miércoles, 29 de octubre de 2008

¡QUÉ PESADOS!

Me fastidia muchísimo que me llamen por teléfono cuando estoy durmiendo la siesta y más aún si la persona que interrumpe mi momento favorito del día lo hace encubriéndose tras un número oculto. Lo de los números privados me parece escandaloso: gentucilla que se dedica a molestarnos, exigiendo que les atendamos sin tener la deferencia mínima de indicarnos previamente quiénes son. Es como si pretendieran que les abriéramos la puerta de nuestra casa sin identificarse con anterioridad al igual que hacen los ladrones o los acosadores postales anónimos.

Esta última vez les contesté porque sabía quiénes eran (aunque la administración y muchas empresas comparten las mismas prácticas) y porque llevaban cinco días llamándome tres o cuatro veces diarias sin que les descolgara el teléfono. Por la mañana me incordiaron mientras cronometraba los tiempos empleados en montar las tiendas Aneto y les emplacé a molestarme por la tarde
aunque se adelantaron.

¡Qué pesados éstos del Banco! Tanto llamarme y era para ofrecerme un supermegapréstamo que pagaría en cómodas cuotas. Nunca he tenido pelos en la lengua y generalmente solía ser bastante borde con esta gente
hasta que llegué a la conclusión de que una pobre y laboralmente explotada teleoperadora -amable y de voz extremadamente sensual- no tiene la culpa de las artimañanas de ningún banquero. Así que, resignado a no descargar mi furia contra el último eslabón del call center subcontratado por la subcontrata de la subcontrata del banco en cuestión, y abandonando la absurda idea de que la señorita me pasara directamente con un Rothschild a quien cantar las cuarenta, desistí de cachondearme de alguien esclavizado a tan ingrato trabajo y capeé como pude los intentos de la señorita por endosarme un préstamo a toda costa a pesar de que "ya se aproximaban las navidades".

Me parece increíble que la gente se gaste en regalos un dinero que no tiene. Personalmente, me dolería mucho ver
como un allegado empeña su alma y la honra de sus antepasados para que el hombre del traje rojo de Cofidís, ése que parece el mismo Mefistófeles, le conceda un crédito al 30 por ciento para regalarme una chuminada que no necesito. Prefiero una piedra o cualquier cosa envuelta con cariño. Aunque dudo que lo entienda esa panda de malnacidos o de otra cosa que les llamaría Pérez Reverte.

Que no, pesados, que no. Que no me volváis a molestar (ya hablamos tanto que os tuteo). Que no quiero ni una línea ADSL a 100 Gbits por segundo ni un préstamo ni nada. Que antes de tratar con esclavos de Botín a la hora de la siesta preferiría recurrir, para pagar la hipoteca, a un usurero siciliano y, para comunicarme, a las señales de humo. Que no me volváis a molestar.

P.D. Señoritas del call center, si su físico se corresponde con su voz, les emplazo a que me llamen cuando deseen. Siempre a sus pies, su más humilde servidor.

25 comentarios:

Al Neri dijo...

A mí me irrita mucho que me llamen por teléfono o a mi puerta para intentar convencerme de algo. Suelo reaccionar muy mal tenga quien tenga la culpa. Sostengo la teoría de que si todos reaccionáramos duramente en defensa de nuestra intimidad, estas prácticas abusivas -y agresivas- se reducirían bastante.
Creo que las teleoperadoras tienen también su responsabilidad por aceptar un trabajo inmoral que consiste en molestar voluntariamente a los demás.

Por otra parte, me cabrea que las empresas de telefonía utilicen tácticas tan salvajes contra la competencia. Es algo muy desagradable que lleguen los de ONO y te empiecen a preguntar por tu contrato de Telefónica y a comparar los servicios. Que se limiten a contarte lo suyo y dejen en paz lo d elos demás. Esto sí que es agresividad. Además supone tratarte como a un oligofrénico, como si tú no supieras comparar y elegir por ti mismo.

Luego utilizan toda clase de tácticas aprendidas para venderte el producto. Digas lo que digas, no se callan ni debajo del agua los muy sinvergüenzas. Les dan formaciones sectarias en las que les explican la tipología de clientes y cómo actúar con cada tipo. Claro que esto funciona sólo con los subnormales, porque a mí desde luego no me torean ni me hacen perder un segundo de mi tiempo.

