jueves, 14 de febrero de 2013

EVOLUCIONAR

Hace poco alguien que se supone que me conoce bien me insinuó que sigo con las mismas ideas políticas que cuando tenía veinte años y que no había evolucionado nada. Le respondí que desgraciadamente había matizado bastantes de mis posicionamientos, había sido infiel a otros tantos y había “evolucionado” hacia donde me había interesado.

Aunque también depende de cada persona, hemos de admitir que la generosidad es una virtud que con los años se pierde a chorros. No hay más que fijarse en el individualismo terrible de muchos abuelos.

Con veinte años los chavales podrán abrazar una ideología más o menos equivocada, pero la abrazan sin dobleces, sin segundas intenciones, por puro altruismo; la adoptan porque piensan que es la mejor para alcanzar un mundo más justo y más humano, y son consecuentes con ella, a veces de un modo ingenuo pero siempre desinteresado.

A esa virtud veinteañera le empiezan a salir agujeros cuando aparece en escena la mierda del dinero, cuando empiezan a surgir motivos para pensar en uno mismo antes que en nadie, como el péndulo de la hipoteca, la servidumbre del trabajo, los estúpidos caprichos que hacen de válvula de escape de una vida de esclavo, las necesidades de la familia de uno o las patadas en el culo que va arreando la vida. Llega un momento en que la mayoría se olvida de sus ideas juveniles y se entrega a filosofías más compatibles con sus nuevas necesidades y su nuevo modus vivendi. Algunos otros seguimos obstinados en una defensa al menos formal de nuestros viejos valores, pero sabiendo en el fondo que nos han metido goles a mansalva y no hablando muy alto, no sea que alguien nos calle la boca comparando algunas cosas que decimos con las que hacemos. Por último hay una minoría de generosos contumaces, de aguafiestas iluminados, que conservan y viven rectamente los ideales que un día, siendo unos muchachos, se encendieron en su corazón. Estos a veces da la impresión de que solo saben escupir hacia arriba y arrojar grandes pedruscos contra su tejado. Se les tilda de inadaptados y se les acusa de no saber evolucionar, pero para mí son los mejores. Dios los bendiga.

¡Anda que he evolucionado! He evolucionado al compás de mis intereses, de mis debilidades y de las asquerosas circunstancias que, de chaval, me parecían gigantes fáciles de abatir y hoy que las conozco de cerca se me antojan molinos de aspas fuertes e implacables que ya me han desmontado unas cuantas veces de mi rocín. Solo me queda envidiar a los íntegros y consolarme pensando que si me resisto a cambiar de ideas es porque, a pesar de todo, aún acierto a distinguir el bien del mal.

Sobre este tema en La pluma viperina:

- Un idealista
- Soy un incoherente

7 comentarios:

Carlos Tuñón dijo...

Fabulosa reflexión. En el desastre actual que nos rodea, parece que evolucionar es sólo aquello que tenga que ver con dinero y poder. Dedicarse a tareas humanistas se considera una pérdida de tiempo.
Confiemos en que dentro de unas décadas vuelva una educación capaz de transmitir valores que pongan las cosas en su sitio, como la amistad, la cultura, el respeto, la familia o el honor.
Un saludo.

Zorro de Segovia dijo...

creo que la inocencia de la juventud está sobrevalorada y parece que todos los males vienen del resabio que dejan la edad y las desilusiones ...
No puedo ser tan indulgente.
Desconozco a qué edad se conforma el carácter, pero a los veinte, al que va a ser un adulto cabrón ya se le adivinan las rayas.

Y afortunadamente, hay niños generosos, adultos generosos y ancianos generosos.

Respecto a las ideas políticas, es indudable que la mayoría, con la edad, nos volvemos más cautelosos y de ahí eso de "que nos hacemos de derechas". De derechas no, conservadores sí.

Capitan Trueno dijo...

Todos hemos evolucionado, poco o mucho, porque la vida es movimiento y cambio (deseado o impuesto), y nuestros habitos, costumbres e incluso ideales pueden cambiar.

No siempre la evolucion es unicamente motivada por perfidos o egoistas intereses. Hay veces que la reflexion de los acontecimientos a la luz de nuestras experiencias vitales nos hagan cambiar mas de lo que nunca pensamos que lo hariamos.

Es bonito el idealismo de la juventud, pero tambien lo es la experiencia adquirida con las lecciones aprendidas y la perspectiva de las cosas que se gana con la edad y vivencias.

Yo me considero a dia de hoy un idealista, pero debido a mis lecciones aprendidas, a mis nuevas responsabilidades y a mi edad, ya no me meten tantos goles como antes (reconozco que antes yo era mejor persona, pero tambien un poco pardillo).

Nago dijo...

A veces, al menos para mi, es muy necesario desaprender lo aprendido. No es bueno estar muy tiroteado... de todo.

Capitan Trueno dijo...

Naco,

Llevas toda la razon, pero como se hace eso? A no ser que uno tenga Alzheimer...

Nago dijo...

Es muy fácil, Capitán, por eso algunos tropezamos varias veces con la misma piedra porque olvidamos pronto (según qué cosas). Además yo tengo memoria selectiva; procuro acordarme solo de lo bueno, lo malo lo dejo en "standby".

Pero sobre todo, cuando aprendo de los demás... ¿te has fijado en que, la gente despistada y olvidadiza suele ser, por lo general, más feliz y hasta menos rencorosa?

Siempre llegará alguien a tu vida y te dará una lección que aplicar a la tuya.

Pd. Aunque si te soy sincera, otra cosa no, pero (para mi desgracia) la vida me ha concedido una memoria prodigiosa, pero eso solo implica que, me cuesta un poco más de trabajo olvidar que a otros (según qué cosas).

Al Neri dijo...

Zorro, cierto que ni de coña todos los jóvenes son generosos. Pero los que lo son, al "madurar" lo son mucho menos.