martes, 26 de marzo de 2013

LAS LEYES DE LA FRONTERA

No me gusta demasiado Javier Cercas ni sus equilibrismos para conjugar historias reales y tramas de ficción. Leí en su momento, cómo no,  Soldados de Salamina (2001), atraído por su argumento íntimamente relacionado con la figura de Rafael Sánchez Mazas, cofundador de Falange Española, pero no me entusiasmó, y en esta ocasión el anzuelo que me ha llevado a hincarle el diente a Las leyes de la frontera ha sido uno de sus protagonistas, El Zarco, un trasunto gerundense del célebre chorizo y homicida de los suburbios de Barcelona Juan José Moreno Cuenca, alias El Vaquilla, a cuyas hazañas ya dediqué en su día una entrada. Como muchos sabéis, soy un gran aficionado a la criminología.

La historia comienza en Gerona, en plena Transición, en el verano de 1979. Ignacio Cañas, un retraído adolescente de 15 años de clase media, se refugia en los salones recreativos de su barrio para eludir el bullying despiadado al que le someten varios compañeros de clase. Allí conoce por casualidad a El Zarco, un muchacho marginal que lidera una peligrosa banda dedicada a robar coches, reventar chalets y atracar bancos empleando armas de fuego. Seducido por la aventura, por el peligro y, sobre todo, por la atractiva macarrilla Tere, Ignacio (al que rápido apodan El Gafitas) se une a la partida y participa como los demás en innumerables tirones y asaltos a bordo de Seats 124 con el puente hecho. En pocos meses la policía desmantela el grupo. Casi todos son detenidos, pero El Gafitas se libra porque un joven inspector de policía, tras hablar con su padre, se apiada de él y decide darle una oportunidad a la vista de sus antecedentes y de su ambiente familiar.

Veintiún años después El Zarco es el delincuente más famoso de España. Condenado por toda clase de crímenes y convertido por la prensa sensacionalista en enemigo público número uno, no ha salido de prisión en todo ese tiempo y ha llegado a protagonizar numerosos motines carcelarios y sonadas denuncias de las condiciones de los presos. Ahora su única esperanza, casi utópica, es obtener la libertad condicional y para ello recurre a un Gafitas que ha llegado a ser, por méritos propios, el mejor abogado penalista de Gerona. La nostalgia y el reencuentro con Tere, un amor que le marcó de por vida (aunque nunca tuvo claro si era la chica de El Zarco) lanzan a Ignacio Cañas a defender su caso más difícil y a diseñar una campaña mediática para hacer del temible atracador con varias muertes a sus espaldas un padre de familia ansioso por rehabilitarse e integrarse en el mundo laboral.

En honor a la verdad, Javier Cercas debería admitir que Las leyes de la frontera no es una novela, sino un trabajo de investigación (bastante solvente) sobre la historia procesal de Juan José Moreno Cuenca, El Vaquilla, que ha reconstruido minuciosamente y sin licencias, gracias a la colaboración del último abogado de este, Carles Monguilod. La vida de El Zarco es un calco literal de las memorias del criminal barcelonés, que por cierto no era quinqui, y, a partir y alrededor de este material y de sus entrevistas con Monguilod, Cercas fabula igual que hizo en Los soldados de Salamina, y se inventa una historieta a caballo entre el romance, la acción, la añoranza y la moralina social, sembrando el último capítulo de sugerentes interrogantes. Al novelista extremeño le encanta recalentar y aliñar las anécdotas históricas para servirnos sus novelas de periodistas, abogados e investigadores.
"El Vaquilla" detenido tras una de sus hazañas

No se puede negar que la novela, con un estilo ecléctico, enfocada desde la perspectiva de varios personajes y salpicada de guiños épicos a la vieja serie televisiva La frontera azul, es, en general, amena, aunque en mi opinión algo extensa y reiterativa; sobre todo en la última parte se encasquilla un poco. Bien encajada históricamente en los capítulos que se desarrollan a finales de los setenta, peca sin embargo de una pésima contextualización de los protagonistas. Casi no hay personajes secundarios y todo parece un gran diálogo triangular entre Cañas, Tere y El Zarco, llegando a resultar un tanto monótona.

