Llevo unas semanas con mucho disgusto a cuenta del delirio separatista que ha detonado en Cataluña. Los nubarrones secesionistas son cada vez más oscuros y ya se escuchan los truenos de las manifestaciones multitudinarias y se atisban relámpagos en forma de amenazas mafiosas del presidente de la Generalidad, que envida con las cartas del soberanismo y de la independencia, según él muy distintas pero que yo no acierto a diferenciar. Todo apunta a que esta misma semana caerá ya el chaparrón de una proclama “soberanista” a la portorriqueña o a la escocesa, en el mejor de los casos, que nos traerá tarde o temprano la riada violenta de la escisión con el nombre que le quieran dar.
Si los nacionalistas catalanes acabaran lanzando una declaración unilateral de independencia, o simplemente Cataluña incumpliera sus obligaciones fiscales, convocara un referéndum ilegal o maniobrara de cualquier modo contra los intereses generales de la nación española, procedería una reacción inmediata del Gobierno. Con la Constitución en la mano debería suprimirse la autonomía en base al artículo 155, como ya ha sugerido UPyD, y si ello diera lugar a algaradas o desórdenes, tendría que intervenir el Ejército, que para eso está, en cumplimiento de los artículos 2 y 8. Y el Ejército, ya se sabe, no dispara con pelotas de goma. Claro que si apartamos la vista de la Carta Magna y del Código Penal vigente, se abre todo un abanico de eficaces soluciones, pero prefiero no dejar volar mi imaginación…
Si los nacionalistas catalanes acabaran lanzando una declaración unilateral de independencia, o simplemente Cataluña incumpliera sus obligaciones fiscales, convocara un referéndum ilegal o maniobrara de cualquier modo contra los intereses generales de la nación española, procedería una reacción inmediata del Gobierno. Con la Constitución en la mano debería suprimirse la autonomía en base al artículo 155, como ya ha sugerido UPyD, y si ello diera lugar a algaradas o desórdenes, tendría que intervenir el Ejército, que para eso está, en cumplimiento de los artículos 2 y 8. Y el Ejército, ya se sabe, no dispara con pelotas de goma. Claro que si apartamos la vista de la Carta Magna y del Código Penal vigente, se abre todo un abanico de eficaces soluciones, pero prefiero no dejar volar mi imaginación…
Mucho me temo, sin embargo, que el Gobierno español no haría nada más que, a lo sumo, lanzar pusilánimes advertencias. Poco puede esperarse del frailón pasmado de Rajoy, y eso los separatistas, que no son tontos aunque sí unos cobardes miserables, lo saben mejor que nadie, pues no en vano han esperado a tener sentado en Moncloa al presidente más tibio de toda la democracia para desencadenar su tormenta.
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| Su único sentimiento es la pela |
Pero no solo han aguardado a tener en frente al enemigo más blandengue posible, sino que se aprovechan de la fragilidad de España a causa de la crisis económica, y, lo que es peor, instrumentalizan los padecimientos que la crisis ha traído a Cataluña para avivar el fuego de la traición a España. Llama demasiado la atención como en los últimos años los argumentos segregacionistas que esgrime buena parte de la sociedad catalana se centran exclusivamente en la balanza de pagos, en cuestiones fiscales y monetarias, y en el agravio y la asfixia económica a los que, según ellos, les está sometiendo el estado español. Ya no se les oye, como hace no tanto tiempo, defender su soberanía con esa amalgama exaltada y sentimental de argumentos patrióticos pseudohistóricos, con esa verborrea romántica en la que se mezclan el “Reino” de Cataluña, la Guerra de Sucesión, los Decretos de Nueva Planta, la Renaixença, Macià, Companys y toda la retahíla que compone su historia lunática y manipulada de los putos Països Catalans. Ahora a los nacionalistas catalanes y a los miles de ciudadanos que salen a la calles de Barcelona a pedir la independencia solo se les escucha la cantinela machacona de que la pela es la pela, de que marchándose vivirían mejor, habría más trabajo, ganarían más y pagarían menos impuestos.
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Sería imposible hacerle justicia
con el Código Penal vigente
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Solo hay un motivo por el que el separaratismo está ganándose a las masas: el chantaje materialista, la mentira de que Cataluña saldrá antes de la crisis si rompe sus lazos con España. Las muchedumbres de la Diada que chillan "Catalunya lliure" no albergan el más mínimo sentimiento nacional y les importa un bledo su historia. Solo quieren que les suban el sueldo y pagar la hipoteca.
Lo que más pena me da es que en el resto de España y en mi región especialmente, cada vez es más habitual escuchar opiniones del estilo a “¿se quieren ir? ¡pues que se larguen de una vez y se mueran de asco”, o defendiendo la conveniencia de un referéndum “para solucionar el problema”. A la simpatía, afinidad o al menos tolerancia de cada vez más españoles no catalanes con la causa soberanista ha contribuido de forma decisiva la “colonización cultural” ejercida por el Fútbol Club Barcelona a través de los medios de comunicación. ¡Qué amargo es constatar que lo que no han conseguido los políticos ni el sentimiento catalanista del pueblo lo estén logrando la crisis financiera y el pan y circo del fútbol!



















