sábado, 31 de diciembre de 2011

NO TE SIGNIFIQUES


Casi todas las mujeres que me quieren o me han querido, cada vez que me oían hablar de política (ahora hablo mucho menos), levantaban el índice y con voz recriminatoria murmuraban una y otra vez: “tú piensa como quieras, pero no te signifiques”. Mi madre, la que más, pero yo no les hacía ni caso a las pobres. Curiosamente con los hombres es distinto; casi ningún amigo ni familiar masculino me ha aconsejado que no me moje en temas políticos, que me calle mis ideas delante de desconocidos.

Dicen que en el resto de Europa las mujeres, y sobre todo las chicas jóvenes, son más entusiastas defendiendo sus ideas y se afilian mucho más a los partidos. Pero aquí en España, salvo las feministas de cuota y las marisabidillas peperas, pasan de esos rollos y todavía susurran a sus novios, a sus maridos y a sus hijos que no se signifiquen, que no sean imprudentes, que se callen la boca “porque nadie tiene por qué saber cómo piensas, atontao”.

Qué duda cabe que a las féminas españolas les caló más hondo que a nosotros la estela de sufrimiento de la guerra civil; aprendieron más de todo aquello. Toda una generación de heroínas de postguerra, que iluminaron con su trabajo y con su dulzura el panorama tenebroso que dejó tras de sí la lucha fraticida, aprendió al dedillo la lección de que a quienes más se implicaron ideológicamente en los años treinta más les tocó sufrir, a ellos y a sus familias. A los hombres les quedó el campo de batalla, el exilio, la cárcel, el fusilamiento o una victoria aguada y sin alas, pero ellas, las madres, las esposas, las hijas, solo aprendieron que al que tenía carnet, o la camisa de un color o se le había visto en un mitin, venía a buscarle por la noche el Hombre del Saco.

El miedo heredado de aquellos tiempos y el amor que nos tienen les hizo transmitir a sus hijas y a sus nietas esa máxima de prudencia en los terrenos, para ellas cenagosos, de la política. Creen, y quizá llevan razón, que cuando los diputados encorbatados y elocuentes no consiguen ponerse de acuerdo, al final siempre pagan el pato, a tiros, los curritos, en proporción a lo que apoyaron a unos o a otros. Olvidan conceptos como la justicia, los ideales, la comunidad o la patria, pero defienden como nadie la madriguera y la camada.

En las españolas de hoy en día aún pervive un instinto atávico de conservación frente a la política y los políticos, que solo ellas parecen saber, en el fondo de sus corazones, cómo pueden terminar los cruces de ideas cuando las cosas vienen mal dadas.

jueves, 29 de diciembre de 2011

EL SUELDO DEL REY

A la vista de la publicación de la, al parecer, exhaustiva radiografía del presupuesto de la Casa Real, se ha avivado el eterno debate entre monárquicos y republicanos.

Cada uno, según su postura, ha arrimado el ascua a su sardina.

Los amigos de la monarquía han subrayado que el salario del Rey (292.000 euros brutos) es similar al de cualquier presidente de una república de nuestro entorno y que, de hecho, nuestro Rey es uno de los más baratos de Europa (3 veces más que la reina holandesa y 4 veces más que la danesa). Inciden en que Artur Mas, por ejemplo, gana más que Don Juan Carlos y en que el transparente gesto de dar a conocer las cuentas reales no hace sino reforzar la institución.

La prensa poco proclive, sin embargo, ha preferido destacar que los gastos de la Corona no están sometidos al Tribunal de Cuentas, que el sueldo del Borbón supera al del propio Rajoy y que lo de publicar los dineros no es sino una cortina de humo para compensar las andanzas del Duque de Ponlapalma, Iñaki Manoscazuelas, al que, por lo visto, varias cadenas televisivas han ofrecido presentar las campanadas para que explique lo de los cuartos.

En mi opinión, los análisis que unos y otros han hecho sobre las finanzas de los reyes son superficiales e interesados. La opinión sobre la conveniencia o no de la monarquía en España no puede ni debe basarse, o al menos no únicamente, en parámetros económicos. Con sus argumentos de estos días, los republicanos se meten ellos solitos en la ratonera, pues, amén de sus interpretaciones sesgadas, da la impresión de que aceptarían encantados a la saga borbónica si sus gastos fueran recortados hasta unos niveles razonables de austeridad o si sus cuentas pudieran ser convenientemente fiscalizadas.

Las razones por las que la monarquía debe ser extirpada de forma urgente van mucho más allá de los aspectos puramente financieros. La existencia, en pleno siglo XXI, en un país moderno, de una jefatura de estado hereditaria (como si el Estado fuera la finca de un cacique), cuyo titular goza de inviolabilidad y no es responsable de sus actos, conculca violentamente los más elementales principios de igualdad ante la ley y participación política que deben presidir una sociedad civilizada. Que una casta familiar pueda mantenerse en el poder durante generaciones por motivos estrictamente biológicos, gozando de privilegios jurídicos y materiales (al margen de la cuantía de sus emolumentos) inconcebibles en un ciudadano corriente es una burla sarcástica a todos los españoles.

Las alusiones de Don Juan Carlos, en su mensaje navideño, a la igualdad ante la ley de todos los españoles son equiparables a los sketchs más cómicos de Martes y Trece en sus mejores tiempos.

Es una lástima que la prensa y los sectores más reacios a la monarquía no aprovechen ocasiones como esta, o los recientes episodios de corrupción, para desplegar una crítica completa y profunda que contribuya a desprender de una vez la última hoja de este árbol caduco, reminiscencia de tiempos medievales, que chirría a cualquier sensibilidad equitativa, justa e igualitaria.

martes, 27 de diciembre de 2011

LA CONSPIRACIÓN




El otro día fui a ver La conspiración, uno de los mejores títulos de la cartelera reciente, que recomiendo a todo el mundo en estos días de asueto.

Su argumento es atractivo desde el principio. Tras el magnicidio de Lincoln en 1865 por un grupo de sudistas fanáticos, el ansia del Gobierno por imponer un castigo ejemplar a los responsables lleva al procesamiento de Mary Surratt, la dueña de la pensión donde se reunían los conspiradores. Al joven abogado y héroe unionista Frederick Aiken le encomiendan la defensa de esta mujer, pero muy pronto descubre que el proceso penal militar no es más que una pantomima y que la sentencia condenatoria ya está dictada de antemano por un Sistema más preocupado por la venganza y por su propia supervivencia que por el respeto escrupuloso de la Constitución y de los derechos que en teoría constituyen sus pilares fundamentales.

Este drama judicial dirigido por Robert Redford merece un sinfín de elogios por su interpretación, por su guión, por su ambientación, por su sólida documentación histórica y por su factura en general, amén de resultar muy entretenido y no pasarle apenas factura su extenso metraje.

Pero su punto fuerte es el mensaje de fondo (perfectamente aplicable a hechos recientes, como las medidas del Gobierno americano tras los atentados del 11-S) sobre el difícil dilema entre cumplir los fundamentos jurídicos y las garantías de la democracia, y ser verdaderamente eficaz en la lucha contra los enemigos internos o externos. El letrado Aiken recibe constantes presiones del tribunal, del jurado y de los políticos para que reflexione sobre la oportunidad de hacer la vista gorda con los derechos y formalidades constitucionales en aras de dar un escarmiento de cuya rapidez y contundencia dependen en ese instante la salvación de la nación y, por lo tanto, de su propia Constitución.

