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martes, 22 de diciembre de 2015

LA GUERRA CIVIL CONTADA A LOS JÓVENES

El conocido autor de bestsellers navideños Arturo Pérez-Reverte acaba de publicar un ensayo corto sobre la guerra civil española destinado al público de las nuevas generaciones, a una juventud ya desprovista de buena parte de los conocimientos y prejuicios de sus padres y abuelos sobre este espantoso conflicto que “causó miles de muertos, destruyó hogares, arruinó el país y llevó a mucha gente al exilio”. El loable objetivo de Reverte ha sido escribir una microhistoria de nuestra guerra, “de forma escueta, objetiva y rigurosa, sin clichés partidarios ni etiquetas fáciles”, dirigida a quienes no conocen del tema más que cuatro generalidades escuchadas de refilón o, en el mejor de los casos, leídas en los libros de texto.

Debo confesar que he leído La guerra civil contada a los jóvenes con la guardia muy alta y con los máximos recelos, dada la intensa antipatía que profeso hacia su autor. Y una vez terminada la lectura también debo admitir en justicia que mi opinión sobre el libro, sin llegar a ser entusiasta ni mucho menos, es bastante más favorable de lo que esperaba. Pero vayamos por partes.

Honestamente no me cabe otra que hacer numerosos elogios al ensayo. Se trata de un muy buen resumen que cumple de sobra su cometido de dar una visión de conjunto sobre la guerra civil a quien no sabe nada sobre ella. El texto está extraordinariamente bien escrito y sobre todo resulta muy claro. La selección de contenidos en general y la estructura en capítulos concisos y directos me han resultado muy atractivas. La mejor parte, sin duda, es el relato de las principales batallas, que recomiendo leer a todo el mundo, y en el que el periodista cartagenero demuestra una vez más que en el campo de la historia militar sabe moverse como pez en el agua. Finalmente, también son encomiables la presentación del volumen y las preciosas ilustraciones de Fernando Vicente, a pesar de algunos errores históricos sin importancia. Me ha gustado especialmente el anexo gráfico con dibujos de los oficiales, soldados y milicianos de las principales unidades de ambos bandos.

Agotado mi repertorio de alabanzas, paso a valorar, también con la máxima honestidad intelectual, si el libro cumple la promesa de ser “objetivo” y de no incurrir en “clichés partidarios ni etiquetas fáciles”. Hacer un diagnóstico sobre su neutralidad es bien sencillo. Basta con preguntarse si, una vez leído, puede adivinarse fácilmente con qué facción simpatiza Pérez-Reverte. Y la respuesta es que sí, que está al alcance de cualquiera con un mínimo de picardía acertar sus ideas tras leer el texto, aunque quizá no tanto –y ahí está el problema- para quienes se adentran por primera vez en esta materia, que son precisamente los destinatarios de la obra.

Don Arturo no es neutral y él lo sabe, pero tampoco cae en el sectarismo. Posiblemente el mayor o quizá el único defecto en el que incurra sea contar la guerra a los chavales desde la óptica y los parámetros políticos y culturales del siglo XXI, haciendo continuos e inoportunos contrastes entre los valores de los años treinta y los actuales, y lanzando, con pretendida sutileza, numerosos juicios morales. Es una pena que haya caído en esta tentación, pues el libro está muy bien planteado y podría haber sido, por fin, un referente de imparcialidad en la bibliografía sobre la guerra civil. Pero el resultado final es imperfecto porque no ayuda nada a los adolescentes y jóvenes de hoy a situarse en el contexto de 1936. El autor se limita, a grandes rasgos, a insinuarles que la Segunda República era buena porque sus fundamentos políticos eran más similares a los del régimen nacido en 1978 que los encarnados por el bando nacional. De hecho, al libro lo salva su gran brevedad y su carácter esquemático; con un 25% más de extensión, al autor se le habría visto el plumero desde la luna.

Con todo, el ensayo no es malintencionado y tiene la virtud de destacar repetidamente la valentía y la heroicidad que se vivió en ambos bandos, señalándose que “se dieron numerosos casos de infamia, pero también de dignidad” y que “mucha gente se mostró humanitaria y compasiva”. También se pretende la equidad al tratar los episodios represivos en ambas zonas, y se hace un esfuerzo por explicar de forma desapasionada los conceptos ideológicos y la doctrina de los distintos partidos y sindicatos, a cuyo efecto se incluye un anexo de definiciones que es rescatable en buena medida pese a haberse redactado a gruesos brochazos, no se sabe si para no liar al joven lector o para llevarle por el “camino recto”.

Me gustaría hacer muchas aclaraciones sobre algunos excesos del libro, pero voy a limitarme a comentar brevemente sus aspectos más tendenciosos y aquellos párrafos en los que se bordea la manipulación histórica. Para mayor claridad, los textos originales siempre los pongo en cursiva y entrecomillados.


- Se subraya el contraste entre la “república democrática, con representantes elegidos por el pueblo”, el “legítimo gobierno republicano”, y “los militares sublevados”, olvidando mencionar que la República “nació” de unas simples elecciones municipales y que su proclamación no pudo ser más ilegal e irregular.

- En el análisis de los antecedentes y causas de la contienda no se hace ni una raquítica alusión al golpe de estado que intentó dar el PSOE cuando las derechas ganaron las elecciones de 1934.

- Se niega el carácter popular del Alzamiento del 18 de julio y no se menciona ni de pasada la importancia del factor religioso en el apoyo a la sublevación de amplios sectores de las clases humildes. “Aunque todo estaba un poco mezclado, pues la sociedad española era compleja, los obreros y campesinos se agrupaban mayoritariamente en organizaciones de izquierda, y la burguesía, los terratenientes y el ejército eran más próximos a las de derecha.”

- Hay algunas afirmaciones que parecen una burla a los lectores viniendo de un liberal como Reverte: “La tierra no era de quien la trabajaba, y las condiciones laborales en las fábricas eran a menudo injustas”. Me río por no llorar.

- Abundan los juicios de valor indisimulados al comparar las doctrinas políticas: “Algunos españoles miraban hacia el extranjero en busca de modelos políticos que aplicar como soluciones. Unos eran moderados y otros extremistas". Igualmente la definición de "fascismo" ("movimiento político que defendía un estado dictatorial") es bastante menos bucólica que la de "comunismo" ("movimiento político que busca la creación de una sociedad sin clases sociales en la que los medios de producción sean de todos los individuos").

