viernes, 16 de mayo de 2014

EL RESORTE



Estas mujeres son despreciables pero no están locas

Tras el asesinato de la presidenta de la Diputación de León a manos de la madre de una ingeniero "despedida" por la polémica pepera, casi todos hemos caído en el comentario facilón de que estas tipas tienen que estar muy desequilibradas para hacer una barbaridad así. Pero nada más lejos de la realidad. Las coautoras del crimen no tienen nada de locas; simplemente su nivel de odio ha rebasado los confines de la razón. Ha llegado un punto en que su rencor hacia Isabel Carrasco era tan intenso que neutralizaba cualquier otra consideración como el respeto a la vida, la prudencia, o su propia libertad y bienestar. 

El problema es que todos, sin excepción, tenemos ese límite de no retorno, esa línea tras la cual solo hay instinto ciego. Al fin y al cabo, somos animales. Por distintas razones culturales, educativas, morales, de socialización, de carácter e incluso biológicas, unos tienen este límite escondido en lo más profundo de sí y es muy difícil de traspasar, mientras que en otros está a flor de piel y basta una pequeña provocación para que salten como fieras salvajes. Pero repito: todos podemos llegar a comportarnos como bestias o criminales cuando se acciona el resorte adecuado en el interior de nuestro cerebro. Basta leer las noticias de actualidad sobre guerras, violencias de género, homicidios, atentados o torturas. Vemos atónitos imágenes en televisión en las que no reconocemos como humanos a sus protagonistas, pero os aseguro que la mayoría no están chiflados; solo viven circunstancias terribles que han activado su resorte animal.

Hasta el más pacífico de los hombres estrangularía a un semejante con sus propias manos si le pisan el callo que le tienen que pisar. Este callo puede tener que ver con la venganza, los celos, el hambre, el instinto de conservación, la inquina alimentada durante años, el orgullo desatado, el pánico o la protección de la familia. Cada uno tenemos el nuestro.

Lo que pasa es que el resorte de estas dos asesinas es demasiado sensible para este modelo de sociedad, en el que todos somos domesticados desde la infancia para resignarnos ante putadas como las que se supone que la poderosa Carrasco hizo a la ingeniero. Las reglas del juego nos permiten, como mucho, acudir a los tribunales o a las manifestaciones. Pero hay unos pocos que nunca llegan a interiorizar estas normas y acaban liándola parda.  Un caso claro en España es el del colectivo gitano y otro el de la propia Montserrat Triana Martínez y su madre, que no padecen ninguna patología psíquica; no son más que enfermas sociales como consecuencia de una vanidad desmedida y de un complejo de superioridad que les ha hecho perder de vista la realidad. A diferencia de lo que haríamos todos en la misma situación, ni Triana ni su progenitora fueron capaces de asumir que a una teleco tan brillante y con carné del PP le pegara una patada en el culo la Diputación leonesa. Su animadversión obsesiva, su audacia y su seguridad en sí mismas hizo el resto.

¿Qué nos tendrían que hacer a nosotros para que nos cargáramos a alguien? Venga, no mintáis, pensad un poquito más y encontraréis una respuesta.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

El caso Isabel Carrasco contiene la sordidez de las mejores novelas negras.

Como buena leonesa, gustaba de ahorrar los pingües sueldos que percibía de aquí y allá, y gastar de las pingües dietas que también percibía de aquí y allá.

Siempre hay alguien que piensa “quiero algo de eso que tú dispones graciosamente”. Las de Astorga fueron unas de las muchas que se acercaron a ver si caían una migajas del festín que la presidenta tenía en la provincia.

Pero parece que hay más que dinero en todo este asunto: hay celos, pasiones algo turbias, mirar a otro lado mientras convenía, humillaciones que se tragaban por interés...en fin, lo de siempre: sexo, avaricia,poder.

Isabel se había perdido el respeto a sí misma, y a los demás.
Allí comenzó todo, probablemente hace años.

Yo mataría en defensa propia, a veces , (hay otras que me gustaría no seguir aquí y agradecería un empujoncito).

Y , si pudiera, ante la injusticia con los inocentes, por ejemplo, si a mis hijos los asesinó la ETA, o a mi mujer, y me pasa lo de la derogación de la doctrina Parot, y encima se descojonan de los míos, que nadie lo dude: lo haría.

