viernes, 16 de noviembre de 2012

ENCAJANDO CRÍTICAS


Ya demasiado tarde aprendí que la mayoría de los cerebros humanos no están programados para encajar críticas de ninguna clase.

Lo llamemos consejo de amigo, crítica constructiva, corrección fraterna, sutil indicación, necesaria censura o como queramos, desengañémonos, porque a la gente no le gusta nada que le reprueben, ni en lo gordo ni en lo pequeño, y si tenemos por costumbre quejarnos abiertamente de lo que no nos gusta de las personas que nos rodean, tarde o temprano pagaremos la factura en forma de caso omiso, desprecio o alejamiento personal, cuando no de venganza traicionera, de torpedo a nuestra línea de flotación en cuanto nos descuidemos.

Casi nadie aguanta bien las críticas, ni con razón ni sin razón. A veces no queda otra que soportarlas y los ejemplos más claros son las que vienen del jefe en el trabajo y las que lanzan los padres a sus hijos ya creciditos que aún no han dejado el nido. Estas críticas se toleran por propio interés o porque no hay escapatoria, o sea por no perder el puesto o porque aún no podemos largarnos de casa de papá, pero a la larga quienes son muy criticados en el mundo laboral o en el familiar desarrollan unos resentimientos insanos que pueden explotar de la peor manera, aunque sea muchos años después. El rencor queda ahí grabado y seguro que condicionará la futura relación con los padres o con otros jefes.

Piénsatelo bien cuando vayas a criticar a un amigo a la cara, porque lo más probable es que, reaccione como reaccione en ese instante, jamás se olvide de esa crítica y la conserve incluso años clavada como un aguijón, y antes o después te devuelva el “golpe”, justa o injustamente, venga o no venga a cuento. Es mejor que te calles la boca o que te busques amigos sin esos defectos que te parecen reprochables a que eches una regañina a un colega, ni con las mayores sutilezas.

Las críticas más justas, más sinceras, más honradas, las hechas con la mejor intención, se terminan volviendo contra a uno como el boomerang de un bosquimano.

Yo soy un fanático de la puntualidad. Los impuntuales habituales me parecen unos irrespetuosos y cuando era más joven emprendí una cruzada para corregir a algunos de los que tenía más cerca, amigos sobre todo. La cruzada simplemente consistía en quejarme y en decirles que a ver si estaban más al loro de la hora la próxima vez. Pues bien, no solo no conseguí jamás que nadie cambiara sus hábitos, sino que encima yo pasaba mal rato gruñendo y se generaba mal rollo. Si un día de mil yo llegaba diez minutos tarde, había buitres que se cebaban conmigo hasta saciarse, aunque pidiera mil perdones. Los impuntuales de entonces son los muy impuntuales de ahora y si quiero quedar con ellos, ya sé lo que hay. Tengo que agachar la cabeza.

Ladra, chucho, que no te escucho

En los momentos bajos, cuando la peña está derrotada y con la guardia por los suelos, aparentemente acepta mejor los reproches. “Has sido un irresponsable, Fulano, joder, admítelo”, “sí, tío, tienes toda la razón, la he cagado, soy un desastre”. ¡Ja! Esos son los peores. Cuando vivas una situación así, apunta bien el día y el año, y verás como en poco tiempo, caput, la amistad a tomar por saco. Primero se mostrará frío, luego dejará de llamarte y al final es como si nunca te hubiera conocido. Eso sí, el día que tú patines, porque patinarás, será el primer hijoputa que te diga a bocajarro que eres un irresponsable.

Es como lo de decirle a un colega, para animarle, que la tía que acaba de plantarle es una zorra. Como terminen volviendo, te puedes agarrar. Los dos te mirarán fatal para siempre.

Con esto de las críticas también juega un papel muy importante la legitimidad. Una corrección puntual puede ser digerida de cierto buen grado si creemos que el que nos la formula tiene derecho a hacerlo. Lo malo es cuando nos saca los colores un sujeto al que no conocemos, al que tenemos una manía considerable o del que sabemos a ciencia cierta que eso mismo que nos reprocha lo hace él a todas horas. Entonces, por mucha razón que tenga, por mucho que debiéramos hacer caso del comentario por nuestro bien, se nos enciende el amor propio y mandamos al criticón a tomar por donde amargan los pepinos.

El problema es que la mayoría de la gente no considera a nadie legitimado para que les critiquen.

A mí tampoco me gusta nada que me critiquen, lo que pasa es que haciendo balance de mi vida hasta ahora me percato un poco avergonzado de que muchas de mis virtudes, de mis escasos logros, de las iniciativas de las que más orgulloso me siento, se los debo a críticas que me han hecho mi familia, mi gente, mis jefes o mis compañeros. He tenido la gran suerte de recibir críticas algunas veces dolorosas pero casi siempre oportunas y útiles, que me han servido como trampolín, como acicate para mejorar en bastantes cosas. A mí también me ha costado olvidar alguna censura que me han hecho, pero otras, la mayoría, las he terminado agradeciendo aunque fuera a regañadientes. Observo que la mía no es una actitud demasiado habitual.

7 comentarios:

Aprendiz dijo...

Me ha gustado mucho la entrada.

A mi así de golpe, me pone bastante enferma que critiquen algo que he hecho mal, he observado que no encajo que me critiquen, pero como a tí, esas críticas se me quedan grabadas y luego me hacen reflexionar.

Esto no es algo que me guste airear, porque hay gente pedante que por ejemplos como este creen que hacen un bien a la humanidad corrigiendo constantemente. Y es que se trata de aprender a hacer una crítica en el momento adecuado.

