatamente me vino a la memoria la figura de uno de estos regidores, el malogrado Antonio García-Quintana Núñez.

García-Quintana fue el segundo y último alcalde republicano de Valladolid. Fue un hombre con sólidos principios morales, un creyente convencido y un gestor concienciado con los graves problemas sociales de la ciudad en aquellos años 30. 

Nació en Cantabria en 1894 y se afilió muy jovencito a la UGT, cuando era aprendiz de tipógrafo en una imprenta, ingresando en el PSOE tras la huelga general de 1917. Desplazado a Valladolid por un traslado de su padre, pronto escaló posiciones en la agrupación socialista local y llegó a ser concejal en 1920. Desde su concejalía combatió valientemente el caciquismo local, encarnado en los seguidores de Santiago Alba, que controlaban la Sociedad Industrial Castellana y las compañías de suministro de electricidad y agua, y sometían a la población a constantes restricciones y precios desorbitados.

Siempre estuvo alineado con la facción moderada del PSOE (Julián Besteiro, Indalecio Prieto), lo que le valió numerosos enfrentamientos con sus compañeros de partido de la rama prosoviética de Largo Caballero.

Poco después de proclamarse la República, el alcalde también socialista Federico Landrove se vio obligado a dimitir por los problemas derivados del paro y las revueltas obreras que asolaban el municipio, quedando García-Quintana al frente del consistorio. Su gestión merece un recuerdo agradecido. Su labor más destacable se centró en el ámbito educativo y permitió la construcción de 80 centros (con comedores escolares y bibliotecas), la escolarización de más de 3.000 niños y el impulso de una ambiciosa política de becas. A esto hay que añadir su apoyo a los barrios más pobres, a los que dotó de alumbrado y alcantarillado, y la inauguración de numerosos parques y jardines, entre ellos el del Poniente, del que hoy disfrutamos. 

En todo momento compaginó su puesto de alcalde con su trabajo como contable en el Colegio de Notarios de Valladolid.

A pesar de que Don Antonio se opuso con firmeza al golpe de estado izquierdista de 1934 (eufemísticamente conocido como Revolución de Asturias), el gobernador civil le destituyó sin miramientos durante el bienio conservador, pero tras las elecciones de febrero del 36 fue restituido en su cargo por el Frente Popular.

Nada más estallar el Alzamiento, se refugió en casa de su hermana Manolita, en la calle Dos de Mayo, donde permaneció escondido durante siete meses, hasta que un denunciante anónimo facilitó su detención y encarcelamiento. Existen dudas sobre quién dio el chivatazo. La mayoría de historiadores apunta a una amiga íntima de la familia que visitaba diariamente a la hermana, aunque existen fundadas sospechas de que García-Quintana fue traicionado por sus correligionarios más extremistas.

El 11 de mayo de 1937 se celebró su consejo de guerra en el propio salón de plenos del Ayuntamiento. Fue el comandante juez militar Ricardo Fajardo quien firmó la sentencia de muerte, que se cumpliría, ante un pelotón de fusilamiento, en la madrugada del día 8 de octubre del mismo año. En estas fechas convulsas donde reinaron los abusos y las injusticias de toda índole, al menos Antonio García-Quintana tuvo un juicio y una sentencia legales.

Pocos días antes de morir envió desde la cárcel una carta a su hija pequeña que decía: 

“…de ellos sólo te importa saber que no son hombres malos. Son hombres como tu papá, que tienen niñas como tú, que llorarían si, como yo, tuviesen que abandonarlas..., pero que ahora no se acuerdan de ti, ni de sus hijitas, ni de sí mismos, porque el estruendo terrible de la guerra les ha privado de memoria y les ha enloquecido un tanto.— Cuando, al tomo de la paz, recobren la memoria y la cordura, es seguro que, dolidos del mal que innecesariamente te hacen, se acercarán a ti y te acariciarán con caricias que querrán imitar las mías.— Si lo hacen, y lo mismo si no lo hacen, reza por ellos -como lo harás, ¿verdad? por mí- para que Dios los perdone, que bien es ello menester.”

En julio de 2013, el PSOE solicitó colocar una placa conmemorativa a García-Quintana en el salón de plenos, y la moción fue rechazada por el entonces alcalde del PP Javier León de la Riva, que espetó a los socialistas: “sería bueno que no hablaran y no profundizaran en el fusilamiento de García-Quintana, a ver si tienen que escuchar lo que no quisieran”, y “yo condeno con la misma contundencia a los que le juzgaron, a los que le condenaron y a quienes le delataron”. Una verdadera lástima que las ideas políticas prevalecieran, una vez más, sobre la valía humana y el compromiso con sus conciudadanos de un hombre al que merece la pena recordar con el colegio que hoy lleva su nombre, con la placa injustamente denegada y, por supuesto, con este post.



lunes, 15 de junio de 2015

LOS CHISTES DE ZAPATA

El concejal Guillermo Zapata

Nada más constituirse el sábado el nuevo consistorio madrileño, Guillermo Zapata, el concejal de Cultura de la formación marxista Ahora Madrid, revolucionaba las redes sociales y se convertía en portada de todos los periódicos al salir a la luz dos polémicos chistes que publicó en su Twitter hace dos años, uno de ellos sobre las desventuras del pueblo judío durante la Segunda Guerra Mundial, y el otro sobre la famosa víctima de ETA Irene Villa y las adolescentes Míriam, Toñi y Desirée, violadas y asesinadas en Alcácer (Valencia) en 1992. 

Socialistas y peperos llevan 24 horas exigiendo la cabeza del concejal y la Federación de Comunidades Judías de España, siempre con tan poco sentido del humor, ha emitido un enérgico comunicado de protesta.  Estos hebreos deberían aprender de Irene Villa, que ha demostrado su buenrollismo declarándose fan número uno de las chirigotas sobre el atentado en el que perdió las piernas.

