jueves, 9 de enero de 2014

PRINGAOS


Gracias a Dios, existen ciertos papeles -los guays dirían roles- que se resisten a cambiar en un mundo plagado de metrosexualidades, ideologías de género diverso y confuso, feminazismo y pijoprogres pseudointelectuales con micrófono, estrado y varas diversas para medir y golpear.

Combatir a base de dictado educacional y legalista lo que la evolución ha configurado lentamente a lo largo de milenios se antoja más que complicado. Pretender eliminar, o incluso invertir, los dictados de nuestras conexiones neuronales y los tiránicos impulsos hormonales, que moldean nuestros cuerpos y nuestros pensamientos, es propio de ilusos que creen poder tapar el Sol con un dedo. La Naturaleza tiene un orden establecido anterior y superior a nuestros complejos por muy modernos y avanzados que nos creamos.


Un orden que lleva a los hombres y a las mujeres por caminos diferentes. Pues, aunque iguales en dignidad, no es cierto que los varones y las hembras tengamos diferentes gustos, vocaciones y maneras de enfocar nuestra existencia únicamente a causa de una sociedad paternalista y falocéntrica. Somos diferentes y, gracias a Dios, complementarios.

Por eso siento cierta repulsión cuando observo esas parejas en las que parecen haberse invertido los papeles. Supongo que siempre habrán existido relaciones en las que la mujer llevara los pantalones y se vería obligada a asumir obligaciones que habrían de corresponder al varón: conducir habitualmente mientras que él se queda en el asiento trasero con los niños; pagar una cena; llevar la voz cantante a la hora de gestionar cualquier tipo de papeleo... Hombres insulsos que, de seguro, no aportan nada a una relación. Ahora, incluso, debido a la pérdida de cierta vergüenza pública, algunos de forma voluntaria -no me refiero a los que no pueden trabajar, están ya jubilados o no encuentran empleo esporádicamente- deciden hacerse cargo de las labores domésticas y del cuidado de los hijos mientras la mujer sale todos los días a buscar un jornal.

Cuando, en una pareja, ella se tiene que encargar de todo en la recepción de un hotel; o cuando una joven se ocupa de aparcar el coche y de descargar la sillita del bebé que él sostiene en brazos; o cuando un pasmarote es llevado de aquí para allá por su señora en cualquier situación pública, la Subdirectora siempre pronuncia la misma frase: «¿Has visto que pringao?»

Y no se me ocurre mejor adjetivo.

17 comentarios:

nagore dijo...

Buenos días, Sr. Subdirector.

Como invita el manual de los buenos modales y la educación y, haciendo gala de algo que, ya es tradición y casi un emblema en La pluma viperina a través del respeto mutuo que, como el valor... se nos presupone a todos y, de forma casi exquisita constatamos diariamente en nuestras formas y modo de dirigirnos unos a otros, me siento en la obligación antes de hacer cualquier valoración o comentario sobre este magnífico post que solo usted podía haber escrito, dicho sea de paso... de darle le bienvenida, felicitarle por sus ya más de mil entradas de las cuales también es copartícipe y, desearle un Feliz y Próspero año a Ud. y los suyos.

Cordialmente

Anónimo dijo...

Felicito a la señora Subdirctora porque ha encontrado la horna de su zapato.

Un hombre que siempre llevará la voz cantante en publico y en su casa.
Un hombre que, si ha estudiado una carrera, no la dejara ejercer habiendo gastado tiempo y dinero.
Vamos, mira, una pringada. Y no se me ocurre mejor adjetivo.

Al Neri dijo...

Dichosos los ojos, señor Subdirector del Banco Arús. Espero que nos deleite con entradas más frecuentes.

Adjetivos mucho mejores que el de “pringao” son “calzonazos” o “cojonazos”, mucho más arraigados en la cultura popular.

Entiendo la entrada y comparto su espíritu, pero quisiera hacer algunas matizaciones importantes. Perdone por la sábana que le voy a meter.

Estoy totalmente de acuerdo con usted en que existen ciertos roles sociales en la pareja que responden claramente a razones naturales, genéticas o como quiera llamarlas. Salvo excepciones, los varones poseen más fuerza física que las mujeres, así como algunas habilidades más desarrolladas también por motivos biológicos (los cerebros masculino y femenino son diferentes)

Sin embargo hay muchos otros papeles en una pareja que se basan exclusivamente en condicionantes sociales, culturales y educativos. En no pocos casos yo simpatizo con estos roles tradicionales.

