jueves, 16 de julio de 2009

CHOCHONAS SOBRE RUEDAS

En otras entradas he comentado que, desde que empecé a trabajar, hace ya ocho años, me he visto obligado a conducir cerca de 30.000 kilómetros por año. Así, me ha tocado lidiar con la lluvia y la niebla; en una ocasión me quedé atrapado en un nevero; incluso una vez, tras patinar en el hielo a 30 kilómetros por hora, golpeé contra un quitamiedos costándome, y a Dios gracias, 600 euros en chapa.

En trece años de carné he sido multado en tres ocasiones por un importe total de poco más de 290 euros. Siempre por exceso de velocidad en tramos donde el mayor peligro era el celo recaudatorio de la DGT. Sin embargo, sólo me han efectuado pruebas de alcoholemia en dos oportunidades, resultando siempre un 0,0.

Comprendo y comparto la obsesión de Tráfico por el alcohol al volante y su peligrosidad pero, sin embargo, creo que, si bien el exceso de velocidad puede también ser el responsable de muchos accidentes, no es menos cierto que una mal entendida prudencia también puede ser causa de siniestros y, además, denota falta de habilidad al volante del conductor y una ausencia total de confianza en sí mismo.


Probablemente por la insistencia del Gobierno, cada vez más nos cruzamos y padecemos a esos conductores -generalmente mujeres o ancianos- que no sólo obedecen a pies juntillas y de forma casi irracional los límites de velocidad impuestos ridículamente en ciertas carreteras –idénticos a los de hace 40 años a pesar de los avances tecnológicos- sino que, además, van notablemente por debajo del límite máximo. Personas que circulan a 100 o menos por autovías en hora punta; a 20 por la ciudad o a 70 por carreteras secundarias en perfecto estado, reduciendo hasta 50 en las curvas. Individuos e individuas –no se vaya a enfadar la srta. Aído- que, en muchos momentos, ni siquiera son capaces de mantener su vehículo en una trayectoria mínimamente rectilínea o de usar los intermitentes o de sostener una velocidad constante al ser adelantados. Conductores que no comprenden la función de los retrovisores -no sirven para retocarse el peinado ni el maquillaje- y que, muy probablemente, no hubieran superado un test psicotécnico que fuera medianamente serio y no el trámite ficticio y sacacuartos que es ahora: mientras las pruebas de aptitud las sigan realizando gabinetes médicos privados, no pasarán de ser un sello que se compra por 30 euros.


En fin, que creo que también se debería multar y perseguir a los que fuerzan a los camiones a realizar adelantamientos apurados; a los que crean embotellamientos y caravanas peligrosísimas y que, paradójicamente, quizás nunca sean cazados por el radar ni sufran un accidente en toda su vida. Simplemente, se conforman con provocarlos. Y para más INRI, presumirán de prudentes y de lo barato que es su seguro.

7 comentarios:

Chirly dijo...

Si me lo permite Sr. Subdirector, me gustaría apuntar algo al respecto, ya que se da la circunstancia de que ando últimamente muy sensibilizado con el tema que trata hoy. En circunstancias normales estaría absolutamente de acuerdo con ud., de hecho, tiene de su parte a mi razón, que comparte plenamente las ideas que trascienden en su escrito acerca del correcto comportamiento en carretera de los conductores respecto a una razonable interpretación de los límites de velocidad, en función de las circunstancias y en aras de una mayor fluidez.

Sin embargo, tras quince años de carné de conducir presumiendo de una impecable hoja de servicios, en la que no constaba ni una sola multa de tráfico, ni un parte al seguro, ni ningún incidente destacable, me encuentro con que en los últimos diez meses llevo acumuladas cuatro multas por exceso de velocidad siempre en ciudad. En tres de ellas da la sospechosa casualidad de que la velocidad infractora captada por el radar municipal es siempre, y exactamente de 61 Km/h (justo uno más del margen de error que la ley daba a estos cacharros), y la otra, la última en llegarme, dice textualmente "por circular entre 50 km /h y 60/h" (cuando el límite en ese tramo es de 50Km/h).

