lunes, 14 de abril de 2014

ENSEÑAR INGENIERÍA A UN ABOGADO

Sin ánimo de ofender a nadie y partiendo de dos indiscutibles premisas, que la universidad española es una fábrica de macarrones donde cualquiera con tiempo, dinero y aguante obtiene cualquier título y que en todos los oficios abundan los inútiles, siempre me he preguntado cuáles serían las causas para que las facultades de Derecho fueran las más elefantiásicas.
Próximo patrón de las facultades de
 Derecho en España


El Lute: paradigma del
estudiante de Derecho
Sinceramente, siempre me extrañó por qué los estudiantes de Derecho, a partir de tercer curso, solo acudían a clase tres días por semana y de dónde sacaban tiempo, ellos para doctorarse en mus y ellas para acudir a clase más arregladas que en nochevieja (por no mencionar que muchos de los cuerpos femeninos abundantes en esas gigantescas aulas son, sin duda, fruto de cientos de horas de gimnasio).

¿Es normal que en una ciudad como Madrid, existan más licenciados en Derecho que en toda Alemania?



¿Es normal que la mayor parte de la oposiciones fueran para licenciados en Derecho? ¿Qué dice eso de la organización de la Administración Española?


¿Por qué los profesionales de la política, en su mayoría, estudiaron dicha carrera? ¿Qué se puede deducir e inducir de esto?

¿Es normal que, en la cosa pública española, los puestos de responsabilidad estén copados por licenciados en Derecho independientemente que el peso específico de dicha responsabilidad recaiga en el ámbito industrial, médico, ciéntifico, militar...? Porque no me cabe en la cabeza que exista una titulación en el mundo que convierta, de la noche a la mañana, a cualquier persona en alguien capaz de afrontar responsabilidades de todo ámbito y nivel tiranizando a verdaderos expertos en la materia. Y no sirve el manido argumento de que esta persona cuenta con unos buenos asesores porque, y simplemente comparando los ambientes de las facultades y correspondientes escuelas técnicas, ¿no sería más fácil utilizar un par de tardes para que un ingeniero, un médico, un científico, un militar, o incluso un barrendero, adquiriese los conocimientos básicos de leyes y economía y, después, se rodease de un par de licenciados en Derecho o, mejor aún, en Administración y Dirección de Empresas. Porque, sinceramente, dudo que un licenciado en mus y maquillaje, perdónenme que el subconsciente me traiciona, quería decir, Derecho pueda entender la Ley de Ohm o el funcionamiento ya no de un hospital, sino de un ascensor.

Dos colegas de estudios, preparándose para seguir
tiranizando a ingenieros, médicos, científicos, militares
Y sí; si algún lector piensa que he escrito esta entrada con muy mala uva y con ánimo provocador, está en lo cierto. Tengo grandes amigos y conocidos licenciados en Derecho. Personas cultas, trabajadoras y capaces de asumir grandes desafíos profesionales de ámbito muy diferente. Lo cual no impide que los párrafos anteriores emanen, sin filtrar, ciertas, o incluso grandes, dosis de verdad.


Un buen escudo para el Colegio de Abogados y otros

17 comentarios:

Sinretorno dijo...

soy catedrático de Derecho y coincido con lo que dice; con la única diferencia de que ahora todos o casi todos van en chándal y el Derecho ha bajado mucho, hay mucho mediador.....siempre se dijo que en esta carrera había muchas salidas.... y e n los claustros universitarios los que menos temen a los estatutos, reglamentos, etc, son los profesores de Derecho, los de ciencias enloquecen con estos temas...

El Subdirector del Banco Arús dijo...

En realidad no era mi objetivo, sino que tengo otras metas con esta entrada:

1. La más importante, y probablemente difícil de conseguir, que Al Neri echara chispas al leer lo que he escrito.

2. Incitar a varias reflexiones:

a. En primer lugar, que es cierto que en España hay un exceso de legalismo en todo lo que se hace. Pero es un legalismo bastardo que no tiene como objetivo que las cosas se hagan rectamente sino que todo, por muy descabellado y bárbaro que sea, se pueda hacer sin pillarnos las manos.

b. Que en España, se puede ser experto en todo y en nada, asumiendo responsabilidades muy por encima de nuestras capacidades con la excusa de los asesores y los buenos equipos. Y así salen las cosas, claro.

c. Que es muy sencillo juzgar las profesiones y el trabajo ajenos, solo a partir de ideas preconcebidas y de observaciones generales, sin tener la más mínima idea de aquello de lo que hablamos.

c. Que es España es un país de cainitas donde todos juzgamos a los demás muy alegremente. Nos gusta ser víctimas y ver a los demás como borregos con suerte.