Dilema, que como ya he apuntado alguna vez, es un tanto artificial por cuanto las democracias liberales solo proclaman derechos y libertades sobre el papel y por razones puramente propagandísticas, mientras que por detrás los incumplen tanto en las épocas difíciles como en las fáciles.

sábado, 24 de diciembre de 2011

SEVILLA


La semana pasada he estado unos días de vacaciones en Sevilla, la ciudad que yo considero la más bonita de España. Solo la había visitado una vez, cuando la Expo, pero me dejó tan fascinado que me apetecía mucho repetir la experiencia, pero intentando ver más cosas y con más calma que hace 19 años.

Finales de diciembre es una época extraña para visitar Hispalis. En este tiempo no pueden disfrutarse sus bellos jardines en todo su esplendor, pero es una ocasión única para constatar sin lugar a dudas que, como dice la canción, la ciudad tiene un color especial. La luz que, incluso en invierno, hay en sus calles del centro, en la plaza de España o en los Jardines de María Luisa no se puede comparar con la de ninguna otra ciudad. Sevilla es luminosa por sus cuatro costados.

Entre los rincones que más me ha gustado repasar o conocer por primera vez están la calle Sierpes, las callejas del barrio de Santa Cruz, la Alameda de Hércules (donde me tomé una de las mejores cañitas en terraza del año), la Catedral, los fabulosos Alcázares (que me he prometido visitar en primavera), el Archivo de Indias, el Hospital de los Venerables y el Convento de Santa Paula con su singular museo.


No he perdido la ocasión de gozar de las vistas de la capital desde lo alto de La Giralda ni de conocer tres museos que tenía pendientes en la agenda: el Arqueológico, en el que desgraciadamente no puede acceder a la zona prehistórica, el etnográfico de costumbres populares que alberga el Palacio Mudéjar y el naval de la Torre del Oro, con maquetas e información interesantísima sobre las tres carabelas de Colón.

Tuve la suerte de alojarme en Triana, al lado del Puente de San Telmo, y tener todo muy a mano además de unas vistas inolvidables del Guadalquivir, por el que navegué en barco con una puesta de sol.

También disfruté, naturalmente, de la gastronomía local, centrándome en el pescaíto frito, que allí es delicioso. Aprendiz de Brujo: el cazón, mucho mejor que el de El Abobo de la calle Alarcón de Valladolid, y eso que yo lo consideraba insuperable. Recomiendo, por encima de todas las demás freidurías sevillanas, el local conocido como El Kiosco de las Flores, en Triana, cuya panorámica de la Torre del Oro y del río desde su terraza justifica el viaje. También son de premio las tapitas de la Casa Tomate, en Santa Cruz.

Y, como no podía ser menos, he ido a ver y a besar a La Macarena (tuve que guardar una hora) y he conocido al famoso Cristo gitano Cachorro, en la Triana profunda.


Capítulo aparte, en el que no entraré a fondo por ser Nochebuena, es el de los sevillanos, cuya observación permite entender muchas cosas sobre la actual situación de Andalucía. No se trata de generalizar, ya que habrá de todo, pero nada más llegar se nota un fuerte contraste de ritmo con respecto a la Meseta, aparte de que sería muy de agradecer que al hablar se sacaran la patata de la boca, porque de cada diez palabras les entiendes cuatro. En su favor, decir que las andaluzas me parecen guapísimas y que todos por allí son muy amables cuando les preguntas por alguna dirección, aunque ligeramente plastas; desconocen la sencilla dinámica “pregunta-respuesta-gracias-de nada” y tienden a enrollarse y a contarte su vida con ese gracejo agotador…, pero vamos, que cuatro días se aguanta bien.

jueves, 22 de diciembre de 2011

NAVIDADES "A TU BOLA"


Desde hace unos años vengo observando que un porcentaje nada desdeñable de matrimonios jóvenes de mi entorno, sobre todo si aún no tienen niños, pasa las Navidades cada uno en casa de sus padres y lo cuentan con toda naturalidad, como si fuera lo más normal del mundo. No quiero decir que pasen todas las vacaciones separados, sino que tienen pactado que todos o parte de los eventos principales de estas fechas, o sea las cenas y comidas de Nochebuena, Navidad, Nochevieja y Año Nuevo, los celebre cada uno con su familia de origen.

No puedo negar que la cosa me sorprende y mucho. No se trata de criticar las costumbres familiares de cada cual, que son algo muy personal y delicado, ni de lamentarme por la crisis de las tradiciones más arraigadas, ya que muchos cambios sociales han llevado a otros y me temo que el modelo de matrimonio indisoluble, inseparable y basado en la entrega mutua se encuentra en el mismo peligro de extinción que el lince ibérico. A la hora de analizar y criticar los cambios de costumbres de una sociedad, es más correcto hacer hincapié en sus causas que en sus consecuencias, si es que no es todo un mismo círculo vicioso.

Bueno, a lo que iba es a que si algo me produce tristeza de este “cada uno a su bola” navideño es mi constatación de lo difícil que es para muchas parejas ponerse de acuerdo, llegar a consensos razonables. Esto no se percibe solo en el ejemplo de la Navidad, en el que queda bien claro que como ninguno es capaz de ceder ni de resolver el conflicto, rompen la baraja y tiran por la calle facilona del medio, sino en muchísimas facetas de la vida conyugal de hoy. Me refiero, por citar otros ejemplillos, a la vida social totalmente independiente que tienen algunas parejas (porque no se aguanta a los amigos del otro), a los viajes de ocio por separado (yo veo a matrimonios cogerse adrede las vacaciones de verano en meses distintos), a la autonomía absoluta en los gastos o -cada vez más típico- a contratar a una mujer para la limpeza no por comodidad, ni por falta de tiempo ni por sobrar el dinero, sino solo por no acabar a la gresca en el reparto de tareas.

En el colmo del absurdo yo tuve una compañera de trabajo que había acordado con su marido barrer cada uno la zona de su propio lado de la cama.

Todo esto para mí no significa que hayamos ganado en libertad y en flexibilidad en las relaciones, sino que hay una generación entera plagada de niños mimados que llevan toda su vida haciendo lo que les da la gana y que son incapaces de soportar un “no” o de ceder un centímetro. Una generación cuyos padres no fueron libres y que por eso a veces dejaron que sus hijos se pasaran de frenada.

Cuando veo estos detalles en algún matrimonio tengo la impresión de que se trata de relaciones basadas en una suma de egoísmos, es decir que mientras los deseos, gustos e intereses de los dos coincidan, podrán estar juntos, pero cuando no haya concurrencia cada uno irá a su aire. Me da la sensación de que si algo fallara, si uno tuviera que hacer un sacrificio por el otro, si surgiera una dificultad, si se aburrieran un día, saldrían corriendo cada uno en una dirección hasta perderse de vista. Intuyo que, ante la falta de criterio común para la educación de los hijos, estos sencillamente se queden sin educar.

Una de las grandes ventajas que yo le veo al matrimonio es que es un excelente antídoto contra el egoísmo. Los esposos forman un equipo y la convivencia diaria con la persona a la que queremos debería ayudar a amoldarnos, y enseñarnos a ceder y a alcanzar acuerdos; a dialogar; a comprender; a compartir bienes, familia, amigos y aficiones; a contar con el otro sin necesidad de perder nuestra individualidad ni nuestra libertad… Pero, visto lo visto, va a ser que tengo un concepto demasiado anticuado del amor y del matrimonio.

martes, 20 de diciembre de 2011

BEBER Y NO BEBER

Me parece completamente absurdo que salgan juntas a alternar por la noche personas que beben alcohol con otras que ni lo catan. En general, el nivel de consumo de bebidas espirituosas suele ser un importante elemento de criba en las afinidades para salir los fines de semana, pero de vez en cuando, en algún evento tipo cena prenavideña o en alguna quedada de esas multitudinarias de amigos de amigos de amigos, se puede observar lo grotesco que resulta mezclar, en el mismo grupo de juerga, dos especies tan distintas como la de los bebedores y la de los abstemios.

