martes, 26 de noviembre de 2013

EL ANTICLERICAL DE LOS POLVOS PERDIDOS

Sería interesante analizar los motivos por los que algunas personas se convierten en ateos o anticlericales recalcitrantes.

Para mí el factor que más influye en los sentimientos religiosos es el ambiente familiar durante la niñez y la adolescencia, y la educación recibida tanto en casa como en el colegio. Las amistades en una etapa tan crítica como la adolescencia también son fundamentales.

Pero, ojo, que de padres muy religiosos no siempre salen hijos así. De hecho, los entornos familiares muy cargantes y meapilas a menudo son auténticas fábricas de ateos, aunque solo sea por pura reacción.

Hay muchos más factores, naturalmente, y entre ellos está el clima cada vez menos espiritual que soporta la sociedad española, la creciente y lamentable pérdida de influencia de la Iglesia Católica y –penoso es reconocerlo– la merma de autenticidad de muchos sacerdotes y órdenes religiosas, lo que genera una gran desorientación entre los fieles.

Lo que no me resisto es a detenerme un poco en un tipo muy curioso de anticlerical que me he encontrado en no pocas ocasiones, y que yo llamo "el anticlerical de los polvos perdidos".

Por describir brevemente su perfil, diré que se trata de sujetos (o sujetas) entre los 40 y 50 años cuya principal característica es haber sido educados en una familia bastante conservadora y haber practicado la Fe, fervientemente incluso, durante su infancia y casi toda su juventud. Por lo general se trata de personas de muy poco carácter y talante dócil y gregario que siempre aceptaron sin el menor asomo de crítica no solo los valores morales sino todas las consignas de conducta que les suministró su familia, llegando a convertirse ellos mismos en sus más exaltados defensores.

Entre estas pautas de conducta que aceptaron sin rechistar se encontraban naturalmente las relativas a la sexualidad. Estos impíos de nuevo cuño vivieron sin excepción en sus años mozos unos noviazgos más o menos largos con estricto cumplimiento de las reglas católicas sobre moral sexual, echando angustiosos pulsos al deseo carnal para ser congruentes con sus principios. Por lo general, la mayoría (sobre todo ellas) cumplieron los treinta y pico sin haber mantenido relaciones sexuales.

En un momento dado de su trayectoria, normalmente coincidiendo con su depresión tras la ruptura con su novio o novia de siempre, o con un fuerte cambio en su vida social, estos tíos de repente se ponen a echar casquetes como descosidos. De no haberse comido un colín pasan sin solución de continuidad a darse unos atracones de padre y muy señor mío con alguien a quien acaban de conocer, o con distintas parejas sin excesiva discriminación o incluso con manifiesta promiscuidad, convirtiéndose de la noche a la mañana en unos auténticos forofos del ñaca, ñaca, que ya se sabe como es la fe del converso. Al principio este cambio de hábitos, estos contactos, los mantienen en secreto y se fustigan interiormente por sus pecados, pero, como ya hemos dicho en otras ocasiones, las ideas y la conducta no pueden mantenerse disociados mucho tiempo sin volverse uno loco, así que no tardan en revisar y “poner al día” su tabla de valores.


En esta revisión, como no podía ser de otro modo, pronto les toca el turno a la religión y a la Iglesia. De repente se percatan de “todos los polvos que han perdido” por haber cumplido con los preceptos católicos y hecho caso a su familia, y empiezan a tener la sensación de que han tirado por la borda su juventud, de que no la han disfrutado, de que alguien les ha robado algo. Entonces les entra una ira incontenible, una furia desatada contra Dios, la Iglesia, los curas, la Misa y los sacramentos (incluido el matrimonio), que les lleva a despotricar amargamente contra la educación represora de la que han sido víctimas, poniendo el foco, cómo no, en el asunto sexual.

Entran casi en una espiral de locura y yo apostaría a que mentalmente hacen sus cálculos para determinar, con la mayor exactitud posible, el número de quiquis que han dejado de echar "por culpa de la Iglesia", sin plantearse por supuesto que todo lo que hicieron o dejaron de hacer se debió a una decisión voluntaria y plenamente autoasumida. Se dicen a sí mismos, rumiándolo una y otra vez: si salí con Mari Pili durante nueve años, a 52 semanas por año y a dos cohetes mínimos por semana, salen ¡936!, y eso sin contar las nocheviejas y ocasiones especiales, ni los viajes y escapaditas que he dejado de hacer con ella para construir un noviazgo cristiano ¡Más de 1.500 polvos que me he quedado sin echar! ¡Argggghhhhhh!

Y, claro, visto así, pues raro es que no les dé una angina de pecho a estos pobres anticlericales.

13 comentarios:

Aprendiz de brujo dijo...

Yo creo que el anticlericalismo viene dado por la pérdida de influencia de la Iglesia en la sociedad, que dado el enorme poder que ha tenido en el mundo y el desarrollo de este a lo largo de los siglos, no estoy seguro de que sea malo.
Además la Iglesia debe influir más en las personas que en la sociedad.Creo yo.O si influye en la sociedad debe hacerlo de una forma absolutamente distinta a como lo ha hecho a lo largo de los tiempos.
A nivel político se ha ido imponiendo la lógica aconfesional; y en lo que respecta a nuestro país ese maniqueísmo y esa "pendularidad" tan característica ha hecho que antes los sacerdotes fueran aforados intocables; y ahora se les niegue el pan y la sal. Mejor dicho: se les niega todo menos el pan y la sal.
Está de moda crucificar a los curas,omitiendo la valiosa labor que realizan en no pocas ocasiones, juzgndo la parte por el todo, y negándoles casi y a menudo el derecho a la libertad de expresión.
En este sentiodo si que hay un resentimiento secular incosnciente heredado.
Respecto al sexto mandamiento...yo me he vengado a pajas toda la vida de dios.Tengo mucho más rencor hacia las mujeres que me dieron calabazas,que hacia los curas.Donde va a parar.
Además de moral sexual sabemos poco.-Teorizando si uno se lo propone puede dar la razón a la moral oficial de la Iglesia,-(aunque es tan contra natura como la homosexualidad); como a Valerie Tasso.
Buen día a todos.

nago dijo...