Muchos ingenieros de caminos piensan que los arquitectos son unos maricones que deberían dedicarse a la decoración y, viceversa, estos opinando que aquellos son unos trogloditas constructores de cabañas. Los ingenieros industriales opinando que el resto de ingenieros no son tales e intentando apañarse sus competencias en exclusiva. Los informáticos considerando unos chapuzas a los telecos y estos pensando que pertenecen a un club olímpico.

Los soldados rasos despotricando contra los suboficiales y estos contra los oficiales que ven a los subordinados como delincuentes.

Las señoras de la limpieza de una oficina, diciendo que las oficinistas son unas cochinas...

Todos tirando hacia nuestro lado.

Anda, igual que los políticos.

Aprendiz de brujo dijo...

Yo creo, Sr. Subdirector que cuando uno está satisfecho consigo mismo,(y creo honestamente que usted, más ó menos lo está), la vida hay que tomársela un poco menos en serio. Es mi punto de vista.
Yo comparto algunas de las cosas que dice de los licenciados en derecho,(pertenezco al club), pero si lo dice en otra ocasión, y no después de que Neri ofreciera su punto de vista sobre el carnet docente, hubiese resultado más convincente. Le honra reconocer el ánimo vindicativo de su post, al comienzo de su intervención.
Cada persona tenemos cualidades y defectos: usted es culto, preparado, perfeccionista, íntegro, idealista y seguramente un excelente profesional.
Pero le falta algo, (mucho) de cintura.Piense en lo que le dice este bufón,- y tómese la vida un poco menos en serio.
Deje la espada a un lado, para quien la merezca realemnte, y disfrute de sus buenas cualidades,que no son pocas y menores.
Por cierto, estoy muy de acuerdo con los puntos que refleja en la doble "c".Pero empiece por corregirse usted.
Un saludo.
PS:Prometo llamrle de usted y todo.

El Subdirector del Banco Arús dijo...

Por una vez, señor Brujo, le tiendo la mano y una sonrisa.

Anónimo dijo...

Felicidades, Sr. Subdirector.

Magnífica entrada, dialécticamente mejorable, pero muy cierta en lo esencial, que es por lo que le felicito, ... porque algunas verdades merecela pena escucharlas, ... aunque quien las escuche lo haga por casualidad.

Aprendiz dijo...

Sin Retorno, si te tengo bien ubicado, eres profesor de la Universidad de Jaén (de hecho le has dado clase a alguna amiga mía), y es una pena saber que ya hasta en derecho van en chándal... era la única carrera que en general se salvaba.

alco dijo...

Subdire, cuando un alumno más o menos aplicado termina bachillerato pero no sabe muy bien que carrera universitaria realizar (en este país de hidalgos todo el mundo ha de ir a la Uni), el consejo que suele recibir es que haga industriales si es de ciencias o derecho si es de letras (o mejor dicho, si no es de ciencias).
Las dos carreras ofrecen una formación polivalente, bien estructurada y que permite adaptarse a múltiples salidas profesionales. La especialización posterior, vía masters o simplemente por ocupación laboral y formación permanente más o menos formal acabará perfilando un profesional.
En definitiva, de un grado universitario solo se espera una buena formación estructural, sólida, que permita distintos acabados para cada graduado.
Si lo vemos así, una carrera de derecho bien cursada es una excelente elección, y mucho más práctica que historia, arte, periodismo, políticas, filología, filosofía, etc que captan a alumnos con un perfil no muy lejano al de derecho.
Otra cosa son los alumnos que sí saben lo que quieren. Para ellos, hay cientos de grados. Alguno se aproximará suficientemente a lo que desea.
Cuando yo terminé bachillerato, dudaba entre Matemáticas o Física (lo que realmente me gustaba) o Industriales (lo que mi sentido práctico y el de mis padres me aconsejaba). Acabé en Físicas porque me convencieron que era el mejor sitio para aprender Matemáticas. Creo que tenían razón.