La gran virtud de esta obra es para mí la batería de reflexiones a que da pie. Yo sobre todo me he centrado en dos:
 
Una es la posibilidad real de reinserción de ciertos delincuentes, tema que Cercas aborda sin incurrir en ñoñerías (la vida de El Vaquilla no se lo permite) pero lanzándonos el guante en forma de tres preguntas: ¿La justicia da iguales oportunidades a todos? ¿Por qué a El Gafitas, que a sus quince años cometió los mismos delitos que El Zarco y los demás barriobajeros, le brindaron una segunda oportunidad que estos jamás hubieran tenido? ¿Qué marca más el destino: el lugar y la clase social de origen, o los actos libres que realiza cada persona?

La segunda es hasta qué punto, igual que le sucedía a El Zarco, nuestro sino está condicionado por el “mito” que los demás han construido sobre nosotros; por la etiqueta que la sociedad ha decidido, justa o injustamente, ponernos; por lo que todos esperan que hagamos…

Aconsejable librito para pasar un buen rato y hacerse algunas preguntas sobre política criminal, aunque gustará sobre todo a los interesados en la leyenda de El Vaquilla y en los problemas socio-políticos de la Transición española.
 
No os perdáis las interesantes notas de Virginia sobre esta obra.


13 comentarios:

José dijo...

Buen libro. Creo que se complementa muy bien con la en su momento célebre película "Perros Callejeros", rodada en Barcelona a mediados de los años 70 con "Quinquis" reales, y aunténticos agentes de la policía de la época.

Hoy día la película es un fascinante documento sobre la Barcelona de los años 70.

Virginia dijo...

Pues a mi el libro me gustó mucho Sr Neri:) Es verdad que apenas hay personajes secundarios, y que los diálogos son limitados, pero al fin y al cabo la historia no llega a ser nunca completa, porque la versión de la historia es principalmente la de Ignacio.

También me gustó la ligereza con la que el Gafitas se mete en serios problemas, sin ser consciente de las consecuencias que pueden acarrearle, y, como en el mismo libro se dice, lo "porosas" que a esa edad son las clases sociales, la de cosas que estamos dispuestos a aceptar como naturales sin darle muchas vueltas, y lo camaleónicos que somos.

¿Posibilidad real de reinserción de ciertos delincuentes? No. En gran parte porque el sistema penitenciario español es absolutamente ineficaz en este aspecto, pero es mi opinión y esto da para discutir largo y tendido. Y en la época en la que está ambientada la novela ya no digamos. ¿La justicia da iguales oportunidades a todos? Hummm... aquí estamos hablando del brazo de la justicia, más que la justicia en sí. Tampoco. Ser español (hoy), parecer decente o voluble, son detalles que ayudan en muchas fechorías, al menos de cara a la policía. Es lo que le pasa al inspector que va a detener al Gafitas; veinte años después sigue sin saber porqué le dejó ir. No fue algo racional, fue una impresión. En cuanto a qué marca más el destino, en mi opinión es más bien una cuestión de suerte, aderezada con el resto. La suerte acaba abandonando a los que juegan demasiado a menudo con ella, y creo que esto es independiente de los actos o el origen, aunque sí que creo que estos detalles influyen en el "más tarde o más temprano". A el Gafitas se le dio una oportunidad en aquel momento. No se le hubiera pasado otra. A él su origen/clase social le dio un "más tarde" del que sus compañeros no pudieron beneficiarse.

En cuanto al mito, o la etiqueta, o lo que se espera de nosotros, creo que no es tan difícil sacudírsela y salir del camino marcado cuando hablamos de ciudadanos comunes, si nos compensa lo suficiente para aceptar ciertas consecuencias naturales como rechazos, dedos apuntando y darle un disgustillo a nuestros padres (nos querrán igual). Si hablamos de personajes (ficticios o no) como El Zarco, ya lo considero más complicado, en parte porque, en honor a la verdad, yo también preferiría ser una leyenda de la delincuencia que un mendigo vapuleado. Ser alguien los mantiene vivos en cierta manera, obtienen un reconocimiento que nunca soñaron alcanzar. Por otro lado porque estamos hablando de personas que viven en ambientes peligrosos, donde un mito que muestra debilidad, será un objetivo jugoso para cualquier otro aspirante a mito.

¡Ahí va mi tocho filosófico! ;)

tomae dijo...