Qué duda cabe que se puede y se debe cultivar la amistad con gente de hábitos etílicos diferentes a los nuestros, pero es mejor olvidarse de ir juntos de bares hasta las tantas si no quieren vivirse situaciones absurdas y malentendidos. Entre quienes beben en compañía, sobre todo si es en gran cantidad, rápido surge un ambientillo cómplice difícil de definir y por supuesto imposible de entender por quienes no salen de la Coca-Cola a palo seco.

Los que copetean se ríen por nada, exaltan místicamente la amistad, se dan abrazos sin ser menester, se agarran del hombro, se hablan al oído muy pegados y con voz gangosa, filosofan sobre el sentido de sus vidas sin venir a cuento, vocean y dicen más inconveniencias de las debidas. Este clima suele hacerse insoportable para un señor que solo le da al mosto o, a lo más, a la cañita con limón. En unas horas no se sentirá a gusto entre los puntillos cogidos o sobrepasados de sus compañeros de alterne. Lo mismo les pasará a estos, que, por muy cocidos que vayan, siempre les incomodará tener cerca a alguien despejado que les mire con prevención y no sea capaz de integrarse en su particular euforia.

La cosa se agrava con la inveterada costumbre de los bebedores de intentar invitar a licor a sus acompañantes más sobrios y sosos, dándoles la consabida tabarra de “tómate una, chaval, que pago yo… solo una, ¿eh?”. El alcohol está tan arraigado en nuestra cultura que es complicada la vida social sin recurrir al vino o al güisqui, aunque con las mujeres parece que hay algo más de tolerancia si prefieren no empinar el codo, salvo cuando están muy buenas, que lo típico es intentar emborracharlas con fines inconfesables.

Uno vive estos dilemas desde los dos bandos, ya que, según se tercie o me apetezca, bebo o no bebo copas cuando salgo por ahí. Y, como digo, me he dado cuenta de que las noches con mezcla de gustos en este sentido no suelen funcionar bien.

sábado, 17 de diciembre de 2011

ENCUESTA SOBRE LAS POSIBLES MEDIDAS CONTRA LOS FUNCIONARIOS

Pregunta: ¿Qué les hará Rajoy a los empleados publicos? (pueden elegirse varias respuestas)
Nº de votantes: 20
Duración: 15 días

Respuestas:

a) Nada. 0 votos.

b) Les bajará el sueldo. 12 votos (60%)

c) Les congelará el sueldo. 3 votos (15%)

d) Les reducirá las extras. 10 votos (50%)

e) Echará a interinos y laborales. 13 votos (65%)

f) Se inventará algo para echar también a funcionarios de carrera. 4 votos (20%)

g) No convocará plazas en diez años. 10 votos (50%)

h) Otras medidas. 3 votos (5%)


NOTA: En las encuestas en las que pueden votarse varias opciones, el % no representa el porcentaje de votos que ha obtenido cada respuesta sobre el total de los emitidos, sino el porcentaje de votantes que ha escogido esa opción.

jueves, 15 de diciembre de 2011

RELEYENDO "EL PADRINO" (21): LA FAMILIA CORLEONE SERÁ COMPLETAMENTE RESPETABLE



Cuando Michael Corleone regresa de su exilio siciliano convence a Kay, su antigua novia, para que se case con él, prometiéndole que “en cinco años la familia Corleone será completamente respetable”.Cuando leo esta parte de la novela suelo reflexionar sobre lo predispuestos que estamos a dejarnos engañar cuando algo nos interesa. A veces incluso nos engañamos nosotros mismos para dar el paso que deseamos dar sabiendo muy bien que no deberíamos.Kay tenía la certeza de que una boda con Michael solo podía traerle disgustos, pero su amor por el joven mafioso le hizo tragarse sus promesas mentirosas.

¡Cuántas veces hemos visto situaciones similares en parejas que conocemos! A veces, en un punto determinado de la relación, uno de los dos se empeña en casarse y, aunque sabe de sobra que el otro no será un cónyuge apropiado, que no están en el mejor momento, que hay defectos o incompatibilidades que más tarde o más temprano traerán serios problemas, e incluso que habrá malos tratos,
se pone una venda en los ojos, minimiza los inconvenientes, se dice a sí mismo que le hará cambiar y, ala, al altar de cabeza.

Por desgracia, en este y en muchos otros temas, al final no solo terminamos haciendo lo que nos da la gana frente a las evidencias y consejos, sino que encima luego nos quejamos airadamente como si los demás tuvieran la culpa.



“—Todavía no me has dicho por qué quieres casarte conmigo —insistió Kay.


(…)


—Muy bien. Ahí va mi respuesta. Eres la única persona por la que siento afecto, la única persona que me importa de veras. Si no te llamé, fue porque estaba convencido de que ya no sentías interés por mí, después de lo que ocurrió. Y ahora voy a decirte algo que no quiero que repitas, ni siquiera a tu propio padre. Si todo marcha bien, dentro de cinco años la familia Corleone será completamente respetable. La cosa no va a ser fácil, desde luego, pero se conseguirá. Y es en el curso de esos cinco años que existe la posibilidad de que te conviertas en una viuda rica. Me preguntas por qué deseo casarme contigo. Voy a decírtelo: porque te amo y porque me gustaría formar una familia. Quiero tener hijos. Y no quiero que mis hijos reciban de mí la influencia que yo recibí de mi padre. (...)"


martes, 13 de diciembre de 2011

¿NEGOCIO O CARIDAD?

Por muy diversos motivos, no me fío un pelo de casi ninguna ONG, y una de las cosas que más me irritan son sus triquiñuelas para sacarnos una pasta cuyo destino dudo mucho que sea realizar los proyectos de ayuda al desarrollo y paliar las necesidades que nos venden en sus folletos. Habitualmente trafican con la dignidad y con el dolor de las personas a las que dicen ayudar, y apelan al sentimentalismo más primario de los destinatarios de sus campañas publicitarias.

Hace una semana he recibido en mi buzón una carta de la asociación de artistas que pintan con los pies y con la boca. En el envío incluyen una colección de cinco o seis postales navideñas muy bonitas con sus respectivos sobres, y una larga nota apelando a mi generosidad, que, según ellos, debería consistir en depositar 9 euros en su cuenta corriente para pagarles los christmas. El escrito, como era de esperar, viene ilustrado con numerosas imágenes de los pintores sosteniendo el pincel con los labios o con el dedo gordo del pie.

Pero lo más sorprendente es que en un párrafo de la petición se ponen dignos y vienen a decir que ellos no pretenden vivir de la caridad, sino de su valía como artistas.

Yo soy hombre pragmático y poco sensiblero, y me gusta llamar al pan, pan, y al vino, vino. Por eso al recibir esta carta inmediatamente me he hecho tres preguntas:

¿Los christmas son gratis o hay que pagar 9 euros? A ver si se enteran de que en una compraventa debe concurrir la voluntad de ambas partes, y por eso si yo los recibo sin haberlos pedido, entiendo que son un regalo y en consecuencia no me siento moralmente obligado a hacer donativo alguno, aunque la intención de la asociación sea hacerme sentir mal por recibir sin dar a cambio.

