El mejor comentario de las últimas semanas ha sido:
"- La guapa, con buena planta, elegante y discreta: Segovia
- La guapa, con buena planta, elegante y llamativa: Toledo
- La guapa tímida: Cáceres
- La guapa que tiene algo inquietante: Córdoba
- La guapa con fama de guapa: Salamanca
- La resultona y salada que se cree muy guapa: Sevilla
- La de ojos preciosos que hacen que parezca más guapa de lo que es: Granada
- La de notables y hermosos pechos pero que realmente es muy normalita: Burgos
- Las maduritas atractivas, que saben arreglarse y encima están forradas: Barcelona y Madrid
- Las maduritas atractivas pero con pocos recursos: Pontevedra, Zamora, Lugo
- Las normalitas pero con un carácter vital y atractivo: Bilbao (y Vigo, aunque sea un pueblo, la pobre…)
- La que es guapa pero se ha ido dejando con el tiempo, los hijos, el trabajo: Coruña
- La feúcha pero con gracia: Alicante
- La feúcha pero con gracia: Alicante
- La fea y borde (aunque alguien la querrá, supongo): Huelva
- La hermana guapa pero no muy guapa, fea pero no muy fea, a la que se mira con buenos ojos siempre pero de la que se saben todos los defectos y virtudes, a la que se intenta dar buenos consejos para que esté radiante y no siempre se consigue…: Valladolid"
Autor: Álex







Cuando grabo siempre pienso en el cine. Miro a mi alrededor y me pregunto qué plano quiero plasmar para llamar más la atención sobre algo. Reflexiono sobre cómo mover la cámara. Alterno planos cortos y largos, fijos y dinámicos, para que el resultado sea más rico y menos monótono. Busco vistas muy generales para ayudar a situar el lugar y después voy acercándome más a la gente y a las cosas. Me planteo incluso la duración de los planos (los más largos deben durar más), su ritmo de montaje y hasta la música que en su caso acompañará a la peli. La banda sonora, que siempre tomo de música del cine, es fundamental para crear unas u otras sensaciones a la gente que ve tu vídeo.


La Constitución del 78, con su espíritu bobalicón y autonomista, consagra las provincias como administraciones plenamente autónomas y a las Diputaciones como sus órganos de gobierno. Fue una metedura de pata sin precedentes, pues dada la amplia autonomía reconocida a los Ayuntamientos y la creación de las Comunidades Autónomas, la administración provincial perdía todo su sentido y se convertía en un caro capricho que casi nadie sabemos para qué sirve.