miércoles, 2 de marzo de 2016

LOS CIPRESES CREEN EN DIOS

A los dieciséis años, cuando leí por primera vez esta novela, me impactó su dramatismo y me enamoré de la Falange. Trece años después volví a leerla y me conmovió la humanidad de sus personajes (es, sobre todo, una novela de personajes). Y otros trece años más tarde he vuelto a repasarla y esta vez he disfrutado de su trasfondo histórico y político, descubriendo matices que antes me pasaron inadvertidos por carecer de los conocimientos necesarios sobre el período histórico en que se enmarca la narración.

Podría escribir más de cien páginas sobre Los cipreses creen en Dios (1953), pero hoy quiero decir muy poco. Solo que es, con diferencia, la mejor novela sobre la II República y el estallido de la guerra civil; que es la obra literaria que más me ha conmocionado e influido (en muchos aspectos), y que, a pesar de tratarse de uno de los mayores bestsellers en castellano de todos los tiempos (más de seis millones de ejemplares sin contar traducciones), hoy se encuentra fuertemente desprestigiada por la crítica debido a su supuesta parcialidad a favor del bando sublevado.

¿Seré capaz de resumir esta voluminosa novela en unas pocas líneas? Lo intento. Los cipreses (Premio Nacional de Literatura) tiene como protagonista a la propia ciudad de Gerona, que se nos muestra casi como un personaje vivo. A través de la mirada de decenas de gerundenses de muy diversas clases sociales, mentalidades e ideologías, José María Gironella relata minuciosamente cómo se vivió en esta localidad la experiencia republicana y el Alzamiento del 36. El eje central de la historia es la vida de un matrimonio de clase media, los Alvear, formado por una mujer muy religiosa y por un republicano moderado, cuyo hijo mayor, Ignacio, es un estudiante atormentado por las dudas, que “lleva en sí mismo la guerra civil”. Los conflictos políticos y sociales de esta ciudad catalana van recrudeciéndose poco a poco y generando una creciente polarización que desemboca en tragedia. El relato tiene un enorme interés humano y ahonda sobre todo en la importancia del factor religioso en los tristes acontecimientos que vivió España en los años treinta del pasado siglo. El desenlace es tan sobrecogedor que nadie podrá terminar el libro sin estremecerse y sin alterar su visión sobre el capítulo más sangriento de nuestra historia.
José María Gironella

Como ya digo, por sus novecientas páginas desfilan personajes de lo más variado, representativo cada uno de ellos de un estrato social o de una facción política. Inolvidables para mí son el subdirector del Banco Arús (militante de la CEDA y furibundo antimasón), el falangista Mateo, los republicanos hermanos Costa (millonarios y populistas), el cínico policía Julio, el soberbio Mosén Alberto, el místico seminarista César Alvear, el anarquista José, el siniestro comunista Cosme Vila, el rentista Jorge de Batlle, David y Olga (dos sectarios maestros de Estat Català), el incendiario carlista apodado La Voz de Alerta, la prostituta Canela, la deliciosa Ana María (el gran amor imposible de Ignacio) y el doctor Relken, un judío alemán que trafica con obras de arte robadas mientras asesora, con un repugnante aire de suficiencia, a los partidos izquierdistas locales.

Hacer una crítica de Los cipreses también me resulta muy difícil, así que me voy a limitar a exponer las tres grandes paradojas que yo veo en él, y que son muy descriptivas de su espíritu.

En primer lugar siempre me ha parecido ilógica mi veneración por una obra escrita por un autor que tanto me desagrada. A Gironella, además de un meapilas y un cursi, le considero un novelista mediocre. Los cipreses creen en Dios es su única novela redonda y confieso que algunas otras no he podido ni terminarlas. Aunque sí he leído los otros tres tochos de la tetralogía (Un millón de muertos, Ha estallado la paz y Los hombres lloran solos), su calidad y su interés están a años luz de Los cipreses, que tiene un ritmo, un tono, un clima, un escenario y una humanidad magnéticos que no en vano encandilaron a toda una generación. Hasta se estrenó una serie de televisión en 1960.

La segunda paradoja es cómo pudo sortear la censura una novela tan dura con ciertas actitudes de la Iglesia y con ciertos sectores de la derecha española, de los que se insinúa su responsabilidad moral en la conflagración, por no hablar de algunos contenidos sexuales impensables en una obra de ficción española de 1953. Por lo visto, el censor de turno decidió aprobarla íntegramente al advertirle Gironella de que iba a ser publicada de todos modos en Francia con la etiqueta “censurada en España”.

Gerona, con la catedral en primer término, que fue saqueada en 1936

Y por último, no es fácil responder a la pregunta de si se trata de una novela objetiva. Su autor solía decir que era una narración “no objetiva, pero sí imparcial”, juego de palabras muy propio de un pedante como él pero que yo nunca he entendido. Lo que sí es cierto es que aparecen personajes relevantes de ambos bandos políticos con rasgos morales muy heterogéneos; que tanto en la Iglesia y en el Ejército como en el Partido Socialista o en la FAI, nos encontramos con íntegros y malvados, con héroes y asesinos, con virtuosos y calaveras, con valientes y cobardes, con nobles y envidiosos, y con coherentes y trepas. Pero también es innegable que Gironella concentra la mayoría de las virtudes en sus personajes más religiosos y patrióticos, y las taras, excesos y vilezas en los masones y en el rojerío. A lo mejor es que era así de verdad. 

Honradamente, el libro no peca de cerrazón, no es de un partidismo chirriante y creo que empatiza con las razones y sensibilidades de las izquierdas (otro motivo para extrañarnos de que pasara la censura), pero de ahí a considerarlo un paradigma de imparcialidad hay un ancho abismo. Es evidente que el escritor gerundense contemporiza con el bando nacional, pero es justo reconocerle su grandeza de corazón al ofrecer todos los puntos de vista, hacer severa autocrítica, evitar la burda propaganda y poner de relieve el amor y el perdón como única receta para la reconciliación entre los españoles. Y este reconocimiento ha de ser doble teniendo en cuenta el año en que se editó la novela. En aquella época el franquismo estaba poco dispuesto a admitir ni uno solo de sus incontables errores ni mucho menos a ponerse en la piel del enemigo.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

16+13+13= 42

lanuor dijo...

Estoy empezando a leer este libro, después de haber visto su post. La verdad es que voy por las primeras páginas, pero después de la temporada que llevo leyendo basuras tipo "Las sombras de Grey" o "La felicidad es bla bla bla y nosequé", esto es una bocanada de aire fresco. Muchas gracias. He de confesar que no conocía este título y que nunca he leído al autor.

Al Neri dijo...

Lanuor, me alegro de que le haya servido mi sugerencia. Seguro que le gustará mucho. Es una historia bonita y dura a la vez. Poco que ver con "Las sombras de Grey". ;-)