Al Neri dijo...

¡Qué chispa tiene usted, Subdirector del Banco Arús! ¡Me retuerzo de la risa con sus agudísimas chirigotas sobre el mundo del derecho!

Merece la pena hacer unas puntalizaciones en honor a la justicia:

- Ni Pepiño, ni El Lute ni el entrañable Max Cady llegaron a licenciarse en Derecho ;-)

- Comete usted dos importantes errores de fondo. El primero es llamar “abogados” a los licenciados en Derecho, cuando la abogacía es una de las muchas alternativas profesionales para estos titulados (que a mí personalmente me desagrada mucho). El otro fallo es hablar de “ingeniería” así en general, sin especificar, cuando es de todos sabido que ese paraguas terminológico cubre titulaciones y profesiones muy heterogéneas y que exigen muy diverso nivel de capacidad intelectual. Hay incluso titulaciones que han comenzado a llamarse “ingenierías” a partir de los años 80, cuando, en mi modesta opinión, sus anteriores denominaciones eran mucho más acordes con sus contenidos aunque no tan lustrosas desde el punto de vista sociológico.

Al Neri dijo...

- Su reflexión más interesante (con mucha diferencia) es la del papel de los profesionales de perfil jurídico en nuestras Administraciones públicas. En general estoy bastante de acuerdo con su planteamiento.

Sobre esto, primero aclarar que no es cierto que “la mayor parte de las oposiciones sean para licenciados en Derecho”. Justo al contrario, los cuerpos funcionariales que requieren esta licenciatura son una pequeña minoría y, en consecuencia, solo un ínfimo porcentaje de las plazas contempladas en ofertas de empleo público españolas exigen tal requisito (menos del 5%). De hecho ahora mismo solo se me ocurren los cuerpos de asistencia jurídica (abogados del estado y otros pocos cuerpos de letrados del Estado y de las comunidades autónomas), los jueces, los fiscales y los secretarios de juzgado. Ni siquiera a los secretarios de ayuntamiento se les exige esta licenciatura.

Sin embargo es verdad que los licenciados en derecho copan los puestos directivos de las Administraciones. ¿Por qué? Muy sencillo: porque los cuerpos generales del Grupo A (TAC y sus equivalentes en las comunidades autónomas), cuya función es desarrollar tareas directivas de alto nivel en los ministerios y consejerías, tienen unos temarios de oposición integrados básicamente por materias jurídicas y procedimentales, y así, aunque dichos cuerpos funcionariales están totalmente abiertos a cualquier licenciado, a ingenieros y a arquitectos, en la práctica sus pruebas de selección resultan muchísimo más atractivas para personas con formación jurídica.

Es parecido a lo que pasa en el Cuerpo de Inspectores de Hacienda: puede presentarse cualquier licenciado, ingeniero o arquitecto, pero en la práctica casi todos los que acceden son titulados en Económicas y Administración de Empresas. Si no me equivoco, cualquier licenciado podría presentarse también a cualquier especialidad de los cuerpos docentes y, sin embargo los licenciados en Historia no suelen examinarse para ser profesores de Física y Química (afortunadamente).

En definitiva, los cuerpos funcionariales directivos de las administraciones tienen un perfil funcional en el que son esenciales los conocimientos jurídicos y por eso al final mandan los licenciados en derecho. Con muy buen criterio, y a diferencia de lo que sucede en las taifas autonómicas, en la Administración General del Estado los Subdirectores, los Directores Generales e incluso los Subsecretarios tienen que ser nombrados entre funcionarios de carrera “a los que se exija para su ingreso el título de Doctor, Licenciado, Ingeniero, Arquitecto o equivalente”. Por eso en los Ministerios la inmensa mayoría de estos cargos los ocupan TAC´s, generalmente de derecho, y en esta última legislatura también bastantes abogados del estado.

