jueves, 8 de agosto de 2013

PECAR BIEN



Hace quince años, un conocido mío católico a machamartillo, de Misa y comunión diaria y de lo más puritano que pueda imaginarse, me comentó: “Neri, si no puede uno aguantarse, ya que peca por lo menos que peque bien”. Le dije que no entendía y él, que había quemado vallas publicitarias de condones y reprochado a sus catecúmenos llevar cogidas a sus novias por encima del codo, me explicó que si caías en la tentación y te acostabas con una, había que ponerse preservativo y disfrutar el momento, porque una cosa es ser pecador y otra gilipollas.

Su respuesta, así de pronto, me resultó un tanto cínica, pero luego me dio que pensar, porque es cierto que mucha gente ha sido y es incapaz de disfrutar del sexo por motivos religiosos. Habría mucho que hablar (que no criticar) sobre los orígenes y la vigencia de la moral sexual católica, pero no es el momento; yo solo quiero resaltar hasta qué punto una visión obsesiva y ultraestricta de esta cuestión puede llegar a condicionar las relaciones íntimas de una persona, hasta el punto de desnaturalizarlas e impedir incluso que cumplan su finalidad de expresar ternura, confianza o amor.

La Iglesia Católica y casi todas las confesiones de inspiración cristiana proscriben las relaciones sexuales fuera del matrimonio, pero el caso es que muchos creyentes convencidos las practican. Eso sí, estas personas suelen sufrir dos fenómenos muy característicos:

El primero es que cuanto más intensa es su Fe y la formación religiosa recibida, más difícil les resulta mantener unidas por mucho tiempo su práctica religiosa  y su conducta sexual. Hace años, los niveles de hipocresía eran altos y las dobles vidas frecuentes, pero hoy en día un católico muy practicante casi con toda seguridad dejará de serlo si su vida empieza contradecir sustancialmente las reglas de la moral sexual y llega a la conclusión de que no puede (o no quiere) contenerse. En cambio, si las caídas son puntuales o circunstanciales, a la persona le será más fácil seguir practicando su Fe.

Es un tema muy interesante de analizar, ya que probablemente los pecados carnales sean los únicos capaces de alejar por completo a un creyente de su prácticas devotas e incluso de su Fe, mientras que ante otras faltas tan graves o más como la soberbia, la envidia, la explotación de trabajadores, el egoísmo o la total falta de caridad, muy pocos católicos de Misa, comunión y confesión frecuentes se plantean abandonar sus convicciones.

El segundo fenómeno es al que me refiero con lo de pecar bien.  Un porcentaje sin duda nada desdeñable de quienes han mamado desde la cuna la ética sexual del Cristianismo, no sabrían pecar bien aunque quisieran, que seguro que quieren. Las relaciones prematrimoniales de estas personas bordean lo patético, rozan lo enfermizo y entran de lleno en lo grotesco. “Manolo, solo la puntita”; marcha atrás para evitar el demonizado preservativo; calentones inconclusos de los de volverse loco; juegos que todo lo incluyen excepto la estocada y que uno se pregunta por qué con ellos se peca menos; escenarios improvisados e incómodos para dejar claro que no ha mediado premeditación alguna (solo faltaba); rodeos eternos; penosos autoengaños; búsqueda clandestina, normalmente por él, de parejas más liberales; infidelidades cutres y a salto de mata,  e incluso bloqueos, tanto gatillazos de él como frigideces de ella, por ser incapaces de relajarse y de disfrutar de la situación cuando esta se produce burlando sus rectas intenciones.

Lo triste es que a veces todo esto se traslada al lecho matrimonial, porque mira que es jodido conseguir ver de repente como un regalo de Dios lo que el día antes era una indecencia.

Quizá la doctrina sexual de la Iglesia tenga trampa y esté diseñada no solo para disuadir sino para impedir el goce de quienes le dan la espalda. Pero sea como sea, pienso que mi conocido llevaba razón, y que  lo inteligente y lo humano sería que quien finalmente cae, aunque sea sin buscarlo, disfrute de la caída sin demasiados remordimientos aunque luego reflexione al levantarse y haga los más firmes propósitos de enmienda. No creo que a Dios le guste vernos usar algo tan natural y fantástico como el sexo, creado por Él, como un instrumento de tortura en vez de cómo una fuente de placer.

23 comentarios:

Chafachorras dijo...

Me gusta el tema.

