jueves, 6 de noviembre de 2014

SABER DE ECONOMÍA

Hace no mucho, charlando con unos amigos, me manifesté partidario de la salida de España de la Unión Europea, y uno de ellos, licenciado en Económicas, me dijo que defendiendo una cosa así demostraba no tener ni idea de economía. Alguna otra vez he vivido episodios parecidos con leguleyos: propugnas alguna medida política concreta y te sueltan que qué barbaridad, que eso no es viable jurídicamente y que no tienes ni pajolera de derecho. 

La verdad es que la peña tiene muy poquita imaginación.

Todos estos universitarios de manual y titulados de corsé no pasan de ser unos loritos amaestrados y con el sensor crítico averiado, cuyo mayor logro intelectual ha sido subrayar apuntes con un fluorescente y aprobar treinta asignaturas. Y a veces ni eso.

Son miopes académicos, asnos con diploma que se han limitado a rumiar la alfalfa que les echaron los catedráticos y no han asimilado todavía la lección más importante: la economía y el derecho no son fines sino simples medios. 

Las reglas, para ellos sagradas, de la “ciencia económica” tienen como consecuencia, por ejemplo, que hoy en España los veinte tíos más ricos posean la misma fortuna que los 14 millones de personas más pobres, y los chiringuitos del estilo a la Unión Europea han sido concebidos y creados para que esto sea así de por vida. Por eso las reglas del mercado deben ser expurgadas, corregidas, encauzadas y, si me apuras, violadas al asalto por cualquier gobernante mínimamente ético y mínimamente comprometido con las necesidades de su pueblo.

Yo no sé mucho de economía, no señor, pero no hace falta ir a estudiar a Salamanca para entender que las finanzas de un país pueden funcionar perfectamente al margen del euro y del tinglado europeísta. Hay estados europeos que no han suscrito tratado de adhesión y ello no les impide contar con un nivel de vida igual o superior al nuestro, sin entrar ya en cuestiones de soberanía nacional. Hay grandes expertos en economía que luchan para que su país se salga de la cueva de la Merkel y los cuarenta ladrones. Lo que pasa es que para algunos “saber de economía” no es tener conocimientos en esta materia, sino tragarse sin rechistar el actual modelo de globalización capitalista.

Con el tema del derecho, algunos están en Babia y no se les ha ocurrido fijarse que jamás en la historia una norma jurídica ha sido obstáculo para sacar adelante una iniciativa política. Incluso la más sagrada y solemne de las leyes puede y debe modificarse (e incluso incumplirse) cuando concurren intereses superiores o surgen nuevas circunstancias que así lo exigen. Constituciones, estatutos de autonomía, leyes, reales decretos y órdenes carecen de entidad propia; no son sino herramientas de la voluntad política y solo se mantendrán mientras esa voluntad los dé soporte o no cambie el signo ideológico que los amparó. Cualquier medida adoptada por quien ostenta el poder, por muy ilegal que parezca, no tardará en ser convalidada formalmente con todas las bendiciones procedimentales y letra de molde en el BOE.

En la defensa de los valores fundamentales de la nación, de los principios de justicia social, del orden público y de las pautas de convivencia, el Estado debe ser todopoderoso y no arredrarse ni ante teorías “científicas” ni ante boletines oficiales. Es él quien debe definir su propio modelo económico y su propio marco normativo saltando por encima de lo que haya que saltar.

8 comentarios:

PΩLITÍCOLA dijo...

si algún adalid de la caterva neoliberal lee esta entrada tendrá sentimientos encontrados, entre la simpatía por librarse de la ley si convergen intereses superiores y la mala leche por su simpatía hacia un estado poderoso

tomae dijo...


https://www.youtube.com/watch?v=tYTqP2J1Kl8

Tábano porteño dijo...

Otra lúcida entrada, Neri.

En cuanto a la economía, es notable cómo se establecen ficciones que se toman por verdades absolutas, vgr. el patrón oro durante gran parte del siglo 20. Cualquiera mínimamente informado sabía que el dólar nunca tuvo el respaldo en oro que sus emisores le atribuían, pero el mundo en general aceptaba tal ficción (con ciertas variantes este sistema rige también hoy).

