domingo, 14 de septiembre de 2014

EL PASADO NADA GRACIOSO DE MIGUEL GILA




Ayer mismo, curioseando por YouTube, me encontré por casualidad con el mítico monólogo de Miguel Gila († 2001) sobre la guerra, y al mismo tiempo que me tronchaba una vez más con eso de “¿está el enemigo? ¡que se ponga!”, me iba acordando del abracadabrante y nada divertido pasado de este cómico irrepetible. 

En los últimos años de su vida, Gila presumió mucho de izquierdista y de exiliado del franquismo. Le recuerdo perfectamente haciendo campaña por el PSOE en unas generales de los años 90, declarando en un mitin junto a Maragall que si ganaba “el del bigote”, volvería a huir a Argentina. Pero parece que su trayectoria no fue tan comprometida ni tan idealista como continuamente daba a entender en la España de Felipe González. 

A Gila le pilló el Alzamiento en Madrid con 16 añitos, trabajando como obrero mecánico. Estaba afiliado a una de las organizaciones políticas más siniestras de la II República: las tristemente célebres Juventudes Socialistas Unificadas, que lideraba Santiago Carrillo y que actuaron desde su fundación (1936) como un grupo terrorista que llegó a asesinar, nada más terminar la guerra, al famoso inspector Gabaldón (de la Guardia Civil) junto a su hija adolescente, y a preparar el fallido atentado del Desfile de la Victoria de abril del 39. Por todo ello fueron condenadas a muerte las estúpidamente llamadas Trece Rosas.

Pero volvamos a aquel jovencísimo Miguel. Dada su condición de comunista, se alistó voluntario en el Quinto Regimiento de Líster y acabó sirviendo en el Regimiento Pasionaria, de espeluznante recuerdo. En 1938 fue hecho prisionero por los Regulares, que “lo fusilaron mal” una fría noche de diciembre. En efecto, los moros, que debían de estar ebrios, dispararon al grupo de rojos contra un paredón pero a Gila no le dieron, así que se hizo el muerto y logró escapar. Viendo la cosa fea, rompió en pedazos su carné de las JSU y se mostró muy colaborador cuando fue definitivamente capturado por los nacionales. A pesar de su escabrosa militancia política, solo pasó algunos meses en varias cárceles y, después de chuparse cuatro años de mili dócil como un cordero, pudo trabajar sin problemas en la mejor prensa humorística del país, alternado su labor de periodista con su puesto de chófer del Gobernador Civil de Zamora, cuya confianza y la de otros altos cargos del franquismo supo ganarse hábilmente. En 1951 hizo su primer monólogo en un teatro (sobre la guerra, precisamente) y en los años siguientes actuó muchas veces para el Caudillo en su tradicional recepción de La Granja del 18 de julio. ¡Toda una víctima!

Aunque como vemos no tenía pinta de estar sufriendo demasiada represión, en 1968 se exilió, según declararía después porque sufrió “un empacho de dictadura”. La realidad, me temo, es algo menos romántica. Resulta que nueve años antes había abandonado a su señora, una humilde maestra zamorana, para amancebarse con la actriz y después directora de teatro María Dolores Cabo. Decidió escapar con ella a Argentina para librarse de su mujer, que le montaba continuas escenitas, y evitar pasarle la pensión que la justicia le reclamaba. 

Ojo al dato: no se autodesterró a la Cuba castrista o a cualquier otro país con un gobierno afín a sus ideales, sino a la mismísima dictadura militar de Juan Carlos Onganía, moviéndose también como pez en el agua durante el Proceso de Reorganización Nacional del general Videla. Permanecería más de veinte años en Buenos Aires triunfando como humorista hasta su regreso en 1985.

En sus memorias (1998) el tío se atrevió a escribir sobre el marxismo: "La ideología que mamé en mi niñez, en mi casa de gente humilde y en las fábricas o talleres donde trabajé, sigue latente en mí”. ¡De vergüenza ajena!
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Que nadie se pierda este artículo en el Diario de León de un viejo amigo de La pluma viperina: Todo por la patria, todo por nosotros

3 comentarios:

Aprendiz de brujo dijo...

Joder, eres un experto conocedor de la vida y milagros del señor Gila. Se te ha olvidado un dato: para desayunar se comía un niño todos los días.

Tábano porteño dijo...

Y ya que la entrada trata de piruetas ideológicas y menta al Proceso de Reorganización Nacional, es de mencionar el caso del profesor Américo Ghioldi. Copio el párrafo final de su biografía en Wikipedia (http://es.wikipedia.org/wiki/Am%C3%A9rico_Ghioldi):

"En 1958 fue protagonista de la división del Partido Socialista de Argentina. Ghioldi encabezó la fracción que se organizó como Partido Socialista Democrático.

En 1963 fue elegido nuevamente diputado nacional por la Capital Federal.

Fue designado como miembro de número de la Academia Nacional de Educación. Participó en la Confederación Nacional de Maestros. Fue profesor en las Universidades de Buenos Aires y La Plata.

En 1976, apoyó la dictadura militar llamada Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983) y aceptó la designación como embajador en Portugal. Cabe decir que, luego, fue el primero de los políticos conocidos que pidió regresar a la democracia en un discurso en el Hotel Savoy de Buenos Aires en marzo de 1977 donde dijo: "El proceso está terminado, los militares deben volver a los cuarteles".

Murió en una situación económica no acorde a su profesión, sin muchos lujos."

Al Neri dijo...

¡Anda, Tábano, un Suárez argentino!

Brujo, a mí me encanta el humor de Gila, pero el tío tenía más cara que espalda.