Yo que me considero cristiano de misa semanal y estampa en el bolsillo, pienso que hay una opción más a las que usted propone y es la del cristiano inquieto que busca las razones de las cosas que le propone su iglesia y que al investigar ve que los "pecados de la carne"; salvo cuando hay dolo, es decir engaño o abuso o se produce dolor a terceros, no son tan graves como los curas predican y son mucho peores esos otros que usted menciona más tarde.

Yo que fui catequista muchos años, cuando llegaban los jóvenes (y jóvenas que diría Doña Bibiana) y preguntaban la única pregunta que tenían en sus mentes en determinada edad, nunca les hablé de prohibiciones y sí de lo estupendas y maravillosas que son determinadas cosas cuando se producen con amor de por medio. Que a fin de cuentas Dios, que es sabio, por algo las hizo tan agradables. (crear algo tan bueno y prohibirlo es cosa de sádicos o de gilipollas; y no creo que Dios sea ninguna de las dos cosas)

Pero amor de verdad y no amor a uno mismo.

Yo en mi modestia teológica prefiero vivir intentando hacer el bien a intentando no hacer el mal. No se si me explico.

Es cuestión de filosofía vital.

No obstante y para no faltar a la costumbre, aquí le dejo unas decimillas que, esta vez, pretenden ser algo menos erias que las anteriores. Que no está la vida para andar de triste por ella

Dice el saber popular,
que es sabio sobre pecados,
que todo lo deseado
pecado es o hace engordar.
No voy yo a menospreciar
el saber del pueblo llano,
que distingue bien el grano
de la paja en estas cosas
y no suele andar con glosas
al perillán o al villano.

Pero es verdad no obstante
que el pecar concupiscente
hace hipócrita a la gente.
Y severos o golfantes
no te recogen el guante
al hablarles del infierno
al pensar que el padre eterno
no tendrá duro castigo
al que no conserve un virgo
o encasquete un par de cuernos.

En fin que es este en España.
el pecado predilecto
y no le hace más abyecto
al español sus hazañas
sexuales, que es buena maña
pecar sin hacernos daño.
Que salvo cuando hay engaño
es un pecadillo suave.
Hay cosas mucho más graves
Y es peor ser un ermitaño

Un saludo y sea bueno... si le dejan

Capitan Trueno dijo...

Sr. Neri, vamos a ver,...este es un tema espinoso, pero voy a dar mi honrada -que no "honesta"- opinion.

Esta es una muy Buena entrada, que pone de relieve las contradicciones de la moral catolica, y el cinismo e hipocresia de algunos de sus pastores.

Ello es la consecuencia logica de una espiritualidad que trata de racionalizar todo y meterse hasta en el mas minimo detalle, en la vida privada de sus fieles. Los resultados son gente que trata de "seguir las reglas" que termina estando traumatizada, obsesionada con el sexo (el mal que se pretendia evitar), y ultimamente acaban dejando la fe, o acaban mal del tarro.

nago dijo...

Conozco a alguien así. Es tal y como usted lo ha descrito.

Hipócritas hasta la saciedad, con una doble moral que asusta y, pienso como Capitán: terminan obsesionándose precisamente con ello y acaban mal del tarro.
Aquello que les perturba es precisamente lo que más les atrae convirtiendo algo bonito, en algo sucio.

Vidas tristes, reprimidas y oscuras (porque pecar pecan, como todo el mundo, si pueden...) incapaces de llevar una relación sana y normal, incluso más allá del propio sexo, alimentando como pueden sus fantasías ante lo que solo supone para ellos frustración y (auto)engaño. Hay una palabra que sintetiza muy bien todo esto y que refleja perfectamente su actitud en pareja, pero no la voy a decir...

Aunque también pienso que entre el sexo sano y la náusea hay una línea demasiado fina.


Encuentro bastante relación entre este post y el anterior.

C. S. dijo...

Ha estado Ud. sembrao, Sr. Neri. Yo este asuntillo lo solucioné en el pasado (¡hace tanto tiempo!) yendo a las fuentes: en Génesis y Dt. lo que ponía es: "No cometerás adulterio" Bien. Yo no lo cometía. Todo lo demás era, digamos...jurisprudencia.
Aunque me parece mejor la propuesta del poeta Chafachorras: "prefiero vivir intentando hacer el bien que intentando no hacer el mal" ¡Ole!