Pero nos gusten o no todos estos roles, tenemos que diferenciar honradamente entre los naturales y los culturales, cuestión no siempre fácil como demuestra su entrada, Subdire, en la que en mi opinión se confunden los unos con los otros.

Bastantes roles culturales tienen su origen en la especial vulnerabilidad social de la mujer durante muchos siglos. Históricamente las féminas no solo han sido físicamente más débiles y emocionalmente más dependientes, sino que han carecido de medios propios de vida y no han desarrollado tareas fuera del ámbito doméstico, por lo que en la práctica acababan con menor desenvoltura que los hombres para muchas actividades fuera del hogar. Los frecuentes embarazos de las mujeres de antaño durante toda su etapa fértil también condicionaban su autonomía, fortaleza y libertad de movimientos.

Esta situación (que no entro a valorar ahora) ha llevado tradicionalmente a que los hombres adoptaran actitudes de protección o de sobreprotección con sus compañeras, asumiendo ellos de manera espontánea las funciones más gravosas, difíciles o incómodas para ellas. Por lo general se trata de gestos de cortesía cuya finalidad de fondo es tratar a la mujer “como a una reina”, evitándole esfuerzos, incomodidades, esperas y preocupaciones.

Por ejemplo, en un matrimonio de 1940 solo era él quien había hecho la mili y “visto mundo”, salía de casa a diario, se relacionaba con mucha gente o negociaba el precio de un caballo, así que era comprensible que fuera él quien asumiese cualquier trámite o papeleo de la familia. Era él el único que tenía ingresos económicos, por lo que es lógico que pagase las cenas. Era él el único dueño del coche y por lo tanto quien lo conducía, también pensando en la comodidad de ella. Era él quien había viajado más y por eso quien se acercaba al mostrador de recepción de los hoteles cuando iban juntos. Era él quien trabajaba fuera para traer el sustento, lo que explica que las tareas domésticas las asumiera ella.

Al Neri dijo...

Hoy, nos guste o no (tampoco voy a valorarlo aquí) la situación ha cambiado de manera radical, por lo que es prudente preguntarse si la tabla tradicional de roles tiene plena vigencia o si, por el contrario, merece alguna revisión teniendo en cuenta que la mayoría de chicas de hoy en día (y más del entorno suyo y mío) ya no son ni vulnerables ni económicamente dependientes, y además han ido adquiriendo funciones y destrezas que antiguamente les estaban vetadas por el motivo que fuera, y que hoy desarrollan con gran brillantez.

Si una mujer tiene su profesión y su sueldo, ¿por qué no puede tener el detalle de invitar a su marido en un restaurante? Si una chica tiene su coche o conduce mejor que su novio, o le gusta más hacerlo (no es lo habitual), ¿por qué no va a guiar ella el coche en una excursión? Si una chavala es bilingüe y su pareja tiene conocimientos elementales de inglés, ¿por qué no va a ser ella quien hable en la recepción del hotel en un viaje romántico a Londres? Si ella viaja en avión continuamente y él no, ¿por qué no puede ocuparse de reservar el billete y de los papeleos en el aeropuerto? Si ella es funcionaria y él electricista, ¿por qué motivo va a rellenar él los formularios para solicitar lo que sea al ayuntamiento o recurrir una multa?

En lo que estoy con usted es que hay mucho comodón y cojonazos (muy amparados por el ambiente) que se lo cargan todo a su señora y a vivir que son dos días, y eso sí que me merece todas las críticas del mundo. La situación en sentido inverso me merece la misma opinión salvo que ella sea inválida o lerda.

Sinceramente, Subdire, si una mujer es autónoma y sabe hacer bien varias de las cosas que usted ha descrito no termino de ver el motivo para impedirle que las haga, pues sería limitar a una persona y condenarla a la insatisfacción (salvo que ella lo acepte o lo propicie en cuyo caso nada tengo que decir, aunque me sorprende en una chica cultivada, activa y profesional)

También me gustaría preguntarle si considera de “pringaos” aceptar que la esposa trabaje o, por ejemplo, que gane más dinero que uno, y si cree que es de calzonazos casarse con una chica más inteligente que uno mismo y con mayor cultura y habilidades? No sé, quizá a veces son ellas las que no aceptan situaciones así, pero entonces me hago la pregunta de si en una pareja siempre él tiene que ganar más, ser más listo, saber hacer más cosas y hacerlas siempre para que a ninguno de los dos le podamos llamar “pringao”.