Para ser ministro obviamente no se exige ser funcionario, pero el problema es que en la práctica muchos lo son porque por desgracia a la hora de buscar candidatos para dirigir una cartera se valora más que conozcan bien el funcionamiento de la Administración a que dominen la materia correspondiente. En la Administración española se produce así un fenómeno que algunos llaman “travestismo administrativo”, que consiste en que los altos funcionarios (casi siempre licenciados en derecho) están haciendo el papel de políticos, bien porque los ministros son funcionarios o porque delegan constantemente funciones políticas en su equipo de funcionarios. Esto explica que hoy en día la mayoría de las políticas, sea cual sea el partido que las impulse, son tan insípidas o tienen ese saborcillo a pescado cocido, a tecnocracia.

El Subdirector del Banco Arús dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
El Subdirector del Banco Arús dijo...

Bueno, Señor Neri, aprovechando que quizás sí esté usted un poco escocido, voy a echarle un poco más de sal.

Si lee bien los pies de foto -nunca suelo poner pero hoy sí- nunca he dicho que los personajes de las fotos por usted mencionados sean licenciados. Sí estudiantes.

No confundo a los abogados con los musolaris, perdón, quiero decir licenciados en Derecho. Solo uso la palabra abogado en el título para atraer al lector. En el pie de foto del As de Oros se lee perfectamente "y otros".

Dice usted: "Muy sencillo: porque los cuerpos generales del Grupo A (TAC y sus equivalentes en las comunidades autónomas), cuya función es desarrollar tareas directivas de alto nivel en los ministerios y consejerías, tienen unos temarios de oposición integrados básicamente por materias jurídicas y procedimentales."

¿Qué dice eso de la estructura y funcionamiento de la Administración a alto nivel? Pues es que una máquina burocrática cuyo objetivo es mantenerse a sí misma y que desprecia los verdaderos conocimientos técnicos. Y vuelvo a lo mismo: ¿es lógico que las decisiones de alto nivel de un ministerio como el de Agricultura o el de Medicina, por poner dos ejemplos, no estén en manos de personas que son expertas en las materias que estén tratando? Es como si ponemos a licenciados en Físicas a tomar decisiones en los ministerios de Justicia o Interior.

¿No será que, por corporativismo, se elige un cierto temario para esas oposiciones y no otro más adecuado que restrinja la entrada a ciertas personas?

Me recuerda a lo que pasa en algunas CCAA donde el mayor peso de la oposición es la lengua de turno. Exigencia cuyo verdadero fin es repartirse las plazas entre separatistas.

Y en cuanto a lo de la política. Observemos a los saltahuertos de Nuevas Generaciones o del PSOE. La mayoría son estudiantes de Derecho (lo que no garantiza que fueran los mejores en bachillerato) cuyo objetivo en la vida es ser político profesional. O en gente como Suárez o Susana Díaz. ¿Qué eran? ¿Lo adivinamos?

El Subdirector del Banco Arús dijo...

Y para rematar, vamos a hacer una sencilla encuesta.

Supongamos que ya ha tenido lugar el Apocalipsis Progre. Nos han encargado recoger personas en un barco para llevarlas a una isla donde se está reconstruyendo la civilización. En el barco falta una plaza para todos aquellos profesionales que quieren subir así que tenemos que elegir a uno para dejarlo en tierra. ¿Quién sería abandonado a manos de los zombies progres si sus profesiones fueran las siguientes?

a. Ingeniero industrial.
b. Ingeniero agrónomo.
c. Licenciado en Ciencias Químicas.
d. Mecánico.
e. Sacerdote.
f. Técnico Superior en Mantenimiento Industrial.
g. Filólogo.
h. Técnico superior en Informática y Telecomunicaciones.
i. Militar.
j. Licenciado en Derecho.
k. Licenciado en Medicina.
l. Economista.
m. Humorista.
n. Maestro.


Elijo j: Licenciado en Derecho.

Al Neri dijo...

Subdire, le he dado la razón más de lo que cree.

No hay que confundir política y administración.