Respecto de lo jurídico y lo político, siempre es bueno volver a Carl Schmitt, que en su clásico El concepto de lo político demostró cómo el liberalismo pretende haber superado la dicotomía amigo-enemigo (y logra que lo creamos), cuando en realidad tal contraposición en el demoliberalismo sigue vigente pero "camuflada" tras los conceptos.

Es duro lo que dice de los abogados, Neri, pero seguramente acierta en mucho de lo que afirma (y quizá me quepa el sayo). Un nacionalcatólico argentino célebre fue más lejos que Ud. cuando trató de lo que llamaba "el gobierno de la clase abogadil": ¡nos consideraba inútiles para gobernar! (http://www.syllabus-errorum.blogspot.com.ar/2014/10/el-gobierno-de-la-clase-abogadil-ramon.html).

Sólo quisiera hacer alguna precisión respecto de lo que dice al final. No hay duda de que lo "técnico-jurídico" es un medio y no un fin y puede -y debe- cambiarse cuando haga falta, pero esto siempre apareja el peligro del anarquismo o del totalitarismo. Recuerde que debe haber un fundamento último que evite la posibilidad del caos que late en el positivismo jurídico (si toda norma viene de la mera voluntad humana, ¿qué impide que un día por una razón u otra sea defenestrada?). Ya Dostoievsky pensaba -por boca de un personaje- que "si Dios no existe, todo está permitido"; por eso el cristianismo sostiene la existencia de un Derecho Natural que ya conocieron los antiguos antes de la venida de Cristo (Cicerón en De República libro III, XXII, y la Antígona de Sófocles son los conocidos ejemplos), al que debiera adecuarse toda norma positiva.

Fíjese en el enlace de abajo, en que dejo la famosa disputa entre el entonces Cardenal Ratzinger y el "marxista democrático" J. Habermas: éste reconoce que su Estado laico y neutro requiere sin embargo para funcionar del "fundamento prepolítico" que propone el prelado, y que viene obviamente de la tradición católica:
http://www.lanacion.com.ar/704223-dialogo-entre-la-razon-y-la-fe







Aprendiz de brujo dijo...

Me ha gustado el post, -aunque no comparto su trasfondo-, y me ha parecido magnífico el comentario de Politícola, una vez más.
Porteño, había oido hablar de ese celebre debate en numerosas ocasiones. A ver si tengo tiempo y humor y hago una incursión.
Tened buen fin de semana todos, después de cinco días especialmente duros, (al menos en mi caso).
Yo voy a procurar hacer el amor este fin de semana, caiga quien caiga. Si alguna viperina se anima, puede contar conmigo.
Abrazos.

El chico de los tablones dijo...

Sólo estoy de acuerdo con los dos últimos párrafos del post, y de los 6 primeros me disgusta particularmente el cuarto por dos motivos:

1.- La acumulación de riqueza en pocas manos es necesaria para emprender grandes inversiones en capital productivo. Cualquier otra cosa supondría un retorno a un modelo productivo artesanal o gremial. Pregúntele si no a Amancio Ortega, cabeza de lista de esos 20 tíos más ricos, si sería posible colocar en el mercado jerséis 100% lana a precios de entre 30 y 40€ sin esa maquinaria industrial cara de cojones.

2.- Si algún país ha de ser el primero en dar el paso y desligarse de las reglas del mercado, ¿por qué precisamente España? El nuestro es un país pobre en recursos y dependiente del exterior, como demuestra la balanza comercial de la balanza de pagos año sí y año también. Fuimos, somos y seremos un erial y por eso necesitamos el mercado. La utopía que usted imagina se llama economía cerrada con sector público y en la era de Ebay, Amazon y las aerolíneas low cost es irrealizable.

Pero claro, qué sabrá un tierno recién licenciado como yo de todo esto. En las facultades de Economía nos hacen con moldes para hornear galletas y nos falta imaginación.

Al Neri dijo...

Que nadie se pierda el vídeo de Tomae.