Dulcinea dijo...

Bienvenido y muy bien dicho Subdirector. Un hombre como Dios manda y no los bujarritas de ahora ¡¡¡TIENE QUE TOMAR LA INICIATIVA EN TODO!!! No se trata de que habilidades tenga o deje de tener cada uno, sino de la actitud de guía, de líder, de ir siempre delante protegiendo a su novia o mujer y efectivamente tratarnos como a reinas. No es que ella no lo sepa hacer sino que él lo hace por cariño, para hacerle la vida más fácil, para incómodo él en vez de ella. Un hombre tiene que estar atento a esas cosas y si no es una maricona y punto, y bueno, que conduzca ella el coche me parece el colmo del calzonismo. Enhorabuena a la subdirectora que tiene un marido como Dios manda.

Luxindex dijo...

¡Dónde vamos a ir a parar!

http://www.youtube.com/watch?v=dN4VUYsrSJo

Subdirectora del Banco Arús dijo...

Me gustaría comenzar saludando a todos aquellos que participan en este blog, tanto a los que nos deleitan con sus magníficas y maravillosas entradas, como aquellos que participan con sus comentarios, y cómo no, especialmente, me gustaría dirigirme a Al Neri: tengo muchísimas ganas de conocerle ya que el Subdirector siempre habla mucho de usted.

Querría empezar haciendo mención sobre el comentario de "Anónimo". Por supuestísimo que tengo una carrera y una profesión que me encanta y que ejerzo y ejerceré durante toda mi vida si Dios quiere. Pese a lo que usted crea. Creo que soy una gran profesional, por lo menos lo intento, y debo decirle que usted habría suspendido mi asignatura a la primera. Sí, digo asignatura, puesto que soy profesora de secundaria. Debería aprender a poner tildes, a no comerse letras o incluso a no inventarse palabras: ¿horna? ¿Qué es eso? Creo que la expresión dice: "la horma de su zapato". O por lo menos así me lo enseñó mi madre.

Me considero una mujer letrada, cultivada y completamente independiente, con intención de ejercer su profesión hasta la edad de jubilación. No me considero nada "pringada" pues conduzco cuando me apetece y quiero, sé gestionar todo tipo de papeleos, etc. Tengo demasiada dignidad para someterme a un hombre y dejar que lleve la voz cantante en todo tipo de situaciones, pero claro como toda mujer ("casi toda") quiero también tener a mi lado a un hombre que "tenga sangre en las venas" y al que no tenga mantener económicamente, pues como siempre he oído decir: "mejor sola que mal acompañada".

En esta sociedad, quieren normalizarse los hombres que prefieren quedarse en casa y que sea la mujer la que salga a buscarse la vida; a los que hay que solucionarles todo tipo de problemas porque no saben enfrentarse a nada sin su mamá o su novia; hombres que se han convertido en auténticas mascotas. Y no, señoras y señores, no quiero una mascota a la que tenga que llevar a todos los lados porque para eso ya tengo a mi gatita.

alco dijo...

Me alegro que haya vuelto, Sr. Subdirector y también de la existencia de la Sra. Subdirectora. En su casa, ¿quién es el Director? En la mía mi mujer y yo compartimos el papel y creo que en la suya también.
Cada pareja es un mundo y es muy difícil que una persona ajena pueda comprender todo lo que hacen.
En mi instituto hay más profesoras que profesores, y la muchas son más trabajadoras, más pacientes, más persistentes y con más empuje que los profesores. Me cuesta imaginarlas con dificultades al realizar gestiones en el banco o aparcando el coche, y mucho más aceptando un marido que no dé la talla.

Aprendiz dijo...

Me ha hecho mucha gracia la expresión de la Subdirectora de que le gusta un hombre que tenga "sangre en las venas".

Yo veo ese un poblema clave en muchos hombres de hoy en día, no se quieren complicar y se lo callan todo. De entre mis amigos, me cuesta valorar mucho a esos que tienen una actitud pasiva: los que si ese día les ha tocado ser objeto de las bromas de los amigos no saben pararles los pies; los que si el camarero ha prestado un sevicio lamentable se callan la boca; los que en vez de proponer sitios para ir, solo esperan a que los demás decidan y ellos se adaptan...