Mis tácticas favoritas cuando me llaman son:

- "Lo siento, no hablo con números privados" (y cuelgo)

- "¿Es usted Don Al Neri?", "sí", "Estamos ofreciendo una tarjeta Visa Oro para mayores de treinta con nómina, ¿es ésta su situación, Don Al Neri?", "¡a usted qué coño le importa!"

- "¿Es usted Don Al Neri?", "sí", "¿Tiene usted contrato con Telefónica? (ellos ya lo saben)", "no, se confunde usted, no tengo ni ordenador".

- "Perdone, ¿quién le ha facilitado mi número de teléfono y mi nombre?"

Todo en el tono más desagradable y brusco posible. Mi tiempo libre me parece más importante que su mierda de trabajo, así que no me ando con contemplaciones. Menos aún cuando la voz al otro lado de la línea corresponde a una señorita de origen hispanoamericano que no sabe ni hablar, ni explicarse, ni nada de nada. Encima alguna vez, cuando las cañeas, te salen respondonas y todo.

Opino que quienes trabajan en este tipo de cosas son los más tontos de cada casa y no saben ni explicarte las ofertas. Yo enseguida me canso y cuelgo, con advertencia severa de que nunca me vuelvan a llamar bajo ninguna circunstancia. No hacen ni caso.

En cuanto a los de la "puerta fría", mis niveles de brusquedad alcanzan límites insospechados. Doy con la puerta en las narices directamente.

El Subdirector del Banco Arús dijo...

Sr. Neri. Yo comprendo a las teleoperadoras. El hambre aprieta muchísimo y su trabajo es una auténtica basura: monitorizadas, controladas en plan Gran Hermano... Y en cuanto a lo de la inmoralidad, yo también realizo un trabajo que se podría considerar inmoral en muchos aspectos. ¿Quién no?

dulcinea dijo...

Yo pienso como vosotros en que son llamadas muy molestas, pero no por eso hay porque maltratar a las teleoperadoras que lo único que hacen es su trabajo lo mejor que pueden, que es muy mal generalmente.
Lo mejor es decir no me interesa educadamente y ya esta y si siguen insistiendo colgar, pero sin necesidad de cabrearte, al neri, que te va a salir una úlcera en el estómago.
Lo que me enfada más es que la mayoría sean sudacas porque estan quitando un puesto de trabajo a un español y ademas un sudaca siempre lo hara mucho peor que un español porque son mas vagos y se expresan muy mal para trabajar en un trabajo de comerciales y de hablar.

starling dijo...

Pues que quieres que te digan... a mí me tocan mucho las narices, sobre todo que no se identifique el número, para saber de entrada que no debo cogerlo. Que le voy a hacer, si alguien no quiere ser identificado, que no me llame, yo no cojo números privados. A mí también me tocan las narices ;-)

Meletea dijo...

A mí también me molesta mucho todo este tipo de marketing telefónico y que enciman llamen a cualquier hora para intentar localizarte en casa. Lo único bueno de que llamen con un número privado o no disponible es que así lo puedes ver y no contestar. En mi casa, si llama un número privado, no se contesta al teléfono.

Pero señor Al Neri, no se meta usted tanto con las teleoperadoras, que de algo hay que vivir y demasiado tienen ya ellas que aguantar con ese trabajo.

El que la mayoría de las veces salgan sudamericanos creo que es debido a que muchos call-centers no están en España sino en países como Argentina, donde les sale todavía mucho más económico.

sefo dijo...

La publicidad por teléfono es un gran coñazo y un gran abuso porque entran en tu vida privada acosandote como un elefante en una cacharreria. No admiten un no por respuesta y te insisten una y otra vez con una gran falta de educacion.
Tambien estoy de acuerdo en que las trabajadoras de los call centres son muy malas profesionales, yo una vez me queje y las mande a la porra y me contestaron de malas maneras.
Creo que Al Nery tiene parte de razon en que ellas tambien tienen culpa, es verdad que estan desesparadas por encontrar trabajo pero hasta para elegir trabajo hay que tener amor propio y respetar a los demas.
Pero lo que dice el Subdirector del banco arus de que todos los trabajos exigen ciertas inmoralidades es una verdad como la copa de un pino.

Mike dijo...

Pues prácticamente iba a escribir lo que ha puesto Al Neri. Así que, como él lo ha hecho tan bien, pues nada; saludos. :)

F.A. dijo...

Me estoy muriendo de la risa imaginándome al señor Nery, como si de Fernán Gómez u Umbral se tratara, dando esas contestaciones a las pobres señoritas que por tan sólo 800 euros aguantan carros y carretas. Me encantaría verle dar esas respuestas (que no dudo que se atrevería) a César Alierta o algún bicharraco similar...