El fallo de Guillermo Zapata no es su falta de sensibilidad. La mayor parte de la población (yo incluido) ha contado alguna vez algún chascarrillo un poco bestia, quizá no sobre estos temas concretos (sobre todo el segundo) pero sí sobre otros similares. Casi todos en algún momento hemos hecho en la intimidad bromas que, de hacerse públicas, nos habrían inhabilitado de por vida para ejercer un cargo representativo

Es más: yo he escuchado a personas que ostentan puestos de altísima responsabilidad política expresar, en una comida o tomando café en confianza, ciertas opiniones sobre los inmigrantes de Europa del Este y sobre los oriundos de determinada provincia de mi región que si llegaran a filtrarse les costaría el puesto. ¡Y que conste que yo estoy al 100% de acuerdo con dichos comentarios!

El mayor error de Zapata tampoco ha sido publicar estos chistes en una red social. Diariamente encontramos en Twitter o en Facebook multitud de barbaridades firmadas con nombre y apellidos. Y solo puede haber un motivo para que una persona suscriba con su identidad real unas chanzas tan políticamente incorrectas: que se trate de un mindundi desconocido cuyas opiniones se la traigan al fresco a todo el mundo. Y eso era precisamente Guillermo hace dos años: un don nadie anónimo que ni en sus mejores sueños podía imaginarse que llegaría a concejal de Madrid; un simple cineasta aficionado, bastante rojo, que podía permitirse escribir gratis cualquier parida.

La verdadera metedura de pata del nuevo munícipe es no haber cribado los mensajes de su cuenta de Twitter antes de presentarse a las elecciones del 24 de mayo, sobre todo teniendo en cuenta que el historial de todos y de cada uno de los concejales de esta candidatura de "unidad popular" respaldada por Podemos iba a ser mirado con lupa, con prismáticos y hasta con telescopio astronómico por los medios derechistas de toda España. 

No creo que por haber puesto estos chistes en la Red sea Zapata mucho más inmoral ni menos sensible que el resto de concejales del ayuntamiento de la capital de España. Me apuesto doble contra sencillo a que si alguien se pusiera a investigar, con la misma minuciosidad que se emplea con Podemos, los avatares de la vida privada de los candidatos del PP, del PSOE y no digamos de los recién aterrizados de Ciudadanos, empezarían a salir temas mucho más chuscos que lo del cenicero de los judíos y las niñas de Alcácer.

Este concejal barbudo de sugerente apellido y de aspecto, por cierto, tan poco saludable debería dimitir inmediatamente, pero no por cruel o por desaprensivo, sino por mentecato. Un sujeto incapaz de adelantarse a los mecanismos hipócritas del juego democrático y al celo detectivesco de sus enemigos no se merece dirigir el área de cultura de una ciudad de tres millones y medio de habitantes.

domingo, 14 de junio de 2015

ENCUESTA SOBRE LOS PACTOS PP-PSOE CONTRA PODEMOS

Pregunta: ¿Estás a favor de que pacten PP y PSOE para evitar que gobierne Podemos? 
Votantes: 18 
Duración: 8 días 

Respuestas: 

a) Sí:  8 votos (44%)
b) No:  8 votos (44%)
c) No sé:  2 votos (11%)

viernes, 5 de junio de 2015

PROGRAMAS MUNICIPALES DE EMPLEO

En la mayoría de ayuntamientos de España donde gobernará el rojerío merced a los acuerdos entre las candidaturas de “unidad popular” (qué escalofríos me da el nombre) y el hasta ahora partido de la casta PSOE, ya se han dado a conocer los paquetes de medidas sociales cuya implementación se prevé en la próxima legislatura. Una de las medidas estrella son los llamados programas municipales de empleo.

En teoría estos instrumentos permiten que, dada la situación de empobrecimiento de muchas familias debido a la crisis y al paro, los consistorios contraten directamente, atendiendo a criterios de necesidad, a desempleados de larga duración y a colectivos con especiales dificultades de inserción, para la realización de trabajos de interés social y utilidad pública destinados a “cubrir necesidades del día a día”, casi siempre en plazas de peón, jardinero u ordenanza. A veces también se inyecta dinero a empresas privadas para que “empleen” a estas personas en puestos tipo becario.

Pero esto no es nada nuevo. La cosa es que desde 2009 ya han sido puestas en marcha varias iniciativas de este tipo por diferentes corporaciones locales, y los resultados distan mucho de ser idílicos. Hablando en plata y sin circunloquios, lo que hacen estos ayuntamientos es generar, de forma artificial, puestos de trabajo que no se necesitan; se los inventan y punto. Por otra parte, la selección de los “trabajadores” la llevan a cabo asistentes y asistentas sociales con unos curiosos baremos basados simplemente en la antigüedad del paro y en los ingresos familiares, sin entrar a considerar para nada la cualificación profesional. 

Los efectos prácticos de estos inventos son los que cabe imaginar con semejantes premisas: Durante varios meses o años, los elementos más marginales y vagos de la ciudad, que jamás de los jamases han dado un palo al agua ni en crisis ni en bonanza, cobrarán una propina de 800 euros al mes a cambio de lucir un mono con las siglas del programa de empleo y rascarse las pelotas en los jardines públicos, haciendo como que podan el seto, o de leer el Hola sentados en una mesita en mitad del pasillo de las oficinas municipales. Tampoco hace falta ser un lince para acertar que los agraciados por esta humillante limosna (que pagamos todos) pertenecerán invariablemente a los grupos y sectores sociales más conocidos por su picaresca, comenzando por la gitanada, siguiendo por los inmigrantes más flojos del municipio y acabando, cómo no, por los familiares, amigos y conocidos de los miembros destacados de las asociaciones vecinales de izquierda.