- Parece olvidarse que en el Alzamiento participaron todas las organizaciones "de derechas" (salvo el PNV) y no solo las “más extremistas”. La CEDA de Gil-Robles (que don Arturo parece considerar moderada) contribuyó activamente a la preparación del 18 de julio. “Dispuestos a hacerse con el control de la situación, y una vez puestos de acuerdo con los movimientos más extremistas de derecha (…) , buena parte de los jefes y oficiales del ejército se sublevó contra la República”.

- No se menciona en ninguna parte que el gobierno de la Segunda República tras febrero del 36 se encontraba en manos de la extrema izquierda, tan antidemocrática o más que los alzados en julio.

- Se resaltan en exceso los detalles y las cifras del apoyo italiano y alemán a los nacionales, citándose muy someramente la intervención soviética: “La Rusia soviética también intervino activamente con consejeros y armamento.”

- Dice al hablar de la represión en ambas zonas: “La diferencia (…) era que, mientras en la zona gubernamental esta barbarie era, en buena parte, fruto del desorden y obra de elementos incontrolados, en la zona rebelde los asesinatos eran tolerados y hasta organizados por los mandos militares”. ¡Falso! En la zona roja también hubo multitud de ejecuciones organizadas por los mandos militares y por el gobierno “legítimo”, y en la zona nacional muchos de los crímenes también fueron “fruto del desorden y obra de elementos incontrolados”. De hecho, las autoridades militares prohibieron a las milicias (falangistas, carlistas) llevar a cabo fusilamientos sin autorización, y la máxima autoridad falangista hasta abril del 37, Manuel Hedilla, se desgañitó exigiendo moderación y prohibiendo los “paseos”. Todas estas advertencias fueron desoídas sistemáticamente, igual que sucedió con las que hizo el gobierno republicano en su zona.

- También sobre el tema de la represión se recurre a una absurda comparación de cifras. “Durante la Guerra Civil fueron asesinadas 180.000 personas fieles a la República, a veces por el simple hecho de estar afiliadas a un sindicato”. “La España republicana también conoció innumerables detenciones arbitrarias, torturas y asesinatos, que se calculan en unos 50.000.”. Existe una práctica unanimidad entre los historiadores en que si los izquierdistas provocaron menos víctimas que los nacionales es porque dominaron menos territorio y menos población.

- Se citan muchos más episodios represivos protagonizados por el bando nacional (Badajoz, carretera Málaga-Almería, Guernica, etc) que por los “republicanos” (solo Paracuellos).

- Se entra solo en los pormenores escabrosos que interesan. En un claro guiño a las feministas, se incluye un estúpido capítulo sobre la represión de las mujeres en la zona franquista, incidiendo en detalles anecdóticos como el rapado al cero y la ingesta de aceite de ricino. De las castraciones a sacerdotes y del corte de los pechos de las monjas no se dice ni pío. ¡O detallamos todo o no detallamos nada! “En la zona republicana los abusos a mujeres fueron más frecuentes”.

- “Todos los progresos sociales y políticos que las mujeres habían logrado con la República quedaron abolidos en la zona franquista. Allí, la imagen de la mujer activa, independiente y dueña de su propia vida se planteó como algo negativo, y fue sustituida por un modelo de mujer sumisa, esposa y madre, hogareña y religiosa.”  Reverte debe de haber olvidado por error la labor de la Sección Femenina en favor de la promoción, la alfabetización y el aprendizaje de un oficio de millones de españolas de las que la República jamás se preocupó.

- Lo peor son los capítulos sobre la posguerra y el franquismo. Las valoraciones descaradas y las moralinas políticas abundan por doquier. “El régimen franquista era dictatorial y no aceptaba réplica ni debate de ideas” (¡el PCE y el PSOE en cambio eran el paradigma de las libertades!)  "Durante varios años (…) , España vivió una represión despiadada y sistemática, con innumerables consejos de guerra, encarcelamientos y condenas a muerte.” (…) “En vez de optar por la clemencia y la reconciliación, el régimen franquista, convertido en una férrea dictadura que iba a durar cuarenta años, procuró aplastar cualquier resto de libertad y democracia.”. Que sí, don Arturo, que estaba España en el 39 como para clemencias y reconciliaciones. Sin un férreo control de los enemigos del nuevo régimen, hubiéramos tenido otra guerra en pocos años.

- Se dedica un capítulo a los maquis, a los que se define como “guerrilleros”, sin hacer mención alguna al número y al perfil de sus víctimas. “Pequeños grupos de combatientes se refugiaron en las montañas, donde todavía actuaron como guerrillas durante unos años”.

- Y para terminar, un buen toque de humor sobre la labor del Rey Don Juan Carlos, desvelándonos datos hasta ahora inéditos sobre sus iniciativas políticas: “A la muerte del dictador, España se convirtió en una monarquía parlamentaria por decisión personal del rey Juan Carlos”. (…) “Mediante el jefe de gobierno Adolfo Suárez, asesorado por sus preceptores y con el apoyo de todas las fuerzas políticas del momento, Juan Carlos I volvió a legalizar los partidos políticos, procuró la reconciliación nacional, liquidó el régimen franquista y devolvió a España la democracia.”  ¡Bravo, bravo!

miércoles, 16 de septiembre de 2015

¡UNA ESPAÑA FUERTE Y UNIDA!


El españolismo del líder afroamericano emocionó a nuestro monarca


En el encuentro, ayer, entre S.M. Don Felipe y el Presidente de Estados Unidos, este declaró solemnemente: “Estamos profundamente comprometidos a mantener la relación con una España fuerte y unida”, en fina alusión a las elecciones catalanas de la semana que viene.

Grande y unida. Casi lloro de la emoción. ¡Ni José Antonio Primo de Rivera!

Estas declaraciones se enmarcan en la intensa campaña de Rajoy para recabar apoyos internacionales a la unidad española frente al dislate separatista. En un sentido similar, aunque en tono más aséptico, se pronunciaba a principios de mes la canciller alemana Ángela Merkel: “Los tratados de la UE garantizan la soberanía y la integridad territorial de cada estado" (…) “Es muy importante que se respete la legalidad internacional”.