Tábano porteño dijo...

Es de notar el que pueda llegarse al homicidio por "convicción ideológica", por llamar de algún modo a la atracción que suelen ejercer ciertas ideas aún en los más inteligentes. Pienso en las ideas superhumanistas nietzcheanas llevando al asesinato al Raskolnikov de Dostoievsky; o a los dos estudiantes de Rope (La soga), la gran película de Hitchcock.

Y otro caso que se me ocurre temible es el de las guerras civiles, durante las cuales uno, que quizá odie a su vecino de toda la vida, encuentra la excusa y el "ambiente" propicio para eliminarlo (¡hay casos en que se han matado combatientes del mismo bando!).

Capitán Alatriste dijo...

Saludos, señor Neri,

Creo que el ciudadano medio tiene más cerca de lo que piensa los límites del aguante; la frontera entre lo humano-racional y la llamada de la naturaleza a vengarse puede ser traspasada por cualquiera de nosotros. Lo que pasa es que sólo una ínfima minoría de la población, por suerte, se ve empujado a cruzar esa frontera.

Además de ello, la distancia que nos separa de la frontera depende de la cultura. En países tercermundistas, donde la vida no tiene el mismo valor ni protección que en países más más civilizados en ese aspecto, las personas ven de cerca la línea o simplemente no consideran tan grave cruzarla.

Saludos.

El Subdirector del Banco Arús dijo...

En consonancia con el primer comentario anónimo, pienso que este asunto podría ser un buen argumento para un película de nivel medio o, a lo sumo, para un telefilm de sobremesa en Antena 3. Tocaría varios palos interesantes, alguno de actualidad y otros intemporales:

- Los tejemanejes de un político endiosado que se comporta como un mafioso, creyéndose el dueño de su provincia y jugando con las normas y sus administrados a su antojo.

- La ambición sin límites por parte del capo y el ¿derecho? de sus adláteres a disfrutar de dicho pastel. Ambición que te lleva a pensar que puedes disponer, sin que nadie pueda osar impedirlo, incluso del amante que se te antoje.

- La soberbia inducida en su líder por un ejército de aduladores.

- La naturaleza obsesiva de las mujeres.

- El influjo insano que pueden ejercer las madres sobre los hijos únicos.

- El odio y el afán de venganza que no terminan ni con la muerte del ser odiado.

El odio sin límites puede convertir a cualquiera en un asesino. En este caso, el origen del odio no ha sido, en realidad, una injusticia o una afrenta no resuelta si no la ambición y el arribismo que, en un proceso de racionalización, fue convertido en la mente de la ejecutora, en un problema irresoluble.

Eso sí. Estoy de acuerdo con que las asesinas son despreciables... Pero sin duda, el mundo, sin personajes como Isabel Carrasco no será un lugar peor. Tanta paz lleve como deja.

Aprendiz de brujo dijo...

Estoy bastante de acuerdo con el Subdirector, a salvo de precisión de la naturaleza obsesiva de las mujeres.
Y muy impactado e identificado con el testimonio del anónimo. Aunque, a decir verdad, yo no sé si tendría valor para apretar un gatillo, si no es en un caso de defensa propia.
Supongo que yo mataría para proteger mi integridad física y para evitar un mal mayor a uno de mis seres queridos.
Me reconozco bastante rencoroso, y capaz de desear el mal que no la muerte,- a quienes considero malos y nocivos; a los que no respetan nada; a los que se creen que están por encima del bien y del mal.
Hace tiempo tuve una discusión fuerte con un gran amigo, porque manifesté mi alborozo por el ladrillazo que se llevó Berlusconni. Me pareció toda una cura de humildad. Que la gente que se cree invencible se encuentre con la horma de su zapato, me produce regocijo, es algo que produce en mi satisfacción, quizás amoral.
Por supuesto, que un crimen tan deleznable como este no tiene justificación alguna. Y no son comparables con el ladrillazo, ni la muerta, ni la acción de represalias de estas viles y frías asesinas, que por otra parte tienen toda la pinta de ser unas trepas de primera .
Buena semana a todos

PΩLITÍCOLA dijo...

estoy convencido de que cualquiera, en defensa de su propia vida o la de su prole, es capaz de matar. Y eso no significa que luego no tengamos que comparecer ante un tribunal.