martes, 1 de marzo de 2011

POR ENCIMA DEL HOMBRO

El pecado de soberbia es uno de los más feos.

Todos conocemos al típico sobrado que va por la vida resoplando por tener que aguantar todos los días a gente muchísimo más tonta, más lenta y más incompetente que él. Por lo general la soberbia no guarda relación con la verdadera capacidad del soberbio, es decir que un determinado señor puede creerse superior a todo el mundo y sin embargo ser un pringado y un gilipollas del que se ríe hasta el gato (ejemplo: los policías municipales). Pero es cierto que en los casos en que el chulo en cuestión resulta ser inteligente, eficaz o ganar mucho dinero, sus resoplidos son especialmente intensos y sus niveles de arrogancia y de agresividad pueden alcanzar cotas inaguantables para quienes le rodean. Si además ostenta algún puesto de responsabilidad o tiene gente a su cargo, es mejor echarse a temblar.

Estos tíos miran a sus semejantes con cínica condescendencia, casi con lástima y siempre por encima del hombro. Cuando damos con un sujeto así, no podemos evitar la tentación de desearle, por su bien, un buen batacazo personal o profesional, para que se le bajen los humos y se quede más suave que un guante.

Pero en la otra cara de la moneda hay un tipo humano, también muy característico, que es el acomplejado que se piensa que los que son más que él, saben más o son más ricos le miran por encima del hombro, aunque en realidad se trate de personas humildes y delicadas que no osarían jamás pasarle a nadie por los hocicos su mejor suerte o su mayor capacidad.

Estos acomplejados son unos mezquinos en sus relaciones sociales, que se basan únicamente en sus sentimientos de envidia e impotencia.

Yo sé de unos cuantos así. Son facilísimos de identificar. Me estoy refiriendo al clásico cretino que jamás tendría amistad con alguien a quien considerara superior a él, pues se sentiría humillado, y que de todo aquel que conoce con mayores méritos que los suyos, que liga más o (principalmente) que tiene mejor puesto de trabajo y mayores ingresos, termina diciendo tarde o temprano que es un chulito, que se lo tiene muy creído y que le mira por encima del hombro.

Hay gente tan inútil y con la autoestima tan derrotada que no puede evitar sentir que le miran por encima del hombro, cuando lo cierto es que es él y solo él quien se ve a sí mismo como una piltrafilla.

Los méritos, habilidades y buena fortuna jamás deben refrotarse vanidosamente en la cara de los menos favorecidos. Es muy prudente incluso guardar silencio sobre ciertas circunstancias felices de nuestra vida en presencia de determinadas personas que han sufrido una adversidad en ese terreno. Pero tampoco es muy normal tener que aguantar críticas y desplantes injustos (a veces a la cara) de personajillos que encima de ser medio bobos, se animan a interpretar a su manera los éxitos ajenos (restándoles importancia) y la actitud de los afortunados.

Cuando me encuentro con ganado así, mi actitud es siempre la misma: arrimar bien el caballo y clavar la puya hasta el fondo para que el sufrimiento les purifique de envidias y complejos.

10 comentarios:

Mª Asunción Balonga Figuerola dijo...

Buenas Sr. Neri: Últimamente actualiza usted a una velocidad ENVIDIABLE :-)su magnífico blog.
¡Enhorabuena!.
Incluyo una autocita con su benevolente permiso:
"El envidioso nunca es amigo ni consigue querer aunque lo finja, puesto que ni admira, ni valora a nadie más que a él, patéticamente ajeno a su miserable realidad, se adora idolátricamente en un absurdo culto de su invención, aunque paradójicamente trate con todas sus fuerzas de imitarte, consciente de lo mucho que desearía ser como tú.
Por eso, te halagará falsamente para alejar tus sospechas y someterte a su control.
Si no lo logra, prefiere destruirte, como quién rompe el espejo que refleja su rostro miserable.

El envidioso teje una sutil pero malvada tela de araña de inseguridad, dudas y desprecio para que caigas en ella para siempre.