¿Son una ONG para ayudar a los necesitados o un negocio particular suyo para ganar más? Porque estos señores ya tendrán sus pensiones por discapacidad, así que si me piden pasta, una de dos: o es un negocio para mejorar sus no dudo que escasos ingresos o es una limosna.

Si, según ellos, no piden limosna y solo aspiran a vivir de su vena artística, ¿por qué no intentan vender sus cuadros por los cauces de mercado habituales, es decir en galerías o exposiciones, y por supuesto sin especificar cómo los han pintado, en vez de enviar cartitas llenas de fotos de sus muñones en primer plano?

Creo que la caridad es un deber cristiano, pero no me gusta que se disfrace de otras cosas. Me gusta ser yo mismo quien valore la necesidad ajena antes de soltar un duro o prestar cualquier ayuda, y odio a los  encantadores de serpientes que aprovechan las épocas de especial sensibilidad y apelan toscamente al humanitarismo sola y exclusivamente para hacer caja.

sábado, 10 de diciembre de 2011

DONDE HAY CONFIANZA...

Uno de los dichos más certeros es el de “donde hay confianza da asco”. Creo que es necesaria una dosis enorme de inteligencia y de mesura para no sobrepasar la delgada línea que existe entre el trato cercanísimo y los abusos, entre la sinceridad absoluta y la falta de respeto. Y además, aunque tú sepas mantenter ese difícil equilibrio, de nada te sirve si los demás no. Es como conducir tu coche despacio, cediendo el paso y respetando las señales, que como venga un loco a doscientos y sin mirar, de poco sirve tu prudencia.

Los peores conflictos que he visto han sido casi siempre entre personas que tenían previamente una relación de máxima confianza y que se veían con mucha, quizá con demasiada asiduidad. Ahora con las Navidades llegan las cenas familiares y de amigos en las que tantas veces se acaba como el rosario de la aurora porque la gente tiene excesiva confianza entre sí, y en el territorio de la confianza suelen reinar el egoísmo, la pereza, la dejadez en el trato, el “qué más da” y las malas costumbres que llevan años implantadas pero un día alguien se cansa y explota.

Habrá quién diga que es una actitud hipócrita, pero a mí me encanta cuando la gente se acaba de conocer: cuando un desconocido se integra en un grupo de amigos, cuando te presentan a gente nueva, cuando una parejita lleva quedando una semana… Todos se esfuerzan en mostrar lo mejor de sí mismos, en caer bien y en cuidar mucho el trato. En cambio, esas pandillas que llevan saliendo desde EGB, pues qué queréis que os diga; muchas veces se aguanta por pura nostalgia porque, si te pones a mirar, la peña puede llegar a tales niveles de relax, y de hacer o decir lo que a cada uno le apetece “porque hay confianza” que, como bien dice el refrán, da asco.

No hay nada peor para la convivencia que hacer y decir lo que a cada uno le apetece. En el momento en que creemos que tenemos tanta confianza con alguien como para decirle cualquier cosa o para gastarle cualquier broma, la hemos cagado. Esto debería ser el dogma número uno en la amistad, en la familia, en el trabajo y en toda relación.

Podemos tener la sensación de que la confianza es un bálsamo que propicia el desahogo, la profundidad, las confidencias, el apoyo mutuo y, en definitiva, la felicidad, pero, ¿compensa la contrapartida? Porque en toda relación humana los lazos de la consideración debida se aflojan a medida que aumenta el conocimiento mutuo y se van sabiendo al dedillo los recovecos y los puntos débiles de los demás. Las normas de respeto se desbaratan cuando empezamos a dar por sentado que como este tío es amigo nuestro está obligado a aguantar nuestra pesadez y nuestras tonterías cuando nos dé la gana.

Probablemente la clave esté en la asiduidad que antes he citado. Ninguna relación debería ser tan asidua, tan promiscua si se quiere, como para hacernos perder las valiosas formas que deberían presidir, ¡también!, una charla con nuestros padres o una timba con los colegas. Hemos perdido las formas para todo y así nos va, pero una saludable distancia, una frialdad medida, una "barrera sanitaria" pueden ser el antídoto ideal contra los excesos, sin necesidad de perder ni un ápice de frescura ni de cariño.

jueves, 8 de diciembre de 2011

POGÜERPOIN



Si bien creo que las herramientas de Microsoft han contribuido en gran medida a hacernos la vida más fácil, tengo una opinión bastante pobre sobre el Power Point, la famosa aplicación para diseñar presentaciones. Más correcto sería decir que no es que me deasagrade el programa, sino que me parece que su uso abusivo e inapropiado en el ámbito de las charlas, conferencias, ponencias y cursos ha hecho muchísimo daño a este sector de actividad, deteriorando su calidad.

Con frecuencia tengo que acudir a ponencias de todo pelaje y cada vez me llevo más las manos a la cabeza de lo mal que se usa el Power Point, por lo que he llegado, como digo, a coger manía al programa injustamente.

Antes de su aparición, las conferencias eran una cosa seria. Ibas a escuchar a un señor con destacadas habilidades oratorias y un amplio conocimiento sobre el tema a exponer, y disfrutabas de su forma de expresarse, de los datos que daba, de los ejemplos que ponía. Podías cerrar los ojos, concentrarte, y empaparte de la materia que con tanta destreza iba desgranando el orador, que normalmente basaba su discurso en un pequeño guión escrito que se traía de casa.

Con los cursos pasaba parecido. El eje de una actividad formativa lo constituían sin duda los conocimientos del profesor, pero sobre todo su manera de transmitirlos. Todos sabíamos que a un buen profesor se le notaba nada más abrir la boca; que le bastaban, para hacernos aprender, su voz y su verborrea, aunque en ocasiones puntuales pudiera repartir resúmenes o utilizar el encerado o unas diapositivas. También sabíamos que cuanto peor era un docente más abusaba de las herramientas de apoyo, y que el profe torpe, tartamudo o coñazo siempre acababa repartiendo textos para leer, haciendo exponer los temas a sus alumnos o usando el proyector a cada momento.


Esto es un poco lo que pasa con el Power, que por su culpa hoy en día imparten rimbombates conferencias hasta los sujetos menos dotados para la oratoria, los más pesados, los menos preparados y los que menos llegan a la gente. Ahora cualquier mangarrián con unos elementales conocimientos informáticos se monta una presentación llena de dibujitos, de flechitas y de pariditas y va pasando de diapositiva a diapositiva limitándose a leer o a explicar por encima lo que pone.

El abuso de este invento es aterrador, primero por lo que digo de que ayuda a camuflar la incapacidad del conferenciante, pero además es que la mayoría de la gente no tiene ni idea de cómo utilizarlo y o bien pone una letra muy pequeña o demasiado texto en cada transparencia, o bien elige gráficos tan inadecuados que sus oyentes acaban dispersando su atención y quedándose en el árbol sin entrar en el bosque.

En efecto, la distracción es el principal problema al que conduce el programa. En cuanto nos informan de que el contenido íntegro de la ponencia va a ir viéndose en las diapositivas (¡que a veces se reparten impresas entre los asistentes!), surge una tentación inevitable de no hacer ni puñetero caso al que habla. Por culpa de este tipo de presentaciones, tendemos a concentrarnos en la anecdotilla de cada fotograma que sale del proyector en vez de intentar adquirir una visión global del tema de la charla. En definitiva desplazamos al ponente para dar protagonismo a su herramienta, reduciendo a la mínima expresión cualquier mérito de aquel y perdiendo la perspectiva de conjunto.

