domingo, 24 de agosto de 2008

UNA CIUDAD INCOMPARABLE

Para demostrar, como bien señaló Al Neri, que con la edad me estoy convirtiendo en un ejemplo de joven burgués, tras pasarme casi una semana en Gran Canaria, me fui los cinco primeros laborables de agosto de viaje a la Ciudad de la luz. La primera intención que tenía, junto a los otros tres amigos que me acompañaron -dos ellos feliz pareja [ella y él, que hoy en día se debe especificar] de tortolitos- fue la de visitar Viena, proyecto que otro año más, y ya son tres, hemos abandonado debido al incremento sufrido por los billetes. Tras la Eurocopa, cientos de españoles quisieron conocer la ciudad imperial pues las hazañas futbolísticas estimulan más a nuestros compatriotas que las proezas del César Carlos.

Tras un penoso viaje de ida, pues los enlaces de mi «pedanía» con la T4 te obligan a pasar toda la noche en Barajas si quieres despegar a primera hora, llegamos a la casi tercermundista primera terminal del De Gaulle donde pudimos adquirir la famosa tarjetita Paris Visite que te permite, por un precio razonable, moverte ilimitadamente durante unos días por el obseleto sistema de metro y cercanías parisino: estaciones sucias, escaleras mecánicas casi inexistentes, señalizaciones ocultas, ausencia de personal -ni los guardias de seguridad saben localizar las salidas de las estaciones- y vagones sin aire acondicionado propios del transporte de ganado que colaboran a alimentar una fetidez que en el metro de Madrid debió darse en una época que no llegué a conocer.



Al margen de estos inconvenientes, hay que reconocer que sólo el Batobus supera al metro para moverse por la ciudad. Este barco autobús tiene ocho paradas en diversos lugares del Sena que permiten disfrutar de las vistas más hermosas por la ciudad: una experiencia imprescindible, sobre todo para el afortunado que pueda disfrutarlo junto a una bella acompañante.

Decir, eso sí, que cinco días son escasos para ver todo aquello que puede ofrecer la ciudad, sobre todo si dedicas uno completo a Disneylandia. Supongo ahora que Neri se estará tronchando y no querría ni imaginármelo si me hubiera visto recorriendo El mundo en pequeño subido en una barca rosita. Una imagen apropiada para una secuela de Pesadilla en Elm Street. Destacar que si quieres conocer una noche en una fortaleza pirata en las Antillas del siglo XVII, no debes dejar de visitar Los piratas del Caribe, una atracción en la que sólo la cola de entrada -cercana a los tres cuartos de hora- ofrece un espectáculo tremendo.

Gustosamente me habría quedado una semana o un mes más. ¡Qué tonto fui al no pedirme una Erasmus! París es una ciudad incomparable, comenzando por la Torre Eiffel -tan polémica en su proyecto- podemos maravillarnos con palacios impresionantes como el titánico Versalles, símbolo de la ostentación borbónica, la Ópera Garnier; el gigantesco Louvre, antiguo palacio real, extremo del segmento formado por el Arco del Triunfo, los Campos Elíseos, la Plaza de la Concordia -donde los revolucionarios franceses exaltaban la Fraternité a golpe de gillotina-, las Tullerías y el Arco del Carrosel; la Iglesia de la Magdalena, construida a imitación de un templo romano; las galerías La Fayette y su terraza superior; Le Palais Royal y sus jardines, modestos en comparación con su entorno; el impresionante Hospital de los Inválidos, antiguo hospital militar que hoy recoge un museo de armamento, una colección de magníficos cañones de bronce en sus patios, una iglesia muy destacable y muy patriótica y, en ella, el mausoleo de Napoleón -no deja de ser paradójico que el responsable de tantos crímenes contra la Iglesia esté enterrado en sagrado. La Ille de France, auténtico centro de París rodeado por el Sena, contiene la catedral de Notre Dame, el Palacio de la Consejería (Conciergerie), donde los revolucionarios franceses encarcelaban a los condenados a muerte, que conserva los lugares donde María Antonieta estuvo presa; la Santa Capilla, edificada por San Luis para guardar las reliquias sagradas y formada por dos capillas superpuestas, encontrándose en la superior las vidrieras más grandes del mundo; el impresionante Ayuntamiento, el Palacio de Justicia...

