domingo, 21 de diciembre de 2008

EL COMENTARIO DE LA SEMANA (23) "YO TAMBIÉN SOY JUDÍO"

El mejor comentario de las dos últimas semanas ha sido:

" (...) Cuentan que David Jato (fundador del SEU ...) mientras se encontraba en Rusia luchando con la División Azul marchó de permiso a Berlín. Allí tuvo un incidente con la policía a causa de haber cedido el asiento en el tranvía a una mujer que llevaba la estrella que identificaba a los judíos como tales. Los policías le reprochaban que un soldado como él y vestido con su uniforme reglamentario hubiera tenido ese gesto con una judía. A lo que respondió que lo había hecho por dos razones: porque ella era una mujer y porque él era español. Y ante la insistencia de los policías por el carácter judío de esa mujer, él terminó enfrentándose a ellos diciéndoles que él también era judío. El lío en el que terminó metiéndose fue tan grande que el propio Muñoz Grandes (General de la División Azul) tuvo que intervenir en su favor. En realidad no era judío pero le movió ese carácter tan nuestro de rebelarnos ante la injusticia y solidarizarnos con la víctima. Un carácter que poco
a poco estamos perdiendo (...)"

Autor: Miquelino

9 comentarios:

El francotirador dijo...

Que tristeza que ya no seamos así.

Al Neri dijo...

Deliciosa anécdota sobre el siempre aplaudible David Jato. Es un episodio que refleja además la genuina forma de ser española.

Anónimo dijo...

Decía Jose Antonio que “ser español es una de las pocas cosas serias que se puede ser en la vida”, luego lo explicó muy bien Manuel Garcia Morente en su "Idea de la Hispanidad", y esta anécdota de David Jato nos deja un ejemplo incontestable de esa gran verdad.

Álvaro

Miquelino Flynn dijo...

Escuetamente, gracias, como corresponde al laconismo militar de nuestro estilo. ;)

El problema es que no hemos sabido continuar con el judaísmo de David Jato y después no hemos sido vietnamitas, ni palestinos, ni afganos, ni iraquíes, ni cubanos, ni nicaragüenses (y de ese continente podríamos seguir poniendo casos durante horas), ni saharahuis, ni inmigrantes... Nos hemos hecho... ¡occidentales! Pero occidentales al estilo gringo. Se ha ido imponiendo una forma de ver la vida y es lógico que luego en nuestro día a día queramos estar del lado del fuerte sin que nos importe el conflicto ético que pueda darse. Tal vez le critiquemos y metafóricamente hablando no nos levantemos al paso de su bandera. Pero, en el fondo, no queremos perder su confianza. Y eso tiene un nombre, nos hemos vuelto cobardes.

Miquelino Flynn dijo...

Por cierto, ya he encontrado el programa en el que escuché la anécdota. Fue en "Punto de Vista" en Radio Intercontinental. De aquí se puede descargar.

Anónimo dijo...

Mi padre: David Jato, nunca estuvo en Berlin. Sí en la División Azul, en Stalingrado y alrededores. Herido de guerra y hospitalizado. Esa anecdota es falsa. Muy bonita pero falsa, entre otras cosas porque mi padre NO hablaba Alemán y hubiera sido imposible la discusión descrita.
Gracias a todos pero les puedo asegurar que esa anecdota es falsa.
Un saludo
P Jato.
pablojato@hotmail.com

Al Neri dijo...

Pablo: Yo no tengo ni idea de si la anécdota sobre David Jato es cierta o falsa. La aportó uno de los lectores de este blog, que la había escuchado en una tertulia radiofónica. Enlazo el post donde se comenta .

En cualquier caso, teniendo en cuenta la gallardía, la caballerosidad y la hombría de bien de su padre, la anecdota podría serle perfectamente atribuible. Sin embargo, como David no sabía alemán ni viajó a Berlín (datos que doy por buenos porque los aporta usted), debemos ponerla en duda, bien porque sea uno de tantos bulos inventados, típicos de la mitología que rodeó en el franquismo a los fundadores y héroes falangistas, o bien (y yo me inclinó por esta opción) los hechos tuvieron una base cierta pero después fueron deformados sustancialmente al circular de boca en boca. Es decir, quizá David Jato cedió el sitio a una mujer judía en un medio de transporte en una de las ciudades (no Berlín, por lo que parece) por las que pasó en su viaje hacia Rusia. Y quizá tuvo por ello algún incidente con algún camisa parda, o solamente le miraron mal. Y a lo mejor luego le explicó a algún camarada porque tuvo ese gesto... ¡a saber! Y partiendo de eso han exagerado la anécdota convirtiéndola en leyenda, rellenando las lagunas al gusto de cada cual e inventándose seguramente la mediación del General Muñoz Grandes.

Un saludo y gracias por su aportación.

PD: Evidentemente, con esto de internet, no podemos tener la seguridad de que usted sea descendiente de David Jato, pero yo me lo creo a pies juntillas porque me parecería absurdo que alguien se atribuyera una cosa así sin ningún motivo.

Miquelino Flynn dijo...

Es curioso esto de internet. De siempre hemos estado rodeados de leyendas, dichos, anécdotas, mitos... que nunca hemos sabido si podríamos tener la seguridad de que fueran ciertos pero hoy poco después de que aparezca alguno podemos encontrarnos con alguien muy cercano al hecho que nos puedes confirmarle o desmentirle. Y como esto es muy positivo le agradezco el detalle de haberse pasado por aquí para hacer esta aclaración.

Como decía en un comentario anterior la anécdota la escuché relatada por el periodista Eduardo García Serrano, hijo del escritor falangista Rafael García Serrano que, según el propio Eduardo cuenta, tenía una relación muy cercana con su padre, David Jato.

Es posible que, como dice el Sr. Neri, algún dato pueda haberse ido modificando con el paso del tiempo, ya se sabe lo que pasa con estas cosas. En otras narraciones sitúan el hecho en Riga, lo que explicaría que fuera compatible con el hecho de que nunca hubiera estado en Alemania. Algo parecido a lo que podría suceder con el problema del idioma ya que si los hechos hubieran transcurrido como cuentan tampoco hubiera sido muy necesario pasar de la mímica.

Lógicamente como me encuentro en la misma situación del Sr. Neri no puedo hacer otra cosa que contrastar con mi capacidad de crítica un supuesto hecho que sólo conozco por referencias. Y me pareció creíble a la vista de la consonancia entre esta anécdota y la imagen que se tiene de los guripas de la División Azul quienes, saltándose las órdenes alemanas, confraternizaron con la población civil rusa y dejaron un poso de simpatía que todavía se puede comprobar entre los más ancianos del lugar.

En cualquier caso le reitero la gratitud por su intención de aclarar la anécdota.

Miquelino Flynn dijo...

Se me olvidaba comentar que la División Azul no estuvo en Stalingrado, ni en la famosa batalla por esta ciudad ni en los alrededores. Donde estuvieron fue más al Norte, en los alrededores de Leningrado (hoy San Petesburgo). Quizás con la anécdota atribuía a David Jato haya sucedido algo similar y algún dato por aquello del lapsus linguae haya variado.