martes, 6 de noviembre de 2012

SE PONEN TONTORRONAS


Aurelio es un tipo de mi edad, bien parecido. Llega cada mañana a la oficina con su repeinado de molde, hecho un pincel y, antes de quitarse su trenca beige impecable, se asoma al despacho de Marieta, una administrativa que rondará los 60, y le alegra la mañana:

- ¡Muy buenos días, Marieta! –la contempla unos segundos con pose teatral- ¡Pero qué elegante y qué guapísima has venido hoy! ¡Dichosos los ojos!

Igual que en una película de los años 50, la compañera le reprende entre risitas, pero más contenta que un ocho, “halagador, que eres un halagador”.

Luego les toca el turno a dos compañeras de su departamento, casadas como él, aunque bastante mayores, una a punto de jubilarse.

- Chicas, es que da gusto trabajar aquí. ¡Habéis venido preciosas! –y si estoy yo delante me mira con sonrisilla cómplice y me involucra- : ¿Verdad, Neri, que están bien guapetonas?

Yo suelo poner cara de circunstancias y me libro del compromiso musitando “sí, sí, sí”, mientras hago como que guardo algún papel para disimular mi vergüenza ajena.

También lanza requiebros similares a la ordenanza de la planta baja, a la jefa del negociado de Catastral e incluso alguna vez que viene emocionado a su propia jefa directa, que pone los ojos en blanco y ligeramente colorada le dice “ay, ay, ay, qué hombre, qué hombre”.

Un día a solas le comenté riendo que cómo se pasaba, que menudo tenorín estaba hecho y que no había duda de que era el gallo del corral. Cerró de golpe la Moleskine con cara de pillo y me explicó:

- Neri, qué poco entiendes de mujeres. ¿Tú no sabes que a las tías hay que decirles estas cosas porque se ponen muy tontorronas y luego no te niegan ningún favor en el trabajo?

Me confesó también que solo tenía dos límites en su audacia: piropear siempre con testigos y jamás a tres tipos de compañeras: a las que de verdad están muy buenas, a las muy jóvenes o solteras, y a la gran jefa, por supuesto, por obvias razones de decoro y, en el último caso, de seguridad personal y laboral.

Bromas aparte, y aunque reconozco que lo de las galanterías en el trabajo depende mucho del tono, del estilo y del tacto, y que Aurelio es un maestro y le sobra delicadeza, a mí no me van mucho tales comportamientos. Mis reticencias no solo se deben –lo admito- a mi innegable falta de habilidad en la materia (si lo hago yo fijo que se piensan que me ponen de verdad), sino a que considero el espacio de trabajo un lugar incompatible con ciertas expansiones y con ciertas bromitas.

Parto de que mi compañero, como él mismo admite, no se dedica a arrullar a todas a diestro y siniestro, y mide mucho y bien cuándo y con quién lo hace, pero a mí de alguna manera me aterraría incurrir en algún equívoco o, mucho peor, ofender a la destinataria del cumplido, y más en estos tiempos en que los acosos y mobbings laborales, sexuales y demás se han convertido en muletillas recurrentes en el mundo profesional. Vete tú a saber, igual le dices a una compañera que está muy guapa y se piensa cualquier cosa (por ejemplo, que eres un guarro) o se siente invadida en su intimidad, y a mí la intimidad y las distancias de seguridad de la gente que no conozco demasiado me parecen sagradas.

Pero en definitiva cada uno se comporta como le gustaría que se comportasen con él. A mí desde luego, aunque es técnicamente imposible, me sentaría mal, muy mal, que una compañera me llamara guapo. Hasta cierto punto considero aceptables los comentarios sobre la ropa y los peinados recién estrenados, o sea el típico “¿peinado nuevo, María? Te queda muy bien”, o un neutro “anda, qué vestido más chulo”, asegurándonos antes de decirlo de que no sea demasiado ajustado y escotado, y no vaya enseñando las tetas, como el otro día la nueva del departamento del fondo, que ni Aurelio tuvo huevos para a ir a soltarle sus tonterías. Pero nada de pasar de ahí: pura cortesía sin adornos y con moderación. La semana pasada, por ejemplo, a mí me dijo una chica de mi centro directivo que mis gafas eran muy bonitas. No sé si es que se había pasado semanas buscando afanosamente algo bonito en mi persona, si es muy educada o le molan mis lupas sin más.