Llego tarde, Sr. Neri…Pero algo tengo que decir al respecto de la 1 Parte de esta Novela. No voy a comentar sobre cómo escribe JAVIER C. porque como comprenderá entre colegas escritores no nos hacemos eso de (oh! Qué bien escribes, cómo me gusta lo que dices, y cómo lo dices, bla bla)

Tengo que decirle que cuando cogí la Novela... ¡no se lo va a creer! programé con mi familia un fin de semana a principios de Abril en la ciudad de Girona (antes Gerona) Y me hizo gracia que el escenario de la novela estuviera allí. Es más, tengo curiosidad por pasearme por ese barrio chino con mi familia (*) e incluso tomarme unas cañas en La Font, si localizo algún exterior hago una foto con mi móvil y se la envío.

(*) No sé si conviene que lleve a mis hijas pequeñas de 9 y 7 por esos sitios para aprovechar in situ alguna explicación educacional ¿A ustedes que le parece?

En esta parte de la novela me puedo sentir más identificado con el Gafitas, quizá porque como él también sé catalán (y otras cosas que tampoco no hace falta que comente) M e recordó mi época de que frecuentaba esos salones recreativos. Puedo entender que Ignacio quisiera explorar esa frontera que se muestra en la novela, y más si había de por medio una Tere cómo esa Tere que hay... mucho más. Supongo que la influencia de esa serie “La frontera azul” y la no pertenencia a un grupo -recuerde lo mal que lo trataban en clase- despertó en Gafitas, unas ganas de superación y aceptación en otro grupo social, amén de que en su familia tampoco se sentía muy a gusto… Que luego se viera obligado a delinquir, es otro cantar, pero Tere era mucha Tere…

De momento le digo esto, y que en mi caso la serie que despertó en mi Juventud más que la Frontera Azul, Fue verano azul (veraneando junto la magnífica Playa Larga de Tarragona )… y que no hubo ninguna Tere que despertara en mi algún instinto incontrolable… mi primera novia se llamaba Azucena y era hija de militares con lo que tuve una adolescencia de lo menos peculiar para hacer de mi vida una novela ese calibre.

Quizá por eso tanto como a Javier C y a mí nos gusta tanto escribir…
No miren mi foto, en esa no salí muy favorecido …

tomae dijo...

Ah!...se me olvidaba, yo iba a un cole cerca de un pueblo de Tarragona, y en ese pueblo había un barrio que lo llamaban el Liang.San.Po pero de ese barrio no venía nadie ...

Mª Asunción Balonga Figuerola dijo...

Perdone Al...me he portado muy mal y no he hecho los deberes ¡lo que me faltaba a mí era una historia entre quinquis que aún recuerdo por la prensa!
La peli, la ví en su día y me deprimió, estas historias españolas de barrios bajos, miseria, cocinas con cucarachas ¡amor y lujo, Neri, es lo que nos hace falta, créame, al menos a mí!
Ya me dirá que castigo me impone.
Un saludo a los contertulios y que descansen estos días si pueden.
P.D. Felicito a Virginia - que no se enfade que lo digo con mucha admiración, de verdad - porque ha escrito la segunda parte del libro "El Vaquilla returns"...
Asun

Mª Asunción Balonga Figuerola dijo...

¡¡¡Ah, por favor Neri!!!, es importante: ¡tomae, chico, saca esa foto de gañán de la España profunda, hombre ya! Creí que eras el concejal de Turismo de Puerto Hurraco...

Brisa dijo...

Buenas y santas! No podia recordar por qué me sonaba tanto el Sr. Cercas, lo busqué en la red y resulta que fue el personaje que dijo algo así como que se podia introducir ficción en artículos periodísticos. Por mi parte me gusta leer ficción sabiendo que es ficción e historia novelada sabiendo que tiene fundamento histórico. Ahora cómo sabemos si todo lo que cuenta como cierto lo corroboró o si algunos datos son fruto de su imaginación? Sus libros no estarán en mi bolso de viaje. 

Dicho esto, me centro en sus preguntas:
La justicia da iguales oportunidades a todos? No, claramente NO

Por qué al Gafitas le brindaron una segunda oportunidad que a los otros no?: Principalmente porque NO era como los otros. El policia que le da la "segunda oportunidad" era de su misma clase social; el Gafita podria haber sido tranquilamente su hijo o sobrino. "Entre bueyes no hay cornadas", verdad? 
Los otros cargaban además con el agravante de tener "portación de cara" (eran de otro estamento, sus padres eran los responsables del quebrantamiento del statu quo en la ciudad; eran casi como los intrusos en esa ciudad española para españoles; donde se los tolera porque nacieron allí, pero donde todos saben que no SON de allí). 

