sábado, 18 de abril de 2009

¿EXISTE LA HISTORIA OBJETIVA?

Como gran aficionado a la historia, hace ya muchos años que me di cuenta que es imposible escribir historia con objetividad. A primera vista podríamos dar por bueno que es complicado ser neutro historiando acontecimientos recientes o de gran polaridad política, porque los hechos aún están calientes o nos incitan demasiado a tomar postura, pero que no supone ningún problema escribir sobre épocas remotas en que los protagonistas y situaciones no nos generan pasión de ningún tipo. Pero luego vas viendo que esta aparente perogrullada es en el fondo una falsedad y que la ideología puede colarse (o mejor dicho, se cuela siempre) al estudiar cualquier período de la historia de la humanidad, por muy aséptico que parezca. Sucesos o etapas lejanas, como la Roma clásica, la Edad Media o la Conquista de América pueden versionarse de forma opuesta según las ideas preconcebidas que el historiador de turno tenga sobre el peso de la economía en las relaciones humanas, sus opiniones personales sobre el colonialismo o sus simpatías o fobias íntimas hacia la labor histórica de potencias como Inglaterra o España. Pero es que si retrocedemos todavía más, las convicciones políticas o religiosas de cada autor siguen estando omnipresentes, y baste como ejemplo la Prehistoria, tan aparentemente despolitizada, que ha sido campo de batalla entre cristianos y agnósticos a la hora de lanzar hipótesis sobre la evolución del hombre.

Las versiones sobre la historia siguen divididas entre liberales y conservadores, entre izquierdistas y derechistas, que cuando escriben intentan resaltar cada uno las fechas o datos que más les interesan, ocultando, camuflando o restando relevancia a aquellos otros que no les gustan o que podrían restar vigor a sus tesis. Lo más típico, ya digo, es que cada historiador tenga su propia opinión antes de investigar y buscar las fuentes y que después vaya tomando o desechando lo que le parece hasta llegar a las conclusiones que ya había sacado de antemano.

Los marxistas, por ejemplo (que les hay más y
menos descarados) siempre procuran resaltar, en todos los períodos que estudian, el papel desempeñado por las clases sociales más bajas u oprimidas; justifican todos los acontecimientos y avances con un móvil económico, y tratan de explicar todos los logros sociales e institucionales basándose en las luchas de clase y en las revueltas protagonizadas por los estamentos inferiores. Por el contrario, la historiografía más conservadora normalmente se empeña en dar relieve a la motivación religiosa en las grandes empresas de las naciones occidentales, en oscurecer las etapas en las que ha habido predominio de culturas diferentes a la cristiana y en dividir la historia en función del crecimiento cultural y económico (este último, en términos estrictamente cuantitativos). En concreto la conocida y anticuada división entre Edad Antigua, Media, Moderna y Contemporánea se basa precisamente en estos últimos parámetros. La disparidad de versiones según se afronten los hechos con una u otra filosofía puede apreciarse con gran nitidez en acontecimientos recientes como nuestra Guerra Civil o el movimiento fascista en Europa, y en otros no tanto como la Guerra de las Comunidades (donde la disparidad es casi cómica) o las Cruzadas.

Yo ya me he rendido en la búsqueda de la historia objetiva, pues creo que todos los historiadores son humanos y la cabra no puede evitar tirar al monte. Me conformo con que al menos un libro no sea sectario o esté manifiestamente al servicio de un partido o ideología concretos, como sucede a menudo por desgracia. Creo que la mejor precaución que podemos tener los aficionados a este tipo de lecturas es esforzarnos en identificar racionalmente las corrientes que existen, rechazar nuestros prejuicios en la medida de lo posible, y estudiar todas las visiones, aunque no coincidan con nuestra forma de pensar, teniendo claro que ninguna de de ellas se ajusta al 100% a lo que en realidad sucedió, pero que si conocemos lo que opinan todos los autores nos aproximaremos mucho más a la verdad que si nos recreamos placenteramente en los que nos son afines.

11 comentarios:

H dijo...

Al final, gran parte de la Historia son documentos. El problema es cuando algunos no tienen reparos en falsificarlos. O en ocultarlos...

Anónimo dijo...

¿Sabe alguien algo sobre la documentación aquella de Alcalá-Zamora?.La trincó el gobierno y no he vuelto a oir nada.Cosme Vila

In diebus illis dijo...

Es evidente que no señor Al Neri. Usted comprenda que siempre somos parte de lo que pensamos y sentimos y relacionamos sentimentalmente momentos de la historia identificándonos con ellos o anatematizándolos. Es por ello que a la hora de juzgar hay que apoyarse en los criterios válidos y únicos que nos nos expliquen cuál ha sido y es el rumbo que toma la Historia y a donde se dirige.

El francotirador dijo...

Estoy de acuerdo a grandes rasgos con lo que dices.Creo de todas maneras que los historiadores relativamente más objetivos son los británicos,les envidio tienen una distancia para relatar los acontecimientos que no tenemos los latinos.Sin embargo creo que por ejemplo "La España inteligible",que propiamente no es un libro de historia sino que es más un ensayo intenta contar las cosas con ecuanimidad,intentando no pintar una historia de buenos y malos es curioso que sea un filósofo como Julian Marias quien consigue contar la historia intentando no tomar partido.Desgraciadamente en la actualidad eso es imposible,por ejemplo te puedes encontrar libros de historia donde la figura de Juan Negrin sea objeto de crítica exacerbada y otro donde poco menos que se le santifique,y lo mismo podría pasar con otros personas como el general Queipo de LLano por no hablar de Franco por supuesto.Todo esto que has comentado en esta entrada es muy dificil de conseguir principalmente por nuestros propios prejuicios.