A uno le entran tentaciones de agradecer a los dos grandes mandatarios sus hermosos gestos a favor de la incolumidad de nuestro territorio, pero igual habría que preguntarse hasta qué punto son sinceras y desinteresadas sus rimbombantes declaraciones, máxime cuando ninguno de ellos tiene la más mínima noción (ni interés en adquirirla) sobre la trayectoria histórica de los condados catalanes y de la Corona de Aragón, y además se trata de un asunto de estricta política interna.

No puede obviarse que nuestras importaciones procedentes de los Estados Unidos han repuntado en los últimos tres años y que las inversiones españolas en compañías gringas han experimentado un reciente y extraordinario crecimiento que se espera que continúe. La súper potencia norteamericana es también la primera inversora extracomunitaria en nuestro maltrecho país, con el 13% del total.

En definitiva, sería pecar de ingenuos (por emplear un término neutro y biensonante) suponer que las encendidas palabras del negrito Barack nos van a salir gratis. Mi intuición me advierte que no son más que la contraprestación al gobierno español por algún acuerdo comercial especialmente suculento para el Tío Sam.

Y Alemania, parecido.

Tengamos muy clarito que si la región de Cataluña se acabara segregando de España -Dios no lo quiera y los buenos españoles no lo permitan- , los yanquis y los germanos no tendrían el menor empacho en reconocer el nuevo estado catalán independiente. Todo dependería una vez más de cómo les salieran las cuentas.

martes, 30 de junio de 2015

RECTIFICAR (UNA VEZ) ES DE SABIOS



Creo que el famoso refrán “rectificar es de sabios” se inventó con el único fin de consolar a los indecisos patológicos. De hecho, he observado que los más aficionados a esta muletilla son precisamente personas de criterio vacilante y con escasa personalidad. 

Estamos todos de acuerdo en que corregir a tiempo una decisión ya adoptada tras percatarnos de un error es una conducta cabal o, por lo menos, bastante preferible a seguir adelante, caiga quien caiga, con plena conciencia del fallo. No sé si de sabios, pero al menos es una actitud propia de gente honesta que no se deja dominar por el orgullo y la cabezonería. Pero, claro, con ciertos límites, porque una cosa es equivocarse de vez en cuando y hacer las rectificaciones pertinentes, y otra muy distinta que tu vida sea tal sucesión de cagadas o sufras de una voluntad tan oscilante que te veas obligado a realizar continuos reajustes en tus resoluciones, opiniones, actuaciones, expresiones y tareas. Quizá esta actitud sea muy honrada, nadie lo discute, pero dudo que “sabio” sea la palabra exacta para definir a quien no para de confundirse, por mucho que después pruebe otras alternativas o modifique los procedimientos erróneos.

Dejémonos de historias. Todos nos equivocamos alguna vez, por supuesto, pero los verdaderos sabios son los que menos se equivocan. 

Es como lo de pedir perdón. Disculparse puede ser un gesto muy elegante que diga mucho a favor de una persona, pero no quitarse el perdón de la boca me parece típico de peleles y de pusilánimes. Tengo un par de conocidos que se pasan el día solicitando la absolución cada vez que dicen una palabra más alta que otra, cada vez que a cualquiera no le gusta algo que han hecho, e, invariablemente, después de las discusiones. Y pienso que son unos tontainas que sucumben con demasiada facilidad a la tentación buenista de pedir disculpas, al lubricante social de la rectificación, sin darse cuenta de que abusar de esta "técnica" hace que pierda todo su efecto.

Considero que hay que tomar tres grandes precauciones antes de pedir perdón. Primero, asegurarnos de que no nos hemos disculpado ya mil veces por lo mismo, porque si resulta que no hacemos más que mostrarnos arrepentidos por un comportamiento que no dejamos de repetir una y otra vez, con la mayor soltura, alguien podría imaginarse que nos estamos riendo de él a la cara. En segundo lugar, preguntémonos si el hecho por el que vamos a disculparnos es responsabilidad nuestra y si de verdad podría haberse evitado, y así no incurriremos en ridículos como el de la Iglesia Católica cuando se duele públicamente de los “excesos” de la Inquisisión o el de algunos alemanes cuando en pleno siglo XXI entonan el mea culpa por los crímenes del nazismo. Y, por último, debe evitarse a toda costa pedir perdón cuando te han sorprendido en una falta que jamás habrías confesado, ni mucho menos te habrías disculpado, si no te llegan a pillar. El más claro ejemplo es el “lo siento mucho, me he equivocado, no volverá a ocurrir” de Don Juan Carlos de Borbón tras su viaje cinegético a Botsuana. 

Y, ante todo, no pretendamos infundir respeto alguno si nuestro número de rectificaciones y de perdones sobrepasa cierto límite. A la larga a todos nos gusta la gente confiable que pone todos los medios para no errar a menudo, y la que no tiene que andar disculpándose porque anda con buen cuidado de no herir a los demás. Ya dice un proverbio árabe: “Medita bien lo que vas a decir para no tener que pedir perdón”.


Sobre este tema en La pluma viperina: El arte del halago

viernes, 30 de enero de 2015

LA CASA DE CERVANTES EN VALLADOLID (por Un vallisoletano madrileño)


En el año 1915 el Rey Alfonso XIII dona al Estado la casa en donde vivió Miguel de Cervantes en Valladolid durante los años 1602 a 1606. Dicha casa presentaba a principios del siglo XX un aspecto casi de ruina, por lo que D. Benigno Vega-Inclán, Marques de la Vega-Inclán, Primer Comisario Regio de Turismo, se lo comenta a Alfonso XIII y, en el año 1912, el Rey, con su propio dinero, decide la compra de la casa que se encuentra en el nº 14 del antiguo Rastro de los Carneros. Aparte, la Hispanic Society de Nueva York compra las casas nº 12 y 16, anterior y posterior, para su restauración. Después de un período de restauración, el Rey, en el año 1915 preside la inauguración de las casas totalmente restauradas. Adjunto dos fotografías de mi archivo de dicho acto en el que unas muchachas ofrecen unas flores a los reyes y a la reina madre. Estas fotografías son del fotógrafo vallisoletano Patricio Cacho.

