La semana pasada tuve la suerte de probar un rato el Twizy de Renault (la versión para carnet de conducir, de 17 cv), un coche que me atrae bastante, y poco a poco voy formándome una idea más certera de sus ventajas e inconvenientes.
Lo que más me gustó fue su tamaño, que permite aparcarlo en cualquier sitio (además en mi ciudad no se le aplicará la zona azul) y, aunque parezca una bobada, facilita un montón las maniobras, pues, a poco espacio que haya, gira sobre sí mismo sin necesidad de dar marcha atrás y después rectificar.
Lo que más me gustó fue su tamaño, que permite aparcarlo en cualquier sitio (además en mi ciudad no se le aplicará la zona azul) y, aunque parezca una bobada, facilita un montón las maniobras, pues, a poco espacio que haya, gira sobre sí mismo sin necesidad de dar marcha atrás y después rectificar.
Otra cosa muy chula es que solo tiene el pedal de acelerar y el de frenar, y se usa únicamente el pie derecho. Ni palancas de cambio, ni embragues, ni calados ni leches. En este sentido me resultó muy cómodo y sencillo de conducir. Va muy suave y da gusto. Me pareció una experiencia muy divertida.
También me sorprendió que tuviera dos asientos, pues yo creía que era monoplaza. Esto está muy bien, aunque también probé como copiloto y me sentí como una sardina en lata; de hecho, como seas un poco alto (y sin serlo incluso) es una odisea salir del coche si vas atrás. Igual es cuestión de pillarle el truco…
El cacharro alcanza bien los 80 u 85 kilómetros por hora, lo que le permite circular por ciudad y carretera, aunque la contrapartida es que cuando coges los 60 empieza a parecer una avioneta a punto de despegar: da la impresión de que vas a 200, vibra un poco, hace ruido y es extremadamente sensible al mínimo bache.
Handicap no pequeño es que, a pesar de que viene con unas puertas muy originales, carece de ventanas, por lo que su uso en el invierno de la meseta me temo sea poco confortable y al final suceda como con las motos, que solo se sacan cuando hace bueno en estas latitudes (excepto los perturbados de los Pingüinos). Además, como ahora el Twizy llama bastante la atención, parece inquietante dejarlo por ahí aparcado sin ventanas, expuesto a las gamberradas de cualquiera. Eso sí: los asientos son lavables con una esponja.
El maletero, como ya dije en su día, es una mierda y no caben ni dos bolsas del Carrefour. Como era de esperar, tampoco viene rueda de repuesto.
En conclusión, es un coche (¿o scooter cubierto?) que apetece bastante comprarse por su precio (7.000 euros no es tan caro) y el juego que puede llegar a dar en ciudad, pero echa mucho para atrás su escasa autonomía y, sobre todo, los 45 euros que hay que pagar al mes de alquiler de batería, que hay meses que yo no me los gasto en gasolina. Sin embargo, me han explicado los expertos que arrendar la batería es una gran ventaja, ya que este dispositivo aún está en fase de experimentación y si se comprara como en los coches normales podría fácilmente estropearse al año, y, por lo visto, una nueva no sale por menos de 2000 euros. En cambio, con el sistema de alquiler, te la repondrían en el acto con coste cero.
Seguiremos dándole vueltas, aunque, de momento, como que no.