En todo caso, suele ser un problema de cantidad más que de calidad. Cuando el pogüerpoin, que ha sido concebido como un medio auxiliar y de apoyo a una exposición, se utiliza como pilar de la misma, pasa lo que pasa. Y por cierto, pasa casi siempre, pues muy raras veces he visto que el empleo de esta técnica mejore el resultado final o ayude a lucirse al que la utiliza.

lunes, 5 de diciembre de 2011

PANTERAS

Hay muy pocos animales que no teman al hombre y menos aún que lo utilicen ocasionalmente como sustento. Encabezando esta cortísima lista, se encuentran los felinos pertenecientes al género Panthera, es decir los que pueden rugir. Aunque a menudo se considera panteras únicamente a los grandes félidos de color negro, en realidad estos son simplemente ejemplares de leopardo o de jaguar con un exceso de pigmentación (melanismo), y el término pantera debería abarcar todas las especies con capacidad para emitir rugidos, esto es (por orden de tamaño) la Panthera Tigris (tigre), la Panthera Leo (león), la Panthera Onca (jaguar) y la Panthera Pardus (leopardo), este último mi animal favorito.

Lecciones de ciencias naturales aparte, no puede olvidarse que los representantes de este género se caracterizan por una inusitada agresividad con sus presas, con otros animales, con ejemplares de su misma especie y otros felinos, y con el hombre, con la curiosa excepción del jaguar, del que se han registrado contadísimos casos de ataques a humanos.

La fiereza de estos lindos gatitos para con los humanos no se limita, ya quisiéramos, a la defensa de sus crías o de su territorio, sino que a menudo simplemente nos ven como una presa más.

El devora-hombres más recurrente es sin duda la subespecie conocida como tigre de Bengala, que se zampa a 300 personas al año. Un caso difícil de olvidar es el del tristemente célebre tigre de Champawat (India), que se comió enteros a 436 pobrecillos en 1937.

Los leoncitos tampoco se quedan mancos. Casi 700 lugareños han muerto bajo las zarpas del rey de la selva en los últimos 20 años, algunos de ellos "cazados" en el mismo centro de poblaciones medianas. El recuerdo más siniestro es de la época del Apartheid, cuando miles de refugiados mozambiqueños sucumbieron a los ataques de este felino mientras atravesaban de noche el Parque Nacional Kruger que las autoridades sudafricanas mantenían clausurado durante el día.

Mi amigo el leopardo pesa algo menos que los dos anteriores, pero ello no le impide relamerse ante la perspectiva de jamarse a un señor. Las cifras son menos escandalosas y además este hermoso animal solo se aficiona a la carne humana tras haberla consumido accidentalmente al escarbar en tumbas, pero lo cierto es que es el más audaz de los devoradores de hombres, el único capaz de hacer boquetes en los tejados de las viviendas y colarse hasta las habitaciones para llevarse su trofeo.

Tras este entrañable relato, vienen las imágenes, que al menos en este caso dicen más que mil palabras. He seleccionado tres vídeos bastante duros (abstenerse los sensibles) en los que un tigre, un león y un leopardo demuestran su coraje y su fuerza atacando sin miramientos, en defensa propia, a los cazadores que intentan darles muerte. Ruego especial atención a los gritos estremecedores del joven montero que sufre las garras y las fauces del leopardo, a las heridas que le causa en tiempo récord, y, sobre todo, a la temeridad del león. Estoy seguro de que ninguno de los componentes de estas partidas de caza volverá jamás a intentar abatir una pantera.








sábado, 3 de diciembre de 2011

SEGUNDO MAQUINISMO

Nos vamos adentrando en lo que algunos llaman Segundo Maquinismo.

Recordemos lo que pasó en el siglo XVIII cuando las máquinas empezaron a sustituir el trabajo manual. Como un artilugio hacía el trabajo de cuatro personas, muchos obreros se fueron al paro y se produjeron fuertes convulsiones sociales y hasta surgieron movimientos como el ludismo inglés, que buscaba destruir la maquinaria y volver al sistema artesanal de producción.

Pues ahora con los ordenadores, con Internet y con la digitalización instantánea de documentos están dejando de hacer falta muchos puestos de trabajo que hasta hace no mucho nos parecían imprescindibles.


Pensemos por ejemplo en la clásica función de los auxiliares administrativos, que tardaban días en archivar torres de expedientes que ahora se ordenan, en formato pdf, en unos segundos, haciendo un par de clics.

Pensemos en las típicas tareas mecanográficas, que hoy en día ya no están reservadas a un perfil concreto de personal, sino que gracias al uso generalizado del pc, puede desempeñar cualquiera con una mínima soltura.

Pensemos en esos programas de contabilidad que existen ahora, que por lo visto metes en el escáner las facturas y te contabiliza en una mañana lo que antes hacían tres empleados en una semana.

Pensemos en las “cajeras automáticas” que yo ya he visto en súpers de barrio en Madrid. Escaneas tú mismo la compra y metes los billetes y monedas por una ranura. Solo hay una chica vigilando cada cuatro máquinas. Algo similar a los expendedores electrónicos de billetes de metro, que han hecho amortizar muchas plazas en taquilla.


Pensemos en que ya casi todo es autoservicio: gasolineras, bares, ikeas, fruterías y hasta restaurantes (no sé si conocéis los famosos Woks). Ya en pocos sitios sirven las mesas de las cafeterías y muy pronto no atenderán ni una terraza (en mi barrio, por ejemplo).



Pensemos que Internet pronto hará completamente innecesarios los negocios de intermediación en las transacciones, como por ejemplo las agencias de viajes.


Es cada día más evidente que a causa de todo esto hay mucha más población que puestos de trabajo necesarios y disponibles, que gran parte de las tareas humanas han sido asumidas por los dispositivos electrónicos y, en definitiva, que se ha quedado muy anticuado el mandato divino de que debemos ganarnos el pan con el sudor de la frente.


Pero lo chungo es que nuestra necesidad de comer varias veces al día sigue muy vigente. ¿Qué vamos a hacer para ganarnos los garbanzos cuando no haya funciones que realizar y por las que alguien nos pague? ¿De dónde vamos a sacar el dinero? ¿Nos pagará el Estado una subvención vitalicia aunque estemos en casa por falta de curro? ¿Nos harán rotar en los puestos, trabajando seis meses y descansando otros seis, para que todo el mundo tenga un empleo? ¿Qué vamos a hacer para ganarnos los garbanzos cuando no haya funciones que realizar y por las que alguien nos pague? ¿De dónde vamos a sacar el dinero? ¿Nos pagará el Estado una subvención vitalicia aunque estemos en casa por falta de curro? ¿Nos harán rotar en los puestos, trabajando seis meses y descansando otros seis, para que todo el mundo tenga un empleo?


Cuando comento esto con algún amigo, a veces me dicen que el ser humano es muy ingenioso y que terminaremos inventando nuevos servicios o fuentes de riqueza. Y la verdad es que no les falta razón porque cada día me queda más claro que este consumismo idiota y desproporcionado que nos atenaza, ese incitarnos a comprar una tele o un móvil nuevo cada cuatro años “porque se quedan obsoletos”, ese inventarnos necesidades absurdas que se llevan la mitad de nuestro sueldo, no es más que una estrategia para hacer frente al Segundo Maquinismo y a la sequía de puestos verdaderamente útiles a la sociedad.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

HISTORIAS DE ESPAÑA VIEJA (XXI): GUADALAJARA NO ES ABISINIA


Como ya dije en la entrega XVIII de Historias de España vieja, los izquierdistas suelen sobredimensionar la participación nazi-fascista en nuestra guerra civil para restar mérito a los militares del bando nacional. Si entonces hablé de Hitler y de su avión Junker, hoy vamos a recordar un episodio muy concreto protagonizado por el Corpo Truppe Volontarie de Mussolini.

