jueves, 8 de diciembre de 2011

POGÜERPOIN



Si bien creo que las herramientas de Microsoft han contribuido en gran medida a hacernos la vida más fácil, tengo una opinión bastante pobre sobre el Power Point, la famosa aplicación para diseñar presentaciones. Más correcto sería decir que no es que me deasagrade el programa, sino que me parece que su uso abusivo e inapropiado en el ámbito de las charlas, conferencias, ponencias y cursos ha hecho muchísimo daño a este sector de actividad, deteriorando su calidad.

Con frecuencia tengo que acudir a ponencias de todo pelaje y cada vez me llevo más las manos a la cabeza de lo mal que se usa el Power Point, por lo que he llegado, como digo, a coger manía al programa injustamente.

Antes de su aparición, las conferencias eran una cosa seria. Ibas a escuchar a un señor con destacadas habilidades oratorias y un amplio conocimiento sobre el tema a exponer, y disfrutabas de su forma de expresarse, de los datos que daba, de los ejemplos que ponía. Podías cerrar los ojos, concentrarte, y empaparte de la materia que con tanta destreza iba desgranando el orador, que normalmente basaba su discurso en un pequeño guión escrito que se traía de casa.

Con los cursos pasaba parecido. El eje de una actividad formativa lo constituían sin duda los conocimientos del profesor, pero sobre todo su manera de transmitirlos. Todos sabíamos que a un buen profesor se le notaba nada más abrir la boca; que le bastaban, para hacernos aprender, su voz y su verborrea, aunque en ocasiones puntuales pudiera repartir resúmenes o utilizar el encerado o unas diapositivas. También sabíamos que cuanto peor era un docente más abusaba de las herramientas de apoyo, y que el profe torpe, tartamudo o coñazo siempre acababa repartiendo textos para leer, haciendo exponer los temas a sus alumnos o usando el proyector a cada momento.


Esto es un poco lo que pasa con el Power, que por su culpa hoy en día imparten rimbombates conferencias hasta los sujetos menos dotados para la oratoria, los más pesados, los menos preparados y los que menos llegan a la gente. Ahora cualquier mangarrián con unos elementales conocimientos informáticos se monta una presentación llena de dibujitos, de flechitas y de pariditas y va pasando de diapositiva a diapositiva limitándose a leer o a explicar por encima lo que pone.

El abuso de este invento es aterrador, primero por lo que digo de que ayuda a camuflar la incapacidad del conferenciante, pero además es que la mayoría de la gente no tiene ni idea de cómo utilizarlo y o bien pone una letra muy pequeña o demasiado texto en cada transparencia, o bien elige gráficos tan inadecuados que sus oyentes acaban dispersando su atención y quedándose en el árbol sin entrar en el bosque.

En efecto, la distracción es el principal problema al que conduce el programa. En cuanto nos informan de que el contenido íntegro de la ponencia va a ir viéndose en las diapositivas (¡que a veces se reparten impresas entre los asistentes!), surge una tentación inevitable de no hacer ni puñetero caso al que habla. Por culpa de este tipo de presentaciones, tendemos a concentrarnos en la anecdotilla de cada fotograma que sale del proyector en vez de intentar adquirir una visión global del tema de la charla. En definitiva desplazamos al ponente para dar protagonismo a su herramienta, reduciendo a la mínima expresión cualquier mérito de aquel y perdiendo la perspectiva de conjunto.

En todo caso, suele ser un problema de cantidad más que de calidad. Cuando el pogüerpoin, que ha sido concebido como un medio auxiliar y de apoyo a una exposición, se utiliza como pilar de la misma, pasa lo que pasa. Y por cierto, pasa casi siempre, pues muy raras veces he visto que el empleo de esta técnica mejore el resultado final o ayude a lucirse al que la utiliza.

9 comentarios:

Aprendiz dijo...