En mi aversión hacia cualquier exceso interpersonal en el trabajo influye también bastante mi carácter, pues en el fondo yo soy un poco como el vasco del chiste del Rólex y las setas (minuto 1:36) y al trabajo voy a trabajar y punto, sin que se me pase siquiera por la cabeza la posibilidad de hacer amiguetes, de contar mi vida o dejarme contar la de los demás, ni mucho menos de coquetear con las profesionales que trabajan conmigo. Eso no quita que con el tiempo se pueda tomar afecto a un determinado compañero o te puedas echar unas risas, pero sinceramente no me prodigo demasiado y en general resulto distante. Una prueba de mi rigidez, si quiere llamarse así  (y que por cierto era aún mayor hace años), es la anécdota de una compañera que, según me contaron tiempo después, me estuvo tirando los tejos un verano en uno de mis destinos. Yo la notaba una simpatía especial hacia mí y me parecía un poco insistente en lo de tomar cañitas a la salida del trabajo, pero entre lo cuadriculado que soy para estos temas del ambiente laboral, que tenía la cabeza en otras cosas y en otra persona, y que la tía era sindicalista de Comisiones, se ve que di poco juego y me dejó tranquilo. Luego me lo cotillearon otras compañeras en el desayuno y quedé como un gilipollas.

13 comentarios:

Aprendiz dijo...

Hay gente que esas cosas les salen muy naturales, y creo que las mujeres no esperamos nada de ahí. Ahora, si un chico tan seco como tú empezara a decirle tonteriíllas de esas a una chica, sería sospechoso..;-)

Pero a mí tampoco me gusta que en el entorno laboral la gente se tome esas confianzas. En mi despacho nadie me va a decir nada, porque trabajo con mi padre y mi tío, y mi compañera no me va a tirar los tejos, pero cuando voy a los organismos oficiales, si me dijeran algo me lo tomaría a cumplido, porque todos son bastante más mayores que yo, pero si me los hiciera alguno jovencillo me pensaría que busca algo :-p

nago dijo...

Aurelio, Aurelio, Aurelio... qué listo es Aurelio. Quinteligente. ¿Y yo que siempre he pensado que era al revés?

Si ya lo dice el refrán ..."donde tienes la olla..." eso, eso es precisamente lo que le iba a decir yo a Aurelio:
-lo vas a hacer tú...con tu *olla!

... ¿pero todavía quedan de esos?

nago dijo...

...y ahora sigue haciéndome la pelota: que me gusta, Aurelio!!! :))

tomae dijo...

Aurelio tiene las cinco vocales, tal como abuelito y murciélago ...

La mejor que he oído nunca:

¡te voy a pedir pa Reyes!



Aprendiz de brujo dijo...

Yo creo que es todo un arte, piropear a quien agradece tu piropo; y no pasarse ni medio cm con quien odia la menor licencia.
La clave está en la sujeta pasiva siempre.
Y ahí cada mujer es un mundo.las hay, que efectivamente lo necesitan y agradecen sobremanera;las hay que les encanta según de quien venga; y las hay que se sienten intimidadas, baboseadas y molestas.
Yo soy muy muy agradecido. Me podeis piropear todo lo que querais. Hace tiempo que no me sonrojo. Lo más que puede ocurrir es que salte alguna alarma en la entrepierna.(El que avisa si es traidor).

Mª Asunción Balonga Figuerola dijo...