El amariconamiento generalizado de los fascistas en la guerra española se manifestó en varios hechos concretos entre los que destaca la tibia rendición que pactaron, sin ninguna legitimidad, con los separatistas vascos (que fue anulada felizmente por el Caudillo dando a los gudaris su merecido) y su retirada más que vergonzante durante la Batalla de Guadalajara frente a la VIII División de Enrique Líster y las Brigadas Internacionales. Su huida de los comunistas en Brihuega más bien pareció la desbandada de una camada de conejillos a la llegada del zorro, dejando atrás en su carrera docenas de vehículos y carros de combate, y abandonando todas las posiciones ganadas en los días previos.

La bochornosa "hazaña" de los voluntarios camisas negras fue objeto de escarnio entre los soldados del bando nacional y la población civil, y hasta nuestros días han llegado por tradición oral multitud de chascarrillos al respecto. El más conocido es la versión improvisada de la canción Faccetta nera que circuló a partir del 37 por todos los frentes.

Faccetta nera es un famoso himno fascista (puede oírse en el vídeo) compuesto en 1935 como homenaje a la legítima pero no muy honrosa invasión de Etiopía por Italia. El estribillo de la canción original es así:


Facetta nera (carita negra)

bella abissina, (bella abisinia)

aspetta e spera, che già l´ora si avvicina (espera, espera, que la hora se avecina)

Quan noi saremo (en que estaremos)

tui fronte a te, (frente a ti)

noi ti daremo una altra legge, un altro rè. (te daremos otras leyes y otro rey)

Faccetta nera, (carita negra)

sarai Romana (serás romana)

e pé bandiera tu cia vrai quella italiana. (y por banderá tú ya verás la italiana)

Noi marceremo insieme a te (marcharemos junto a ti)

e sfileremo avanti al Duce e avanti al Re! (desfilaremos ante el Duce y ante el Rey)





Pues bien, los españoles cambiaron la letra y cantaban de esta guisa:



Desde Jadraque

hasta Sigüenza

chaquetearon cuarenta mil sinvergüenzas:

la retirada fue tan atroz

que hubo italiano que llegó hasta Badajoz.



Guadalajara

no es Abisinia,

aquí los rojos tiran bombas como piñas.

¡Menos palabras y más valor,

que viva España y la Falange de las J.O.N.S.!

Los italianos

en la trinchera

no se desprenden de sus camisas de seda,

en el empeine llevan charol

y por la calle van haciendo el maricón.



Españolita,

no te enamores,

espera, espera que vuelvan los españoles,

los italianos se marcharán

y de recuerdo un bambino te dejarán.

lunes, 28 de noviembre de 2011

5 METROS CUADRADOS


Todavía no sé por qué fui a ver esta película. Bueno, sí, porque me gusta el cine social, el que denuncia situaciones cotidianas de injusticia, y supuse que iba a encontrarme con un drama realista sobre las familias hipotecadas que se quedan en paro y demás, pero qué va: la cinta de Max Lemcke es una más a arrojar al cubo de la basura del cine español, por su inverosimilitud y por su histrionismo.


A pesar del protagonismo de Fernando Tejero, que hacía temer una charlotada de la peor catadura, 5 metros cuadrados empieza muy bien. Una pareja joven y trabajadora hace un esfuerzo para saltar del alquiler a la compra hipotecándose hasta las orejas por un pisito con vistas al mar en las afueras de Valencia. El piso se ha empezado a construir sin los preceptivos informes medioambientales y, a mitad de las obras, la Generalidad decide paralizarlo todo. Álex y Virginia se quedan sin piso y encima la constructora se niega a devolverles los cincuenta mil euros ya ingresados a cuenta.


La película tiene un planteamiento muy interesante, pues toca palos jugosos como el conchabeo entre los promotores y los concejales, el afán desmesurado de los jóvenes españoles por acceder a una vivienda en propiedad ya que “alquilar es tirar el dinero”, la repercusión de los problemas económicos en la estabilidad de las parejas, el papel de los padres o la precariedad laboral.


Pero el punto más débil de la cinta es su pobre desarrollo y principalmente el estrepitoso fracaso en su intento de que nos identifiquemos con los novios protagonistas.



Aparte de que las razones por las que interviene Medio Ambiente son absolutamente surrealistas (la supuesta aparición de un lince en un monte levantino) y de los deslices en materia procesal que deberían limarse en toda producción seria y bien asesorada, resulta pintoresca a más no poder la campaña orquestada por los propietarios damnificados contra el presidente de la promotora, rozando el guión, en su último tramo, los límites del género de la comedia de acción, por no hablar del absurdo final.

Además, ya digo que la pareja protagonista no se la cree nadie. Y no solo porque al amigo Tejero es imposible imaginarlo en cualquier papel dramático, es decir sin hacer de payaso tonto del circo o sin atender la pescadería de la que nunca debió salir, sino porque a estos tortolitos que compran sobre plano en una bonita urbanización les pasan unas cosas que yo no he visto en mi vida en una familia normal.

Por ejemplo, como no les entregan la casa se tienen que ir a vivir donde los padres de ella y dormir en un colchón hinchable. Pero luego el padre (¡menudo padre!) se cabrea porque no aportan nada a la economía familiar y los larga a la calle sin contemplaciones, aun a sabiendas de que no tienen ni para comida. Entonces los pobres se meten en una habitación de hotel (que no pagan hasta que los echan) y viven a base de bocadillos, y como si el tal Álex (Tejero) no lo tuviera ya bastante chungo, se empieza a escaquear del trabajo para acudir a las protestas de los afectados por la estafa, y le acaban poniendo de patitas en la calle.

La pregunta que se hacía todo el cine es por qué una parejita que trabajan los dos tiene que pasar por esas penurias estilo años cuarenta después de enterarse de la paralización de las obras, cuando a partir de ese momento dejan de ingresar cantidades al promotor y, por lo tanto, disponen de sus sueldos íntegros. Una pregunta imposible de contestar, ya que casi nada en el argumento tiene ni pies ni cabeza.

Que nadie la vea, ¿eh?

sábado, 26 de noviembre de 2011

AL NERI DEJARÁ DE ESCRIBIR


Suelo tener curiosidad por las razones que llevan a la gente a escribir un blog. Por eso aprovecho esta entrada para preguntar a nuestros blogueros amigos por qué cada día o cada tres días sienten la necesidad de sentarse frente al teclado y plasmar por escrito y por Internet sus ideas o sentimientos. Seguro que salen motivaciones muy distintas.


Aun así, si por ejemplo me contestaran a esta pregunta cien personas con blog, estoy convencido de que menos de diez serían sinceros del todo.