Parados simulando trabajar en un proyecto municipal de empleo
Naturalmente estos planes son simples poses políticas de cara a la galería sin ningún efecto beneficioso para la sociedad, no tanto por la idea de fondo (que no es mala), sino por la forma escaparatista e ineficaz de desarrollarla. En principio, la cantinela -recurrente en los últimos siete años- de que sobran empleados públicos en todas las Administraciones casa muy mal con la decisión demagógica de sacarse de la manga nuevos puestos, de plantilla o no, para “dar de comer” a quienes probablemente comen mejor, gracias a sus actividades de economía sumergida, que muchos ciudadanos que nunca podrán acceder a un programa de empleo. También sucede que por muy partidarios que seamos de corregir el mercado de trabajo, no parece razonable que estas correcciones se traduzcan en falseamientos puros y duros de la necesidades municipales y de la realidad económica. Si de verdad se trata de integrar laboralmente a las personas con dificultades y de que realicen una actividad útil para que la prestación no se convierta en una simple ayuda social disfrazada, habría que tomarse muy en serio esta clase de actuaciones, buscando ocupaciones adecuadas, seleccionando correctamente a los candidatos (tras un examen exhaustivo de sus antecedentes y circunstancias), excluyendo a priori a los residentes extranjeros, evaluando el rendimiento en las tareas, despidiendo ipso facto a los que no sirvan o no rindan, y realizando seguimientos personales y acciones formativas paralelas para facilitar la absorción de estos desempleados por el mercado de trabajo convencional. 

Entre las tareas que se me ocurren para asignar a los parados en situación de emergencia y que me da en la nariz que serían rechazadas por muchos de ellos, están el desbroce de los montes para prevenir incendios, el apoyo a las labores de extinción de los mismos, la repoblación forestal o la limpieza permanente de nuestras playas. 

Pero mucho me temo que a la izquierda española, en perfecta coherencia con su trayectoria histórica, le interesa bastante más la propaganda que solucionar de una manera eficiente y justa la situación desesperada de millones de familias. Los programillas de empleo que ahora tratarán de vendernos como la panacea de la conciencia social no serán más que guiños electoralistas que no cambiarán nada ni ayudarán, ni siquiera a medio plazo, a nadie que de verdad lo necesite.

viernes, 6 de marzo de 2015

SI TE HE VISTO NO ME ACUERDO


Hay varias canciones de Joaquín Sabina que nunca han salido en un disco. 

Una de ellas es la sintonía del legendario programa gastronómico Con las manos en la masa (1984-1991), presentado por Elena Santoja. Yo siempre había creído que tanto la música como la letra de esta genial composición, que se sabe de memoria media España, era obra del propio cantautor jienense, pero lo cierto es que su autoría corresponde al dúo Vainica Doble, integrado por la hermana de la presentadora y por Gloria Van Aerssen, que la interpreta junto a Sabina (quien, por cierto, una vez insinuó que se avergonzaba de esta faceta de su carrera artística).

Otro tema inédito es el titulado Si te he visto no me acuerdo, una reliquia valiosísima que hoy quiero rescatar del olvido. Sabina lo interpretó para Televisión Española durante el programa especial homónimo de la Nochevieja 1985-1986. Sus siete largas estrofas separadas por un pegadizo estribillo rebosan veneno y sarcasmo contra el primer gobierno del PSOE. Provocó un gran malestar en las altas esferas socialistas y fue la primera cuenta del rosario de desencuentros que sostuvieron el cantante y la cadena pública. Al año siguiente, en vísperas de elecciones y siendo ya Pilar Miró la directora de RTVE, el Gobierno se cobró su venganza censurando la canción Cuervo ingenuo (de Javier Krahe) en la emisión de un concierto de Sabina y Viceversa. No fue ni mucho menos la única acción represiva de la supuestamente demócrata Miró contra las voces disidentes en el medio que dirigía, y si no que se lo pregunten a Lolo Rico, creadora y directora de La bola de cristal. 

Si te he visto no me acuerdo es una joya histórica que con el tiempo ha cogido solera, pues se escribió a modo de crónica humorística de la primera legislatura de Felipe González, incidiendo en las contradicciones entre el programa político ultrarreformista y aderezado con chaquetas de pana que votaron diez millones de españoles en el 82 y la realidad de los hechos una vez que los sociatas tomaron las riendas del país. Las estrofas abordan temas entonces de plena actualidad, como la expropiación de RUMASA, el escándalo Flick, el cambio de postura sobre el ingreso en la OTAN, la retransmisión de la visita de Juan Pablo II, el romance de Boyer con la Preysler, las vacaciones de González en el yate Azor, el sida o los anuncios de condones. Se cita además a personajes televisivos de la época como Coll, Ramoncín, José María Calviño, Paloma Gómez Borrero, Fernando García Tola, Eva Nasarre, Felipe Mellizo, José María Íñigo, Jesús Hermida o Alfredo Amestoy. Incluso el líder de Fuerza Nueva aparece en el verso “cenarán tortilla en la bodeguilla Palazón y Blas Piñar”. ¡Quién le iba a decir al veterano patriota que acabaría teniendo un puesto “de honor” en el cancionero de Sabina! Y por cierto: ¿alguien sabe quién era Palazón? 

En Youtube no hay ningún vídeo completo de la canción, así que he elegido para encabezar el post una versión editada a base de empalmes de sonido, aunque desgraciadamente sin imágenes. Para ver varios fragmentos de la actuación recomiendo este enlace

Más sobre Sabina en La pluma: 

- Sabina, Viceversa, Varona y la igualdad
- Joaquín Sabina 



jueves, 30 de octubre de 2014

LA CORBATA DE PABLO IGLESIAS





Ayer me mandaron esta foto por whatsapp y mirándola me hice una pregunta que al principio me pareció frívola pero después no tanto: si tal como auguran las encuestas del CIS, Podemos se convirtiera en primera fuerza política y Pablo Iglesias llegara a la Moncloa, ¿se cortaría las greñas y se vestiría con traje y corbata, o llevaría las mismas pintas que ahora al Congreso de los Diputados y a las cumbres internacionales? ¿Se mantendría fiel a su imagen o haría como Felipe, que cambió su chaqueta de pana obrera por un Dolce&Gabbana nada más ganar las elecciones del 82?