En fin, esa falta de iniciativa.

El hombre tranquilo dijo...

En mi casa soy yo quien dice las dos últimas palabras...


Sí, cariño...

...mano de santo, oiga.

Anónimo dijo...

Y yo me pregunto, ¿quienes sois vosotros para juzgar a nadie?, ¿porque tenéis que calificar a la gente de pringados o de lo que sea? Miraros vosotros antes.

Morrisey dijo...

.. .y dice usted Sra.Subdirectora que no conoce al Neri? No fue invitado a la boda? ( !!! )
...que bonito es este 2014

El Subdirector del Banco Arús dijo...

Buenas tardes a todos.

Espero que al comenzar un nuevo año, pueda retomar mis deberes -quizás debería decir deleites- con La Pluma Viperina que tan abandonada he tenido en el último año por unos u otros motivos que, aún así, no han impedido que me haya perdido ni uno solo de los artículos de don Al Neri ni la mayoría de los comentarios de tan fieles amigos.

Vayamos por partes:

1. La Subdirectora y yo no estamos aún casados, sino prometidos, así que el señor Neri aún no ha podido acudir a una boda cuya invitación, sine die, ya le adelanto.

2. Agradecer los elogios, no sé si quizás un tanto sarcásticos, de varios comentaristas.

3. En cuanto a los acertados comentarios de los señores Neri y Alco: Por supuesto que una mujer moderna, con estudios y mundo, puede igualar o incluso superar en ciertas tareas, tradicionalmente femeninas, la habilidad de un hombre. Pero eso no impide, que en una relación de equidad, la mujer quiera sentirse protegida en público y que la obligación de un hombre, como mandan los cánones y más respetables tradiciones, sea proporcionarle esa sensación de seguridad y protección que toda mujer precisa. Creo que es consustancial a la mujer el deseo de sentirse como una reina en su castillo y fuera de él, cuando es acompañada por el varón con el que va a compartir hijos y desventuras.

[Continúa...]

El Subdirector del Banco Arús dijo...

Es más, lo considero una cuestión fundamentalmente estética. Y, como cuestión estética, arrastra todo un cúmulo de concepciones morales y vitales. El hombre caballeroso y enérgico, el hombre Floïd contra el hombre ambiguo, mejor dicho varón Carolina Herrera de pecho depilado .

Como bien ha dicho la Subdirectora, una mujer puede ser moderna, independiente, profesional y capaz, pero femenina.

O, como diría el añorado Manolo Escobar, se puede ser moderno, pero español. ;-) ;-)

4. En cuanto al Anónimo, sólo una cosa:

Si es usted mujer, vigile la dieta de su mascota, pues los gatitos castrados tienden a engordar en exceso. Si es usted varón... bueno, en ese caso, prefiero hablar con su señora, que es la que piensa y decide.

Al Neri dijo...

A sus pies Subdirectora y bienvenida a este humilde espacio. También ardo en deseos de conocerla a usted. Estoy totalmente de acuerdo con sus palabras, sobre todo con lo de no permitir que sea el hombre el que lleve siempre la "voz cantante" y en su aversión -muy natural- hacia los chicos inmaduros y sin sangre en las venas, entre los cuales, como ambos sabemos bien, no se encuentra el intrépido señor Subdirector del Banco Arús.

Gracias por la preinvitación a la boda, a la que acudiré con mucho gusto.

Mi masaje para el afeitado es Floïd y mi colonia Carolina Herrera.

ignatus dijo...

Yo creo que soy uno de esos pringaos... El otro día, hablando con un amigo, me preguntó:

-<<¿Ignatus, tú haces todo lo que te manda tu mujer>>

* No, no, que va

-<< Así me gusta, dijo él, con dos cojones>>.

* No, si es que no me da tiempo...

Ramón Pascual dijo...

Es triste decirlo, pero cuando una mujer no quiere "someterse a un hombre" es que todavía no ha encontrado el que le conviene, es decir a aquel que daría la vida por ella sin pensarlo siquiera. A cada instante. El "Sí cariño" de un tío, incluído. El silencio cariñoso, cuando os ponéis nerviosas, también.
El gurrumino no tiene juicio ni fortaleza, pero desde luego, no la quiere demasiado.