En dichas casas se instala un museo, unas dependencias para actos culturales y una imprenta con el fin de hacer ediciones de obras cervantinas. Tengo en mi biblioteca la primera y la segunda de las obras editadas que son de las Novelas Ejemplares (El celoso extremeño) y de dos entremeses: El juez de los divorcios y El vizcaíno fingido. Estos libros se editaron encuadernados en tela y en papel de hilo. Son ediciones raras pues no se pusieron a la venta y eran solo para regalo y de tiradas muy cortas. Adjunto portada de ellas.

Posteriormente en dichas casas se instala la Real Academia de las Bellas Artes de Valladolid, que les dará mucha vida cultural.

En esos años en el jardín delantero se encontraba una estatua de Miguel de Cervantes que posteriormente fue trasladada a la plaza de la Universidad, donde actualmente se encuentra. 

(Pinchar las fotos para ampliarlas)


viernes, 20 de junio de 2014

LOS SEIS FELIPES DE ESPAÑA

La flamante coronación ayer de Felipe VI nos obliga a hacer un rápido repaso por las luces y las sombras del resto de Felipes de la monarquía española.


FELIPE EL HERMOSO

Marido de Juana la Loca y monarca de perfil bajo, llegó de Flandes como consorte y consiguió ser coronado como Felipe I, Rey de Castilla, gracias a sus maniobras contra Fernando el Católico, que terminó retirándose a su Reino de Aragón. Siempre privilegió injustamente a sus compatriotas holandeses y compró el apoyo de la nobleza castellana para auparse al trono.

FELIPE II

En sus dominios, que abarcaban territorios de los cinco continentes, no se ponía el Sol. Convirtió España en primera potencia mundial y extendió el catolicismo por todo el planeta. Se convirtió en Rey de Inglaterra al casarse con María Tudor (1554). Venció al gabacho en San Quintín (1557) y al turco en Lepanto (1571), pero perdió la Armada Invencible en su campaña contra la Pérfida Albión (1588). Logró unir España y Portugal.

Trasladó la capital de España de Valladolid a Madrid.

FELIPE III

Fue él, y no los Reyes Católicos, quien culminó la Reconquista expulsando del país a los moriscos (1609), los descendientes de los vencidos en Granada que, falsamente convertidos al cristianismo, conspiraban con el Imperio Otomano y con los piratas berberiscos para facilitar la invasión de nuestras costas.

Felipe III tuvo como valido al famoso Duque de Lerma y durante su reinado, en pleno auge del Siglo de Oro, España alcanzó su máxima expansión territorial. Entró en la Guerra de los Treinta años, auténtica Primera Guerra Mundial, que nos dejaría exhaustos marcando el inicio de nuestra decadencia. Apoyó a los irlandeses en la batalla de Kinsale, en su fallido intento de independizarse de Inglaterra (1585).

 FELIPE IV

Él y su familia protagonizaron muchos cuadros de Velázquez.

Fue el soberano del capitán Alatriste.

Con la ayuda del Conde-duque de Olivares, emprendió una cruzada contra la corrupción administrativa e impuso un sistema tributario más justo. Trató sin éxito de forzar a los demás reinos a contribuir igual que Castilla a los gastos de la Monarquía Hispánica, provocando graves fricciones y revueltas, como las de Cataluña, Aragón, Andalucía y Nápoles.

Perdió definitivamente los Países Bajos

FELIPE V

Primer rey de la dinastía borbónica tras vencer al pretendiente de la Casa de Austria en la Guerra de Sucesión Española (1701-1713).

Aprobó los centralistas Decretos de Nueva Planta, que imponían las leyes castellanas a los demás reinos, machacando así las peculiaridades jurídico-administrativas de la Corona de Aragón y, en mucha menor medida, las de los territorios vascos y navarros, que le habían apoyado en la guerra. Por su total desconocimiento de la idiosincrasia española y por su afán de implantar un modelo de gobierno a la francesa, sembró la cizaña de los separatismos.

Estructuró por primera vez el gobierno en ministerios (secretarías de estado) y nos regaló un derecho administrativo moderno y eficaz. Fue el artífice de la administración pública que ha llegado a nuestros días, con funcionarios profesionales y seleccionados conforme a los principios de mérito y capacidad.

Impulsó la vida artística y cultural. Construyó el Palacio de la Granja y fundó la Real Academia Española.

FELIPE VI

Todo apunta a que el nuevo monarca dará la puntilla a nuestra nación provocando la definitiva disolución de España… si los españoles nos dejamos.

¡Animaos a dar más detalles interesantes sobre estos reinados!

sábado, 14 de junio de 2014

BUSCAR A WALLY (por Un vallisoletano madrileño)




Con motivo de la abdicación de nuestro Rey Juan Carlos, encuentro en uno de mis álbumes de fotografías dos en las que está cuando no era ni Príncipe, en dos acontecimientos de la nobleza europea. La primera de ellas, con fecha del 15 de diciembre de 1960, fue en la boda de Balduino de Bélgica con la española Fabiola de Mora y Aragón.  En ella se encuentra en lugar preferente el padre del Rey, Don Juan de Borbón, y en segunda fila, casi escondido, Don Juan Carlos. En esos momentos todavía se encontraba soltero.

La segunda fotografía, de fecha 18 de septiembre de 1964, se trata de la boda celebrada en Atenas de Constantino, el hermano de nuestra Reina Sofía. En ella se ve a casi todos los miembros de las diferentes familias reales invitadas en aquella boda regia. Entre ellos se encuentran nuestros actuales reyes.  

Estas fotografías tienen ya cincuenta años y en ellas se ve a Don Juan Carlos con veinticuatro y veintiocho años.

Al no haberse celebrado ninguna de estas dos bodas en territorio español estas fotografías originales son raras de encontrar en archivos españoles.




 NOTA: Un vallisoletano madrileño es un amigo y lector de La pluma viperina que colecciona postales y fotos históricas de toda España y, en especial, de Madrid y de la capital del Pisuerga.

Otros posts de Un vallisoletano madrileño:

viernes, 6 de junio de 2014

LO QUE NO SABÍAS SOBRE LA BANDERA "REPUBLICANA"




  • La bandera roja, amarilla y morada fue únicamente la enseña de la Segunda República (1931-1936). Durante la Primera (1873-1874) se pensó en diseñar una bandera específica pero finalmente solo se usó la bicolor con un escudo distintivo.

  • Se ideó a finales del siglo XIX para su uso en ateneos y círculos republicanos, pero no fue aprobada oficialmente hasta la proclamación de la Segunda República.

