domingo, 1 de septiembre de 2013

TRABAJAR COMO MULAS


Quienes venimos de familia humilde de obreros o labradores hemos recibido una educación que exalta el trabajo duro como fuente de autorrealización, de honradez y de autoestima, además de como deber inexcusable de todo buen ciudadano y buen padre de familia. Hay en mi entorno bastantes varones ya en edad madura a los que no se les cae de la boca lo muchísimo que han trabajado durante toda su vida. Y no lo cuentan para quejarse, qué va, sino para presumir. Relatan orgullosos los madrugones inhumanos que se han pegado, los horarios imposibles que han padecido, los kilómetros que se han tragado, los cansancios animales que han acumulado, las servidumbres que han soportado, los jefes que han aguantado… todo ello -dicen con la frente erguida- para que sus hijos tuvieran un plato en la mesa todos los días o pudieran estudiar carrera, para que su señora pudiera comprarse un vestido o para veranear en la playa. Insisto en que no suele haber el menor atisbo de amargura o de rencor en sus palabras; al contrario, se sienten henchidos de satisfacción por el deber cumplido y, en no pocos casos, llegan a arremeter contra quienes no se han pegado esas palizas y han tenido, según ellos, una vida regalada, sin doblar el espinazo. Además lo más curioso es que suelen identificar sus esfuerzos agotadores durante décadas con una gran sagacidad. Se creen muy espabilados por haberse derrengado en la fábrica o desgastado suelas en la calle para dar a su familia algo mucho mejor de lo que han podido dar a la suya los haraganes y los comodones. Para terminar de rizar el rizo, se muestran agradecidos a la empresa que los ha tenido subyugados treinta o cuarenta años por, en el fondo, cuatro perras.

Todo esto se explica por la mentalidad de esclavos que nos han inculcado a los pobres durante siglos y nos siguen inculcando. Hacernos sentir que nuestro único orgullo y el único sentido de nuestras vidas es sudar la gota gorda, afanar de sol a sol, para que un señor se enriquezca a cambio de un sueldo de vergüenza con el que lleguemos apurados al día 30, es la mejor manera de convertirnos en mulas dóciles y silenciosas. Hacernos creer que solo podemos ser buenos esposos y padres si nuestra prioridad es el trabajo, si llegamos a casa deslomados, sin fuerzas ni para dar un beso a los nuestros, es el mejor sistema para que traguemos con todo y encima demos las gracias.

Y como que no. Los tiempos han cambiado y ya es hora de reordenar las prioridades y patear los viejos dogmas que nos ha inyectado en vena esa especie de feudalismo contemporáneo.

El otro día me contaba un consultor de 28 tacos el discurso que les soltó su jefe antes del verano, en un contexto de despidos inminentes. Les dijo que eran jóvenes, que tenían mucha energía, que estaban en lo mejor de la vida y que era su obligación moral ser ambiciosos y darse por completo a la empresa. Les arengó con que era el momento de echarle horas y demostrar lo que valían frente a la mediocridad circundante, de no pensar tanto en su sueldo con la que está cayendo, sino en su proyección profesional, porque solo currando a tope por los objetivos de la casa iban a mantener sus puestos en estos tiempos competitivos y a cumplir sus sueños y a tener el coche que les diera la gana. 

A esta clase de cerdos habría que colgarlos. Que le den morcilla a él, a su empresa, a sus objetivos y a la madre que lo parió. Esta peña se debe de pensar que los jóvenes están en el tajo por vocación idealista, para crecer como personas y como profesionales, y no, hijo, si están ahí aguantando tus hijoputeces es para poder comer, para casarse con su novia, fundar una familia y tener una vida digna, y tu empresilla de explotadores chantajistas les importa un rábano. Así de claro.

