martes, 6 de agosto de 2013

TU AUTOESTIMA

Me parece muy natural que cuando las cosas te van bien estés contento y cuando vienen mal dadas te arrugues, eso es lo que nos pasa a todos, pero no que tu estado de ánimo dependa de esa manera de lo saciado o hambriento que esté tu ego. Sin duda el bienestar y la felicidad guardan una estrecha relación con la autoestima, pero lo tuyo, chaval, es de libro.

En las etapas en que tu vida ha discurrido por un sendero algo tortuoso, aunque mucho menos de lo que tú te crees, has deambulado por ahí con la cabeza gacha, mirando al suelo y con una voz que no te llegaba al cuello de la camisa. Cuando la suerte (a la que tú responsabilizas de todo) no te sonreía en algunas facetas, ibas haciéndote el mártir, quejándote como una plañidera, sin ser capaz de disfrutar de aquellos otros aspectos en los que eras y sigues siendo privilegiado. Siempre andabas sin aliento, sin energías ni para defender lo tuyo. Eras hoja caída que todo el mundo pisaba y hasta te dejabas apabullar por gentuza que no te llegaba ni a los zancajos, tal era tu pobre concepto de ti mismo. Solo veías a las mujeres como amigas pacientes a las que contar tus penas. Todo porque un par de piezas a las que absurdamente dabas una importancia vital no acababan de encajar en el puzle de tus aspiraciones.

Pero la tortilla de patatas se volteó felizmente en la sartén y al final salió sabrosa y doradita. Pillaste un ciclo bueno, tus objetivos se cubrieron y ahora te crees el rey del mambo. En estos momentos te consideras un puto triunfador, dando de nuevo demasiada importancia a lo que no la tiene. Tras conseguir lo que llevabas tantos años anhelando, tu ego se ha hinchado como un ridículo globo de color fosforito, y ahora andas erguido, contoneándote un poco y hasta adoptas poses de chulo de putas cuando pides las copas en la barra. Tu voz de nena suplicante se ha transformado en el tono cabroncete del sargento de hierro y les arreas buenas andanadas a los amigos en las discusiones: ya no te callas ni debajo del agua cuando te dicen lo que sea. Ahora pisas tú o castigas a la gente con tu indiferencia. Ah, y miras a todas las tías como un sultán a las jóvenes de su harén, en plan “ igual hoy te toca, chata”.

Dices que has espabilado, que la vida te ha espabilado, pero para nada. Lo que pasa es que tienes una autoestima de plastilina. Eres tan inseguro que cuando tienes sed y consigues agua, te atiborras hasta reventar por miedo a no ser capaz de volver a encontrarla. Eres como ese árbol delicado que se muere a la mínima sequía o helada pero en tiempos de abundancia crece soberbio, chupando la humedad de las demás plantas, arrancando arbustos y derribando tapias con sus raíces insaciables.

7 comentarios:

El chico de los tablones dijo...

Me gusta cuando escribe en segunda persona del singular, sr. Neri; creo que así consigue textos menos impersonales y más pasionales.

En cuanto al tema concreto del post, creo que la autoestima es determinante del éxito de uno en muchos ámbitos. Por ejemplo, yo siempre he pensado que ligar, aprobar, vencer en una competición... tienen mucho que ver con la confianza en uno mismo.

Si para la inmensa mayoría de los mortales la vida es una sucesión de éxitos y fracasos a nivel personal, quizá lo más sano sea dejar que la autoestima fluctúe muy levemente sobre esa línea equidistante entre crisis y éxtasis. Pero por desgracia esta sobriedad emocional queda al alcance de muy pocos: yo soy el primero que tiende a sobrealimentar el ego propio en los buenos tiempos y a minarlo en los malos. No todos estamos preparados de igual forma para combatir el éxito o el fracaso imprevistos, ni todas las rachas (buenas o malas) duran lo mismo.

Moneypenny dijo...

La autoestima es la hermana pequeña de la personalidad y lo que tiene que hacer es crecer adecuada y educadamente, ¿no cree usted sr. Neri?

Un saludo, Money

Chafachorras dijo...

No existe más enemigo
ni fuerza más poderosa
que la pobre y borrascosa
afición por el castigo
de uno mismo. Y yo coligo
que es mejor quererse un poco
que no es asunto de locos
empezar por uno mismo,
y tampoco es egoísmo
centrar un poquito el foco.

Cuanto infeliz ha empezado
por no quererse en la vida
y sin embargo es sabida
la suerte del quebrantado
que se torna en levantado
sólo con darle cariño.
¿Por qué no ser como un niño
que todo cree que merece?
¡Levántate, vive, crece!
¡Y no me seas pestiño!

Chafachorras dijo...

Me lleva usted, Sr. Neri, a hacer versos serios cuando yo con lo que disfruto en mis rimas es con la sátira mordaz y despiadada.

A este paso va usted a conseguir convertirme y hacerme menos malvado.

No se yo si será bueno eso o no

Un saludo y siga interesante e intenso, como es habitual

Capitan Trueno dijo...

Buena descripcion del tipico "rico nuevo", Sr. Neri!

A la persona se la conoce precismente cuando le va bien. Es normal que a todos nos venga la depre cuando estamos faltos de fortuna...pero al caballero, a la persona equilabrada se la conoce en saber ser el mismo cuando es facil que a uno se le suba a la cabeza. Hay mucho mamon asi.

La lozana andaluza dijo...

Yo creo que la autoestima hay que tenerla siempre bien alta,yo siempre la tengo,porque yo lo valgo como el anuncio.
De Gibraltar,creo que si le diesemos guisqui gratis a todos los adolescentes ingleses durante un día nos devolverían el peñon.

Al Neri dijo...

¡Un aplauso, Chafachorras! Vaya poema chulo que le ha inspirado el post. Muchas gracias por su participación.

Tablones y Moneypenny, cuánto tiempo. Bueno, Tablones, usted alimente su ego pero no hasta el punto de depilarse todo el cuerpo :-). Money, estoy totalmente de acuerdo. La autoestima es como una enredadera, que puede ser una planta preciosa o destrozarlo todo a su alrededor.

Buena propuesta la de el whisky, Lozana. Aún no he visto la peli que me recomendó; no han abierto aún las Salas Emule.

Trueno, no se trata solo de riquezas. Aunque están disparan el ego hay otros muchos factores que cumplen una función parecida (trabajo, pareja, etc)