C. S. dijo...

Me ha venido a la memoria el comoetario de un conocido mío musulmán observante al que un día pillé comiendo jamón ibérico. "¡Cómo! ¿Tú comiendo jamón?" "Es que es ibérico" -contestó- "puestos a pecar, por algo que merezca la pena"

J dijo...

Señor Neri,

En esta ocasión discrepo en casi todo el contenido de su entrada…

Sería muy largo comentarlo punto por punto pero creo que parte de una visión equivocada de la moral sexual católica. Es verdad que habría que hablar mucho de las razones y orígenes de dicha moral y que sería muy largo y que no es el momento pero es que si no se entra en dichas razones es complicado entender algo. Desde luego, no creo que una de las razones sea la de putear al personal como insinúa usted al final del artículo.

Habla usted de hipocresías, relaciones patéticas, enfermizas y grotescas… Seguro que hay gente que, por una mala formación o un mal entendimiento, viva de esa manera su noviazgo. Normalmente esa gente ve el tema como meras prohibiciones y, claro, así no hay manera. Pero no es tan difícil no tener relaciones prematrimoniales si se entiende bien el porqué de las cosas. O no es tan difícil no obsesionarse o traumatizarse si, puntualmente, hay una caída.

Y no. No es nada jodido ver como un regalo de Dios lo que el día antes era una indecencia. No lo es porque el día antes no era una indecencia. Simplemente, el día antes no había un compromiso de por vida que es lo que es el matrimonio. Compromiso que hoy en día necesita de unas formalidades y de unos testigos pero que, como sabrá usted bien, antes no era así y bastaba con el consentimiento de los esposos y, precisamente, el hecho de la consumación era el que, por decirlo de alguna manera, daba inicio al matrimonio.

A Dios seguro que no le gusta que la gente se torture con el tema del sexo pero tampoco le gusta que se use para lo que no es. Y el sexo no es, en esencia, una fuente de placer. Es la manera que ha establecido Dios para la perpetuación de la especie y para la unión de los esposos; y Dios ha querido que este modo de reproducirse y de unirse sea sumamente placentero. Pero por su esencia debe circunscribirse al matrimonio.

Chafachorras dijo...

Esta vez en prosa

Sr. J. no puedo estar mas lejos de su opinión, siendo además como coy cristiano y hasta la fecha, fiel hijo de la Iglesia.

Efectivamente, lleva usted razón en que para analizar la moral sexual de la Iglesia Católica (y fíjese bien que digo Católica porque el resto de las Iglesias Cristianas no están tan preocupadas por el sexo)
hay que ir al origen y a la causa de su criterio.

Al principio, el tema del sexo no era ni tan importante ni tan trañdio en el ámbito de la moral cristiana. De hecho, en lo Evangelios, Jesús se muestra bastante laxo con el tema ("Vete y no peques más) y con lo que si se muestra severo es con aquellos que para satisfacer sus deseos carnales utilizan o maltratan a otros o los que usan el engaño para ello o traicionan compromisos("Quien mire a una mujer desándola ya adulteró en su corazón")

Mire usted en mi opinión, Matrimonio y sexo son cosas distintas. Hay mucho sexo posible y muchas veces muy placentero que nos permite esplorarnos conocernos y cuando la pareja está comprometida consigo misma y segura de su amor miles de cosas más pero no porque "ahora toca esto y después lo otro" sino porque las consecuencias posibles (hijos y demás) requieren un compromiso firme.
Yo no seré nunca un cristiano de los que acepten dogmas porque sí, sino de los que acepten aquello qeu se les argumente de forma razonable.
Ya escribió una vez Uta Ranke-Heinemann (teóloga católica, que aunque ha sido considerada hereje tiene grandescosas escritas) que ninguna religión es digna del hombre si insulta a su inteligencia, y si no es digna del hombre no es digna de Dios que decidió crearlo inteligente.

En fin que además, y después de la respuesta a un periodista del Papa Francisco sobre si juzgaría a un gay tengo la impresión de que, evangelio en mano, este Papa nos va a dar muchas alegres sorpresas.

Y como dijo San felipe Neri, seamos buenos... si podemos, que está el mundo muy achucháo para andar con más apreturas.

trija dijo...

Yo en este post mucho no voy a opinar, ya que tengo por costumbre no meterme en la sexualidad de la gente y como la gente quiera disfrutarla.