  • La franja morada se puso en honor a Castilla, por considerarse este color “insignia de una región ilustre, nervio de la nacionalidad”, algo jamás demostradopues en Castilla el color emblemático siempre fue históricamente el carmesí. 

    • Durante la Segunda República, los marxistas y los anarquistas renegaban de la tricolor. Largo Caballero (PSOE) llegó a decir: “Tenemos que luchar como sea, hasta que en las torres y en los edificios oficiales ondee, no una bandera tricolor de una República burguesa, sino la bandera roja de la Revolución socialista”.

    • El Alzamiento del 18 de julio del 36 se produjo bajo esta bandera y fue la utilizada por los rebeldes durante las primeras semanas de guerra. No fue hasta el 29 de agosto cuando se impuso por decreto la rojigualda en la zona nacional, en parte por la presión de los monárquicos y en parte para evitar confusiones en el campo de batalla, pero hasta 1938 se siguió utilizando por el franquismo el escudo republicano con la corona mural.

    • Los partidos republicanos en el exilio tuvieron la tricolor como bandera oficial. El PSOE y el PCE renunciaron a su uso en la Transición, adoptando la actualmente vigente "en aras del consenso", pero en 2009 los comunistas volvieron a abrazar públicamente la republicana.

    • Hoy la tricolor es inconstitucional, pues la bandera nacional se define en el artículo 4 de la Constitución. En cambio no lo es el escudo con el águila de San Juan, ya que la Carta Magna no se refiere en ningún momento al escudo de España.

    miércoles, 4 de junio de 2014

    SER REPUBLICANO EN ESPAÑA

    La bandera tricolor simboliza la etapa más siniestra de nuestra historia reciente

    Aunque me considero un antimonárquico convencido, me ando con mucho ojo a la hora de autoproclamarme republicano porque en España el concepto de república tiene unas connotaciones muy concretas que todos conocemos. No debería ser así porque al fin y al cabo no es más que una forma de estado de la que no se desprende más matiz ideológico que el de la contraposición a la monarquía. Pero desgraciadamente admitir por estos lares la condición de republicano le obliga a uno a dar toda clase de explicaciones si no quiere ser confundido con los sociatas de la vieja escuela, los marxistas sectarios y demás adalides del laicismo más anticlerical, de la destrucción de la unidad de España por la vía del federalismo, y de la bandera tricolor, triste recuerdo de los cinco años más funestos de los últimos siglos.

    Como aborrezco un modelo político anacrónico basado en una jefatura hereditaria, soy republicano aunque sea por simple eliminación, pero a pesar de la magnífica coyuntura para el cambio que nos pone en bandeja la renuncia (tardía) del anciano Borbón, he de reprimir mi deseo de manifestarme en la calle a favor de un referéndum para no mezclarme ni compartir símbolos con progres baratos, palmeros de Fidel, ateíllos recalcitrantes, proetarras, feministas sin depilar, ecolojetas de pelo sucio, coletudos iglesistas, catetos con pendones morados y marranos de toda especie.

    ¿Pero por qué en Estados Unidos tener ideas republicanas significa ser conservador y en España, en cambio, es indicio de rojerío indeleble? Con los yanquis el motivo es que un partido político histórico decidió apropiarse del nombre de la forma de ese estado. Lo de España parece algo más complejo, aunque yo creo que responde a que en las naciones europeas de tradición monárquica el subconsciente colectivo tiende a identificar el concepto de república con la experiencia de los períodos republicanos conocidos. En el siglo XIX, nuestra monarquía se hallaba indisolublemente ligada al confesionalismo religioso, al centralismo rígido, al caciquismo y a la burguesía, por lo que el recién nacido republicanismo agrupaba a los valedores del cantonalismo, de la exaltación antirreligiosa y del igualitarismo social, es decir a la izquierda. A ello hay que añadir que los dos ensayos políticos llevados a cabo bajo la denominación de república han sido impulsados, protagonizados y yo diría que monopolizados por los sectores más fanáticos, destructivos, rencorosos y antiespañoles del espectro político.

    No me extraña pues que al oír la palabrita le sigan rechinando los dientes a la gente de bien, aunque hoy en día las circunstancias hayan cambiado completamente, las coronas existentes en Europa ostenten simples funciones simbólicas y representativas, y monarquía y república no sean más que dos simples formas de organizar el estado, sin carga doctrinal de ningún tipo. Deberíamos tener claro, a la vista de la historia política internacional, que la derecha y la izquierda más extremas pueden encarnarse tanto en un régimen republicano como en uno coronado.

    Aunque bien pensado, decirse hoy defensor de la república tampoco da muchas pistas, teniendo en cuenta las muchas modalidades que esta puede revestir. De verdad creo que aun celebrándose una consulta y ganando los republicanos, seríamos incapaces de ponernos de acuerdo en si preferimos un presidencialismo tipo Estados Unidos (un solo presidente), una república parlamentaria a la alemana (con un jefe de estado simbólico y un jefe de gobierno) o un modelo mixto como en Francia (el jefe de estado y el primer ministro compartiendo el ejecutivo). El tema da para otra guerra.

    viernes, 21 de febrero de 2014

    LA INFANTA IGNORANTE

    Los disgustos están acabando físicamente con  S.A.R. Doña Cristina. Estamos desolados.
                    
    Hoy se ha hecho pública por fin la transcripción de las largas declaraciones de S.A.R. Doña Cristina como imputada en el Caso Nóos. Son 120 folios con casi 600 evasivas a las numerosas preguntas del juez sobre su papel en la Fundación Nóos y en la inmobiliaria Aizoon. La hija menor del todavía Rey de España se ha escudado en el “no sé” y en el “no me acuerdo” para escaquearse de aclarar su implicación en los delitos de evasión fiscal y blanqueo de capitales de los que por segunda vez se la acusa.

    Una de sus afirmaciones más curiosas durante la comparecencia ha sido su total ignorancia en materia tributaria. Doña Cristina ha asegurado no tener conocimiento alguno sobre cuestiones fiscales y no saber distinguir siquiera entre el IRPF y el impuesto de sociedades.

