sábado, 30 de octubre de 2010

LA OPOSITORA (3ª parte)


Aquella tarde
fue sin duda una de las más funestas de mi vida. No recuerdo haber pasado tan mal trago ni siquiera el día de mi propio examen oral, hace ya diez años. Estuve en tensión durante cuatro horas, con la sensación de que en cualquier momento podía desencadenarse un terremoto, caer una piedra enorme sobre mi cabeza, perder mi credibilidad profesional o a la mujer que cada día me conquistaba un poco más.

Como andaba mal de tiempo, me llevó a Trabajo el conductor del Director. Entré medio corriendo en el edificio de Agustín de Betancourt y al llegar a la sala de juntas de abajo, donde se celebraban los ejercicios, me llevé la desagradable sorpresa de que había quórum de sobra, pues Matías había llegado a tiempo y estaba también Miguelón, de UGT, supliendo a Mari Ángeles.

- Julián, coño… ¡Y me has hecho venir! -salté de malas maneras.

El “presi” se partía.

- Anda, anda, no te cabrees –me rodeó el hombro con el brazo- . No sabía que iban a venir, pero tío, por lo menos conoces en vivo un examen, que ya te huele, escaquéitor.

- Además –intervino Matías- , no te puedes perder a la buenorra que tenemos hoy. Ya hay dos esperando en el hall y hay una morenaza que ya me gustaría a mí cumplimentarla el TC-2 – y soltó una risotada estruendosa que corearon Julián, Miguelón y Toño, el Secretario.

El ordenanza de la planta había desaparecido después de abrir, así que Julián nos encargó a Toño y a mí que pegáramos en la puerta la lista de los aspirantes del día. Estaba terminando de cortar la cinta adhesiva para que el Secretario fijara el cartel cuando la vi de reojo llegando desde el fondo del pasillo. Noté el sudor en mi frente y me giré del todo, disimulando, fingiendo mirar la lista con atención. Pero al minuto oí mi nombre en su voz ilusionada y no me quedó otra que volverme. Su imagen me impresionó por muchas razones, entre ellas su blusa abierta de color beige, su escote de vértigo y sus pantalones ajustados que ensalzaban sus formas como nunca. Iba muy maquillada y, a pesar de sus ojeras, me sonreía con ojos chispeantes.

- ¡Has venido, has venido! – y se abalanzó sobre mí en un beso apasionado y asfixiante que se me hizo eterno- ¡Muchas gracias, niño!, ¡eres un solete!

Toño había terminado con el anuncio y nos miraba boquiabierto a menos de medio metro. Sujeté a María por las muñecas y la aparté como pude. Mi corazón parecía a punto de estallar.

- Tranquila, mujer –retrocedí un paso y susurré:- Ahora va...vamos a dejarnos de carantoñas, que tienes que estar tran...tranquila y con…concentrada.

- ¡Ay, mi niño! –voceó sin rubor alguno- ¡Si también estás nervioso! Cómo me alegro de que hayas venido, te lo juro. Oye, mira, espérame un segundín, que voy al servicio y ahora mismo nos vemos, ¿vale? Con los nervios me meo cada dos por tres.

Apenas desapareció, Toño me miró fijamente, como si hubiera presenciado una Aparición, y yo esbocé algo así como una sonrisa acompañada de algo así como el ademán de encoger los hombros, al tiempo que volvíamos a entrar en la sala del examen cerrando la puerta tras nosotros.

Inmediatamente comenzamos a llamar a los aspirantes. Al coñazo habitual de soportar el recitado de temas, se unió para mí ese día el sinsabor de una situación que a todas luces se me escapaba de las manos. No fui capaz de prestar atención ni cinco minutos a los contenidos expuestos y en las tres deliberaciones anteriores a la intervención de María esperé a votar el último y aventuré una nota cualquiera, tratando de que fuera parecida a la del resto de los miembros del Tribunal. Nos cepillamos a los tres.

Mientras Toño salía a hacer el último llamamiento de la tarde, Miguelón comentó:

- Esta última es la despechugada. A ver si además de estar buena, tiene algo de nivel, porque llevamos un día…

- Desde luego, Miguelón, los inspectores estáis más salidos que el pico de una plancha –le recriminé sin mirarle- . Un poco de profesionalidad, por favor, que una cosa es una broma y otra lo vuestro…

Toño se puso a toser estrepitosamente, tapándose la boca.

- ¡Mírale al TAC , qué puritano! –me contestó el sindicalero- ¿Te has traído el rosario y el Camino para rezar por estas pobres chicas que se examinan?

- ¡Vete a la mierda! –musité entre las risas generales.

- Pues yo no te vi muy profesional el otro día con la zamorana –apuntó Julián con muy mala leche.

(Leer cuarta parte)

10 comentarios:

Zorro de Segovia dijo...

bien, bien, etapa de transición antes de la etapa reina :)

alco dijo...

Sr Neri, vaya acabando el ejercicio para que podamos evaluarlo. Ponga sólo lo esencial, deje aparte los detalles triviales y concluya, por favor.

EL FRANCOTIRADOR dijo...

Señor Neri,me va a matar la impaciencia.Estoy tan tenso como su sosias,y por cierto que pedazo de cabroncetes son los del tribunal.

El Subdirector del Banco Arús dijo...

No nos deje más en ascuas. Que esto si es interesante y no los musigayes esos que tanto le gustan.

Por cierto, siempre me he preguntado cómo debe ser eso de estar firmemente liado con una supermaciza y que todos los hombres te envidien.

perroviejo dijo...

¿Y ya??? Vamos hombre, que siempre nos hace lo mismo.

Isel dijo...

1- La tia se corta y la caga y se carga al funcionario

2- La tia se traga la saliva y hace un ejercicio oral excepcional.

3 - =2 pero simplemente salva los platos

4 - Dice "que demonios" y se monta una orgia entre al supermaciza y el tribunal (esta esta!)

5 - Queda que no se sabe y... es el follador de mazicas que tiene que decidir...

...continuará...

El último de Filipinas dijo...

El que lo relata sigue vivo, así que se puede descartar que corriera la sangre.

Al Neri dijo...

Último de Filipinas, insisto en que es un simple relato escrito en primera persona por razones de estilo.

Alco, me inquieta que me evalue el ejercicio todo un catedrático. Sea benevolente.

Teutates dijo...

Le veo muy identificado con la trama y al guno de sus personajes..., pero cojo... nos tiene en áscuas. Finiquite, finiquite que estamos todos ansiosos por ver como termina su historia.

sandra dijo...

Sr. Neri, que le está cogiendo gustillo a deajarnos con la intriga...

Pobre muchacha, a punto de cantar y descubrir que su niño es uno del tribunal... pa quedarse en blanco... y luego matar al chico lentamente... muuuuu lentamente.