Pero me hace gracia el comentario de J cuando dice "es la manera que ha establecido Dios para la perpetuación de la especie", creo que Dios tiene poco que ver con eso, creo que es mas tema biológico.

J dijo...

Señor Chafachorras, no creo yo que Jesús se muestre laxo con el tema cuando dice "no peques más". Porque no le dice "vete y haz lo que te plazca"...

Tampoco creo que sea la Iglesia Católica la que esté excesivamente preocupada por el sexo. Más bien pienso que es la sociedad la que está hipersexualizada.

Y no seré yo el que diga que haya que aceptar las cosas porque sí; de hecho ya he dicho en mi primera intervención que los problemas de los que habla Neri vienen precisamente de no entender el porqué de ciertas cosas. Pero lo que tampoco se puede hacer es elegir lo que nos gusta y desechar lo que no nos conviene de la doctrina católica.

Por último, de las palabras del Papa Francisco es difícil deducir que vaya a haber algún cambio en materias doctrinales...

J dijo...

Bueno, trija, entenderá usted que en un post en el que se habla de pecado y de moral sexual católica, aparezca Dios de por medio, ¿no?

Por supuesto que es algo biológico, algo biológico que es así porque así Dios lo ha querido...

nago dijo...

Yo tengo una duda muy seria:

Si el fin es la procreación y el sexo no es la esencia ¿se consideran lícitas todas aquellas prácticas sexuales cuya naturaleza, aun dándose dentro del matrimonio, no van encaminadas directamente a la reproducción?

¿Existe la castidad dentro del matrimonio? y de ser así ¿bajo qué premisas, motivos o razones o en qué momento y bajo qué circunstancias sería conveniente vivirla?

Agradecería que alguien fuera tan amable de responderme.

Buen fin de semana a todos.

J dijo...

Nago, si le sirve de algo mi respuesta allá va:

la Iglesia Católica pide a todos sus fieles que vivan la castidad, cada uno en su estado.

Dentro del matrimonio dicha castidad consiste en ser fiel un cónyuge al otro y en que todos los actos sexuales estén abiertos a la vida. No quiere decir eso que esos actos estén siempre encaminados a la reproducción ya que, con causa justificada, el matrimonio puede recurrir a periodos no fértiles para evitar nuevos hijos.

En cualquier caso, todas estas cosas están en la Humanae Vitae y seguro que lo explican mejor que yo.

Y por mi parte, fin de las intervenciones que creo que estoy abusando un poco... :-)

nago dijo...

Muchas gracias J.

sefo dijo...

Ay, J, como me gustaría ver que harías tu en caso de apretón, a ver como le decías a la tía "apártate de mí, pecadora, que estos actos no están encaminados a la procreación", aunque no sé porque luego muchas veces los más meapilas sois los más salidos. ¡Relájate!

Capitan Trueno dijo...

Una forma de abordar la sexualidad de una forma equilibrada es POSITIVAMENTE, como un regalo de Dios a las parejas matrimoniales (dentro del Matrimonio),teniendo como objetivo la union e intimidad de la pareja, y en Segundo e inmediato lugar la procreacion de una familia en un entorno estable de amor.

En mi Iglesia esta totalmente prohibido por la moral Cristiana todo lo qu crea dependencia, va contra el recto amor de la pareja o impide VOLUNTARIAMENTE la procreacion. De ese modo Pornografia, Infidelidades, Sodomia (incluso si es con tu esposa) estan prohibidas. Pero otros aspectos intimos (condones etc) no estan prohibidos, siempre que el objeto de su uso sea la paternidad responsible, no el egoism hedonista.

En Resumen, la Iglesia no se mete en la cama de los fieles, aunque si da directivas y reglas claras, enfocadas positivamente, no como una lista enorme y pormenorizada de prohibiciones.

Anónimo dijo...

A la lúcida intervención de J. y en un plano más general quisiera agregar que es evidente que en nuestros tiempos ha triunfado la visión materialista del mundo, para la cual, al no haber una vida trascendente, todo se limita a ámbito de lo inmanente intramundano; el pansexualismo freudiano parece ser, en el ámbito de las relaciones afectivas, la clave de nuestra época decadente y terminal: el hombre queda reducido a un manojo de instintos que hay que satisfacer a como dé lugar, bajo riesgo en caso contrario de la neurosis (aclaro que esto no implica desdeñar "todo" Freud). Dicha situación la vieron con mucha lucidez en el siglo pasado pensadores de la llamada "filosofia perenne", especialmente Guenon.