Por eso yo cada día valoro más a quienes no dejan que les sangren, a quienes, siendo leales, cumplidores y profesionales en su trabajo (por supuesto), no se dejan poner la bota en la cara y tienen bien claro que su familia, sus niños, su dignidad personal, sus sueños y su derecho al descanso y a disfrutar de la vida, van a estar siempre por encima de la cuenta de resultados de la sociedad anónima de unos desconocidos. Por eso, frente al discurso apolillado de los viejos que presumen de madrugones y de jornadas extenuantes como prueba de su hombría y de lo avispados que han sido en esta vida, yo diría que listo, verdaderamente listo, es aquel que se las arregla con rectitud para dedicar el menor tiempo al trabajo y el mayor número de horas a estar con los suyos, a practicar sus hobbies, a salir de viaje, a tomarse copazos con los amigos y a hacer lo que le salga del moño. Inteligente para mí es quien obtiene el mayor beneficio posible con el mínimo sacrificio, especialmente si su abnegación va a repercutir mayormente en el enriquecimiento de terceros. Espabilado me parece sobre todo el que quizá no llega a ser millonario pero sabe gozar de su vida, que son cuatro días mal contados, en vez de vendérsela a un negrero de mierda para poder comprarse una casa unos pocos metros más grande, ir a hoteles de dos estrellas más o acumular unos ahorros que vete tú a saber quién se come al final.

El trabajo es muy importante, pero no lo es todo ni mucho menos, y si organizáramos nuestras vidas teniendo esto muy claro, es fijo que alcanzaríamos una felicidad más auténtica sin tantas apariencias, materialismos y tonterías.

12 comentarios:

J dijo...

Totalmente de acuerdo con el artículo.

Además, al contrario de lo que se predica y fomenta en España (sobre todo en algunos sectores profesionales), muchas horas no implica más eficiencia o un trabajo mejor hecho.

Trija dijo...

En este post reconozco a mi padre.

Trabajo 8 horas al dia pero mis jefes solo me tienen cotizando 3, cada vez que comento con mi padre mi idea de denunciarles me dice que ni se me ocurra, que pobrecicos mis jefes.

Chafachorras dijo...

Estando básicamente de acuerdo con usted, me gustaría hacer algún matiz.

Por supuesto que hay que vivr del trabajo y no para el trabajo; pero el trabajo no es un mal menor (o mayor) que hay que soportar para vivir.

El trabajo, cuando se tiene que esa es otra historia, también sirve para realizarse a uno mismo y para hacer algo bueno para la sociedad y el bien común.

Por eso ser eficiente y eficaz en el trabajo, es decir ser un buen profesional, es algo no solo bueno para la empresa sino algo ético y moral y por lo tanto bueno para el trabajador.

Trabajar como mulas es una barbaridad pero trabajar como el funcionario que no funciona (que los hay que funcionan y muy bien) es un desperdicio y una falta de respeto por los demás y por uno mismo.

Eso no es fácil de inculcar. Créame, yo he sido responsable de un grupo de trabajadores bastante amplio y es difícil encontrar un trabajador (especialmente si es jóven y viene sin estudios, que hay muchos) dispuesto a trabajar como un profesional, con la responsabilidad y prúrito personal de hacer las cosas bien.

Esos tiranos bien retratados que usted señala son un cáncer de la sociedad pero el vago manifiesto es el alimento de ese cáncer.

Y si unimos el hecho de que ambos pueden ser faltos de escrúpulos pues apaga y vámonos.

No generalice usted, por favor. Yo recuerdo a mi padre (funcionario) trabajando como un animal sola y exclusivamente porque tenía la obligación moral de hacerlo bien.

Y aunque yo no le llego ni a la suela de los zapatos, a mi me enseño a vivir así....y no me ha ido tan mal.

Anónimo dijo...

gilipolleces en grado supremo...esto solo lo puede escribir un vago redomado que seguro que es de lo que ahorran y no saben gastar un duro ni disfrutar de la vida y se rie de la gente que ha trabajado duro para dar de comer a su familia y por un mejor futuro..

Aprendiz de brujo dijo...

