No me gusta demasiado Javier Cercas ni sus equilibrismos para conjugar historias reales y tramas de ficción. Leí en su momento, cómo no, Soldados de Salamina (2001), atraído por su argumento íntimamente relacionado con la figura de Rafael Sánchez Mazas, cofundador de Falange Española, pero no me entusiasmó, y en esta ocasión el anzuelo que me ha llevado a hincarle el diente a Las leyes de la frontera ha sido uno de sus protagonistas, El Zarco, un trasunto gerundense del célebre chorizo y homicida de los suburbios de Barcelona Juan José Moreno Cuenca, alias El Vaquilla, a cuyas hazañas ya dediqué en su día una entrada. Como muchos sabéis, soy un gran aficionado a la criminología.
La historia comienza en Gerona, en plena Transición, en el verano de 1979. Ignacio Cañas, un retraído adolescente de 15 años de clase media, se refugia en los salones recreativos de su barrio para eludir el bullying despiadado al que le someten varios compañeros de clase. Allí conoce por casualidad a El Zarco, un muchacho marginal que lidera una peligrosa banda dedicada a robar coches, reventar chalets y atracar bancos empleando armas de fuego. Seducido por la aventura, por el peligro y, sobre todo, por la atractiva macarrilla Tere, Ignacio (al que rápido apodan El Gafitas) se une a la partida y participa como los demás en innumerables tirones y asaltos a bordo de Seats 124 con el puente hecho. En pocos meses la policía desmantela el grupo. Casi todos son detenidos, pero El Gafitas se libra porque un joven inspector de policía, tras hablar con su padre, se apiada de él y decide darle una oportunidad a la vista de sus antecedentes y de su ambiente familiar.
Veintiún años después El Zarco es el delincuente más famoso de España. Condenado por toda clase de crímenes y convertido por la prensa sensacionalista en enemigo público número uno, no ha salido de prisión en todo ese tiempo y ha llegado a protagonizar numerosos motines carcelarios y sonadas denuncias de las condiciones de los presos. Ahora su única esperanza, casi utópica, es obtener la libertad condicional y para ello recurre a un Gafitas que ha llegado a ser, por méritos propios, el mejor abogado penalista de Gerona. La nostalgia y el reencuentro con Tere, un amor que le marcó de por vida (aunque nunca tuvo claro si era la chica de El Zarco) lanzan a Ignacio Cañas a defender su caso más difícil y a diseñar una campaña mediática para hacer del temible atracador con varias muertes a sus espaldas un padre de familia ansioso por rehabilitarse e integrarse en el mundo laboral.
En honor a la verdad, Javier Cercas debería admitir que Las leyes de la frontera no es una novela, sino un trabajo de investigación (bastante solvente) sobre la historia procesal de Juan José Moreno Cuenca, El Vaquilla, que ha reconstruido minuciosamente y sin licencias, gracias a la colaboración del último abogado de este, Carles Monguilod. La vida de El Zarco es un calco literal de las memorias del criminal barcelonés, que por cierto no era quinqui, y, a partir y alrededor de este material y de sus entrevistas con Monguilod, Cercas fabula igual que hizo en Los soldados de Salamina, y se inventa una historieta a caballo entre el romance, la acción, la añoranza y la moralina social, sembrando el último capítulo de sugerentes interrogantes. Al novelista extremeño le encanta recalentar y aliñar las anécdotas históricas para servirnos sus novelas de periodistas, abogados e investigadores.
En honor a la verdad, Javier Cercas debería admitir que Las leyes de la frontera no es una novela, sino un trabajo de investigación (bastante solvente) sobre la historia procesal de Juan José Moreno Cuenca, El Vaquilla, que ha reconstruido minuciosamente y sin licencias, gracias a la colaboración del último abogado de este, Carles Monguilod. La vida de El Zarco es un calco literal de las memorias del criminal barcelonés, que por cierto no era quinqui, y, a partir y alrededor de este material y de sus entrevistas con Monguilod, Cercas fabula igual que hizo en Los soldados de Salamina, y se inventa una historieta a caballo entre el romance, la acción, la añoranza y la moralina social, sembrando el último capítulo de sugerentes interrogantes. Al novelista extremeño le encanta recalentar y aliñar las anécdotas históricas para servirnos sus novelas de periodistas, abogados e investigadores.
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| "El Vaquilla" detenido tras una de sus hazañas |
No se puede negar que la novela, con un estilo ecléctico, enfocada desde la perspectiva de varios personajes y salpicada de guiños épicos a la vieja serie televisiva La frontera azul, es, en general, amena, aunque en mi opinión algo extensa y reiterativa; sobre todo en la última parte se encasquilla un poco. Bien encajada históricamente en los capítulos que se desarrollan a finales de los setenta, peca sin embargo de una pésima contextualización de los protagonistas. Casi no hay personajes secundarios y todo parece un gran diálogo triangular entre Cañas, Tere y El Zarco, llegando a resultar un tanto monótona.
La gran virtud de esta obra es para mí la batería de reflexiones a que da pie. Yo sobre todo me he centrado en dos:
La gran virtud de esta obra es para mí la batería de reflexiones a que da pie. Yo sobre todo me he centrado en dos:
Una es la posibilidad real de reinserción de ciertos delincuentes, tema que Cercas aborda sin incurrir en ñoñerías (la vida de El Vaquilla no se lo permite) pero lanzándonos el guante en forma de tres preguntas: ¿La justicia da iguales oportunidades a todos? ¿Por qué a El Gafitas, que a sus quince años cometió los mismos delitos que El Zarco y los demás barriobajeros, le brindaron una segunda oportunidad que estos jamás hubieran tenido? ¿Qué marca más el destino: el lugar y la clase social de origen, o los actos libres que realiza cada persona?
La segunda es hasta qué punto, igual que le sucedía a El Zarco, nuestro sino está condicionado por el “mito” que los demás han construido sobre nosotros; por la etiqueta que la sociedad ha decidido, justa o injustamente, ponernos; por lo que todos esperan que hagamos…
Aconsejable librito para pasar un buen rato y hacerse algunas preguntas sobre política criminal, aunque gustará sobre todo a los interesados en la leyenda de El Vaquilla y en los problemas socio-políticos de la Transición española.
La segunda es hasta qué punto, igual que le sucedía a El Zarco, nuestro sino está condicionado por el “mito” que los demás han construido sobre nosotros; por la etiqueta que la sociedad ha decidido, justa o injustamente, ponernos; por lo que todos esperan que hagamos…
Aconsejable librito para pasar un buen rato y hacerse algunas preguntas sobre política criminal, aunque gustará sobre todo a los interesados en la leyenda de El Vaquilla y en los problemas socio-políticos de la Transición española.
No os perdáis las interesantes notas de Virginia sobre esta obra.

