Cuando esto ocurra, no te muestres vulnerable ni susceptible a que te afecte la maldad, continúa siendo tú mism@, sigue dando lo mejor de ti, no dejes que te hagan daño, no permitas que te hieran, sigue “brillando” porque tu luz permanecerá intacta".
("Los viscosos predadores envidiosos". Blog de Asun Balonga)

Al Neri dijo...

Asun, reconozco que su entrada de ayer me inspiró el tema de este post, aunque yo quería centrarme, más que en los envidiosos, en los inseguros que creen que la gente les mira por encima del hombro, ya que conozco varios tristes ejemplos en mi vida personal.

Mª Asunción Balonga Figuerola dijo...

¡Ah, muy bien, es un honor de veras!
No sabe lo que me satisface, Al, que mi entrada le inspirara un tema interesantísimo como es el de los inseguros.
Yo creo que no son todos cortados por el mismo patrón, a mí los que verdadero miedo me dan, son los que disfrazan sus complejos sumándoles el pecado de soberbia.
El inseguro que como usted dice "te mira por encima del hombro" porqueque tiene que hundirte para soportarse.
Yo también sufro a varios y resultan como cantaba la Jurado
"insufrible como amigo,
insoportable como amor"
Un amistoso abrazo Don Neri, tenga la "seguridad" que le ha sacado mucha punta a una breve reflexión. Gracias.

perroviejo dijo...

Hoy una ex-compañera de trabajo me ha dicho:
-Que bien vives Perroviejo, ahora mismo me cambiaba por tí ¡¡que suerte tienes criar a tus hijos!!! Disfruta tú que puedes.

Ojiplática me he quedado, ella no ha dejado de currar cuando ha tenido sus hijos porque no le ha dado la gana, y parece que los demás somos supermegaestupendamentericos o algo así. Me pone de muy mala leche porque ella sabe que estoy buscando trabajo y que no logro encontrar algo decente (de porno chacha hay pero ni es decente ni tengo cuerpo) en horario escolar y que me sobra mes cuando se acaba el sueldo de mi marido. Precisamente ella que tiene trabajo en horario escolar, abuela cuida-niños-a cualquier hora y día y marido con sueldo más alto que el del mío. Pero no queremos renunciar a ningún capricho y encima si los demás lo hacen nos parece una suerte.


Al final tendré que montar algo por mi cuenta, eso o que me toque la euromillones esa.

sefo dijo...

Marian, ese tipo de gentuza da asco. "Te envidio, te envidio" pero es cinismo para mirarte por encima del hombro como si el dinero dijera algo de las personas. La próxima vez dile que bien fácil lo tiene, que te lo cambie.

perroviejo dijo...

Jajajaja Sefo eso le he dicho y que si no quería dejarme su puesto pero aún quería dejar de trabajar que fácil lo tenía, que negociara un despido con el jefe y a casa "a disfrutar".

A.J dijo...

"Yo soy yo y me circustancia"

Grande Ortega y Gasset.

pater familias dijo...

Es posible que todos tengamos un poco de arrogante y de apocado y saldrá a relucir uno u otro dependiendo de las circunstancias en las que nos encontramos.

Lo cierto, no obstante, es que siempre predominará una por encima de otra.

Yo, que tengo buen ojo para detectar al arrogante o soberbio (es verdad, no hace falta ser un crack), no consigo pillar al poquita-cosa fácilmente

lanuor dijo...

El poquita-cosa suele ser (y perdón por la expresión) un lame-culos en toda regla, que te halaga de una forma vomitiva mientras echa sapos por la boca a la hora de hablar de los demás. Me he topado con gente así y, al poco rato, he echado a correr lo más lejos posible.

El Subdirector del Banco Arús dijo...

Totalmente de acuerdo con Lanuor. Me fío más de la gente soberbia a la que se ve venir de lejos que de la gente taimada y callada: de los pequeñajos del estilo al malo de "Érase una vez la vida".

Como le han enseñado a usted, sr. Neri, que Dios me libre de las aguas mansas.