AMIGO NERI, AQUÍ EN cATALUÑA QUE SOMOS MUY SERIOS, SE PRESENTA USTED EN LA OFICINA Y PIROPEA A UNA CHICA Y LE CRUJE CON UNA DEMANDA POR ACOSO SEXUAL.
Yo personalmente como ADB ¡TIO BUENO! soy de otra generación y no me molestan los piropos SINCEROS Y AMABLES, ASÍ QUE NO SE CORTE.
Un beso, hombre que todas las catalanas no somos iguales, aquí tiene una muy dicharachera...me ha gustado el post porque estoy ya de dramas...
Asun
PD TENGO ESTROPEADAS LAS MAYÚSCULAS, PERDÓN...¡¡¡NAGO, COMPORTATE!!!¡Estas chicas guapas!...

nago dijo...

¡ay! perdón! se me ha escapau! :)))

Si yo no digo que no me gusten los piropos, de hecho son una constante diaria en mi vida, vamos es que salir por la puerta... y zaska! -guapaaaaaaa...??? aaaaaaaaaajajaja :S
Lo que yo no consiento es que un "tontorrón" se crea que le voy a sacar el trabajo o hacer un favor solo porque me adule.
De hecho ya lo he consultado! He enviado a D. a la oficina de N. sugiriéndole los piropos más hermosos y su mejor sonrisa y le he dicho "despues le pides que te ponga un libre en Nochebuena" Já!!!. Tonta que es N. no te digo.... pero ni N. ni ninguna.
Prueba cotejada hoy mismo! y aquí la dejo pa que conste en acta...;))

Y que el Aurelio este me ha caído fatal! hágaselo saber por favor. Transmítale mi repugnancia...

Ustes sí que es un caballero Sr.Neri y no es adulación. Quien le tacha de machista no sabe lo que dice... jejejeje...

Ramiro Semper dijo...

Muy buen artículo, Sr. Neri. Todavía me estoy riendo al imaginarle perseguido sin saberlo por la de Comisiones. Nada fastidia más que las oportunidades perdidas. Sobre todo las oportunidades perdidas de darse un revolcón inesperado. En cualquier caso, estoy de acuerdo con Ud. en la necesidad de mantener ciertas cosas lejos de la olla, usted ya me entiende.

sefo dijo...

A mí me sientan fatal los piropos y adulaciones hechos por hombres sobre la belleza de las mujeres, me parecen sexistas aunque no sean chabacanos y en el trabajo están fuera de lugar.

marian dijo...

Una vez me llamó guapa un señor, me sentó genial hasta que cogió un baston blanco y me vendió un cupón que terminaba en 9.

En fin.........¡¡¡guapazos, que sois unos guapazos!!!!

Zorro de Segovia dijo...

todavía no he conocido una mujer a la que le disguste que le digan que está guapa, aunque ... si la mentira es muy evidente ... eh, no tampoco. Incluso así, es agradable.

Al Neri dijo...

Aprendiz, totalmente de acuerdo. La naturalidad es la clave, aunque como hay algunas a las que les disgustan mucho los piropos y yo no sé diferenciar bien, mejor me abstengo, a parte de que jamás me saldría.

Nago y Semper, lo de Aurelio no es en absoluto un tema de olla y polla. Es más bien una forma de cortesía acaramelada que yo no comparto. Pero él sabe muy bien con quién lo hace. El perfil de las beneficiarias de sus piropos suele ser siempre el mismo: señoras de cierta edad, muy simpáticas y ligeramente coquetas.

También tengo comprobado que las mujeres más jóvenes o las que más mandan llevan mucho peor las galanterías, posiblemente por razones culturales y de educación.

Tomae, quisiera comentarle que por razones que desconozco todos sus comentarios van automáticamente a la carpeta de spam del blog, de donde los tengo que rescatar en cuanto me doy cuenta. Por eso a veces tardan en salir...

Asun, por aquí por la meseta profunda le aseguro que las mujeres tampoco son precisamente receptivas a los piropos espontáneos de los compañeros.

Marian, es que el ciego tenía mucha intuición...

Zorro, yo le presentaba alguna que conozco para que probara a llamarla guapa, y se iba a tambalear bastante su teoría.

Aprendiz de brujo dijo...

Hay que ver como contestas a todo el mundo. Eres un caballerazo.