Yo pienso que hay temas en los que un apoyo con powerpoint es muy bueno, por ejemplo cuando se dan datos numéricos o fechas o características... que se dicen rápido y si alguien quiere tomar nota quizás no los memorice. O como índice para orientarse sobre el tema...

Pero cuando te hablan de algo de historia o definiciones y te escriben una parrafada... al final ni escuchas al que expone ni lees el tocho.

En la Universidad la exposición de los trabajos los piden acompañados de un powerpoint, por eso ahora no sabemos hacer nada sin ellos...

tomae dijo...

Como por aquí soy bastante nuevo y no me conocen apenas, aprovecho para comenta esto con rotundidad:

No me gustan nada los "powers" que te llegan vía mail con esas frasecitas que encima tardan una eternidad en aparecer...

Álex dijo...

"Desplazamos al ponente para dar protagonismo a su herramienta": menuda sorpresa viniendo de usted, no me extraña que le haya cogido manía al powerpoint si le provoca esos efectos, sr. Neri.
Saludos sonrientes a todos.
( ¡Hola, tomae! )

El chico de los tablones dijo...

Totalmente de acuerdo con usted, Al. Los pseudobolonios de los cojones que me dan clase (y añado el prefijo "pseudo" porque, después de todo, lo mío son licenciaturas y no grados) suelen ser unos pésimos comunicadores y por eso acostumbran a disimularlo con unos pogüerpoins la mar de coloristas y vistosos.

Por si eso no fuera suficiente, nos obligan a los alumnos a hacer exposiciones en público para así forzarnos a hacer el pertinente pogüerpoin y poder reciclarlo ellos para utilizarlo en cursos sucesivos, los muy jetas.

El caso es que, como la idea hablar en público no sólo no me da vergüenza sino que siempre me ha resultado atractiva, de un tiempo a esta parte he optado por boicotear el uso de este pernicioso "apoyo didáctico". Avalado por mi dilatadísimo historial de salidas de tono y provocaciones a profesores incompetentes, algún día me veo que tendré un cruce de palabras con algún profesor de optativa de esta guisa:

- Tablones, ¿no ha hecho usted pogüerpoin como los demás?
- No, en el programa de la asignatura no ponía que fuera obligatorio.
- ¿Y sus compañeros y yo cómo vamos a tener un soporte escrito de su trabajo, entonces?
- Ya les enviaré el documento en Word, no creo que sea problema.
- ¿Y piensa salir a hablar así, sin folios ni nada?
- Eso es problema mío, que por algo soy el evaluado. Yo intentaré ser claro en mi exposición; el resto depende de la atención que usted y los demás me quieran prestar.

trija dijo...

A mi el "pogüerpoin" es un programa que me repatea muchísimo. Tan solo lo he usado las veces en que, de estudiante, me lo imponían los profesores para presentaciones y demás.

Me parece que es un programa que te quita muchísimo tiempo, ya que te entretiene en un montón de pijadas y luego los resultados no son los esperados ya que queda tosco y muy feo.

Anónimo dijo...

Incluso han acuñado por ahí el término de "powerpointismo" para referirse al abuso de esta herramienta en consultoras, básicamente para vender humo al cliente de turno.

eic dijo...

para conferencias buenas sin powerpoint esta....


pufff


http://elguateque-mix.blogspot.com/2011/11/alierta-rioja.html

eic dijo...

vaya claridad de ideas..
vaya locuacidad...
vaya pronunciación..
vaya sinteis.s..

......vaya torrija llevaba el cabron....

Elena Nito dijo...

Muy bueno el apunte de Álex..ja, ja, y qué cara lo cuenta el Boy de los tablones..hacer a los alumnos que te hagan el trabajo! (qué buena idea!!..).

Como dice Aprendiz, no se puede comprimir el Antiguo Testamento en una diapo, pero como herramienta de apoyo creo que es estupenda..cuando funciona. Aquellas aburridas transparencias..esas sí que eran fiables..

Y está claro que hay mensajes que no se pueden dar de otra manera:

http://www.youtube.com/watch?v=_8X-DIVeWZQ