lunes, 6 de diciembre de 2010

BUENA MEMORIA

Dicen que tengo buena memoria.

Pero la memoria es un mundo inexplicable que se rige por complejas normas. Hay muchos tipos de memoria y casi nunca resulta fácil domesticarla o hacerla funcionar a tu voluntad.

Soy capaz de leer rápidamente un capítulo de un libro y reproducirlo después casi íntegramente por escrito, incluso con las mismas palabras. Sin embargo, puedo pasarme dos años llamando varias veces al día a un número de teléfono sin lograr memorizarlo.

Tengo la historia de mi vida organizada matemáticamente en años, con una exactitud de calendario que asombra a muchos. Puedo recordar en qué año y en qué mes se produjo cualquier acontecimiento de mi vida. Pero rara vez me acuerdo de los nombres de la gente que me han presentado hace diez minutos, y soy malísimo para las caras.

Es cierto que hay diferentes modalidades de memoria, a corto y a largo plazo, etc, pero con los años he llegado a una conclusión bastante certera: La memoria está directamente relacionada con el interés que tengas por lo que debes recordar. Así de simple. Yo soy un tipo que voy bastante a mi bola y solo suelo fijarme en las personas y en las cosas que me interesan. De hecho, mi curiosidad es muy selectiva, por lo que puedo estar muchos años preguntándole a un vecino en el ascensor a qué piso va porque casi no sé ni quién es, u olvidar al instante direcciones, teléfonos, rostros, nombres y datos personales de gente que me importa un carajo.

Pueden hacerme leer dos informes que ni me van ni me vienen o en los que yo no he de intervenir, y a los dos días no recordar ni el título, ni de qué iban, mientras que si me atañen puedo grabarlos, letra por letra, en mi mollera.

Cuando algo o alguien me llama la atención, me gusta, me interesa o me preocupa, registro en la computadora de mi cerebro todos los detalles.

Mi memoria me ha reportado muchas ventajas (entre ellas, parecer a veces mucho más culto de lo que soy), pero también tiene su lado oscuro
. Gracias a ella o por culpa de ella puedo recordar de forma muy vivida mis mejores y peores momentos. A veces, cuando me pongo a recordar situaciones o conversaciones del pasado, me dan escalofríos, pues las siento tan cercanas, tan exactas y tan reales que parece que las estuviera viviendo de nuevo. También me pasa –mucho más incluso- cuando sueño. Esto es algo que a menudo me hace sufrir, ya que si la vivencia fue negativa, rememorarla me angustia; pero si el recuerdo es agradable, mi corazón, después de sonreír brevemente, suele llenarse de nostalgia y de tristeza si ese momento pasado es ya irrecuperable.

También hay personas y épocas que parecen haber quedado tatuadas o grabadas al fuego en mí.

Me gustaría aprender a domar ese potro a veces dulce y a veces dañino, pero siempre violento, que es mi memoria.

7 comentarios:

nagore dijo...

Me destierro a la memoria
voy a vivir del recuerdo.
Buscadme, si me os pierdo
en el yermo de la historia...

(Unamuno)

Soldado Vikingo dijo...

Lo que describes me pasa a mí también. Puedo tirarme horas estudiando para un exámen pero me costará muchísimo aprobarlo, en cambio, puedo leer cualquier cosa relacionada con la política o la Historia y aprenderla de principio a fin, o al menos la base.
¡Puñetera memoria!.

sandra dijo...

Yo tengo bastante buena memoria, supongo para compensar mi inteligencia.

Soy una mente de letras. Mi memoria es visual. Memorizo rápidamente. Y más si disfruto con el tema. Pero también olvido con bastante rapidez.

También tengo una buena memoria "afectiva". Suelo acordarme de todo lo que me cuenta una persona. Y de todo lo que me hacen: de lo bueno y, por desgracia, de lo malo.

Me enerva mucho que me prometan cosas y no las cumplan. Porque siempre me acuerdo de la promesa hecha.

Y cuando prometo algo, tampoco se me olvida. Por eso supongo me cuesta comprender que a otros se les olvide las cosas tan fácilemte.

Zorro de Segovia dijo...

es raro estar enteramente a gusto con el cuerpo o la mente que nos ha tocado en el reparto. Comúnmente los famosos se quejan de los inconvenientes que les reporta su fama, pero no tan a menudo de los dineros. Igualmente las guapas se quejan de los moscones, pero ¡ay de ellas si fueran la fea del lugar!

Disfrute usted de las ventajas y olvide, selectivamente. Quizá también en esto del olvido funcione eso de poner interés en desterrar algo de su memoria.

Rocco Lampone dijo...

Ah, Caporegime Neri, el tema de la memoria y los sueños es amplio y oscuro...
Yo rara vez recuerdo un sueño, generalmente uno o dos al mes.
Sin embargo esos los recuerdo a fuego, y siempre son inquietantes.
A veces macabros, a veces tiernos, siempre son increibles y absolutamente absurdos.
Pero me molan mogollón.

Dulcinea dijo...

Al contrario de lo que dice el zorro de Segovia, creo que olvicar no es voluntario y no depende de que pongas interés. Lo único que puede ayudar a olvidar ciertas cosas es el paso del tiempo y a veces se necesita mucho.

El Subdirector del Banco Arús dijo...

Me sucede exactamente lo mismo. Además, cada día soy más despistado y puede que se deba a que cada vez hay menos cosas que no me aburran o que me parezcan verdaderamente interesantes. O quizás sea la edad.

Soy incapaz de acordarme de lo que he comido hoy. Se me olvida que tengo que hacer ciertos papeles y no me queda más remedio que solventarlo en el último momento. Sin embargo, soy capaz de recordar cómo iban vestidas determinadas mujeres un día concreto de hace cinco años ;-)