Una de las pocas certezas que tenemos sobre el joven Iglesias es que no tiene un pelo de tonto. El líder de la formación neomarxista no da puntada sin hilo ni en su discurso ni en cuestiones de estética. Conoce de sobra la importancia de la asociación visual y sabe que en el cerebro de millones de españoles, aunque sea de forma subconsciente, hace ya años que están íntimamente asociadas la formalidad del terno azul con corbata sobria de nudo perfecto, y la figura del parásito apandador de las comisiones y las tarjetas negras. Los políticos del sistema visten como clones y su look ya es un símbolo de corrupción. 

A principios del siglo XX el frac y la chistera eran la insignia del capitalismo y los líderes revolucionarios vestían buzo azul, sombrero de paja de campesino o uniforme de soldado. En los años treinta, nazis y fascistas lucían ante las multitudes sus camisas de tela tosca frente al perifollo de los burgueses. A partir de los noventa los castristas y los populistas “bolivarianos” adoptaron la épica del chándal, que se había convertido en el atuendo de las masas humildes a las que decían representar. Y ahora los cabecillas de Podemos van a los mítines con camisa arremangada, vaqueros desgastados, chupa alternativa o corbatilla floja, tal como visten los jóvenes de hoy, los desheredados por una crisis que ha dejado al descubierto, entre otras muchas cosas, que el azul marino y el marengo burocrático de los diputados y los ministros están ribeteados de mierda hasta las solapas.

El partido de estos astutos profesores de Ciencias Políticas ha sabido intuir que la nueva generación valora más los hechos que la imagen, la eficiencia que la ceremonia, la transparencia en la gestión que la ropa protocolaria, y ha hecho ondear al viento la coleta de Pablo como una auténtica bandera de hartazgo, rebeldía e innovación contra la estirpe de politicastros con la que nuestra sociedad cada día se siente menos identificada.

Solo queda la duda de si esta novedad es una simple estrategia de marketing o vaticina un auténtico cambio de esquemas en nuestra forma de entender la política.


domingo, 14 de septiembre de 2014

EL PASADO NADA GRACIOSO DE MIGUEL GILA




Ayer mismo, curioseando por YouTube, me encontré por casualidad con el mítico monólogo de Miguel Gila († 2001) sobre la guerra, y al mismo tiempo que me tronchaba una vez más con eso de “¿está el enemigo? ¡que se ponga!”, me iba acordando del abracadabrante y nada divertido pasado de este cómico irrepetible. 

En los últimos años de su vida, Gila presumió mucho de izquierdista y de exiliado del franquismo. Le recuerdo perfectamente haciendo campaña por el PSOE en unas generales de los años 90, declarando en un mitin junto a Maragall que si ganaba “el del bigote”, volvería a huir a Argentina. Pero parece que su trayectoria no fue tan comprometida ni tan idealista como continuamente daba a entender en la España de Felipe González. 

A Gila le pilló el Alzamiento en Madrid con 16 añitos, trabajando como obrero mecánico. Estaba afiliado a una de las organizaciones políticas más siniestras de la II República: las tristemente célebres Juventudes Socialistas Unificadas, que lideraba Santiago Carrillo y que actuaron desde su fundación (1936) como un grupo terrorista que llegó a asesinar, nada más terminar la guerra, al famoso inspector Gabaldón (de la Guardia Civil) junto a su hija adolescente, y a preparar el fallido atentado del Desfile de la Victoria de abril del 39. Por todo ello fueron condenadas a muerte las estúpidamente llamadas Trece Rosas.

Pero volvamos a aquel jovencísimo Miguel. Dada su condición de comunista, se alistó voluntario en el Quinto Regimiento de Líster y acabó sirviendo en el Regimiento Pasionaria, de espeluznante recuerdo. En 1938 fue hecho prisionero por los Regulares, que “lo fusilaron mal” una fría noche de diciembre. En efecto, los moros, que debían de estar ebrios, dispararon al grupo de rojos contra un paredón pero a Gila no le dieron, así que se hizo el muerto y logró escapar. Viendo la cosa fea, rompió en pedazos su carné de las JSU y se mostró muy colaborador cuando fue definitivamente capturado por los nacionales. A pesar de su escabrosa militancia política, solo pasó algunos meses en varias cárceles y, después de chuparse cuatro años de mili dócil como un cordero, pudo trabajar sin problemas en la mejor prensa humorística del país, alternado su labor de periodista con su puesto de chófer del Gobernador Civil de Zamora, cuya confianza y la de otros altos cargos del franquismo supo ganarse hábilmente. En 1951 hizo su primer monólogo en un teatro (sobre la guerra, precisamente) y en los años siguientes actuó muchas veces para el Caudillo en su tradicional recepción de La Granja del 18 de julio. ¡Toda una víctima!

Aunque como vemos no tenía pinta de estar sufriendo demasiada represión, en 1968 se exilió, según declararía después porque sufrió “un empacho de dictadura”. La realidad, me temo, es algo menos romántica. Resulta que nueve años antes había abandonado a su señora, una humilde maestra zamorana, para amancebarse con la actriz y después directora de teatro María Dolores Cabo. Decidió escapar con ella a Argentina para librarse de su mujer, que le montaba continuas escenitas, y evitar pasarle la pensión que la justicia le reclamaba. 

Ojo al dato: no se autodesterró a la Cuba castrista o a cualquier otro país con un gobierno afín a sus ideales, sino a la mismísima dictadura militar de Juan Carlos Onganía, moviéndose también como pez en el agua durante el Proceso de Reorganización Nacional del general Videla. Permanecería más de veinte años en Buenos Aires triunfando como humorista hasta su regreso en 1985.