Casi todos los que escriben en una bitácora, tarde o temprano (y hoy me toca a mí), terminamos poniendo un post para explicar por qué lo hacemos. He leído bastantes de estas explicaciones y, la verdad, casi siempre es lo mismo: que si les gusta escribir, que si es una forma de reflexionar sobre lo que les rodea, que si así se comunican con sus amigos y se divierten, que si les ayuda a mejorar su expresión escrita, que si incentiva su creatividad

Todo esto está muy bien y creo que casi todos compartimos en alguna medida estos móviles, pero a mí me resulta muy llamativo que nadie reconozca una de las razones que, en mi opinión, más peso tiene para muchos de nosotros, y es que escribimos un diario digital porque nos gusta que nos lean más que a un tonto una peonza. O sea, que detrás de un blog siempre hay un señor o una señora un pelín egocéntricos que si escriben en la Red de Redes en vez de en un cuaderno suyo es porque les apetece ser leídos y, si es posible, comentados; que creen que no lo hacen mal y que tienen algo especial que decir al mundo.

Hay multitud de indicios inequívocos de que esto es así, digan lo que digan, pero el más evidente de todos es que cuando un bloguero detecta que no lo lee ni su madre, se desanima y cierra el chiringuito, ya lleve publicando dos semanas o dos años. Normalmente abandona el blog sin mayores explicaciones, tras un período de entradas cada vez más espaciadas, y otras veces se justifica con argumentos diversos como el exceso de trabajo, el estrés o problemas personales, pero muy rara vez (yo solo conozco un caso) admiten que están hartos de perder el tiempo escribiendo sus reflexiones para que no las lea nadie.

La mayoría de los internautas consideramos que dedicar tiempo a un blog publicando unas entradas mínimamente extensas, trabajadas o documentadas solo nos compensa si logramos el número suficiente de lectores para satisfacer nuestro ego.

Aunq
ue cuidado, porque este ego o como queramos llamarlo no siempre tiene un lastre peyorativo, ya que es perfectamente legítimo desear que a uno lo sigan y, además, hay gente que escribe con intención de captar lectores pero sus publicaciones son, a la vez, un gesto de generosidad en la medida que con ellas comparte reflexiones, experiencias o conocimientos que pueden enseñar cosas, ayudar a pensar o hacer mucho bien a los demás.

Como ya dije en el primer post de La pluma, mis razones para escribir son variadas y una de ellas es permitirme un sano desahogo crítico, casi terapeútico, contra tantas cosas que me disgustan de esta sociedad en la que a veces pienso que cada día encajo menos. Pero reconozco también sin rodeos el motivo antes apuntado: escribo porque deseo que se me lea y llegar a la gente, a cuanta más mejor.


Por eso mismo aviso que el día que compruebe que el número de visitas desciende por debajo de un umbral razonable, Al Neri dejará de dar la turra.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

LOS MALOS ROLLOS DEL FACEBOOK




Del invento este de Facebook, no sabe uno bien qué pensar, porque esta herramienta, que se supone ha sido diseñada para acercarnos más los unos a los otros, para compartir fotos, mensajes, eventos, juegos y felicitaciones, y, en definitiva, para fomentar el buen rollito, a veces provoca unos conflictos inimaginables en las relaciones de tú a tú.

No me refiero solo a que es una fuente de cotilleo insano, ya que un alto porcentaje de usuarios lo utiliza de forma mezquina para intentar curiosear la vida de los demás (fotos, amigos…) pero bloqueando sus propios contenidos para evitar el fisgoneo ajeno.

Lo que quiero comentar más bien es que por culpa del Facebook más de una vez nos vemos obligados a decirle a determinada gente a la cara que no nos cae bien o que no tenemos el más mínimo interés en que sepan nada de nosotros, o sea una situación a todas luces incómoda que jamás se produciría en una relación presencial.

Me explico. Antes de la era Zuckerberg, si tenías un conocido que te parecía un cretino, un pesado o un bocazas, bastaba con disimular educadamente, con sonreír un poco y con decirle “sí, majo, sí, lo que tú digas” las tres veces que te lo encontrabas al año. Pero es que ahora, si al muy gilipollas se le ocurre enviarte al Facebook una solicitud de amistad (porque se las manda hasta al gato), no te queda otra que rechazarla, so pena de pasarte el día leyendo sus memeces o de saciar toda su curiosidad sobre tus vacaciones, tus conocidos, tus hijos o tus opiniones.

Es decir, que no te queda más remedio que reconocerle claramente que pasas de él, con las comprensibles suspicacias que ello le provocará, porque, como es lógico, a nadie le gusta ser rechazado de ninguna manera. Desde ese día, cada vez que te topes con él en la calle, sabrá casi con total certeza que, mientras le sonríes y te despides, “ale, campeón”, en realidad estás pensando que es un pelanas del quince y que quieres mantenerlo lo más lejos posible de ti.

Aunque esto, la verdad, es simplificar un poco porque muchos utilizamos la red social por excelencia para comunicarnos únicamente con la familia y los amigos más cercanos, y no agregar a un compañero de trabajo o a un simple conocido no significa por narices que les tengamos en mala consideración, sino solo que no nos apetece que formen parte de nuestro mundo íntimo y familiar.

A pesar de ello, hay muchos que no lo entienden y se extrañan, se incomodan o se cabrean si son inadmitidos, y más si repasan la lista de amigos de quien les bloquea y comprueban que otras personas sí figuran en ella sin tener con él, en su opinión, una relación más estrecha que la suya.

lunes, 21 de noviembre de 2011

ENCUESTA ELECCIONES 2011

Pregunta: ¿qué votarás el 20 de noviembre? (pueden elegirse varias opciones)


Votantes: 89


Duración: Un mes.

Respuestas:


a) PSOE: 11 votos (12%)


b) PP: 18 votos (20%)


c) IU: 8 votos (8%)


d) UPyD: 8 votos (8%)


f) A los que prometan defender la Unidad de España y poner fin al circo del Parlamento y de los partidos políticos: 12 votos (13%)


g) No iré a votar: 20 votos (22%)


h) Votaré en blanco : 2 votos (2%)


i) Aún no lo he decidido: 3 votos (3%)


j) Votaré en función de las circunstancias, atentados, comunicados, manifestaciones de los Indignados y demás teatrillos que se monten durante la campaña: 5 votos (5%)


k) Tengo claro que no votaré ni al PP ni al PSOE: 15 votos (16%)


l) Otras opciones: 6 votos (6%)

sábado, 19 de noviembre de 2011

YO NO VOTO



Porque no me gusta participar en competiciones, supuestamente deportivas, donde las normas estén viciadas, el árbitro esté comprado y el contrario sea un niño rico y un guarro. No sería capaz de terminar ni el primer tiempo sin partir la cara al adversario, al árbitro y al propio público.


Porque, a pesar de lo que crean los cortitos, el hacer uso de un derecho no me otorga otro: quejarme y protestar. Lo que me otorga el derecho a patalear es ser un ciudadano honrado y de orden, que trabaja a diario, que paga sus impuestos y que acata unas leyes -no todas- que no comparte y que considera de origen ilegítimo. Y que, a pesar de ello, ha jurado ofrecer a España hasta la última gota de su sangre.


Porque no creo que de la diversidad de opiniones surja la verdad.


Porque niego que la mayoría, la masa iletrada, corrupta y corruptible, nunca se equivoque.


Porque de la suma de los egoísmos individuales nunca podrá nacer el Bien Común.


Porque me niego a creer que un violador y asesino de niñas tenga el mismo de derecho que yo a decidir el destino de mi nación.


Porque me niego a dar mi apoyo a miembro de secta alguna para que, durante cuatro años, haga y deshaga a su antojo sin que se le puedan pedir responsabilidades.


Porque no creo que Todo se pueda decidir introduciendo un papelito en una caja de metacrilato.