Para mí ese momento es cuando sienta que la otra persona me la está pidiendo a gritos, porque sabe lo que le voy a decir y quiere escucharlo; o cuando por culpa de ciertos comportamientos la amistad se haya deteriorado y crea que callando se va a perder del todo, y que diciéndole las cosas claras puede haber una oportunidad.

Recientemente de hecho le eché el sermón a una amiga que su vida el último año se estaba desvaratando en todos los ámbitos y me llegaban noticias de que estaba amargailla. Quedé con ella, y con todo el tacto que pude (porque yo voy mucho al grano) pero con toda franqueza y con el cariño que le tengo de verdad, le dije las cosas claras de cómo con su comportamiento la estaba cagando por todos lados.

Duele conocer la verdad, pero es lo único que puede hacernos salir adelante. En mi vida hay mucha gente que me ha dicho las cosas claras y aunque he tratado de rebelarme, son las que me han hecho saber qué tengo que hacer para llegar a la persona que quiero ser.

Y esas pequeñas críticas a las amigas impuntuales, criticonas, egoístas... inténto guardármelas, dejarlas caer quizás en un momento dado y punto. No por cabrearte con tu amiga cada vez que llegue tarde, se va a volver más puntual, como tu dices.

Capitan Trueno dijo...

Muy interesante este hilo.

En principio una critica nos revela lo imperfectos que somos, y como tal, es algo que se toma de forma negativa. Es propio de la falta de humildad que existe tan generalizada hoy en dia. La humildad, esa virtud cristiana tan importante para la vida espiritual, y ojo! tambien para conducirse en sociedad armoniosamente, es detestada por todo el mundo como apocamiento o pusilanimidad.

Por esa causa, las criticas son mal tomadas por casi todo el mundo. Sr. Neri, yo debo pertenecer a esa minoria formada por aquellos a los que una critica hecha con buenas maneras y espiritu constructivo (para mi mejora como persona o profesional) no solo no la tomo mal, sino que la agradezco.

Virginia dijo...

Hummm... y sin embargo, como Aprendiz, sigo pensando que hay veces que hay que decirlo.

No esas críticas pequeñas acerca de la puntualidad, si no las cosas importantes con las personas que verdaderamente aprecias. Cuando la están cagando estrepitosamente, y parece que todo el mundo habla de ellos a sus espaldas, pero nadie se atreve a decirles nada a la cara.

Por fortuna sólo me han tocado un par de papelones de este tipo. En ambas ocasiones he pensado que los destinatarios se enfadarían conmigo durante meses, dejarían de hablarme y bla bla bla, pero para mi sorpresa hubo cambios de actitud y agradecimiento.

Pero ya digo que eran personas importantes para mí, jamás me atrevería a hacer algo así con una persona con la que no tengo absoluta confianza.

Y pensándolo bien, quizás sea un comportamiento en parte egoísta: no puedo ver como alguien a quien quiero se va poniendo de mierda hasta el cuello sin pillarlo por banda y decirle las cosas claras a ver si espabila, me sentiría fatal. También porque creo que en determinadas situaciones a muchas personas les cuesta ser objetivos y necesitan algo de imparcialidad, eso de que el árbol no deja ver el bosque.

Pero bueno, que me lío. Supongo que el meollo de esta cuestión es qué estamos criticando y el cariño que nos une a la persona objeto de la crítica.

Aunque definitivamente, seguro que ninguna es directamente bien recibida sin una buena digestión...

Al Neri dijo...

Quizá el truco está en conseguir que una crítica no lo parezca. Es lo que recomiendan los psicólogos. Ejemplos: Al amigo que llega tarde media hora por sistema: "ay, cómo me gusta que la gente llegue a su hora y no tener que esperar en la calle"; al compañero que no da pie con bola en un informe: "no veas lo útiles que son los informes bien hechos y sin errores constantes"...

Hace dos semanas estuve en un curso sobre atención al ciudadano y hubo una parte en la que nos dieron pautas para decir que no a la gente de manera suave. Nos dieron 10 frases más o menos cortantes y su traducción educada al lado. Fue de morirse de risa porque el resultado al final sonaba tan cínico que desde luego yo soy el ciudadano y me mosqueo muchísimo más.

Un ejemplo:

"No insista, porque no lleva usted razón. No está entendiendo el problema y es imposible hacerlo como usted dice"

Traducción políticamente correcta: "Agradezco y valoro su punto de vista, aunque mi visión del problema es muy diferente. No veo más salida que intentarlo hacer como yo le estoy indicando".

Aprendiz de brujo dijo...

Muy buena entrada. con mucho jugo.Como siempre, exageradas dosis de misantropía,(digo exgeradas, no falsas).
Las críticas son duras de encajar, y en el fondo el mejor crítico es uno mismo. Nadie nos conoce mejor, que nosotros.
Aún así, a veces no queda más remedio que afrontar una situación de estrés y se forma una pelotera cojonuda, de la que una relación puede salir fortalecida. En palabra de Peter Clemenza,"ayuda a limpiar la mala sangra".
Hay personas con un espíritu crítico muy acentuado hacia los demás, que no tienen ninguna deportividad para encajar la crítica en su persona. Eso es lo que más me jode al respective.

C. S. dijo...

Caray, Sr. Neri, pues en eso de encajar críticas yo a Ud. lo considero un maestro. Mi respeto y admiración por ello.

h.j. dijo...

¿qué decirte? es un error de concepción pensar que alguien está programado para recibir o no, es una cuestión cultural o ¿te refieres a eso?

interesante comentario de Neri