En sus memorias (1998) el tío se atrevió a escribir sobre el marxismo: "La ideología que mamé en mi niñez, en mi casa de gente humilde y en las fábricas o talleres donde trabajé, sigue latente en mí”. ¡De vergüenza ajena!
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Que nadie se pierda este artículo en el Diario de León de un viejo amigo de La pluma viperina: Todo por la patria, todo por nosotros

jueves, 11 de septiembre de 2014

¿POR QUÉ NOS IMPORTA UN BLEDO EL MUNDIAL DE BALONCESTO?


Este verano, con motivo de ambos mundiales, hemos constatado una vez más la abismal diferencia entre el nivel de popularidad del fútbol y el del baloncesto. Los forofos de este último deporte continuamente argumentan que cada vez acude más público a las canchas y que también es un fenómeno multitudinario con una fuerte repercusión mediatica, como lo demuestran los casi cinco millones de telespectadores que siguieron ayer el España-Francia. Pero todos sabemos que no hay color, que en España las televisiones dedican diez veces más espacio (y me quedo corto) al deporte rey que al basket y, lo más importante, que la gente en la calle no habla de baloncesto ni se emociona ni con la liga, ni con el mundial ni con ninguna de sus competiciones; todo lo contrario que el fútbol, que forma parte esencial de nuestro entorno y de nuestras conversaciones.

¿Hay algún motivo por el que, salvo en Estados Unidos y otros pocos países, el balompié guste mucho más a la gente que el basketball? ¿Es aquel realmente un deporte más atractivo que este o es que los medios de comunicación de masas tienen algún interés en dar más bombo al mundo futbolístico? ¿Qué es antes, el huevo de que el público es más futbolero por naturaleza y por eso la prensa le dedica más atención, o la gallina de que se sigue menos el baloncesto porque casi no lo sacan en la tele?

En cualquier caso: ¿Por qué el mundial de fútbol es un auténtico fenómeno social mucho más allá de lo deportivo y el de baloncesto nos importa un carajo? Voy a intentar esbozar las claves de este dilema, aunque espero la opinión de los más aficionados. Incorporaré al post las mejores reflexiones.


  • Tradición y fenómeno sociológico.
La afición futbolera en España es bastante más antigua que la del baloncesto y tiene un importante peso y componente sociológico que, como digo, va muchísimo más allá de lo puramente deportivo, entrando incluso en los terrenos social, económico y político. 

  • Auge de otros deportes
Al baloncesto le ha pasado como al PSOE con UPyD y Podemos. Hace años era una “segunda fuerza” consolidada, pero últimamente han alcanzado gran apogeo en España otros deportes hasta entonces minoritarios, como el tenis, la Fórmula 1 y, en menor medida, el balonmano, que le han “robado” mucha cuota de afición. 

  • Espectacularidad
Las dimensiones del campo y del estadio, la vistosidad de las jugadas y el enorme simbolismo estético de las competiciones (que recuerdan a una batalla) otorgan al soccer una espectacularidad de la que a todas luces carece el basket, con espacios y recursos más discretos. La gente se divierte más con la larga lucha para marcar un gol que con el marcaje continuo de puntos.

  • Emoción
El fútbol encaja divinamente en la forma de ser de los españoles, ya que deja un enorme espacio a la improvisación, al azar y a la iniciativa individual. El resultado de un partido está más abierto a la sorpresa y al factor suerte que en el baloncesto, donde prima, por decirlo en lenguaje educativo, una especie de “evaluación continua” que premia la constancia más que el momento puntual de inspiración. En el fondo la vida, al menos en nuestro país, se parece más al fútbol y por eso nos sentimos más identificados con él que con otros juegos.

  • Estética
Hoy la belleza y el sex-appeal juegan un papel decisivo en cualquier espectáculo público y resulta evidente que los jugadores de balompié cumplen mejor que los de basket (con diferencia) los requerimientos estéticos que, por suerte o por desgracia, impone nuestra sociedad. Dicho de forma más descarnada: demasiados baloncestistas, tanto hombres como mujeres, padecen gigantismo o sufren deformaciones derivadas de su altura y complexión. Qué duda cabe que ello resta atractivo a los encuentros, aunque jueguen solo blancos.

  • Importancia de la competición
El campeonato mundial de baloncesto no es, a diferencia del de la FIFA, la competición más relevante en este deporte. Las olimpiadas, como sabemos, tienen una repercusión mediática y social notablemente más amplia.

viernes, 6 de junio de 2014

LO QUE NO SABÍAS SOBRE LA BANDERA "REPUBLICANA"




  • La bandera roja, amarilla y morada fue únicamente la enseña de la Segunda República (1931-1936). Durante la Primera (1873-1874) se pensó en diseñar una bandera específica pero finalmente solo se usó la bicolor con un escudo distintivo.

  • Se ideó a finales del siglo XIX para su uso en ateneos y círculos republicanos, pero no fue aprobada oficialmente hasta la proclamación de la Segunda República.

  • La franja morada se puso en honor a Castilla, por considerarse este color “insignia de una región ilustre, nervio de la nacionalidad”, algo jamás demostradopues en Castilla el color emblemático siempre fue históricamente el carmesí. 

    • Durante la Segunda República, los marxistas y los anarquistas renegaban de la tricolor. Largo Caballero (PSOE) llegó a decir: “Tenemos que luchar como sea, hasta que en las torres y en los edificios oficiales ondee, no una bandera tricolor de una República burguesa, sino la bandera roja de la Revolución socialista”.

    • El Alzamiento del 18 de julio del 36 se produjo bajo esta bandera y fue la utilizada por los rebeldes durante las primeras semanas de guerra. No fue hasta el 29 de agosto cuando se impuso por decreto la rojigualda en la zona nacional, en parte por la presión de los monárquicos y en parte para evitar confusiones en el campo de batalla, pero hasta 1938 se siguió utilizando por el franquismo el escudo republicano con la corona mural.

