jueves, 9 de diciembre de 2010

ROMÁNTICO

Sin duda uno de mis peores defectos, entre los muchos que tengo, es mi frialdad. La frialdad no significa ser mala persona ni tratar mal a la gente. Es solo que me cuesta bastante coger cariño, que no me prodigo expresándolo y, sobre todo, que soy demasiado racional y cuadriculado. En mis decisiones personales casi siempre pesan más las razones objetivas, los pros y los contras bien meditados, y los análisis de riesgos que los argumentos del corazón. Rara vez improviso.

Una vez me dijeron que mi época que yo llamo de la cruz y la espada fue una etapa romántica, por cuanto supuso mi entrega a unos ideales, a una utopía. Sin embargo, yo lo dudo. Empuñé la cruz en una mano y la espada en la otra porque necesitaba encauzar con energía mi rabia contra una sociedad que me chirriaba por todas partes; porque era incapaz de dejar pasar ciertas cosas; porque pensaba que era mi deber; porque quería ser justo a toda costa, aunque quizá fui más justiciero que justo. No sé. ¿El amor a España es un amor romántico o se nutre de racionalidad, de historia y de filosofía?

Pero hubo una ocasión en que sí fui romántico.

Hubo un momento, hace ocho años, en que sí aposté con las cartas del corazón sin sopesar ventajas e inconvenientes, en que decidí guiado tan solo por mis sentimientos.

Tras un largo período de incertidumbres, había conseguido encarrilar los frentes más importantes de mi vida. Lo tenía todo bien enjaretado, como a mí me gusta. Trabajo estable, novia, autoestima y un futuro casi bordado, al que solo faltaban por dar un par de puntadas en forma de boda para tejer del todo mi orden y mi seguridad.

Pero ese verano me iba a descolocar muchos esquemas. La muchachita de ojos inmensos que se ofreció a enseñarme los más bellos rincones de la ciudad a la que me habían destinado cambió mis perspectivas y mis ilusiones de una forma casi violenta.

Ese verano sentí cosas y tomé decisiones de las que un mes antes me habría visto incapaz. No me lo habría creído aunque hubiera podido verlo en una bola de cristal.

Como parece que entonces yo estaba ciego, me avisaron desde fuera de los posibles –más bien seguros- peligros y dificultades. Incluso ella me advirtió. Pero durante casi dos años viví en una nube en la que para mí solo contaba estar a su lado.

Luego desperté del sueño y en buena medida volví a mis cábalas, a mis cálculos, a mis mapas de ruta y al ordenado mundo de la razón. Me orienté de nuevo, abandoné los caminos sin señalizar ni asfaltar, y me incorporé a la autovía.

Aunque estar perdido fue bonito. Aprendí la lección maravillosa de cómo dejarse llevar y de cómo distinguir el amor del cariño, la pasión del afecto, la entrega sin condiciones de la rutina de lo correcto.

Y esta lección me ha servido de mucho.

18 comentarios:

Anónimo dijo...

vamos que se ha convertido usted en el perfecto fuuncionario del corazón.......qué penita me da usted, lo siento, pero es así

sefo dijo...

Umm, interesante, ¿y por qué te ha servido de mucho la lección?

nagore dijo...

uy,uy,uyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy... voy a leerlo otra veeeeeez...

Soldado Vikingo dijo...

Yo ahora tengo 18 años y estoy intentado encontrar el mejor camino para hacer algo por España.
¿Estás diciendo que me acabará pasando lo mismo?.

sandra dijo...

Joé, Neri, yo pensaba que hoy era el aniversario de su boda o el cumple de la Sra. Neri y que se había permitido la licencia de manifestar su amor por su esposa... y nos termina la historio a golpe y porrazo, con un regreso a su mapa de ruta.

Por cierto... déjese de brújulas vulgares y mapas ya trazados... y pida a los Reyes la brújula de Jack Sparrow.

Al Neri dijo...

No, Anónimo. Tal vez no lo he sabido expresar. Yo probablemente siempre seré un tío cuadriculado, pero la experiencia a la que me refiero me enseñó a serlo menos ("Y esta lección me ha servido de mucho") y a valorar la sal de la vida que es la improvisación, el dejarse llevar. Aunque todavía sea un aprendiz en ello...

Estimado Soldado Vikingo, en realidad a mí no me ha pasado nada. Todos debemos intentar siempre buscar el mejor camino para hacer algo por España. Pero quizá cada edad y cada etapa solo son compatibles con determinados caminos.

Estaba intentando explicar si mis motivaciones a su edad fueron románticas o más bien racionales. Pero lo importante es hacer las cosas; a veces dan igual las motivaciones.

Yo admiro y envidio su entusiasmo y espero que nunca se le pase y que podamos aprender de su ejemplo los que no siempre estamos a la altura de las circunstancias.

Elena Lechuga dijo...

¿de qué?

El último de Filipinas dijo...

Cada edad da para unos cometidos y un lugar en que situarse. Los años hacen que dejemos la trinchera y nos vayamos a la mesa donde están los mapas y las estrategias. Pero ningún lugar es mejor o peor que el otro.
Tan malo es un general de 18 años como un recluta de 50.

Rocco Lampone dijo...

Romántico usted, Caporegime Neri?