Además, no se puede dejar de ver la basílica de San Denis, mausoleo de los reyes de Francia alejado de los circuitos más turísticos. Y junto a la Sorbona y Cluny, el gigantesco Panteón, antigua iglesia de Santa Genoveva, convertida por los revolucionarios en homenaje y sepulcro a los protagonistas de la historia de su nación. Verdadero ejemplo de reconcialiación nacional, los masónicos revolucionarios conservaron los motivos religiosos del templo -dedicados a San Luis, Santa Genoveva, Santa Juana de Arco...-, añadiéndose monumentos a los revolucionarios, a Napoleón y a los restauradores mismos, conviviendo en sus sepulcros personajes de las más variadas ideologías y tendencias. Por cierto, Rousseau, «el nefasto», está muerto. Lo he comprobado personalmente.

Francia tiene muchos puntos oscuros, y más que oscuros, en su historia: Napoleón fue un verdadero Hitler del XIX y no creo que a Robespierre se le pueda considerar, como se leía, «un hombre de estado». Pero los franceses la conocen y eso les hace estar orgullosos de su nación. Donde vayas puedes encontrar soberbia e indiscutible su bandera y contemplar como miman al extremo los símbolos de su patria: junto a sus monumentos no encontrarás una pintada o un papel fuera de una papelera. Si esto hacen los franceses, ¿cómo se sentirían los españoles si realmente conocieran las epopeyas sin parangón que sus antepasados protagonizaron? ¿A quién interesa -Qui bono?- que los españoles no conozcan su Patria y, por lo tanto, no la amen? La verdadera Democracia, esto es, que los ciudadanos sean conscientes de que son una parte responsable del Estado y de la Nación que éste organiza, ¿se puede concebir sin que sus protagonistas conozcan y amen su Patria?

Un último y pícaro apunte. La fama de la mujer parisina es pura leyenda, salvo unas pocas verdaderamente hermosas y, por cierto, caobas, no tienen comparación con la mujer española, sobre todo con las que vi en mi último viaje, esta vez a Granada, con el que también aburriré a los pacientes lectores de La pluma viperina.

12 comentarios:

Al Neri dijo...

Me ha encantado, Subdire. Quiero volver a París, que es una ciudad inolvidable que conocí estando en COU (o sea no hace tanto), pero cuando lo haga tomaré buena nota de sus impresiones de esta entrada, de la que me han gustado sobre todo su referencia al nefasto Rousseau ;-) y su reflexión sobre la historia de Francia. Al margen de la belleza de la ciudad, nunca le he ocultado mis viscerales antipatías no por los franceses (sería una generalización idiota), sino por el papel de Francia en la historia, como patria madre de la también nefasta Revolución Francesa, que tantas opresiones, faltas de fraternidad y desigualdades ha sembrado en Occidente, pese a su manido lema.

Respecto a su presencia en el Eurodisney ese y su paseo en una embarcación rosa, qué decirle... Pues que no le veía yo capaz de mariconadas así, que me ha decepcionado, coño. Ahora dígame que le dio un abrazo a Pluto y le bajaré ipso facto del pedestal en el que le tenía.

Me encantan las entradas en las que se cuentan viajes. Son muy instructivas. En breve publicaremos algo sobre la epopeya que he vivido hace dos semanas con Leonardo en el este del antiguo y glorioso Imperio Austro Húngaro.

El Subdirector del Banco Arús dijo...

Pues no, sr. Neri. No me abracé a ninguno de los personajes de Disneylandia; puede usted dormir tranquilo (me quedé con ganas de abrazarme, y algo más, con La Bella Durmiente y con Blancanieves que son mi tipo de mujer pero, como en la vida real, no encontré reciprocidad. Menos mal que no me vio la Reina Malvada pues de seguro, como en la vida real, se habría lanzado a mis pies).