Leonardo dijo...

A mí también me molestan mucho, pero que mucho, las llamadas para ofrecerme productos. Si necesito algo, ya lo buscaré.

Pero me temo que las teleoperadoras tienen poca culpa: aceptan la mejor oferta de trabajo que se les presenta y punto, como hace cualquiera.

Y ahora que levante la mano el que tenga un trabajo completamente "moral" y explique en qué consiste.

¿Ah, y qué pasa si las teleoperadoras son de aquí o de allá? ¿Acaso importa? Me parece que sois un poco racistas ...

Aprendiz dijo...

Yo todavía no estoy maleada e intento ser educada con ellas, pero siempre pongo las excusa de que no soy la titular del teléfono o de que yo no sé de eso y que mi padre no está, ni estará...
La verdad es que si es un número privado ya ni lo cogemos, y mejor para ellas porque como despierten a mi padre de la siesta, es peor que Al Neri.

Al Neri dijo...

Leonardo, no sé si con lo de racistas se refiere usted a mí cuando me he quejado de las señoritas de origen hispanoamericano.

Que conste que mis quejas no tienen nada que ver con la raza de las teleoperadoras (que desconozco, porque no las veo), sino con su acento y giros lingüísticos, frecuentemente ininteligibles y en todo caso mo muy apropiados para atender verbalmente a un público español.

Además, la gente de allá será muy maja y todo lo que tú quieras, pero resultan muy cansinos y empalagosos hablando. Y yo no estoy para plastadas.

Miquelino Flynn dijo...

No sé si será que tengo más paciencia que la media o que tengo otra forma de ver la cuestión, pero a mi este tipo de llamadas o de visitas no me molestan tanto. No tanto, al menos, como para tratar al encuestador/agente/teleoperador/loquesea en cuestión de una manera poco correcta o, incluso, para llegar a perder los papeles y la educación.

Creo que el respeto, como valor fundamental que es, cobra sentido en toda su extensión en el momento en el que más nos puede costar mantenerle. ¿Qué mérito puede haber en guardar el respeto debido a alguien o a algo en una situación que no suponga ningún problema?

Ante este tipo de llamadas, visitas y cartas procuro reaccionar siempre desde ese respeto, intento escuchar lo que me ofrecen y, si no me interesa, que ha sido en la mayor parte de los casos que he tenido, procuro explicárselo de la mejor de las maneras que pueda. Tal vez no forme parte de ese frente contrapesados y no siga el plan que proponía Al Neri para acabar con este tipo de prácticas. Es cierto, no puedo, es superior a mi. Y seguramente por ese motivo podría ser criticado al facilitar el trabajo de estas personas.

Pero yo también podría quejarme de las malas contestaciones y las bromas pesadas a las que algunos hacen someterse a estas personas, que es lo que son, no lo olvidemos. Porque cuando después de unas cuantas llamadas en las que han tenido que aguantar "carros y carretas" se encuentran con alguien que procura tratarles con respeto pueden llegar a pensar que están ante una oportunidad de enganchar a alguien y pueden llegar a ponerse más insistentes aún. Incluso pesados.

Porque aquí se está tratando tan sólo una cara de una situación incómoda pero hay otra que no se suele conocer pero que, no por ello, deja de existir, la de la persona que está de cara al público. Y que también tiene que aguantar lo suyo con todo tipo de clientes. Clientes que cuanto más se complica el tema a tratar, menos hace para llegar a un entendimiento satisfactorio para todos. Lo cual provoca unas mayores reservas por parte de la persona que le está atendiendo y que pueden llegar a convertirse en una opinión muy negativa contra el cliente. No podéis ni imaginaros las cosas que se llegan a escuchar sobre la clientela en general en los vestuarios, cafeterías o en un simple pasillo de los centros donde se trabaja de cara al público. No he trabajado de teleoperador pero sí de empleado en una gran superficie y lo digo con todo conocimiento de causa.

Si de las relaciones interpersonales hacemos una guerra, la peor parte como en todas las guerras, se la van a llevar los que menos culpa tienen, ya sean clientes o empleados, los que menos han contribuído al crecimiento de la crispación y los que, al final, cuando la situación sea totalmente insostenible, pueden llegar a estallar. Y en ese momento... arderá Roma.

