Con suficiente antelación, recomiendo desde aquí a todos los amigos de La pluma viperina no viajar a Madrid durante 2014, en especial en los meses de verano, ya que esta ciudad ha tenido el más que dudoso honor de ser elegida ese año “capital del turismo gay”. La inquietante decisión ha sido adoptada recientemente en la XXXI Convención de la Organización Internacional de Viajes para Gays y Lesbianas a fin de “consolidar la posición de Madrid en el panorama turístico gay”, como “premio a su carácter abierto e integrador” y en atención a “su principal activo a nivel internacional, que es el barrio de Chueca, estandarte de convivencia”. El galardón ha contado con el apoyo entusiasta de todas las Administraciones implicadas, incluido el gobierno municipal de la católica oportunista Ana Botella
En efecto, queda totalmente desaconsejado para personas con un mínimo de sensibilidad y sentido de la decencia visitar Madrid dentro de un par de años. Por si no teníamos bastante con el abochornante y ruidoso "Desfile del Orgullo" y con la presencia indiscriminada de perturbados sexuales vestidos como mamarrachos y morreándose en público en cada rincón de nuestra capital; por si no había suficientes maricones autóctonos exhibiéndose en el Retiro o en el Metro; por si el espíritu de Chueca nos sonrojaba poco, ahora la ciudad del oso y el madroño será invadida por alegres bujarrones de todo el mundo.
Uno ya no soporta la vergüenza ajena cuando, a mayores de la aciaga legalización del “matrimonio” entre invertidos, las Administraciones públicas de todos los colores se proponen convertir nuestro país en referente cultural y destino preferente de vacaciones para los sodomitas de todo el planeta.
Si las autoridades turísticas y policiales, y los responsables de la red de metro y de las estaciones de autobuses venían recomendándonos vigilar estrechamente nuestros bolsos y equipajes para evitar robos en nuestras visitas a Madrid en el período estival, ¿qué nos recomendarán ahora?, ¿que no nos agachemos si se nos caen las llaves en el vagon?, ¿que llevemos siempre una mano en la cartera y la otra cubriéndonos la retaguardia?, ¿que nunca nos adentremos en solitario en los rincones más sombríos de los parques?
Ciertamente no soy nada partidario de la normalización social, cultural y jurídica de la homosexualidad, ni en España ni en Pernambuco, pero creo que los colectivos gays, que a todas horas predican la integración, están tirando piedras contra su propio tejado con iniciativas tan disparatadas como esta. Aparte del mito estúpido de que los mariquitas tienen más dinero, o de su supuesta sensibilidad artística o estética, no alcanzo a ver la razón por la que esta gente tiene que contar con organizaciones, empresas o eventos turísticos diferenciados de los del resto de la población. No comprendo, la verdad, por qué cada homosexual no puede viajar a Madrid, a París, a Sodoma o a donde le plazca sin necesidad de hacerlo en rebaño con otros como él, o dando el cantazo mediático de dónde les gusta o no les gusta ir a los de su lobby. Si lo que pretenden con estas bullangueras campañas es la aceptación de su problemas y de sus costumbres por parte de la sociedad, lo llevan claro.
En aras de una auténtica y democrática integración, y dado el espíritu abierto a todas las culturas del que siempre hacen gala los homófilos, yo propongo a los directivos de la Organización Internacional de Viajes para Gays y Lesbianas que recapaciten su decisión y sustituyan Madrid por la pintoresca localidad de Saná (capital del Yemen) para albergar en 2014 sus coloridas celebraciones. ¡Verían qué diversión! ¡Nos lo íbamos a pasar piruleta viendo los eventos en el telediario!
Uno ya no soporta la vergüenza ajena cuando, a mayores de la aciaga legalización del “matrimonio” entre invertidos, las Administraciones públicas de todos los colores se proponen convertir nuestro país en referente cultural y destino preferente de vacaciones para los sodomitas de todo el planeta.
Si las autoridades turísticas y policiales, y los responsables de la red de metro y de las estaciones de autobuses venían recomendándonos vigilar estrechamente nuestros bolsos y equipajes para evitar robos en nuestras visitas a Madrid en el período estival, ¿qué nos recomendarán ahora?, ¿que no nos agachemos si se nos caen las llaves en el vagon?, ¿que llevemos siempre una mano en la cartera y la otra cubriéndonos la retaguardia?, ¿que nunca nos adentremos en solitario en los rincones más sombríos de los parques?
Ciertamente no soy nada partidario de la normalización social, cultural y jurídica de la homosexualidad, ni en España ni en Pernambuco, pero creo que los colectivos gays, que a todas horas predican la integración, están tirando piedras contra su propio tejado con iniciativas tan disparatadas como esta. Aparte del mito estúpido de que los mariquitas tienen más dinero, o de su supuesta sensibilidad artística o estética, no alcanzo a ver la razón por la que esta gente tiene que contar con organizaciones, empresas o eventos turísticos diferenciados de los del resto de la población. No comprendo, la verdad, por qué cada homosexual no puede viajar a Madrid, a París, a Sodoma o a donde le plazca sin necesidad de hacerlo en rebaño con otros como él, o dando el cantazo mediático de dónde les gusta o no les gusta ir a los de su lobby. Si lo que pretenden con estas bullangueras campañas es la aceptación de su problemas y de sus costumbres por parte de la sociedad, lo llevan claro.
En aras de una auténtica y democrática integración, y dado el espíritu abierto a todas las culturas del que siempre hacen gala los homófilos, yo propongo a los directivos de la Organización Internacional de Viajes para Gays y Lesbianas que recapaciten su decisión y sustituyan Madrid por la pintoresca localidad de Saná (capital del Yemen) para albergar en 2014 sus coloridas celebraciones. ¡Verían qué diversión! ¡Nos lo íbamos a pasar piruleta viendo los eventos en el telediario!