    Solo hay dos explicaciones posibles al hecho misterioso de que una señora licenciada en Ciencias Políticas (grado que incluye las asignaturas de Hacienda Pública, Economía, Historia Económica, Estructura y Política Económica, Organización Económica Internacional y Políticas Públicas) y que ha desempeñado varios cargos de responsabilidad en La Caixa, donde continua trabajando, afirme tener semejantes lagunas culturales. Una posibilidad es que le hayan regalado tanto la licenciatura como el puesto en una de las entidades financieras más importantes del país, y la otra es que se esté riendo en la cara del juez y de todos los españoles.

    Y encima, cuando le preguntan si ha podido ser utilizada como tapadera fiscal al frente de la mercantil Aizoon, responde muy digna que “casi me ofende, Señoría”. Ahí el magistrado se tenía que haber callado en vez de aclarar, como un vulgar lameculos, que “no es mi intención ofenderla, señora, créame”. Me pregunto si habría tenido tantos miramientos con un jicho de Vallecas acusado de asaltar un supermercado. Me suena que la Constitución dice que la justicia es igual para todos.

    Todo apunta a que la estrategia del letrado de Doña Cristina está pésimamente planteada. Yo le doy gratis este consejo jurídico: En vez de insistir en la confianza que esta enamorada dama tenía en su marido, la defensa debería basarse en su inimputabilidad a causa de una idiocia congénita heredada de su padre.

    Más sobre la monarquía en La pluma viperina:

    - Le han engañado
    - El sueldo del Rey
    - El Rey de copas
    - Dando ideas al Rey
    - Una afrenta intolerable
    - ¡Chúpate esa!

    jueves, 25 de julio de 2013

    ¿POR QUÉ CATALUÑA ES PARTE DE ESPAÑA? (por Alco)

    La España de los Reyes Católicos

    Vivimos unos tiempos en los que parece que España va a partirse por lo menos en dos partes, Cataluña y el resto de España. Me gustaría aportar argumentos para que todos tengamos claro que esto no va a pasar, aunque pueda parecer que el conflicto planteado con toda su crudeza es inminente. El próximo mes de setiembre, el día 11, asistiremos a una nueva eclosión emocional del catalanismo, un nuevo aquelarre parecido al del año pasado. Probablemente sea la traca final del festival independentista (versión 2004-¿2013?), o quizá aún falte otra traca pero esto es todo lo que hay: un desbordamiento emocional, muy bien orquestado por unas organizaciones políticas que saben tocar muy bien las teclas sentimentales de la gente.

    Por supuesto, esta es mi opinión, y además hablo desde la trinchera contraria al separatismo. Creo que es debatible la organización política del Estado, que puede ser unitaria o federalizante, monárquica o republicana, pero no considero debatible la existencia de España ni su unidad como nación, ni la existencia del estado español como organización política de la nación.

    Únicamente expongo dos argumentos contra el independentismo: la historia y la demografía, y una observación sobre la lengua catalana. Hay más cuestiones, como la economía, que ya están muy presentes en los medios de comunicación y dan lugar a un debate distinto sobre la solidaridad entre comunidades autónomas, que no es estrictamente en términos de nacionalismo.

    1. La historia.

    En el siglo XI el actual territorio catalán está organizado en condados que aún rinden vasallaje (formal) a los reyes francos, pero en la práctica son independientes. El condado de Barcelona, el más poderoso, ejerce un liderazgo reconocido por los demás. Cataluña aún no se llama Cataluña, de hecho nadie sabe muy bien de donde sale el nombre ni qué significa. Es el único territorio cristiano que no se ha erigido como reino: la causa está en su origen: los condados catalanes fueron creados por el imperio franco como tapón frente al Islam. El Sur de Cataluña aún es musulmán.

    En este contexto, el conde de Barcelona contrae matrimonio con la hija del rey de Aragón, uniendo ambos territorios en lo que la historia conocerá como Corona de Aragón. A partir de este momento, las empresas que aborde la corona implicarán a todos sus territorios. Bajo el impulso del gran Jaime I se conquista Mallorca y Valencia, hasta la frontera de lo que actualmente es Murcia, deteniendo su avance por un pacto previo con los reyes de Castilla. Nuevos reinos se incorporan a la corona, con el mismo estatus que los fundadores, pero el titular de cada reino es el rey de Aragón, que también es rey de Valencia, de Mallorca, conde de Barcelona, etc. Una expansión posterior incorpora a la corona Sicilia, Cerdeña, Nápoles y Atenas. 

    Siglo XV: los Reyes Católicos crean la Monarquía Hispánica, por la unión de la corona de Aragón y el Reino de Castilla, y posterior conquista de Granada y de Navarra. A partir de ahora, el rey (de España), lo es también de Castilla, Aragón, conde de Barcelona, etc... Cada reino mantiene sus leyes, fueros, etc, incluso con políticas excluyentes: América es asunto exclusivo de Castilla, el Mediterráneo es de Aragón. Sin embargo, hay empresas comunes: las guerras en Europa (Carlos I, Felipe II), Lepanto...


    Batalla de Almansa (Guerra de Sucesión española)

    Siglo XVIII: la extinción de la casa de Austria en España origina la guerra de sucesión, que en realidad fue un conflicto global europeo. Los territorios de la antigua Corona de Aragón se alinean con el bando austríaco. Castilla, en el bando borbónico: en España la guerra es civil. La victoria de los Borbones, y el tratado de Utrecht, significa el final de la presencia española en Europa, la pérdida de Menorca y de Gibraltar. En el interior de España, el final de la corona de Aragón, y la pérdida de los fueros y autonomía política de los distintos territorios de la corona. En realidad, se extendió la legislación de Castilla a toda España. Cataluña perdió su estatus particular, al igual que Valencia o Aragón. Castilla no ganó gran cosa, pero si perdió el monopolio del comercio con América, lo cual favoreció y mucho a los emprendedores levantinos de la época: muchos catalanes pudieron emigrar al Caribe, fundando prósperas empresas, y un floreciente tráfico de esclavos desde África. El tráfico de esclavos, desgraciadamente, fue una especialidad catalana muy lucrativa (aún queda la frase atribuida a los negros cubanos “Señor, conviérteme en blanco, aunque sea catalán”), y el inicio de grandes fortunas, incluso con títulos nobiliarios y cuyos descendientes aún exhiben poderío en Barcelona.
    Felipe V abolió los fueros aragoneses
    Con el inicio de la dinastía borbónica, España adquiere la forma política que ha llegado hasta nuestros días, un estado unitario, de matriz castellana, con más o menos descentralización política-administrativa, según las épocas, aunque el actual estado de las autonomías se parece más a un estado federal que a otra cosa.