Amos anda ya!!

quizás un pelín atontaete por la piba, pero no me cuadra usted como romántico, no señor...

Zorro de Segovia dijo...

es imposible pesar dos corazones con la misma balanza ..., pues cada persona es una maravilla irrepetible e incomparable. Todos nosotros somos libres de elegir y me alegro de que usted esté orgulloso de sus elecciones. Otros se quedan en la cueva, acojonados, y malgastan sus oportunidades.

En fin, sólo lamento este pasado "justiciero". Ese adjetivo suele asociarse a que alguien sufre daño a otros.

El Subdirector del Banco Arús dijo...

Un tema tremendamente interesante, sr. Neri. ¿Dejarse guiar por el corazón o por la cabeza? ¿O por las vísceras? Una pregunta que desde Platón se hace la Humanidad.

Yo soy más partidario de dejarme guiar por la cabeza y comportarme de la forma más cuadriculada posible. Es una forma de proteger al corazón de posibles sufrimientos pero, también es cierto, que se disfruta más de la vida cuantas más posibilidades hay se terminar sufriendo.

Así que creo que hay que saber en qué ámbitos debe gobernar cada órgano:

-Trabajo: Cabeza, sin duda. Que hay muchos aprovechados, sobre todo en la Administración.

-Relaciones familiares. Corazón, pero con cuidado. Que haya reciprocidad.

-Relaciones personales y amistades. Hay que tener claro quiénes son tus amigos y quienes no.

Al Neri dijo...

Elena Lechuga, me sirvió para darme cuenta de que todo en la vida no se puede tener controlado y además se suele disfrutar más cuanto menos controlado esté. Bueno, la teoría me la sé muy bien :-).

Sr. Lampone, ha herido usted mi sensibilidad...

Zorro, no hice mal a nadie... Es solo que los justos, cuando son demasiado racionales y cuadriculados, son más bien justicieros. Una justicia que no atienda al caso y a la necesidad particular, podrá ser muy objetiva, pero poco humana y al final poco justa.

Subdire, yo no soy cerebral para protegerme de los sufrimientos. Es mi forma de ser. Me gustaría serlo mucho menos porque ya le digo que en la vida, como uno no se relaje, podrá tener razón, no dejarse pisar, ser muy listo y hacerlo todo muy bien, pero estar asqueado de todo. Es así de paradójico.

Estoy de acuerdo en que en el trabajo deben ser descartados los afectos, pero no la humanidad, ni la sensibilidad ni la generosidad.

En la familia, en la amistad y en el amor, soy racional, pero eso no significa que no les quiera mucho. Tampoco creo en la reciprocidad. Hace mucho que me di cuenta de que como te pases la vida esperando que los demás sean como tú o te den lo mismo que tú les das, acabarás amargado y seguramente todo.

Álex dijo...

Mucho más interesantes sus tres últimos post, Sr. Neri, que los anteriores sobre la "salidez" de los españoles. En mi opinión, claro. Porque, como es fácil deducir, creo que el quid de la vida está mucho más en lo que se siente que en lo que se piensa. Con eso quiero decir que tiene más repercusión práctica en el bienestar individual y común que cada uno de nosotros conozca y entienda lo que pasa por sus "vísceras" y las de los próximos que lo que pasa por los respectivas "cabezas".
Son cuestiones difíciles de expresar con precisión y por eso resultan estas frases tan poco digeribles, pido disculpas.
No creo que se trate sólo del dilema entre ser racional o ser romántico. La cuestión es más de fondo: en última instancia, la decisión, la acción en definitiva, es algo "cerebral", pero puede estar más o menos informada por las vísceras (sentimientos, miedos, deseos...)
Aquí mismo estamos viendo cómo 2 personas, los sres. Neri y Subdirector, pueden calificarse de cerebrales y cuadriculadas, pero comportarse, o al menos expresarse, de maneras muy diferentes (esa es la impresión que me transmiten), en función del grado de interés y conocimiento de todo ese mundo "visceral" y semioculto que todos tenemos.
Así que, Sr. Neri, le animo a que siga profundizando en esa combinación de su manera de ser "tan" racional (una gran virtud para analizar mejor la realidad) con el conocimiento intenso de lo que se remueve dentro de cada persona.

nagore dijo...

" Aprendí la lección maravillosa de cómo dejarse llevar y de cómo distinguir el amor del cariño, la pasión del afecto, la entrega sin condiciones de la rutina de lo correcto. "

Para mí, ninguno de éstos conceptos es contrario al otro. Pienso que van sutilmente ligados:

Amor y cariño
Pasión y afecto... y respeto
La entrega sin condiciones y la rutina de lo correcto... "rutina"?

El amor del güeno, para mí, primero es cabal, sereno, maduro... y despues y siempre... de pasión infinita.

De esta forma si se acaba, siempre quedarán:
el cariño
el afecto y el respeto
y la madurez para saber hacer lo correcto.

P.D. Zorro... preciosas sus palabras.

Rocco Lampone dijo...

Sr. Neri, mis disculpas.

Al Neri dijo...

Sr. Lampone, veo que no me pilla las ironías ;-)

cagüentoooo.... dijo...

estas personas de las que usted habla me recuerdan a cierto escritor que una vez escribió: "la opositora", por fascículos....

Rocco Lampone dijo...

Sr. Neri, usted a mi tampoco...