    • Los partidos republicanos en el exilio tuvieron la tricolor como bandera oficial. El PSOE y el PCE renunciaron a su uso en la Transición, adoptando la actualmente vigente "en aras del consenso", pero en 2009 los comunistas volvieron a abrazar públicamente la republicana.

    • Hoy la tricolor es inconstitucional, pues la bandera nacional se define en el artículo 4 de la Constitución. En cambio no lo es el escudo con el águila de San Juan, ya que la Carta Magna no se refiere en ningún momento al escudo de España.

    miércoles, 19 de marzo de 2014

    LOS PEROS DE UNAMUNO

    Unamuno fue abucheado e insultado a la salida del Paraninfo de la Universidad de Salamanca el 12 de octubre del 36

    Miguel de Unamuno ha sido, nadie lo duda, uno de los intelectuales españoles más brillantes. Lo que no está tan claro es que su capacidad y su clarividencia hayan sido útiles a nuestra Patria, pues su soberbia intelectual le impidió comprometerse a fondo y, por lo tanto, tirar del carro en las encrucijadas más decisivas. Un verdadero desperdicio.

    A los treinta años, Don Miguel se afilió al PSOE de Bilbao, del que sale bufando al poco tiempo. Después se convierte al liberalismo y se pasa la dictablanda de Primo de Rivera dando por saco hasta que se exilia a Francia. En 1931 regresa a Salamanca y es elegido concejal y diputado por la conjunción republicano-socialista, pero a los dos años ya está echando pestes contra la República y sus principales políticas. En 1935 habla maravillas de José Antonio y acude ilusionado a un mitin suyo en la ciudad. En 1936 se suma al Alzamiento e invita a los intelectuales europeos a apoyar a Franco en defensa de la civilización occidental, pero cuando los nacionales comienzan a fusilar a sus amiguetes, se enfurruña y monta el famoso pollo del Paraninfo de la Universidad salmantina, del que salió vivo solo por su edad y su prestigio, y que le costó un humillante arresto domiciliario hasta el final de sus días.

    El del Paraninfo fue un episodio más que memorable que tuvo lugar el 12 de octubre del 36 durante el acto de apertura del curso académico. A los exaltados discursos patrióticos de los asistentes, Don Miguel, que era el Rector, respondió tocando los cojones como era habitual en él, solo que en esta ocasión se le fue la mano y no lo fusilaron de chiripa. “Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta, pero no convenceréis, porque para convencer hay que persuadir, y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil el pediros que penséis en España (…) Llevo toda mi vida enseñando la lengua española, que no sabéis (…) Aquí está [el Obispo] para enseñar la doctrina cristiana que no queréis conocer.”

    La foto de su salida del Paraninfo lo dice todo. Se le ve inquietillo, como un crío que acaba de cometer una travesura gorda. 

    Hay quien dice que estaba como una auténtica regadera, pero lo cierto es que al filósofo vizcaíno, que tenía un cerebro privilegiado, le perdió la vanidad, el prurito de ser diferente a todos y el no callarse ni debajo del agua. Ya lo dijo su bisnieto en una entrevista en 2009: su problema fue hablar en exceso. 

    No puede negársele la razón en muchas de las cosas que afirmaba. En efecto, la llegada de la República abrió una etapa llena de ilusiones y buenas perspectivas que muy pronto se frustraron debido al sectarismo de las izquierdas, de modo que parece legítimo estar a favor primero y en contra después. El Alzamiento representó asimismo la única salida a una situación insostenible de caos y de deriva, por lo que defenderlo no fue ningún disparate; otra cosa es que un señor tan inteligente como Don Miguel viera en Franco a un regeneracionista o que se le pasara siquiera por la cabeza que los insurgentes iban a derrochar misericordia cristiana con los rojos durante la guerra.

    Tenía razón, ya digo, pero hay veces en la vida que hay que quedarse a una carta y olvidarse de las apreciaciones personales si de verdad se desea contribuir a un proyecto común. Los más cultos, trabajadores, hábiles, lúcidos o capaces jamás aportarán nada a la sociedad si en determinadas situaciones no tienen la humildad de aparcar, aunque sea de momento, sus peros y sus matices, y de arremangarse y remar como los demás en pos del interés común.

    Hay ocasiones en que por muchas pegas que uno tenga que poner a las únicas alternativas existentes, no queda otra que tomar partido por una de ellas y dejar de dar la murga con los detalles si de verdad se quiere alcanzar el objetivo propuesto. A veces no hay tiempo de analizar ni de meditar, y, ante la premura, se impone elegir deprisa, incluso improvisadamente.

    Los que no se decantan porque se creen demasiado listos como para simplificar, porque se niegan a dar un paso sin que todo encaje al milímetro en sus ideas y en su conciencia, al final se quedan en el medio, incomprendidos, cuando no despreciados, por unos y por otros, y –lo más grave– en la práctica acaban por ser inoperantes, por no servir para nada. Entiendo muy bien al general Millán-Astray cuando le grita a Unamuno en Salamanca: “¡Muera la intelectualidad traidora!”

    Y yo también me tendría que aplicar el cuento.

    martes, 18 de diciembre de 2012

    AMISTAD E IDEAS


    Cuando saco a relucir mi lado más ideológico y ello afecta de algún modo a mi relación con los demás (algo que antes me sucedía por sistema y ahora rara vez), siempre hay alguien que me recuerda que las personas están por encima de las ideas y que se puede ser amigos con convicciones políticas muy distintas. Si bien estoy de acuerdo con la primera afirmación, la segunda me plantea serias dudas. ¿De verdad puede unir una auténtica amistad a dos individuos que se encuentren, políticamente, en aceras opuestas?

    Más que responder que depende, que sería lo cómodo, me parece importante aclarar primero con la mayor precisión qué es una amistad y, después, qué entendemos por tener ideas políticas.

