Como muchos de nuestros lectores sabrán por la prensa y, sobre todo, gracias a la difusión que se ha realizado de estos hechos a través de Internet, el Desgobierno, cegado por el odio que ha materializado en su proyecto estrella de Ley de la Memoria Histórica, se ha propuesto demoler el Valle de los Caídos. Para ello, utiliza los subterfugios más canallescos y sibilinos, habiendo cerrado el recinto en el mes de noviembre escudándose en goteras, filtraciones, peligros de desprendimiento y otras chuflas parecidas.
La última invención de María Teresa Fernández de la Vega, cabeza visible de los talibanes artífices de esta barbaridad, ha sido que la enorme Piedad de Juan de Ávalos que remata el frontispicio de la entrada a la Basílica sufre peligro de desprendimiento. Por lo visto, para evitarlo, a sus secuaces mercenarios de Patrimonio Nacional -el interior de la Basílica no depende de ellos sino de la Iglesia Católica- no se les ha ocurrido otra cosa que desarmar la estatua a martillazos con la excusa de trasaladarla a algún taller. En realidad, se trata de un proceso de demolición: restos de la figura se encuentran diseminados por las cunetas a pesar de las protestas del Abad de la comunidad benedictina -a quien están presionando para que desaloje la abadía- y de los informes desfavorables de otros técnicos y varias academias artísticas.
El Valle de los Caídos, a diferencia de la Ley de Memoria Histórica y mandangas por el estilo y a pesar de las versiones difundidas por los medios afines al gobierno, numerosos, sectarios, hipócritas y mentirosos, no fue un monumento erigido para inmortalizar la victoria de media España sobre el resto en una guerra fratricida que terminó hace más de setenta años y que ciertos personajes miserables se empeñan en rememorar e incluso repetir. El Valle constituye un homenaje a las decenas de caídos de ambos bandos cuyos restos fueron depositados en él hasta 1983. El Valle no fue construido por esclavos sino por trabajadores y por presos que veían reducida su pena en cinco días por cada uno trabajado y que, además, tenían asignado un salario idéntico al de los obreros allí empleados, al margen de las compensaciones económicas asignadas a la mujer del penado y a sus hijos menores de quince años.

Entre las múltiples acciones de protesta por esta tropelía -una más del gobierno probablemente más nefasto de los dos mil años de historia española- HazteOir.org ha puesto en marcha una campaña de correos dirigidos a la Ben Laden ¿hispana? para que, al menos, sea consciente de que un puñado de españoles no desea que España , sus símbolos, su Historia y su Destino mueran con deshonor.
No nos escuchará pero la ultima ratio exige sus prolegómenos.
La última invención de María Teresa Fernández de la Vega, cabeza visible de los talibanes artífices de esta barbaridad, ha sido que la enorme Piedad de Juan de Ávalos que remata el frontispicio de la entrada a la Basílica sufre peligro de desprendimiento. Por lo visto, para evitarlo, a sus secuaces mercenarios de Patrimonio Nacional -el interior de la Basílica no depende de ellos sino de la Iglesia Católica- no se les ha ocurrido otra cosa que desarmar la estatua a martillazos con la excusa de trasaladarla a algún taller. En realidad, se trata de un proceso de demolición: restos de la figura se encuentran diseminados por las cunetas a pesar de las protestas del Abad de la comunidad benedictina -a quien están presionando para que desaloje la abadía- y de los informes desfavorables de otros técnicos y varias academias artísticas.
El Valle de los Caídos, a diferencia de la Ley de Memoria Histórica y mandangas por el estilo y a pesar de las versiones difundidas por los medios afines al gobierno, numerosos, sectarios, hipócritas y mentirosos, no fue un monumento erigido para inmortalizar la victoria de media España sobre el resto en una guerra fratricida que terminó hace más de setenta años y que ciertos personajes miserables se empeñan en rememorar e incluso repetir. El Valle constituye un homenaje a las decenas de caídos de ambos bandos cuyos restos fueron depositados en él hasta 1983. El Valle no fue construido por esclavos sino por trabajadores y por presos que veían reducida su pena en cinco días por cada uno trabajado y que, además, tenían asignado un salario idéntico al de los obreros allí empleados, al margen de las compensaciones económicas asignadas a la mujer del penado y a sus hijos menores de quince años.

Entre las múltiples acciones de protesta por esta tropelía -una más del gobierno probablemente más nefasto de los dos mil años de historia española- HazteOir.org ha puesto en marcha una campaña de correos dirigidos a la Ben Laden ¿hispana? para que, al menos, sea consciente de que un puñado de españoles no desea que España , sus símbolos, su Historia y su Destino mueran con deshonor.
No nos escuchará pero la ultima ratio exige sus prolegómenos.



