Y ya volviendo al catolicismo y en su defensa: ¿cómo no se metería la religión en estas cosas, si en la concepción tradicional (¡la verdadera!) la fe será íntegra o no será?. Bien dijo Graham Greene: "no soy un escritor católico, soy un católico que escribe".

El tábano porteño

nago dijo...

He hecho caso J y, tras leerme dos encíclicas y la Carta a las familias de J.P.II con todo el respeto que merecen, aun no siendo yo creyente... concluyo:

Que todo esto me resulta enfermizo, considerando además que, si no debe ser por placer y, en determinadas y justificadas ocasiones, tampoco para engendrar hijos... entonces ¿pa qué? pa ná... ¿para evitar la infidelidad? aquí encuentro una contradicción enorme: si el placer no es lo importante y tanto amor nos profesamos ¿cómo es que me vas a poner los cuernos Pepe cuando esté yo malita o desganá...? mejor leer a Delibes o buscar alternativas más didácticas.

No entiendo, por más vueltas que le doy, cómo se puede amar a alguien de esta forma tan extraña y en qué sería lo correcto estar pensando mientras lo haces para no dejarse llevar por el desenfreno. Quizá cabría hacerse preguntas como: ¿qué pongo mañana para comer? ¿he pagado la factura de la luz? ¿cuándo tengo que ir a sellar la tarjeta del paro?

Que hacerlo únicamente por placer y deseo con la persona que amamos no significa que seamos perritos; gatitos en celo; seres primarios; utilitaristas ¿utilitaristas?hedonistas...

Y al mismo tiempo y, tal como está el mundo tan lleno de depravados que son carne con patas y pocas neuronas...

... me quedo en el medio que es donde mejor se está y, "que sea lo que Dios quiera..."

("Gloria o Infierno me esperan..." eso sí, que sea por mala o por buena, pero no por eeeeeeso...:)

Al Neri dijo...

Solo unas aclaraciones en relación con primer comentario de J:

- Esta entrada (lo he dicho) no es para criticar la moral sexual católica.

- Estoy totalmente de acuerdo con que "el sexo no es, en esencia, una fuente de placer". Pero es una fuente de placer.

- El post solo es para que nos preguntemos si durante la comisión de estos pecados (si finalmente se cae en ellos) merece la pena sufrir (¿o es que no puede evitarse?)

- Admito la matización (importante) de que la culpa de estos problemas a los que se refiere el post no es de la doctrina sexual de la Iglesia en sí, sino de "una mala formación o un mal entendimiento" de la misma. Eso sí, considero que la responsabilidad la comparten, al alimón, cierto tipo de clero (que ha puesto el foco en el sexo cuando el Evangelio y el Magisterio no lo hacen) y la sociedad, que, por diversas razones, ha tenido un especial interés (¡y necesidad!) en ejercer un fuerte control sobre el comportamiento sexual de la gente, algunas veces de forma comprensible.

Este tema, así como el origen de la moral sexual se abordan en estos posts (muy polémicos en su día) y sobre todo en sus comentarios:

Somos polígamos.

El padre Pajas.

Anónimo dijo...

El que comete pecado de gula, que es tan capital como la lujuria, no sufre mientras come, al contrario, aunque luego se sienta mal. ¿Por qué será?, como decía la Bombi.

Anónimo dijo...

Ah, y cuidado porque tener relaciones prematrimoniales o ser infiel no implica necesariamente cometer pecado de lujuria.

Brisa dijo...

La moral sexual de la iglesia CAR se me hace muy difícil de entender, y en algunos momentos de mi vida muy difícil de "cumplir". En este momento honestamente me dejo llevar por mi conciencia (bien formada) en materia sexual y hasta ahora he dormido tranquila.

Si comparto a ultranza su defensa de la vida y su condena del aborto y los métodos anticonceptivos abortivos. (Bueno, esto no tiene nada que ver con el post, pero lo quería decir igual.)

En fin, que cuanto más conozco el mundo más gracias doy a Dios por haber nacido en una familia católica. ¡¡¡A pesar de los pesares!!!

Buen fin de semana a todos :-)

Anónimo dijo...