Embajador en el Infierno dijo...

Sospecho que un problema puede ser que los libros de historia son cada vez más cortos. Afecta mucho también la tan imbricada tesis marxista-hegeliana de pretender que la historia es una especie de rueda de procesos subyacentes y repetitivos. Ante esto se opone la idea de la "historia de los acontecimientos".

Para mi el mejor representante de esa "escuela" (entiendo que la única de verdadera historia) es Luis Suarez (y mira que nos tiene tirria a los tradicionalistas). Este señor es capaz de escribir una biografía de Franco de 8 tomos 8 que "condensa" en uno de más de mil páginas. Es una exhaustiva narración de sucesos y hechos donde el análisis y la opinión queda a un lado y bien identificados. Ni siquiera lo hay implícito en la selección de acontecimientos porque no hay selección: lo cuenta todo. Y cada uno que se apañe.

Lo mismo puede decirse de sus biografías de los Reyes Católicos.

O sea, que si uno quiere leer historia verdadera (objetividad y verdad no tienen porque ser sinónimos) lo que tiene que hacer es prepararse un buen sofá, varias cajas de latas de cerveza y adecuada provisión de cacahuetes. En resumen, echarle tiempo. No hay otra.

Joven Madrileño dijo...

Ahí tienes a los historiadores a cuento de la Segunda República y Guerra civil. Según escuches a unos o a otros, te dicen que la Segunda República era un régimen placentero hasta que un siniestro día de julio del 36 un tío con bigote dijo que por sus huevos eso se acababa; o te encuentras que te dicen que desde el principio las izquierdas contaminaron la República, quemaron iglesias, persiguieron a católicos y derechistas y que se alzaron contra un gobierno democrático en el 34 que fue el comienzo de la guerra civil pero que el asesinato de Calvo Sotelo lo oficializó.

Petete dijo...

Tampoco creo que la objetividad en la historia sea algo que se deba buscar. Una enumeración fría de datos, fechas, reyes y batallas no es historia. La historia es hilar todo esto y darle una interpretación, un sentido, que intente explicar lo que somos ahora. Esta tarea tiene el riesgo de la subjetividad pero es un riesgo bonito porque la historia es, como dices, algo humano, no matemático.

El Subdirector del Banco Arús dijo...

Me parece muy acertada la opinión de Petete pues la Historia, como manifestación humana (también divina) no se puede limitar a una cronología de sucesos. De hecho, creo que es imposible en cualquier estudio serio, no sólo histórico, soslayar cualquier sesgo del investigador o del intérprete. Esto no ocurre sólo en Historia, también en Literatura, Arte, incluso en Biología. O en ciencias como la Física o las Matemáticas los mismos autores imprimen su sello personal: su forma de ver el mundo o las impresiones que sus descubrimientos han efectuado en su personalidad.

Es más, en cualquier trabajo, por monótono o personal que sea, los hombres dejamos huella de nuestra personalidad (única e irrepetible) y de nuestra concepción (o no concepción) de la vida.

ignatus dijo...

A modo de ejemplo, quiero contaros que a mi amigo M. cuando leyó su tesis doctoral (sobre el proceso autonómico de la comunidad), los miembros del tribunal le dijeron, entre otras cosas, que la suya era una tesis "fuente" (por ser un compendio exhaustivo de datos) y que le faltaba conclusión (por no haber interpretado los mismos): vamos, que era una relación de hechos sin más. (He simplificado mucho: dicho así parece que hiciese una mierda de tesis. Añadiré pues que recibió el cum-laude por unanimidad)

Posteriormente, cuando su tesis fue publicada, en una ciudad de la región le declararon "persona non-grata" (literalmente, recogido en las actas del pleno del ayuntamiento) porque citaba frases de otros autores que negaban la "identidad histórica" del municipio y su provincia... Cierto es que, en esa recopilación de datos sin más, también recogía otras frases a favor, pero eso daba igual.

Lo que quiero decir es que, como ya habéis señalado varios comentaristas, la única objetividad posible es la simple enumeración de hechos. Pero a veces ni aún así, pues tampoco el lector puede, a menudo, despegarse de sus prejuicios, con lo que los riesgos señalados por Neri a la hora de escribir existen también a la hora de leer.

La “solución” creo que es la que se señala en el último párrafo de la entrada: leer mucho y variado y conociendo quién lo escribe (y de qué pie cojea) para intentar cribar un poco la información. Aunque esto no nos protegerá de nosotros mismos.

Saludos cordiales.

Dulcinea dijo...

Lo ideal seria que los historiadores contaran los datos tal como son y se dejaran de interpretaciones personales que a nadie nos interesan.Ademas la hª puede ser un claro instrumento politico como pasa en Euskalerría, que buscan argumentos a favor de la autodeeterminacion historica hasta debajo de las piedras, inventandose incluso las cosas.

Teutates dijo...

Me parecen muy acertadas las visiones de Petete e Ignatus, cada una con lo suyo. Reconozco y me parece positivo que existan distintas visiones de la historia en función de ideologías o creencias, pero lo que no puedo entender es que esa diferencia llegue a ser tan opuesta que un mismo hecho pueda parecer otro completamente diferente en función de quién lo cuente. Eso para mi no es historia, es mentira.