La política es tomar decisiones de oportunidad en un sector de actividad concreto. Y estoy totalmente de acuerdo con usted en que sean los profesionales del sector los que corten el bacalao porque son los que conocen "el negocio" En este sentido me alegra poder decirle, siguiendo sus ejemplos, que en los Ministerios de Agricultura y de Sanidad tienen un peso fundamental los ingenieros agrónomos y los médicos respectivamente. En Educación también. No hay más que fijarse en la inconmensurable labor que hacen los asesores técnicos docentes en las consejerías de educación de las comunidades autónomas :-)

Los funcionarios de los cuerpos superiores generales son los grandes conocedores de la burocracia de las organizaciones públicas. Conocen al dedillo las reglas para plasmar jurídica y procedimentalmente esas decisiones políticas que deberían tomar los expertos. Están para tramitar contratos administrativos en cualquier materia, expedientes de subvenciones de cualquier departamento, procedimientos de todo tipo. Llevan la organización del personal del Ministerio, fiscalizan el gasto para que se ajuste a la ley y a los presupuestos, y articulan toda clase de resoluciones y normas para -insisto- dar forma a las decisiones políticas que no deberían tomar ellos. Para desarrollar estas funciones imprescindibles en el funcionamiento de la Administración es necesaria una preparación de fuerte componente jurídico, y además en todo caso a estas oposiciones pueden presentarse médicos, ingenieros y cualquier licenciado que quiera, no solo los de derecho.

La clave del problema que usted señala es que la frontera es difusa en los más altos niveles. Al final los burócratas pueden llegar a convertirse en imprescindibles para los políticos, como sucedía con los escribas del Antiguo Egipto, y llegar a la situación indeseable que usted critica de que la burocracia se coma a la política y todo se acabe diluyendo en un entramado incomprensible de normas, reglas, trámites, comisiones, informes, etc... A mí esto me asquea tanto como a usted.

La culpa, Subdire, no es de los funcionarios, sino de la falta de coraje y de liderazgo de los políticos, que solo piensan en mantener el culo en su silla y para ello no toman decisiones o deciden de la forma más aséptica dejando las responsabilidades a funcionarios que tienen muchísimo bagaje pero no están para eso.

Como gran paradoja, contarle que conozco muchísimos funcionarios de cuerpos muy especiales (entre ellos varios docentes) que han preferido sacrificar el ejercicio de su profesión (estar en un nivel normalito haciendo una labor puramente técnica y de lo suyo) para cobrar un poco más en un puesto burócrata al 100% en el que le aseguro no se diferenciaban en nada de esos licenciados en derecho que usted critica.

Sobre su encuesta: En toda civilización es necesario el derecho. El humorista no creo.

PΩLITÍCOLA dijo...

Probablemente, aunque metiésemos en el arca un tipo que trabaja como ingeniero, humorista, enfermero, comercial, político, sacerdote o fontanero, tendríamos grandes posibilidades de que todos ellos hubiesen estudiado Derecho en su día. Tal es el alcance de la plaga.

Llorente dijo...

En la práctica, el filósofo y el filólogo tendrían todas las papeletas. Y echando a dos queda otra plaza libre para un licenciado en Derecho más.

Saturnino Martín Cerezo dijo...

Pues pensando fríamente, creo que el único que sobra es el abogado. Me explico: si tras un apocalipsis quisiera establecer una nueva civilización, necesitaría un filólogo que explicara la lengua y la literatura, y un filósofo que supiera decirnos cuál es el fin de la existencia de esta nueva civilización, pero si quisiéramos cortar con los lazos que nos unen con la anterior y decadente civilización, no necesitaríamos una persona cuyo fin es decirnos cómo se hacían las cosas antes, está claro que salieron mal, no?

Llorente dijo...

Lo que quiero decir es que una cosa es lo ideal y otra lo que realmente ocurriría. Porque, de hecho, ya está pasando. Actualmente, de esa lista de profesionales, ¿cuáles son los que tienen peores salidas laborales? ¿Cuáles son los peor reconocidos y valorados? ¿Qué estudios son los que tienden a desaparecer? Por eso digo que el filósofo y el filólogo (salvo el de especialidad inglesa) no sólo no llegarían a la isla, sino que serían linchados y aprovechados sus cuerpos para dar de comer a las mascotas.