viernes, 11 de marzo de 2011

VOCEAR COMO CABREROS

Uno de los comportamientos que más me irritan es que se hable en un tono de voz más alto del que requiere cada situación. La gente gritona me da de patadas; la aborrezco. Me crispan los nervios y me dan ganas de darme la vuelta y dejarles con la palabra en la boca.

No me refiero a los gritos propios de un cabreo importante (en ocasiones es imprescindible alzar la voz), sino a esas personas que tienen la costumbre o el vicio de hablar mucho más fuerte de lo que procede incluso en plácidas conversaciones a medio metro de su interlocutor.

Hay determinados colectivos, que no voy a enumerar porque están en mente de todos, que tienen este feo defecto, pero normalmente depende más de las personas que de los grupos. Suele haber, no obstante, una relación directamente proporcional entre el volumen habitual de voz y la incultura y la palurdez del sujeto. Pero no es una regla matemática: tengo a mi alrededor señores del más alto nivel formativo y standing profesional que vocean igual que un gañán de la montaña leonesa cuando arrea ganado.


Los sujetos vociferantes lo suelen ser por diferentes motivos, que podemos ordenar del más disculpable al más grave: haberse criado en una granja de cabras, vivir con sordos, tener un vozarrón incontrolable, ser un vanidosillo que quiere reafirmar su autoridad y, por último, intentar interrumpir y tapar con sus gritos las palabras de los demás, que le importan un bledo porque ni sabe ni quiere escuchar.

A los voceras en general les metería un trapo en la boca, pero sin duda los que más me alteran son los que se asoman a la ventana y se ponen a berrear a algún familiar o vecino que está en la calle. Ayer mismo una tribu de gitanos que iba en un coche aprovechó un semáforo para abrir la ventanilla y comunicarse a chillidos con otros comanches que paseaban, no exagero, a unos 80 metros del vehículo. Yo estaba a poca distancia y casi me dejan sordo. Ante situaciones así, uno echa en falta la implantación de campos de reeducación social.

Un ejemplo muy similar es el de los adolescentes medio subnormales con los que coincido en el autobús. Hay unas niñatas en concreto de las que podría escribir sus memorias sexuales a pesar de que siempre se sientan en el otro extremo.

Yo soy una persona bastante fría en mis manifestaciones y puedo estar dándole a alguien una caña inmisericorde en un tono casi susurrante, como el del Padrino. Es muy raro que grite, ni siquiera las poquísimas veces que me enfurezco, pues en estos casos la rudeza está en el contenido de mis frases y no en el volumen en el que las digo. Tengo el convencimiento de que romper a gritar es sinónimo de perder el control; y lo que diferencia a las personas de las bestias es el autocontrol. Me resisto a levantar la voz incluso en casa cuando tengo que llamar a alguien que está en otra habitación; prefiero ir hasta donde esté y decirle las cosas de cerca y en bajo.

Quizá sea una manía o quizá solo pido unos mínimos modales con las personas con las que hablamos y con las que están alrededor.

11 comentarios:

Mª Asunción Balonga Figuerola dijo...

"El idiota grita, el inteligente opina y el sabio calla."

Ignoro quién dijo esta frase o no recuerdo donde la leí, pero la suscribo totalmente.
Saludos afectuosos con su "punto viperino"


Asun

perroviejo dijo...

Estoy de acuerdo con

NIIIIIÑOOOOOOOOOOOOOOOOS COMO TENGA QUE SUBIR OTRA VEZ OS VAIS A ENTERAAAAAAAAAAAAAR

le decía que no puedo estar más

YA ESTA BIEEEEEN, OS LA HABEIS CARGADO!!!!!!!
AAAAAHGGGG PERO QUE HABEIS HECHO????

de acuerdo con usted.

Álex dijo...

Nos hacemos cargo de la dramática situación, perroviejo. Que le sea leve y no se preocupe, que esos gritos pueden ser de los más justificables. Yo diría que a los niños les impacta más un tono serio y firme sin llegar a gritar, pero sé que alguna vez es inevitable perder los nervios con ellos.

Estoy de acuerdo con muchas de sus apreciaciones del post, sr. Neri. No llego a aborrecer a los gritones, pero sí que me pueden irritar notablemente. Por cierto, coincidimos en lo de hablar suave. Cuando me enfado sí que hablo más alto, pero aunque a mi me parezca que esté gritando, creo que no llego ni de lejos al volumen habitual que escucho en los demás.
A mi me inquietan especialmente las personas que hablan alto sin estar en ninguno de los casos que cita usted: ni criados en granja, ni vivir con sordos, ni vanidosos, ni impresentables. Tampoco son idiotas, como cita Mª Asunción, más bien son inteligentes. Y tengo 2 casos especialmente cercanos. Uno de ellos es mi jefe, nada menos, que tiene tendencia a hablarme altísimo casi en la oreja; sólo lo hace, por suerte, cuando está acelerado y tenso por algún motivo y creo que no es consciente de lo alto que habla. Como son ocasiones esporádicas, no es fácil decírselo con claridad, aunque procuro apaciguarlo con mano izquierda.
Otro caso es una amiga que por algún inexplicable motivo creo que no sabe ajustar el volumen de su voz a las circunstancias del entorno: le he dicho alguna vez, cuando la acompaño a casa por la noche, que baje un poco la voz porque retumba lo que dice en el silencio de las calles, incluso una vez una señora nos llamó la atención desde una ventana! Pero nada, es inútil. Lo más gordo es que canta en un coro: ¿cómo convencer a una cantante de que no sabe controlar su voz sin ofenderla? Seguiré intentándolo.