A Dios lo que en realidad le interesa es que usemos lo que él nos da de manera sabia y no para el mal. No todo lo que es o vemos como natural es lo que nos conviene. Dios nos da la posibilidad del acto sexual, pero aunque esto sea dado por Dios, esto no significa que Dios nos está diciendo que tenemos que practicarlo siempre cuando nos venga en gana, cuanto nos venga en gana, como nos venga en gana y con quien nos venga en gana. Comer también es algo natural en nosotros e incluso es una necesidad biológica para el ser humano (que por cierto el acto sexual no lo es para quien lo pueda practicar), y sin embargo a pesar de esto y aunque esto nos es dado por Dios, esto no hace que nosotros debamos usarlo mal, y que entonces comamos cuando nos da la gana, cuanto nos da la gana, lo que nos da la gana y como nos da la gana (y conocemos las tristes consecuencias de esto reflejadas en muchas enfermedades y dolencias físicas); por el contrario, Dios nos da todo y junto con ello el deber de administrar de la manera correcta todo lo que El nos da, y el pecado viene cuando lo administramos mal, y cuando abusamos (le damos un uso que no es aquel para el cual Dios lo diseñó).

No hay que confundir la religiosidad con una verdadera comunión con Dios; sin duda muchas personas no pecan aunque quieren porque piensan en su religión (y la religión, sea cual sea, no tiene que ver en absoluto con Dios), pero cuando una persona desea realmente tener comunión con Dios, conocerle, buscarle, estar con El, amarle, esta persona en verdad no va a querer pecar, no va a sentir deseos de hacerlo; ya no es un asunto de hipocresía, de pensar en el qué dirán, o de hacer o no hacer algo por sentirse obligado, ahora es diferente, ahora es un asunto de rechazar voluntariamente, con convicción y con honestidad el pecado y de desear de todo corazón, con toda el alma a Dios y a todo lo que es del bien, y eso trae como maravillosa consecuencia el aborrecer el pecado a conciencia y con total transparencia, y entonces buscar hacer el bien y alejarse del mal llega a ser algo tan normal, tan natural, y que satisface en lo profundo a tal ser humano, mucho más que el "pecar bien"; quien no ha vivido esto mismo, quien no lo ha experimentado, no lo puede entender, y quien no ha llegado a conocer realmente a Dios no lo puede comprender.
...

Anónimo dijo...

...
Hace poco tiempo atrás escuché una frase que alguien expresó como producto de su vivencia personal, esto fue lo que dijo: "desde que soy cristiano ya no puedo pecar en paz"; esto fue algo que dicha persona admitió después de comenzar a vivir una real comunión con Cristo, y con esto él no se refería a que no se sentía bien pecando porque un sacerdote le dijo que no debía pecar, o que fue porque sintió que alguna iglesia le impuso el no pecar, ¡no!, fue algo que salió de sí mismo porque Dios lo puso allí, era el Espíritu Santo que le hablaba a su corazón haciéndole ver lo malo de su pecado y buscando su arrepentimiento, que no es lo mismo que remordimiento, el arrepentimiento es dolerse sinceramente de haber pecado, un deseo genuino y voluntario de no querer pecar más, y por tanto no volver a hacerlo. Esto es bueno, porque nos acerca más a Dios y nos conduce a estar en paz con El, a identificarnos con El y a disfrutar de El, y le permite a Dios hacer de nuestras vidas algo realmente grandioso y a poner en alto nuestros nombres, ¿pero cómo se puede cumplir esto si vivimos siempre en el error y sin que nos importe?, ¡es imposible!, aún por más que Dios mismo anhele darnos toda esa bendición, si nosotros no la queremos no hay nada que Dios pueda hacer al respecto aunque El lo desee; porque Dios es justicia, amor y bien, y por tanto no hay forma en que pueda tener comunión con el mal, no puede mezclarse con el pecado, así que si nosotros buscamos el mal y practicamos el pecado pues obviamente, por lógica, queremos vivir apartados de él, porque no tiene sentido en absoluto buscar el bien y la justicia al mismo tiempo que se busca el mal, que es todo lo contrario. Así que siéntase dichosa la persona que al pecar no encuentra satisfacción en su pecado y quiere cambiar de todo corazón, porque esta es su gran oportunidad de convertirse en una mejor y excelente persona, en la verdadera y auténtica persona que Dios creó, ¡¿porqué querer seguir siendo gusanos que se arrastran cuando tenemos el maravilloso potencial que El nos dio de convertirnos en espléndidas mariposas?! :-)