    Porque si al hablar de amistad nos estamos refiriendo a coincidir alguna vez a tomar unos cacharros, ver juntos un partido y echarse unas risas algún sábado noche, pues evidentemente no hay problema. Yo me tomo una caña con cualquiera y conozco a mucha gente simpatiquísima y que me cae bastante bien sabiendo que tiene una mentalidad sociopolítica en las antípodas de la mía. Lo que pasa es que, dado el tipo de relación superficial que tenemos, sus ideas no me afectan para nada; me da igual cómo piensen aquellos que apenas me importan. En las relaciones de esta naturaleza considero que debería haber una regla no escrita de discreción en materia ideológica y un pacto implícito pero sagrado de no agresión. 

    Otra cosa es una amistad con mayúsculas, en la que se da no solo un verdadero cariño, sino un vínculo de gran confianza y una convivencia más o menos frecuente. En estos casos, existe por una parte una implicación afectiva, que se traduce en preocupación sincera por la postura política o actitud de cualquier clase que pueda adoptar la persona querida, comparable a la inquietud que sentiríamos si un hermano se nos hiciera, por ejemplo, jipi, ocupa o batasuno. Es natural sufrir si alguien que apreciamos escoge un camino que nosotros consideramos muy equivocado o peligroso. En segundo lugar, al regirse este tipo de amistades por una total confianza, es impensable el pacto no escrito al que antes me refería. Yo no concibo la amistad si no existe una libertad ilimitada de expresar cómodamente delante de los amigos los propios sentimientos y convicciones, entre ellos los políticos. No entiendo la amistad con una persona si tanto ella como yo tenemos que andar continuamente refrenándonos y mordiéndonos la lengua para conservar la relación. Aparte de que esas situaciones suelen terminar estallando de mala manera, me parecen la antítesis del ambiente de familiaridad y franqueza que debería existir cuando están juntos dos amigos.

    En resumen, me parece inviable que dos amigos íntimos tengan ideas políticas opuestas. Por otra parte debe tenerse en cuenta que los ideales no son algo tan abstracto como los apolíticos suponen, sino que guardan relación directa con las más profundas concepciones sobre la vida, la pareja, la familia, la educación, la religión, la autoridad, el ocio, la sexualidad, el dinero, el trabajo, la sociedad y otros mil aspectos que impregnan todas las conversaciones y comportamientos, haciendo tarde o temprano ineludible la confrontación en cualquier relación estrecha.

    Prefiero no responder a la pregunta de si puede funcionar un noviazgo o un matrimonio cuando los miembros de la pareja piensan cada uno a años luz del otro.
    Aprendiz de Brujo y Capitán Trueno expresándose su cariño

    Luego decía que hay que preguntarse qué entendemos por tener ideas políticas.

    Lo digo porque es comprensible que dos votantes poco entusiastas del PP y del PSOE respectivamente puedan ser amigos del alma, más que nada porque ninguno de ellos tiene una ideología definida y la política no les parece realmente importante. Yo diría incluso que podrían ser inseparables dos fanáticos de estos dos partidos puesto que la filosofía de fondo de ambos viene a ser idéntica. Lo que quiero resaltar es que dos personas de distintas ideas podrán tener mayor o menos nivel de amistad de la buena en función de lo motivados que estén con dichas ideas, de su grado de congruencia personal con ellas. Es imposible que dos tipos de diferente sesgo que estén fuertemente ideologizados, que estén convencidos de verdad de sus respectivas posturas o tengan un mínimo de coherencia con su manera de pensar, tengan un trato sereno, pues ambos tenderán a forzar el proselitismo, a provocar el debate día sí y día también, a defender con ímpetu arrollador sus posturas, a mostrar beligerancia y a emponzoñar la relación poco a poco. Si dos señores son muy amigos y alguien te dice que uno es marxista-leninista y otro de Ynestrillas cuando era Ynestrillas, no te lo creas; lo más seguro es que ninguno de los dos se tome muy en serio sus creencias. No pienses que es gente que simplemente sabe respetar. Eso en política solo existe de boquilla.

    martes, 11 de diciembre de 2012

    BRAZO EN ALTO


    Resulta que Izquierda Unida ha montado un pollo al descubrirse un vídeo en el que se ve a un grupo de alumnos adolescentes de un colegio concertado de Orihuela (Alicante) escuchando brazo en alto el himno nacional previo a un partido de fútbol.

    La diputada autonómica de esta formación política ha berreado que “estos comportamientos peligrosísimos vulneran los valores democráticos”, que “no pueden quedar impunes y sin ser investigados” y que merecen la retirada del concierto al centro educativo. De hecho, parece que la Consejería competente ha terminado abriendo una investigación.

    Todos estamos conformes en que un encuentro deportivo colegial no es el contexto más apropiado para hacer gestos o reivindicaciones políticos, y la inmensa mayoría (salvo el rojerío más sectario) pensamos que los chavales causantes del escándalo probablemente no sepan siquiera qué significa el saludo a la romana o lo hagan solo para provocar, para hacer el tonto; y que no merece la pena dar la menor importancia al asunto.

    Pero la roja estomagante de Esquerra Unida del País Valencià pide cabezas porque considera antidemocrático el saludo con el brazo extendido, cuando los comunistas de su partido siguen a fecha de hoy cantando orgullosamente la Internacional con el puño levantado en todos sus congresos y celebraciones. También lo hacen sin rubor los del PSOE y los afiliados a los grandes sindicatos, sin que nadie les recuerde a ninguno de ellos que el saludo marxista fue, junto con los millones de crímenes cometidos, el rito cotidiano de todas las tiranías estalinistas del siglo pasado.

    ¡Hay que tener valor para venirnos con estas! Si los chicos llegan a saludar a lo Lenin antes del partido, aquí paz y después gloria.