    Como resumen, Cataluña ha estado integrada desde la edad media primero en Aragón y desde los Reyes Católicos en España, siendo un socio fundador, como diríamos en terminología actual. La única rareza de su historia es que jamás se constituyó como reino, por los motivos que he intentado explicar, pero esto es todo.

    En mi opinión no hay ningún motivo histórico que justifique una escisión en el siglo XXI. Andalucía, que fue conquistada a sangre y fuego, o Navarra pueden esgrimir una conquista militar, Cataluña no. Más bien al contrario, la soldadesca catalana que conquistó Mallorca pasó a cuchillo a prácticamente toda la población musulmana. Una limpieza étnica, en términos actuales. Por no hablar del terrible recuerdo que dejaron en Grecia y que ha perdurado hasta nuestros tiempos: hasta hace unos 10 o 15 años los catalanes no eran aceptados como visitantes en los monasterios del monte Athos.

    2. La demografía. 

    En Cataluña vivimos unos siete millones y medio de personas. Desde finales del siglo XIX se han instalado en esta tierra miles y miles de españoles no catalanes. Los geógrafos calculan que sin el aporte humano del resto de España, la población actual sería aproximadamente unos tres millones de personas. Toda esta población está actualmente mezclada: los apellidos más frecuentes en Cataluña son, por este orden, García, Martínez, López, Sánchez, Rodríguez.... el primer apellido “catalán” (García, Martínez, etc ahora son también apellidos catalanes, ya que son catalanes quienes los poseen) por orden de frecuencia es Vila, aparece en vigésimo lugar. Biológicamente, los catalanes actuales somos una síntesis perfecta de España. Este fenómeno sólo se da, en España, en Cataluña y en Madrid. Desde un punto de vista genético, la estructura de la población ha cambiado completamente en poco más de un siglo.

    Por los motivos anteriores, la mayor parte de los catalanes tenemos raíces familiares en el resto de España: parientes, amigos, y también propiedades e intereses.

    Los catalanes actuales son una síntesis perfecta de España
    3. El problema de la lengua catalana.

    Lamentablemente parece que es el foco de la cuestión, aunque no debería serlo: una lengua es simplemente un medio de expresión y comunicación. Si Cataluña hubiese perdido la lengua propia, como ocurrió en la mayor parte de regiones españolas, tal vez no habría surgido el nacionalismo catalán. Las raíces del nacionalismo catalán hay que buscarlas en el siglo XIX, con la eclosión del romanticismo. 
    Ha habido tres momentos en los que el nacionalismo catalán ha emergido con gran fuerza. Siempre coinciden con épocas de declive o cambio en España: después del desastre del 98, durante la II República y desde el año 2004, con el gobierno tripartito en Cataluña y Zapatero en el gobierno estatal. Ahora estamos en un momento álgido probablemente realimentado por la crisis. El torrente nacionalista, siempre presente, habitualmente con poco caudal, ahora parece que va a desbordar. Veremos hasta donde llega la riada, porque cuando haya pasado todo volverá a bajar al nivel habitual. 
    Y  esperemos también que el gobierno español sepa actuar de forma más inteligente que sus adversarios, creo que no es difícil desactivar el desafío, pero hace falta algo de talento político. ¿Lo tienen los políticos actuales?

    miércoles, 1 de mayo de 2013

    GOBIERNO PROVISIONAL (por Un vallisoletano madrileño)


    Se encuentra en mi archivo una antigua fotografía original cuyo autor es J. Laurent, fotógrafo francés, establecido en Madrid en la Carrera de San Jerónimo nº 39. Esta fotografía,  positivada en papel albuminado y de un tamaño denominado gabinet, 163x108 mm., nos muestra al Gobierno Provisional tras la reorganización del 11 de febrero de 1869 y después de la Revolución La Gloriosa en septiembre de 1868, que derrocó a la reina Isabel II.

    Esta fotografía fue comprada sobre los años noventa del pasado siglo en el mercadillo dominical de Fuente Dorada en la ciudad de Valladolid. Al ser comprada en uno de los puestos ya fue una foto cara pues el vendedor sabía que era una buena fotografía. 

    Este gobierno lo forman, según se ve en la fotografía de pie, de izquierda a derecha: 

    D. Práxedes Mateo Sagasta (21-7-1821, 5-1-1903), Ministro de la Gobernación. 

    D. Juan Prim y Prats (12-12-1814, 30-12-1870), Conde de Reus y Marqués de los Castillejos, Ministro de Estado. El 27 de diciembre de 1870, siendo ya Presidente del Gobierno, sufrió un atentado en la calle del Turco de Madrid, hoy calle de Marqués de Cubas. A consecuencia de las heridas murió tres días después el 30 de diciembre. Como Presidente del Gobierno ofreció la corona de España a Amadeo de Saboya, que este aceptó en diciembre de 1970 

    D. Francisco Serrano y Domínguez (17-12-1810, 25-11-1885), Presidente de este Gobierno. Fue favorito de Isabel II, “el general bonito”, y se comentaba que tuvo “relaciones” con ella. Encabezó La Revolución La Gloriosa que derrocó a la Reina. Falleció el mismo día que el futuro rey Alfonso XII.

    D. Juan Bautista Topete y Carballo (24-5-1821, 27-10-1885), Ministro de Marina. 

    D. Adelardo López de Ayala (1-5-1828, 30-12-1879), Ministro de Ultramar. Era dramaturgo. 

    D. Juan Alvarez Lorenzana y Guerrero (29-8-1818, 15-7-1883), Ministro de Estado.


    Sentados de izquierda a derecha: 

    D. Laureano Figuerola y Ballester (4-7-1816, 28-2-1903), Ministro de Hacienda. 

    D. Manuel Ruiz Zorrilla (22-3-1833, 13-6-1895), Ministro de Fomento. 

    D. Antonio Romero Ortiz (24-3-1822, 18-1-1884), Ministro de Gracia y Justicia.


    Esta fotografía estaría tomada en los últimos días del mes de febrero de 1869. Este Gobierno fue el que dirigió a España en el llamado “Sexenio Revolucionario 1868-1874”, que se inició con la Revolución de La Gloriosa en septiembre de 1868 y durante el que se colocaría en el trono español a un extranjero, Amadeo de Saboya, y se acabaría por proclamar la I República.