Hoy en día las cosas no han cambiado; ni en su país ni en el mundo. Ser blanco y estar bien vestido es "garantia" para los cuidadores del orden de que no somos delincuentes. Ejemplo: soy blanca y jamás me han pedido documentación extra en ningún aeropuerto. Mi mejor amiga es descendiente de indígenas, y no hay una vez que no pase por un control policial sin que la aparten y la interroguen; llegando a demorarla durante horas.

Que marca mas el destino?: Claramente el lugar y la clase social de origen. Hay quienes "saltan" esta barrera y contra todo pronóstico cambian su destino, pero son los menos. La mayoría están signados desde la cuna. 

Un abrazo, 
PD: al lado del artículo veo una pregunta, sobre los maridos de vacaciones. Dónde se responde? Qué pincho?

LUGAR DE PAZ - dijo...

te prometo que te leere pero hoy solo visite este sitio literario un saludo cordial

nago dijo...

Sr Neri estoy intentando marcar mi voto jkjkjkjkjkjkjk...desde ayer y no me lo coge. Se borra.
Si alguien que no tenga intención de votar fuera tan amable de insertarlos en la urna por mi, se lo agradecería.

Siento no aportar nada sobre el libro. No obstante como soy de barrio bajo, viviendas de VPO, gente curranta con sus problemas cotidianos de supervivencia, dificultades varias y especialmente crueles y olor a puchero por las mañanas, conozco "Gafitas" a montones... y mil historias como esa.
Me llama la atención que, precisamente muchos de los que sobreviven o superan esa barrera de la marginalidad, lo hacen por la calle de la Justicia y en cualquiera de sus "modalidades".

P.d Tomae, recuerdo el día que te hice esa foto sí... y también creo recordar por qué sonreías... qué feo eres ...joño! :))

tomae dijo...

Contestando a:

"¿Por qué a El Gafitas, que a sus quince años cometió los mismos delitos que El Zarco y los demás barriobajeros, le brindaron una segunda oportunidad que estos jamás hubieran tenido?"

Para tal efecto imaginen que en que solo disponemos de una celda carcelaria para encerrar a uno esos delincuentes. Y como administradores de esa "Justicia" hemos de decidir a quién de los dos asignamos esa celda...

Podría pensarse.

A) Zarco a la cárcel (Así evitamos que siga delinquiendo) Por tanto Gafitas no va a la cárcel (Si
fuera se convertiría en un auténtico delincuente)

B) Zarco no tuvo las oportunidades de Gafitas, luego lo Justo sería darle una 2 Oportunidad. (Posiblemente Gafitas en la cárcel acabaría esa carrera de Derecho)


PD. Nago Sí, Yo también recuerdo por que sonreía y me preguntaba ..."¡cojoño! "¿qué hara Nago con unas tijeras de pescado en la mano" ?...

Zorro de Segovia dijo...

Tasas de encarcelados en el mundo:

Estados Unidos (total) 700/100.000
Brasil 270/100.000
Méjico 205/100.000
España 160/100.000
Alemania 90/100.000

el primero de la lista es también el que menos medidas de reinserción utiliza. Al contrario, su estado más populoso, California, aplica “three strikes and you’re out” , una doctrina penal, que manda a la perpetua a los reincidentes (1 de cada 6 reclusos en California lo es de por vida).

Que cada uno saque conclusiones, pues este tema da para muchos posts.

nago dijo...

De ahora mismo:
- Antonioooooo ca sío tú, di la verdá...
- que nuuu zeñoooora, que era otro cojho, que yo cojeo de la i'quierda y el que sa llevau la rejha cojeaba de la derecha. Qui vuzotro vei penzao que sio yo, pero no. Que ya he pazao 10 año "nalaurín" y no quiero:
YO POR UNA' REJHA DALUMINIO NO MEEMPRINGO, TIENE QUE SE PUR ALGO GORDO.

Toma ya...!!! óle, pa que luega digan "aelito"...

nago dijo...

Creo que me he equivocao de post.
Era para aquel en el que alguien decía "... y de su cultura y sus bellas costumbres..." o algo asín... jajajaja...

y ya me voy... :))