Con respecto a la historia de Francia estoy de acuerdo con usted en la mayoría, pero encuentro muy atrayente la época comprendida desde el final de los merovingios hasta los siglos XV y XVI: el nacimiento del Imperio, las Cruzadas (obra eminentemente francesa), Cluny y el Císter, San Luis, las Guerra de los cien años (116),... Incluso me emocioné al ver el mausoleo de Francisco I.

Por cierto el lema "Libertad, igualdad y fraternidad" es, en su origen masónico y se colocaba en el frontispicio interior de las logias. Los revolucionarios originalmente cambiaron la "Igualdad" por "La búsqueda de la Felicidad", para finalmente usar el lema masónico que colocan, ahora sí, en el frontispicio de facultades de la Sorbona y de algunos edificios públicos.

El Subdirector del Banco Arús dijo...

Se me olvidaba, si conoció usted París cuando cursaba COU, no olvide visitar los monumentos que se han edificado desde entonces, como la catedral de Notre Dame o la Torre Eiffel. ;-)

Al Neri dijo...

Tiene usted una gracia con lo de COU...

Completamente de acuerdo en la bondad de los períodos de la historia francesa que usted menciona, pero admitirá que la cagada revolucionaria (que hoy marca su identidad como Nación) deja la imagen de Francia a la altura del betún.

alojamora dijo...

Yo no conozco Paris pero tengo muchas ganas de ir, y con lo que cuentas mas...

Aunque no sé si Eurodisney merece la pena si vas pocos días..¿¿??...no me atrae mucho...aunque sí me gustaría ver, si se ha dado el caso, una foto suya en la barquichuela rosa...

dulcinea dijo...

Yo tampoc he estado pero despues de esta entrada me han entrado mas ganas de conocer Paris. Tengo claro que no pienso ni acercarme a eurodisney, odio los parques de atracciones y las americanadas. Coindido en vuestras valoraciones sobre la revolucion francesa, origen de casi todos los males de la sociedad actual.

Al Neri dijo...

Qué mal estoy de Geografía. De lo que vamos a hablar en breve es de un viaje al sur (no al este) del Imperio Austrohúngaro.

sefo dijo...

Hola a todos, me reincorporo tras mis vacaciones. Veo que la pluma viperina sigue en el ojo del huracan, aunque me he sorprendido un poco de lo que se ha relajado el tono y de los nuevos amigos que comentan a los que saludo.
He leido las entradas de los viajes del Subdirector y hombre, eso de burgués... que has estado en canarias y en paris, ni que te hubieras ido a Tailandia y a Nueva Zelanda, macho.
París me encanta por el aire cosmopolita y abierto de sus gentes. Francia y los franceses me encantan.

Meletea dijo...

Casualidades de la vida, yo también casi acabo de volver de París. Estuve la segunda semana de agosto con otras 5 amigas.

Coincido con el Subdire y Neri en que me ha encantado y es una ciudad impresionante y que merece la pena visitar. De hecho, espero volver... quien sabe, quizás la próxima vez con algún "bello acompañante" para disfrutarlo de forma distinta. ;-)

Yo he vuelto con otra impresión del metro parisino: rápido y muy bien comunicado con cualquier punto de la ciudad.
Nosotras preferimos comprar los llamados "carnets" que son 10 viajes que salen a poco más de 1 euro. Y vamos, que nos orientamos estupendamente con el plano para movernos en metro a los diferentes sitios en muy poco tiempo... y llegando a estaciones con escaleras mecánicas y hasta carriles mecánicos que permiten avanzar más rápidamente. Y el personal que nos encontramos, muy amable a la hora de indicarnos cómo sacar los billetes para Versalles o Eurodisney. El único problema lo tuvimos al volver de Eurodisney (tomen nota si alguien tiene pensado ir) porque las máquinas expendedoras allí ¡¡no admiten billetes!!
Solo admiten monedas y no hay sitio para cambiarlos. Lo mejor es comprar el billete de vuelta cuando se compra el de ida para evitar problemas.