Buenísima e interesantísima entrada, aunque se te ha ido la mano con la dosis viperina en algunos momentos, en mi humilde opinión.
Yo no tengo un punto de vista claro al respecto. Cada persona es un mundo. Cada relación laboral otro distinto.
Yo creo que si que existen trabajadores que le deben mucho a su empresa; y también empresarios que le deben mucho a sus trabajadores.
A mi personalmente, me encantaría tener una mayor capacidad de trabajo, pero es verdad que la vida es mucho más que las horas de trabajo de un sujeto.
Hay gente que estruja la vida y da el ciento por ciento en cada momento y en cada actividad, sea esta lúdica ó profesional. Supongo que esos son los espejos en los que mirarse.
Buena tarde a todos.


Alonso dijo...

Cielo Santo... pero si esta entrada la podría haber firmado Carrillo.

Le creía un hombre de derecha, más aún, de extrema derecha, partidario en cierto modo, incluso de la recuperación de la esclavitud. Asombrado he quedado.

C. S. dijo...

Ha estado sembrao, Sr. Neri. Ya lo decían los Santos Mártires de Chicago: "ocho horas para trabajar, ocho horas para dormir, ocho horas para vivir"

Carlos Tuñón dijo...

Cuánta gente anda de copas a las 12 de la noche los viernes, todavía con en traje y la corbata en el bolsillo de la chaqueta. Se consideran imprescindibles y presumen de no haber tenido un día de vacaciones desde el año pasado, y van a todas partes con el portátil.

Ganan 3.000 euros al mes y esa es su jaula de oro. Si luego divides las horas por el sueldo y la responsabilidad, es mejor trabajar repatiendo pizzas. Y lo que es peor, la vida escapándose por cada poro de la piel...como el becario de Londres que murió el otro día.

Totalmente de acuerdo: un tío listo es el que trabaja poco y disfruta mucho de su tiempo. Y si cobra más, más listo todavía. Y eso no tiene nada que ver con ser un vago.

Al Neri dijo...

Iba a matizar unas cosas del post, pero el comentario de Tuñón lo hace innecesario. Ha resumido usted perfectamente lo que quiero decir.

Por muy mal que quiera interpretarse esta entrada, es indistutible que el que obtiene honradamente trabajando 8 horas y sin acabar molido el mismo beneficio que quien se desloma como un animal y está siempre a disposición de la empresa, es mucho más inteligente. Se mire por donde se mire.

Chafachorras, no veo su comentario como un matiz, pues no he negado nunca lo que usted señala. Coincido con su visión cristiana del trabajo "para hacer algo bueno para la sociedad y el bien común". Pero coincidirá conmigo en que estas palabras a menudo se quedan un poco huecas y que en nuestro trabajo diario a veces cuesta mucho dilucidar qué servicio estamos haciendo a la sociedad y al bien común.

Aprendiz dijo...

Yo en este tema no tengo un criterio propio, me guío por los ejemplos que veo a mi alrededor.

Por ejemplo a mi padre lo veo muy reflejado en tu post, el típico que vive trabajando. Pero es que veo que ha llegado más lejos de lo que llegan otros muchos. Quizás el punto esté en qué es para cada uno llegar lejos. Para mí viajar sin más que por ver "cosas" pues no tiene sentido; tener las tardes libres por tener tiempo para tus hobbys pues tampoco...

Para mí llegar lejos es poder tener una casa decente, tener varios hijos, poder darles lo mejor que esté a mi alcance... y para eso hay que trabajar como mulas.

Yo por mi parte he recibido todo lo que he necesitado gracias al esfuerzo de mis padres, y para mi es egoísta que yo eso lo aproveche ahora para vivir más cómodamente y poder ver mundo.

Es como lo veo yo.

Brisa dijo...

Me parece un discurso atemporal Sr. Neri. Lo que ud. plantea es un ideal inalcanzable hoy en día. Valioso ideal, pero absurdo para la juventud de hoy. Con ese criterio pues digámosle a los jóvenes de 28 años como el del ejemplo, que manden a paseo a su jefe por el degradante discurso, y se anoten acto seguido en la oficina más cercana para recibir el seguro por desempleo (en el caso de tener la suerte de vivir en un país que lo otorgue, que ya es mucho).

Qué le recomendaría a ese joven de 28 si fuera su hijo? Con la que está cayendo en su tierra como para andarse con pretenciones! Si deja el puesto hay cien que se postulan por menos dinero, sobre todo si la empresa es de las que prometen hacer carrera.