En cualquier caso, me gustaría plantear una pregunta a quiénes tanto os quejáis. Si de lo que se trata con esa llamada o visita es el haceros un regalo, sin compromiso alguno por vuestra parte, ¿seguiríais pensando de la misma manera considerando que es una falta a vuestros legítimos derechos a la intimidad y privacidad? Si la respuesta es afirmativa no tengo más que añadir que alabar vuestra coherencia. Pero si empezáis a matizar pasaría a deducir que en realidad lo que molesta no es tanto la intromisión, sino la naturaleza de esta. Que no queréis que os interrumpan en vuestros quehaceres para haceros una oferta con unas condiciones, cláusulas y letraspequeñas que vais a tener que comparar con las que tengáis contratadas en este momento. Nos estarían obligando a hacer un esfuerzo y a dedicar un tiempo que posiblemente sería valdío si finalmente comprobamos que por el motivo que sea la oferta que nos hacen no nos interesa. Pero esa ya es otra cuestión muy diferente.

El Subdirector del Banco Arús dijo...

Hombre, por supuesto que si me llaman para hacerme un regalo no me molestaría tanto que si lo hacen para darme la barrila. Y no es ninguna incoherencia, simplemente valoro el beneficio que voy a sacar de la molestia.

Claro que dependería de la naturaleza del regalo. No es lo mismo que me despierten de la siesta para regalarme un estropajo (cosa que me molestaría mucho) o que me obliguran a descolgar el teléfono a las cuatro de la mañana porque Scarlett Johanson necesitare insistentemente de mis servicios (aunque solo se tratase de prepararle un café con galletas).

Por cierto, hago un café malísimo.

Supongo que Al Neri pensaría lo mismo si le tocara cocinar su "delicioso" plato de arroz "negro".

;-)

gueRRera de la LUZ dijo...

Pues a mi nunca me ha llamado ninguna con voz extremadamente sensual.

Leonardo dijo...

Yo tampoco encuentro ninguna sensualidad en estas llamadas ...

Al Neri dijo...

Subdirector, me estoy desternillando con su respuesta a Miquelino.

Miquelino, no le des vueltas. A mí nadie me tiene por qué llamar por teléfono a mi casa para incordiarme y mucho menos hacerme preguntas personales sobre mi nómina, mi nombre, mi edad, mi situación personal, etc. El que hace esto sí que es un maleducado y yo no tengo por qué ser amable con personas que invaden mi intimidad y reducen mi tiempo libre. Evidentemente todo tiene límites, yo jamás he insultado a estos trabajadores, pero creo que estoy legitimado para emplear un tono desagradable si me hacen preguntas impertinentes, a no contestarlas y a decir a usted qué coño te importa, que me parece una reacción adecuadísima a su nivel de intromisión y de abuso. Yo no tengo por qué escuchar a quien no me da la gana ni un segundo de mi tiempo. Yo siempre corto la llamada sin contemplaciones y con frecuencia cuelgo sin decir nada en cuanto veo que es publicidad.

Sabes muy bien que nadie te va a llamar aleatoriamente a darte ningún regalo, es una hipótesis absurda. Y si lo hacen es que hay truco detrás (cuando no estafa).

Natalia Pastor dijo...

Yo ya le digo que no a todo el que llama ofreciendo seguros, el nuevo paquete de Digital Plus o la tarjeta Citibank platinum..
Y si llaman a casa y preguntan por mi marido, les digo que está de viaje:¿y cuando volverá?,preguntan.
Pues no lo se, les digo. Esta en Zambia.
Y a otra cosa...

Miquelino Flynn dijo...

A ver, sr.Neri, que de inocente tengo poco. Tengo muy claro que a nadie le van a hacer un regalo porque sí. Y si un día nos parece que estamos ante un caso así enseguida nos ponemos en guardia porque sabemos muy bien que detrás del regalo hay otra cosa.

Lo que trataba de hacer planteando ese supuesto era intentar determinar el origen real de esa molestia de la que habláis. Que todos nos hemos sentido en algún momento interrogados, es cierto. A mi poco antes de las Navidades pasadas y ofreciéndome un crédito salvaje de estos con más de un 50% de interés, me llegaron a preguntar si no pensaba hacer regalos por Reyes. Y lo que me molestó no fue tanto la intromisión en un tema que me concierne a mi y a quien yo quiera, exclusivamente, sino la intención de influir en mi forma de vivir desde criterios consumistas. Pero, aún así, pese a todo, expliqué amablemente a la señorita que esas fechas ya las tenía pensadas, repensadas, planificadas y replanificadas y que los regalos iban a ajustarse al presupuesto con el que contaba. Y así conseguí zafarme tanto de un crédito que no me interesaba como de una pregunta molesta de la misma forma que lo habría hecho colgando el teléfono en ese momento pero con un poco más de elegancia.