    Hay que pensar, que al que se le denomina inventor de la fotografía (daguerrotipo), se le fecha sobre 1839, siendo los primeros daguerrotipos existentes en España, de Barcelona, fechados  sobre 1840-1841, y que esta  década fue de aprendizaje de esta nueva técnica para los pocos aficionados existentes, y los daguerrotipos que se conservan nos reflejan personajes de la aristocracia o grandes capitalistas dado los costoso del procedimiento. Es en la década siguiente, 1850-1860, cuando el aficionado sale a la calle y nos empieza a presentar fotografías ya con nuevas técnicas, de monumentos, paisajes, etc.  

    Por ello, la fotografía que nos ocupa, fechada en 1869, debemos considerarla de los primeros testimonios periodísticos-informativos. Hay que ponerse en unas fechas en que los medios de información son apenas inexistentes. Esta fotografía ha sido utilizada por diferentes historiadores y revistas de historia para describir esa época en diferentes artículos y libros. 

    Jean Laurent y Minier (1816-1892), autor de la misma, fue el más activo propagador de la fotografía en el siglo XIX y su figura más representativa y emblemática. Nacido en Garchizy, Francia,  ya en 1857 realizaba las primeras fotografías de Madrid. En 1880, Laurent, aseguraba poseer un fondo de más de 5000 fotografías de vistas de ciudades, pueblos, monumentos, así como de personajes y costumbres.


    NOTA: Un vallisoletano madrileño es un amigo y lector de La pluma viperina que colecciona postales y fotos históricas de toda España y, en especial, de Madrid y de la capital del Pisuerga.
     
    Otros posts de Un vallisoletano madrileño: Soldados vallisoletanos rumbo a Cuba

    domingo, 8 de enero de 2012

    LE HAN ENGAÑADO


    Sobre los chanchullos de Urdangarín existe una opinión popular minoritaria pero algo extendida -sobre todo entre los monárquicos- de que “pobre muchacho, teniéndolo todo cómo va a robar, eso es que le han engañado”. Su ex novia además ha debido de declarar que antes era un buen chico, nada ambicioso, y algunos le defienden a él y a su señora, asegurando que le han liado poniéndole cosas a firmar.

    Esta opinión, que puede llegar a ser indignante, tiene sin embargo más miga de la que parece. Uno no sabe qué es peor, si que Iñaki sea un chorizo o un gilipollas integral, pero es indiscutible que hoy en día cuando alguien se mueve en las alturas políticas su percepción de la ética y de la honradez tiende a difuminarse hasta llegar a un punto en el que el sujeto, por ejemplo, está metiendo la mano en la caja para sí o para otros con la conciencia bien tranquila, dando por sentado que está contribuyendo al interés general. Así es, aunque parezca mentira.

    Desengañémonos porque en este país muy poquitos llegan a lo más alto por ser los más listos de la clase, sino impulsados por la ayuda interesada de Dios sabe quién, y cuando alcanzan una cumbre respetable ya tienen anotada en su “debe” una lista infinita de favores a los que corresponder con el banco, con su amigo del partido o con el director del periódico local.

    Otra característica del poder es que, en el momento que se alcanza, comienzan a surgir amigos, benefactores, pedigüeños y compromisos de toda clase, porque, aunque no lo parezca, su ejercicio eficaz requiere contar con apoyos y pedir muchos favores. Por otra parte, hasta el menos vanidoso de los hombres difícilmente puede resistir la tentación de comportarse como un reyezuelo o un diosecillo y otorgar sus gracias aquí y allá, dando un trabajo a la niña de su cuñado, adjudicando el contrato a su excompañero de colegio, firmando una factura abultada… Quizá esta es la faceta más golosa de los puestos de responsabilidad: más que enriquecerse uno mismo, sentirse poderoso beneficiando a los demás, haciendo que te deban la vida.

    Llega un momento en que el mandamás de turno pierde el norte y acaba contagiado del síndrome del “no pasa nada, lo hace todo el mundo”, ya que, al moverse en un círculo cerrado de peces tan gordos como él y de pelotas que alaban su más mínimo gesto, llega a tener la sensación de que aceptar un regalo, bordear la línea legal o firmar en falso forma parte del juego, y que es imposible cumplir con los objetivos de su cargo siendo escrupuloso jurídica o moralmente. Recuerdo como un alcalde corrupto le voceaba al pobre secretario del ayuntamiento: “¡siempre con el libro azul, no me jodas!, ¡si lo tuviéramos que hacer todo por tu libro azul, no haríamos nada!” El libro azul era una recopilación de la Ley de Bases de Régimen Local y de la normativa de Contratos del Sector Público.

    También he de decir, en honor a la verdad, que he conocido políticos muy serios y honrados, con un gran sentido del deber y del servicio al ciudadano, pero les ha costado un huevo mantenerse incólumes y, en todo caso, nunca han podido eludir del todo, aunque fuera en cuestiones muy menores, la envolvente red de favores que siempre está desplegada en ambientes como esos.

    Al que se pone integrista y no pasa ni una, al que no se permite ni una sola interpretación "flexible" del libro azul, al que tira a la cara los portátiles o las cestas de Navidad que le regalan, al que no acepta una comida ni ayuda a nadie al margen de los procedimientos establecidos, tarde o temprano le acaban recordando cómo ha llegado ahí y pegándole una patada en el culo.

    Para resistirse no basta tener las cosas muy claras y una sólida formación moral; también es imprescindible una marcada personalidad, un carácter fuerte, notables habilidades sociales y conocer al dedillo las normas que regulan el área en que uno se mueve. Si no, tarde o temprano, acabas metido en el fango hasta las orejas.

    Lo que vengo a decir es que antes de aceptar un determinado puesto o posición, o meterse en ciertas fundaciones, consejos de administración u otros berenjenales delicados, hay que pensárselo mucho porque, una vez dentro, a lo mejor uno no es tan dueño del timón como le gustaría. Y no lo digo por Urdangarín, pero yo ya he visto a gente muy buena y muy noble procesada hasta los sobacos por estar donde y con quien no debían, y dejarse arrastrar por la corriente.