Porque no me gusta que me obliguen a decidir entre arsénico o cianuro.


Porque más de cien mil no nacidos, asesinados cada año en el vientre materno, se merecen una respuesta más contundente y eficaz.


Porque las farsas me repatean.


Porque las papeletas electorales deberían ser impresas en papel más suave y absorbente.


Porque me parece antiestético.

Porque me repugna pasar por la calle y escuchar a la maruja o al juanlanas de turno exclamar agilipolladamente: «Vengo de cumplir con mi deber democrático».

Porque me parece poco varonil.



video




De Rojo y Negro. Carlos Arévalo - 1942.

TEORÍA DE LOS PESADOS

En un imprescindible ejercicio de humildad debemos reconocer que todos, en algún momento o en algunas situaciones, llegamos a resultar pesados, pero la cuestión es por qué algunas personas concretas adquieren fama de plastas, de palizas, de cargantes, y la conservan durante toda su vida. En nuestra familia, en nuestro grupo de amigos, en el trabajo, hay uno o dos sujetos de los que todo el mundo dice que son insoportablemente pesados, que cada vez que aparecen o abren la boca, todo el mundo resopla de tapadillo, o desconecta o se larga si es posible. ¿Por qué son así?, ¿son todos iguales?, ¿qué hacen para cansar y aburrir a los demás?, ¿es justa su fama o depende de simpatías o apreciaciones subjetivas? Hoy toca analizar las características de los pesados.

La percepción de que alguien es un palizas suele tener mucho que ver con su forma de expresarse. Es muy habitual que la gente soporífera lo sea principalmente por sus escasas habilidades con el lenguaje, lo que se traduce en emplear cinco minutos y doscientas frases y circunloquios para exponer una idea que podría transmitirse en unos segundos y con tres oraciones. Son poco amenos y acaban resultando cansinos, por muy buena intención que tengan. También contribuye en gran medida a hacerse con reputación de fatigoso el tener un tono monótono o desagradable al hablar, por ejemplo voz de pito o fuertemente nasal.

Otras veces no se trata tanto de que se enrollen al decir las cosas, sino más bien de que no se callan ni debajo del agua. Me refiero a esos tipos agotadores que cuando te tomas una caña con ellos o te los encuentras en los pasillos de la oficina no paran de hablar y hablar, como una ametralladora, saltando nerviosamente de un tema a otro sin solución de continuidad y no dejándote meter baza en ningún momento. Cuando tú te propones decir algo, se les nota en la cara que no te escuchan y que están aguardando a interrumpirte a la mínima y, por supuesto, lo acaban haciendo más pronto que tarde. En cualquier conversación solo se les oye a ellos y terminan levantando dolor de cabeza y exasperando al más paciente.

También se puede ser un petardo auténtico no en función de cómo ni cuánto se habla, sino de las cosas que se dicen. Probablemente el plasta más característico es aquel que carece de la más mínima variedad de registros de conversación, empeñándose en sacar siempre los mismos temas en cualquier situación y delante de quién sea, sin atender al tipo de interlocutor o a sus gustos e intereses. Esto pasa a veces porque el pesado es un lerdo sin ninguna cultura que solo sabe conversar sobre fútbol, por ejemplo. En otras ocasiones el problema es su carácter obsesivo; sucede que algo le entusiasma o le preocupa muchísimo pero es incapaz de percatarse de que a los demás ese tema les importa un huevo. De estos últimos, yo conozco dos ejemplos de libro: un amigo mío ingeniero que siempre acaba hablando con detalle de su empresa y de su trabajo poniéndonos a todos la cabeza como un bombo, y una chica de mi oficina, muy maja, pero que cuando tuvo un bebé no hacía más que hablar de tomas, de pañales y de caquitas durante el desayuno (y así durante dos años) y resulta que desayunaba con tres compañeras solteronas. Acabaron malamente.

En esta última línea, otros dos prototipos de tío insufrible son aquel que siempre hace el mismo tipo de broma impertinente sin observar que a nadie le hace ni pizca de gracia, y el clásico obseso sexual, que en cuanto se junta a solas con otros hombres, aun sin tener ninguna confianza, no para de hacer chistes guarrindongos y de desviar morbosamente cualquier conversación para hablar de mujeres, de tetas, de culos o de sus hazañas eróticas reales o imaginarias.

Pesado también lo es alguien molesto por su comportamiento repetitivo o incómodo: el que intenta continuamente convencerte de algo cuando salta a la vista que no te interesa, el que está todo el día llamándote por teléfono y se tira siglos al aparato sin decir nada sustancioso, o el amigo con complejo de animador sociocultural, con un afán de protagonismo tan patológico que no para de organizar, sin que nadie se lo pida, toda clase de actividades, salidas, cenas y excursiones, sin dejar respirar a la peña ni un fin de semana y dando una matraca de cuidado para conseguir asistentes a sus eventos. Este último especimen, por cierto, a menudo cumple una función social inestimable.

Pero como he insinuado al principio, el concepto de plasta no siempre es objetivo y ser catalogado como tal puede llegar a ser un acto tendencioso motivado por la mala intención o por intereses o antipatías personales. A veces resulta que alguien no nos cae bien o no nos gusta que hable de determinados temas o nos diga determinadas cosas que tiene todo el derecho a decirnos, y entonces buscamos la complicidad de los demás para ponerle la etiqueta de estomagante, a fin de restarle crédito o de neutralizar sus comentarios. Recuerdo con vergüenza ajena como un amigo al que otro debía cien euros desde hace meses tuvo encima que soportar, la tercera vez que le recordó la deuda, que el muy cara le llamara cansino y agonías. También he visto casos parecidos con las ideas políticas o con la afición a un determinado club de fútbol: cuando en un grupo de amigos casi todos son del Barça o del PSOE pero hay uno que defiende un par de días a los merengues o a Rajoy, al final terminarán abucheándole por “pesaíto”.

En fin, que hay muchas clases de pesados y nada me gustaría más que entre todos pusiéramos ejemplos, cuanto más hilarantes mejor, que nos ayudaran a estar alerta y a protegernos como es debido de esta enojosa especie.

P.D.: Y no olvidemos al facebook-maníaco, que parece, por todo lo que publica, que es el único amigo que tenemos agregado...

jueves, 17 de noviembre de 2011

PARA QUE SIGAN ABUSANDO

Tengo una excelente memoria y recuerdo muy bien qué establecimientos concretos de mi ciudad (sobre todo algunos bares) abusaron más descaradamente con los precios en 2002, aprovechando el cambio al euro. Me refiero a los sinvergüenzas que subieron el café de cien pesetas a un euro y el cubata de quinientas a cinco euros. Aunque suela generalizarse injustamente, no todos los hosteleros cayeron en esta tentación, pero los que sí lo hicieron siempre me parecieron despreciables y merecedores de un castigo contundente, que jamás imaginé que fueran a recibir.

Pues bien, en estos tiempos difíciles muchos negocios se van a pique, y reconozco que no siento la menor compasión cuando compruebo que cualquiera de estos usureros (y ya van unos cuantos) ha cerrado y se ha quedado con una mano delante y otra detrás; es más, me alegro, me alegro mucho de que se les reviente el saco de la avaricia y desaparezcan de la circulación. Otro menos a robar, me digo.

Como además esta gentuza no sabe hacer la “o” con un canuto, no conseguirán reciclarse y sufrirán merecidamente unos añitos de travesía por el desierto, comiéndose los mocos y enterándose de cuál es (o debería ser) el destino de los jetas.