No sé, yo creo que siempre en la vida hay que pasar por etapas de trabajar de sol a sol para cosechar los frutos más adelante. Yo he sido de las que por una década he trabajado 14 horas al día (y muchos fines de semana), pero al ver ahora las inmensas puertas que les abrimos a nuestros hijos (mi marido a la par) gracias a nuestro esfuerzo, pues lo volvería a hacer. Ah, y gracias a ello he tenido todos los hijos que quise, sin que sea el aspecto económico una barrera que me limite mi vocación de madre numerosa.
Y ahora sí me permito elegir el lugar de mis vacaciones, los días que trabajo y los que no, y lo que es más importante: puedo darme el lujo de estar al lado de mis hijos cuando me necesitan. En mi caso bien valió la pena el esfuerzo. Durisimo, pero efectivo a largo plazo.
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Una curiosidad sobre el comentario de Carlos Tuñón: eso de vivir en una jaula de oro con 3000 euros al mes, es una metáfora? O es que en su ciudad con ese dinero, digamos netto, se vive muy bien?
By the way: yo no podría repartir pizzas ni por todo el oro del mundo :-)

Muchos saludos!

Al Neri dijo...

Brisa, estoy de acuerdo en que puede haber etapas en las que haya que trabajar muy, muy duro para sacar adelante un proyecto concreto, las horas que haga falta. Pero esto no debería ser lo normal, pues hay otras mil facetas de la persona aparte del trabajo.

La mayoría de argumentos a favor del trabajo exhaustivo, sin horarios y con total disponibilidad, como insinúa J, no son sino cantinelas para explotar a la gente. Por ejemplo, en algunas consultoras americanas hacer 10 ó 12 horas por costumbre es una mera cuestión de imagen. Está demostrado que una persona normal no puede rendir bien con ese horario y además en 8 horas bien organizadas se puede ser mucho más eficiente que en 12.

Quien pretenda este régimen de trabajo para sus empleados es un explotador hijo de puta, y quien lo acepta simplemente es porque no le queda más narices. Y si acepta a cambio de un sueldo millonario, solo le digo que yo no creo en la libertad de pacto entre empresario y trabajador, sino en imponer condiciones mínimas de horario y retribución, de modo que nadie, jamás, fuera cual fuera su sueldo, pudiera trabajar más de un número determinado de horas semanales.

No sé qué le diría al de 28 años, cierto que es difícil, pero conozco gente que ha dejado trabajos de esclavo porque no estaba dispuesto a aguantar ciertas condiciones. Cada uno verá hasta qué punto puede permitirse defender su dignidad. Y al que no pueda yo lo respeto...

Lo único que digo, eso sí, es que es de imbéciles presumir de que te exploten. Y muchos lo hacen.

Un sueldo mensual de 3.000 euros limpios es muy deseable por un amplio sector de la población española. La mayoría de ingenieros superiores en mi ciudad no ganan ni 1.800 en su primer trabajo.

Yo tampoco repartiría pizzas ni por todo el oro del mundo. Ni trabajaría 12 horas diarias (salvo de forma puntual) ni por todo el oro del mundo. Ni emigraría de mi país ni por todo el oro del mundo.

Aprendiz, entiendo bien su postura, pero le digo dos cosas:

- Seguro que hay gente que ha llegado mucho más lejos que su padre trabajando muchísimo menos. Y habrá muchos que han trabajado tanto o más que él y ganan dos duros.

No siempre existe una relación directa entre trabajar como mulas y obtener mayores ingresos.

- Quizá ahora no tenga usted aficiones a las que te apetezca dedicar tardes libres (¡curioso!), pero puede que en el futuro le guste regalarle más tiempo a los suyos y no le sea posible por culpa del trabajo. De todos modos me parece muy triste que alguien prefiera trabajar a disfrutar de su tiempo libre. Vamos, es absolutamente anormal, salvo que se trate de trabajos ultra-vocacionales en los que se mezclen la profesión y el hobby, y aun así me parecería obsesivo estar todo el día haciendo lo mismo.