Politícola y Tábano, muy buenos sus comentarios. No pretendía hacer tanto un llamamiento al incumplimiento de las normas (creo en el estado de derecho), sino una reflexión sobre lo voluble de los ordenamientos jurídicos. Hay gente que sacraliza las leyes como si tuvieran vida propia. Simplemente insisto en que cuando hay objetivos importantes que cumplir sería ridículo frenarse por una ley. Preguntémonos si los grandes revolucionarios de la historia encargaron un informe jurídico antes de emprender sus revoluciones. Imaginemos si Franco se hubiera cortado de encabezar el Alzamiento por ser contrario a la Constitución de 1931...

Tablones,¿cómo está usted? No sé cuándo se licenció pero mi enhorabuena aunque sea tardía. No voy a discutir con usted por cinco buenos motivos. Primero porque en su terreno, la teoría económica, me vapulearía usted. Segundo porque es usted capitalista y yo no y por lo tanto hablamos lenguajes opuestos. Tercero porque pensando como piensa demuestra que usted ya ha madurado, pero es que yo todavía no... Cuarto porque ciertamente tiene usted muy poca imaginación. Y quinto porque no está usted dispuesto a preguntarse por los efectos colaterales de sus idolatrados low cost, Amazon y Ebay. No estaría mal recuperar un modelo económico inspirado en el gremialismo y en el patrón trabajo en vez de en el patrón oro.

Su frase "la acumulación de riqueza en pocas manos es necesaria para emprender grandes inversiones en capital productivo" me ha provocado taquicardia, sudores fríos, acidez de estómago y náuseas al mismo tiempo. Ya sé que no lo ha hecho adrede. Pero no olvide que es el trabajo el que crea el capital y no el capital el que crea el trabajo.

Yo respeto a Amancio Ortega y creo que El subdirector del Banco Arús también. Y no olvide, por favor, querido Chico de los Tablones, que yo no soy comunista y que en principio estoy a favor de la libre competencia, aunque, eso si, bastante más atenuada y corregida de lo que les gustaría a Adam Smith y a usted.

Y por cierto: soy partidario acérrimo de la propiedad privada. Cuanta más propietarios privados haya, mejor. Por eso me repugna eso de "la acumulación de riqueza en pocas manos". Va en contra de la propiedad privada de las familias y de los individuos.

Brujo, usted es como un niño que pretende sentarse a la mesa de los mayores...

El chico de los tablones dijo...

Gracias, Al Neri :-) Pues he terminado los estudios este año y ahora ando de opositeo a tiempo completo.

No me veo a mí mismo como un capitalista sin reservas, pero tampoco soy capaz de imaginar un modelo productivo mejor (ahí acierta usted al afirmar que soy poco imaginativo). Es cierto que la inversión en capital genera desigualdad, pero ahí es donde debería entrar en juego la función redistributiva de la renta de los impuestos.

Es igualmente cierto que el capital es un factor intermedio engendrado por la combinación de otros factores originarios (tierra y trabajo). Pero la acumulación de capital, a diferencia de la acumulación de trabajo, genera progreso en forma de descubrimientos científicos. Dígame si no cómo es posible que un mileurista español de hoy disfrute de mayor confort, tecnología y longevidad que cualquier noble o prócer de hace 200 años, que a duras penas podría ducharse con agua caliente.

Me gustaría también añadir que no idolatro a Amazon, Ebay o las low cost, pero en el mundo de la globalización, las tarjetas de crédito y la firma electrónica no tiene sentido cerrar los ojos y hacer como que no existen. Y cualquier legislación restrictiva al respecto -sólo posible previo abandono de la Unión Europea- sería remar contra corriente y quedarnos solos. Un aislamiento comercial que no conviene a cualquier país en el que las necesidades de sus ciudadanos excedan los recursos internos disponibles para satisfacerlas.

Me parece loable la calidad humana de los argumentos de usted y le aseguro que también a mí me gustaría que las reglas del juego fueran otras... pero no se me ocurren otras, y creo que España es el país menos indicado para incumplirlas a estas alturas de la partida.

PΩLITÍCOLA dijo...

grande Tomae, ja, ja