Aparte de lo comercial y americanizado que está Eurodisney, lo peor que tiene son, efectivamente, las colas que hay que esperar. Para El vuelo de Peter Pan creo que estuvimos cerca de 1 hora de espera para ¿5 minutos de vuelo? Es bonito pero no merece tanta espera!!
Menos mal que con el "fast pass" se puede acceder a algunas atracciones sin esperar.
Para los que tengan pensado ir, yo además de los Piratas del Caribe, destacaría el simulador Start Tours (para imaginarte a bordo de una nave espacial) y la Phanton Manor (para pasar un poco de miedo).
Lo de It's a Small World a mí sí que me gustó aunque sea una infantilada en rosita. Era como entrar en la Fábrica de Chocolate de Charlie!

Yo creo que en Eurodisney, si quieres, te lo puedes pasar como una enana. Lo importante es olvidar un poco la vergüenza y dejar salir al niño que hay en tí!

De la ciudad, creo que el Subdire ya ha resaltado casi todo, así que no voy a comentar mucho más. Sólo incluir en la lista de sitios a visitar La Defense, que es la zona más moderna y de negocios con impresionantes rascacielos y amplitudes.

Ah, y cierto, la bandera francesa ondea por todas partes así como el lema "Liberté, Egalité, Fraternité"

El Subdirector del Banco Arús dijo...

Bueno, yo no soy dado a los parques de atracciones y similares pero sí es cierto que hay cosas de Disneylandia que merecen la pena. Aunque sólo sea para ver la perfección de todo, la limpieza, la organización... Además, creí que sería un atraco en cuanto a precios de comida, bebida, regalos, etc., pero todos me parecieron razonables. Dato curioso, cada vez que comenté lo guapa que me parecía una cajera, empleada o visitante resultaba ser española.

En lo de la barquita rosa, no sólo tengo fotos, también vídeos pero no creo muy oportuno dejarlos aquí.

Con respecto a lo de vacaciones burguesas, comparándolas con los caminos de Santiago junto al sr. Neri (en diez días nos gastamos 10.000 pesetas del 99 incluyendo billetes de autobús, alojamiento en Santiago y cosas similares) o con un acuartelamiento de San Fernando (Cádiz) con mosquitos del tamaño de helicópteros, es lo más burgués que he hecho en mi vida.

Lo bueno de la Paris Visite es que incluye los billetes de cercanías, imprescindibles para ir a Versalles, a Eurodisney y al Aeropuerto. Es cierto que en ocasiones, las menos, encuentras escaleras mecánicas (eso sí, las estaciones son poco profundas) y en los intercambiadores carriles mecánicos, pero la suciedad, el ambiente caluroso y el olor son asquerosos.

Como dato curioso, para la construcción del Viaducto de Millau, la empresa Eiffel hizo uso de equipos españoles.

ignatus dijo...

Cáspita, Neri, el que se fue corriendo a abrazar a Pluto cuando le vio, fue un servidor y, para más inri, tengo una foto del evento enmarcada el salón de mi casa: tal vez su subconsciente se la ha traído a la mente al escribir... suerte que ya sabe Usted que yo siempre he sido un gallofa y no tiene necesidad de bajarme de ningún sitio.

Respecto a lo de la suciedad del metro parisino, tengo que decir que yo aporté hace unos años mi granito de "arena" (con tropezones) cuando una indigestión me hizo expulsar de mi cuerpo el desayuno de forma brutal y colorida (me limitaré a decir que en el hotel había buffet libre). Fue la única vez que los parisinos fueron amables conmigo: cual sería mi cara antes del "exorcismo" que me hicieron pasillo para que pudiera salir del vagón de metro y hasta me abrieron la puerta... pese a todo me quedé como a dos metros de la papelera de la estación.

Por cierto, con respecto a lo de la austeridad, ¿sabían Ustedes que al señor Neri le llamábamos "el imprescindible" pues se iba de acampada una semana y para comer llevaba sólo una caja de quesitos (lo imprescindible decía él), y era tal su gorroneo, que aun le sobraban? No claro, imposible que lo supieran porque es mentira... el que hacía eso era mi hermano, pero como no le conocen tenía menos gracia.

Saludos a todos

Leonardo dijo...

Sr. Subdirector, una entrada muy instructiva. Ya tenía ganas de visitar París en serio, pero ahora, más si cabe.

Ah, y muy graciosa la anécdota de Ignatus en el metro y la amabilidad de los parisinos, jajajajajajaja.