Cuando uno echa la culpa a los demás de sus errores para justificarse por ellos, siendo a su vez implacable con los ajenos, no es que sea un pecador pichafloja reprimido (que no es para tanto, al fin y al cabo) sino que se convierte en un soberbio, que es peor.

Si es que, siempre vemos la viga (por evidente) en el ojo del vecino pero no vemos las pajillas en el nuestro.

-Yo: Pepe, Pepe... ¿cómo puede ser que este tío, siendo como es, haya acabado con alguien cuyo cerebro se asienta en sus pezones y sus sentimientos en el culo?
-Pepe: por eso, por eso...

Buenos días.

nagore dijo...

P.D. Lo que no acabo de comprender es, por qué ese tramo de edad. Yo pensaba que estas cosas pasan a partir de los 45, independientemente de tu estado civil o creencia religiosa.
Pero que sé yo, al fin y al cabo si, no tengo ninguna de las dos cosas :)

¡Feliz martes!

Paco Umbral dijo...

A mi los curas no me han afectado para nada.Con quince años cambié la épica del incienso, por la poética del lupanar. Y dejé de confesarme con el Padre Rutilio, y me empecé a hacerlo con la Pupi, que era una señorita a la que me redimió de todas las culpas, en tres sesiones.
Esa fue mi Madre Espiritual, mi orientadora. Por eso no guardo rencores a nadie.

Valeria Tasso dijo...

Yo es que, después de leer el magnífico comentario de Brujo hablando de la lógica aconfesional, el maniqueísmo y la pendularidad... ya no sé que decir. Sin palabras me quedo, oiga...

¡Qué hombre más maravilló-so! hace que mis comentario-s se muestren taaaan pequeño-s a la par que vulgare-s... :))

¡conste que lo digo en serio! no vengo más... :)

Anónimo dijo...

No sé. En España el anticlericalismo viene de largo. Los que vivimos fuera lo percibimos cristalino. Y es que tiene unas señas de identidad muy claras y concretas, que tienen que ver con nuestro modo de ser en el mundo. La España de la II República era anticlerical y, como se pudo comprobar mas tarde tremendamente visceral. Pues eso: viene de lejos y somos, los españoles muy sanguíneos, muy viscerales. Lo demás son casos concretos y creo que el sexto mandamiento pesa tanto en el anticlericalismo del personal como el voto de pobreza y la discrecionalidad manifiesta en sus decisiones de gobierno del principe de la Iglesia monseñor Rouco Valera. Por decir algo

Aprendiz de brujo dijo...

Valeria, vuelve. No nos hagas esto. Yo creo que el último pepino no estaba en buen estado; pero no nos prives de tu compañía por una mala digestión...Sal de frutas y a por otro.

Valeria Passo dijo...

¡ay! gorrión... pero qué me dices de pepinos... jajajaja...

Un beso :))))

Aprendiz de brujo dijo...

Ay Valeria!!!, que ya caí.Perdona por haberme puesto pepinero.
Un beso, buen fin de semana.

Sinretorno dijo...

Muchos problemas más que de Fe , son de bragueta, pero con el tiempo el impulso sexual va a menos y se es más consciente del ridículo y de los pecados cometidos. Las Iglesiasestán llenas de gente mayor...en cartas del diablo a su sobrino de C:S Lewis, señala que el placer es aLGO QUE PONE el creador, al demonio le encantan los pecados sin placer: envidia, ira, soberbia, etc, etc.

Sinretorno dijo...

Le da usted mucha importancia al asunto del follar, es y no es para tanto...

Al Neri dijo...

Yo no, Sinretorno, los que le dan tanta importancia son los anticlericales de los polvos perdidos, que, como muy bien señala Nago, son unos reprimidos, unos pichaflojas y unos soberbios.

No olvide que, por diferentes motivos que no vienen al caso, probablemente los pecados carnales sean los únicos capaces de alejar por completo a un creyente de sus prácticas devotas e incluso de su Fe, mientras que ante otras faltas tan graves o más como la soberbia, la envidia, la explotación de trabajadores, el egoísmo o la total falta de caridad, muy pocos católicos de Misa, comunión y confesión frecuentes se plantean abandonar sus convicciones. Y no pongo ejemplos concretos porque ya sería muy fuerte...

Anónimo dijo...

Una cosa es Dios y otra las religiones, hechas para dominar a los hombres y llevarles por donde les interesa. El ser humano es libre y nadie más que su propia inteligencia le debe marcar su camino. Las religiones no han traído más que odio, muertes, guerras, enfrentamientos y esclavitudes al ser humano. Cambiando el tono, el que con 25 años deja escapar un bomboncito por hacer caso al cura de su pueblo, se merece el cabreo, pero consigo mismo, por gilipollas. No se puede ir contra la naturaleza, al fin y al cabo hecha por Dios. (Se supone, aunque tampoco estoy seguro). Las religiones pierden fuerza donde el ser humano piensa por si mismo y es más inteligente.