A.J dijo...

Soy aragonés, esta condición me ha hecho desarrollar unos timpanos a prueba de bomba, pero aún con todo, lo que mas me molesta es aguantar los chillidos de la purria social al estilo los calorros que describes en el post.


La gente de campo suele gritar por una explicación lógica y comprobada.

Las personas que estan mucho tiempo en espacios abiertos(campo abierto en medios rurales ) tienden a perder algo de oido y acentuar una forma de hablar mas alta y berreona al hablarse unos a otros mediante distancias mayores.
El caso de un pastor llamando a otro de finca a finca es representativo.

El último de Filipinas dijo...

Y generalmente el volumen es inversamente proporcional a lo interesante de lo que se berrea.

Mª Asunción Balonga Figuerola dijo...

Buenos días, sr. Neri:
Disculpe mi curiosidad y hablando de gritos, pero hoy sábado, ¿que tal la murga del ¡¡¡AFILADOOOR!!! mañanero?.
¿Algún incidente digno de mención?

Espero que nada grave que le afecte a usted.
Con mi más cordial interés
Asun

Al Neri dijo...

Pues ahí anda por la calle de al lado. Me ha despertado hace media hora.

Aprendiz dijo...

Qué vergüenza reconocerlo vistas vuestras opiniones, pero yo creo que de chica me tragué un micrófono, o será que en mi casa me he tenido que imponer a mis hermanos a base de gritos, o será que tengo mucha energía en el cuerpo, pero yo no sé hablar bajito ni me gusta que me hablen en susurros...

Me gustaría saber, Al Neri, si viviera en una casa de siente personas, si iría a llamarlas una a una a la hora de comer... yo prefiero decir: A COMERRRR!!!! y que se den todos por aludidos.

De todos modos tengo que regular mi volumen de voz, porque cada vez que me confieso, me dan toques en la puerta para que baje el tono :S

El Subdirector del Banco Arús dijo...

Pues yo suelo hablar bastante alto por varias razones:

* Degeneración profesional. Hablo bastante en público y hacerlo con un buen tono de voz es imprescindible para que los oyentes no pierdan la atención y transmitir autoridad.

* Temas hormonales. Soy bastante enérgico y eso me hace tener un tono de voz alto. Otra cosa es ser un chillón.

* Origen. Los castellanos viejos, señor Neri, somos así.

Otra cosa es ser un chillón o un gritón. Cuando me altero subo el tono de la voz pero no grito. Entre otras cosas porque no soporto que me chillen.

Y lo hablar en susurros... No tengo práctica.

Al Neri dijo...

La situación de Perroviejo y de Aprendiz puede ser un atenuante.

Subdire, yo no creo que usted hable muy alto, pero bueno...

Lo de susurrante es exagerar un poco. Yo hablo en un tono normal tirando a bajo.

La lomana. dijo...

¡Por dios!,que horror,a mi es que me enerva la gente que grita,¡que ordinariez!,es que los oigos y se me despeinan hasta las pestañas.Ahora bien,yo gracias a mi alto status social,no tengo que mezclarme de ninguna de las maneras,con gente tan soez,que escanalizarian mis finos oídos,adaptados unicamente,para oir susurros armoniosos,inherentes a mis delicados tímpanos.
¡Oh!,que suerte tan exclusiva la mía,poder prescindir de esa gentuza barriobajera,que inunda las zonas tercermundistas,por donde pululan,ya lo dijo Antonio Machado: mala gente que va apestando la tierra.Yo gracias al glamour que me caracteriza,mis propiedades inmobiliarias,se encuentran por otros confines,y no me veo en la obligación ordinaria de tener que soportar gritos inadecuados para una persona e mi elegancia,saber estar,y cachet,no obtante,alguna vez la vida,me ha castigado,y me he visto abocada a tener que soportar,que algún incívico ciudadano llamara a gritos a su interlocutor,¡ay!,casi me desmayo,que falta de ética ante mi presencia,las emociones sentidas,me desbordan,me nublan la vista,y hasta llego a perder el equilibrio,subida en mis tacones de Dior,por esta razón,me he visto en la obligación de llevar en mi bolso de Prada,un bozal,y no tengo remordimiento alguno,de ponerselo al primer animal,que ose gritar en mi presencia.
Gracias a dios,son muy pocas las ocasiones,en que me veo mezclada con gente de conducta inapropiada,en fin el único ruido que me llega ahora,es el de la campanilla,para llamar a mi mayordomo.
De todas maneras,como soy una persona de alta sensibilidad,lamento que tengas que vivir a diario con gentuza de tan mala estofa.