Y sé que la culpa de que lleguen a esos extremos la tengo yo por no comportarme con ellos desde un principio de otra manera. Pero, como decía en el comentario anterior, no quiero formar parte de una guerra en la que de unos años a esta parte se está subiendo el nivel hasta puntos que hace años hubieran sido inimaginables. No coger el teléfono cuando llaman es algo que cuando yo era pequeño ni se me hubiera pasado por la cabeza, independientemente de quién fuera quien llamaba. Colgar sin ni tan siquiera dejar explicarse a la otra persona y sin una despedida educada era algo que se hubiera visto entonces como una falta grave de educación. Y lo de vacilar a quien llama como hacen en algunas de las bromas que hay por ahí ya se me escapa poder encontrar una definición. Reconociendo que tienen su gracia pero... Insisto, ante la situación a la que estamos llegando no creo que podamos quejarnos si un día entendemos que la persona que nos ha atendido se ha limitado a seguir la "ley del mínimo esfuerzo" y no se ha preocupado de buscar una solución satisfactoria a la cuestión que le planteábamos.

En resumen, me parece triste que parezca que estamos en una guerra.

Porque al final, y por relacionarlo con un cumpleaños reciente muy querido por algunos, la triple división vamos a tener que completarla con otras que han ido surgiendo posteriormente: empleados vs. clientes, hombres vs. mujeres, heterosexuales vs. homosexuales... Y con tanta división va a ser imposible que encontremos una empresa común que nos haga de nuevo grandes como en nuestros mejores tiempos. (Comentario patrocinado por una distribuidora de CAFE y sólo entendible por algunos pocos).

Sr. Subdirector, alabo su buen gusto. A mi tampoco me importaría que me despertaran de madrugada para ir a preparar un vaso de leche con galletas a una moza como la Johansson porque la pobre está desvelada. Y para acompañarla a su cama para arroparla bien y dejarla con un beso de buenas noches, jejeje.

Por cierto, creo que usted y el sr. Neri son los únicos a los que trato de usted. La mafia y la banca es lo que tiene... ¿Mafia y banca? Perdón, creo que he caído en una redundancia.

Sr. Hernández dijo...

Yo considero que llamar a una persona varias veces al día durante semanas a su casa para intentar convercerle de algo es humillar a esa persona y por tanto, ello debería ser delito.

ignatus dijo...

¿"Café" y trato "de Usted"? Yo pensaba que entre camaradas se tuteaban... Lo que me queda por aprender.

Celebro su resurrección, Miquelino.

Miquelino Flynn dijo...

¡AY, querido ignatus, cada día que pasa nos sorprende un poco más este mundo loco! Nuestra selección de fútbol gana una Eurocopa, EEUU puede tener en pocos días un presidente negro, Dulcinea y Sefo coinciden en los comentarios de una entrada y ni se mencionan la una a la otra... Ya lo dice el Apocalipsis, que el fin del mundo vendrá precedido de hechos extraños y confusos. El armagedón se acerca, ignatus, y nosotros con estos pelos...

Por cierto, ¿Coco no dedicó ninguna de sus lecciones a diferencias al personaje y al intérprete? Cachis la mar...

ignatus dijo...

Cerca - lejos
Grande - pequeño

...

Y el Conde Draco, los números hasta el diez

...

No, Miquelino, de eso que Usted dice, no me suena nada, pero pudiera ser que algo hubiera y no lo recuerde, porque siempre he sido un poco "justito".

Muy buena su respuesta.

Bona nit

Anónimo dijo...

Mas molesta que te llamen, te despierten y te cuelguen con un DESCANSA BIEN o peor QUE TENGAS DULCES SUEÑOS. Pero no creo que podamos quitarte esa costumbre

Al Neri dijo...

Exijo una explicación urgente del Sr. Subdirector del Banco Arús sobre el último comentario anónimo.

El Subdirector del Banco Arús dijo...

Sr. Neri, no voy a alimentar su insana curiosidad con asuntos más propios de programas de cotilleos.

Sólo decirle que, sin embargo, nunca me ha molestado recibir mensajes a las cinco de la mañana con cosas como "Estás despierto. ¿Te puedo llamar?" o llamadas a las 2 de la mañana sobre ciertos asuntos. De hecho dejo el móvil encendido.

Eso sí, sólo pongo dos buenas condiciones: la izquierda y la derecha.