    Pues qué quieren que les diga, pero a mí me gusta más y me parece más noble saludar extendiendo el brazo con la palma abierta en señal de paz y de bienvenida que con ese ademán crispado y amenazante que es cerrar un puño, que parece que te van a arrear un puñetazo. El brazo en alto fue adoptado por la mayoría de los movimientos de inspiración fascista en el período de entreguerras como homenaje a la civilización romana, cuna de Occidente, donde se utilizaba como digo para simbolizar la paz, ya que la palma hacia abajo daba a entender que no se llevaba empuñada la espada. Se discute el origen de este gesto, pues hay quien dice que Roma lo tomó de los etruscos y quien sostiene (por ejemplo, los falangistas) que se lo copió a los íberos.

    Además, qué coño, siempre será mejor que los muchachos canten ilusionados el himno de España brazo en alto emulando a los mejores patriotas que ha dado este país e interiorizando los sentimientos más loables de orgullo nacional y de fobia al liberalismo, a que sean unos rojos envenenados de odio clasista o unos progretas de tres al cuarto abducidos por el pensamiento único políticamente correcto.

    Más sobre el brazo en alto en La pluma viperina

    lunes, 1 de octubre de 2012

    ESTADO FEDERAL

    Nunca he llegado a comprender bien que Izquierda Unida y ahora los socialistas pidan para España un estado federal.

    Para empezar, es el abecé del derecho político que un estado federal solo puede constituirse a partir de la incorporación voluntaria de una serie de estados o regiones a un nuevo ente territorial (que se crea ex novo), al que ceden parte de sus poderes o competencias preexistentes. Por poner un ejemplo (malo, porque entonces no existían estas mandangas), los antiguos reinos peninsulares podrían haberse federado si hubieran querido, otorgando a un gobierno federal una parte de su soberanía. Sin embargo, ahora no podemos hablar de estados independientes sino de meras regiones con autonomía pero sin poderes originarios que han compartido nación y destino durante más de cinco siglos, por lo que resultaría inviable implantar un auténtico federalismo en España.

    En segundo lugar sorprende cómo intentan vendernos que el federalismo supondría una mayor cota de autodeterminación para regiones históricas como Cataluña o Vascongadas, cuando el estado español es, sin duda alguna, el modelo más autonomista del mundo. No existe ni un solo estado federal en derecho comparado con un nivel de descentralización mayor que el que caracteriza al engendro autonómico español.

    En bastantes sistemas federales del mundo, los estados federados no tienen muchas más atribuciones que las diputaciones provinciales en España.

    Es absolutamente inédito, y no hay estados federales que lo contemplen, un disparate como el de los conciertos económicos vascos y el convenio foral navarro, que suponen dotar a estas comunidades autónomas de haciendas propias en gravísimo perjuicio del principio de igualdad entre todos los españoles.

    No existe ni un solo estado federal en el planeta en el que se permita, como en España en el artículo 105 de la Constitución (aunque aún no se ha hecho, a Dios gracias), la transferencia y delegación de competencias propiamente federales a los estados federados.

    A diferencia de cualquier federación que podamos estudiar en otros países, el modelo autonómico no contempla la llamada cláusula de prevalencia de las normas y competencias del Estado central sobre las de los entes territoriales. Aquí en España hay que estar a cada caso y a la jurisprudencia del Tribunal Constitucional (y es un lío de cuidado) para saber si una competencia autonómica cede ante una estatal o viceversa.

    Y para más inri, nuestra Constitución permite algo jamás visto en los modelos federales: que dos comunidades autónomas puedan unirse entre si así lo desean (Vascongadas y Navarra).

    El pillo de Rubalcaba quiere un senado a lo Bundesrat

    Vamos, que en la práctica España no solo es ya un estado federal, sino que incluso va mucho más allá que un estado federal.

    Aunque en realidad decir “estado federal” es como no decir nada, ya que existen decenas de modelos distintos de federalismo, con diferencias abismales entre sí. La apuesta federalista, así en abstracto, es un brindis al sol, una propuesta política absurda vacía de contenido.

    El federalismo simétrico
     de Rosa es mil veces mejor
     que lo que hay ahora
    Conviene también reflexionar sobre ese matiz que introducen los federalistas de izquierda de que quieren un modelo “asimétrico”, es decir una federación donde no todos los estados tengan el mismo nivel de competencias. Extraña semejante pretensión toda vez que parece inimaginable una asimetría mayor que la del estado autonómico que padecemos, y que una de las principales características del estado federal genuino es la simetría en el reparto de competencias. De hecho, la cada vez más valiente Rosa Díez predica precisamente un federalismo cooperativo simétrico, mil veces preferible para España (a pesar del nombre) que el actual estado de las autonomías.

    Lo triste, al fin y al cabo, es que en cualquiera de los países federales conocidos, cualquier ciudadano de cualquier estado siente con orgullo su pertenencia a la nación común (Estados Unidos, Alemania), mientras que en España, donde, como hemos dicho, las regiones ostentan una autonomía muchísimo mayor que la permitida en los sistemas federales, hay separatistas y traidores a la Patria hasta en la sopa.

    Pero como no somos idiotas, más o menos nos olemos las verdaderas intenciones que se esconden detrás de ese idílico federalismo en el que Rubalcaba ve la panacea de las soluciones al conflicto nacionalista. Cuando los sociatas dicen “federal” (muy mal dicho, insisto) hay que saber traducirles y entender que se refieren, entre otras barbaridades, a una profunda reforma del modelo fiscal para dotar de hacienda propia a Cataluña y a una nueva configuración del Senado siguiendo el modelo de la cámara alta alemana, el famoso Bundesrat, al que Alfredo mira con ojos golositos, en el que se vota por regiones en vez de por parlamentarios (cada región tiene un solo voto) y que cuenta con derecho de veto absoluto (insubsanable por el Congreso) sobre las leyes con repercusión en las regiones.

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