Esto me ha llevado (y de ahí el "Sin embargo" de antes) a declararme en huelga de celo y llevar a cabo los comportamientos que precisamente critica hoy aquí: procurando circular siempre por debajo de los limites de velocidad, a fin de evitar más multas y, de paso, causar el mayor perjuico posible a la normal circulación del tráfico en mi ciudad, poniendo así de manifiesto lo nocivo que puede llegar a ser el cumplimiento a rajatabla e inflexible de todas las normas de circulación, y con la esperanza puesta en crear el mayor malestar posible entre la ciudadanía causado, no por mí -espero-, si no por descarada maniobra recaudatoria que han emprendido los ayuntamientos ante el cese de ingresos por licencias urbanísticas desde que el sector inmobiliario entró en barrena.

Álvaro dijo...

"quizás ... ni sufran un accidente en toda su vida. Simplemente, se conforman con provocarlos. Esta frase también me la enmarco: es buenísima (y ciertísima, por desgracia).

Chirly, me solidarizo contigo. Lo que cuentas es una vergüenza (una más, por cierto) para la Administración municipal que debería ser la más cercana al ciudadano.

Uno de mis mejores amigos es policía local y me cuenta mil anécdotas. Si quereis otro día hablamos de "esa mafia" y de su particular modo de "aplicar la ley" según a quien tienen delante.

Aprendiz dijo...

Pues yo lo que tengo claro es que hay más gente insegura al volante que los que sienten total confianza. Y está claro que una persona que no domina, tiene más peligro conforme aumente la velocidad. Conducir tenemos que conducir todos, porque no queda más remedio.

Que las carreteras hayan mejorado y que los coches sean más seguros no quiere decir que tengamos que correr más, porque nuestros reflejos son los mismos.

Con esto no estoy defendiendo que haya que cumplir los límites, que realmente es una forma de recaudar dinero, pero sí que hay que ser más pacientes en la carretera.

El francotirador dijo...

Estoy completamente de acuerdo con usted señor subdirector,tan peligroso es el que va a 250 por hora como el que va a 65 y abundan más estos últimos,que además obligan a realizar una conducción más temeraria a los restantes conductores, se lo digo también por experiencia son ya casi 20 de carnet de conducir y los únicos que me han puesto en peligro en una carretera han sido precisamente aquellos que van a una velocidad como se decia antaño en los manuales de conducción "anormalmente reducida".Y desde luego cuando se juntan los dos extremos,es decir el conductor timorato y el suicida que supera ampliamente los límites de velocidad,eso puede ser terrorífico.

Teutates dijo...

Pues yo no estoy de acuerdo con esto que comenta señor subdirector. ¿Cómo habría más accidentes, conduciendo todos como timoratos o consuciendo todos como salvajes?.

LLevo muchos años al volante, y como usted señor subdirector, utilizo el coche para trabajar. Jamás me han puesto una multa por exceso de velocidad, y para contrarrestar lo que escribe el francotirador, a mí los únicos que me han puesto en peligro, y añado "de muerte" en la carretera, han sido los candidatos a correr carreras de coches, nunca jamás los timoratos.

Suelo cumplir a rajatabla las señales de tráfico, si pone a 100, voy a 100, si pone a 120, voy a 120 (ahorro gasolina y no me la juego), y les puedo asegurar, que rara vez me encuentro con alguien al que tenga que adelantar, sin embargo a mí me adelanta todo el mundo, en ocasiones, que por desgracia son bastante frecuentes, me encuentro con que me están adelantando en una nacional cuatro coches al mismo tiempo, lo cual me parece peligrosísimo.

No me considero ningún timorato al volante, tengo muchos años de experiencia en el coche (15), cogiendolo practicamente todos los días, y considero que siguiendo a rajatabla las normas de tráfico, ningún timorato supone peligro alguno, porque les recuerdo señores, que adelantar no es obligatorio y tampoco hay plazos que te obliguen a tenerlo que hacer nada más alcanzar a alguien que va un poco más despacio.

Lo que no puede ser es que por las nacionales se tenga la costumbre de ir a 140 como va la mayoría, que todos tengan la necesidad y la prisa de tener que ir adelantando a todos los que circulan en la misma dirección, y que van presumiendo de lo bien que conducen y diciendo que la culpa de los accidentes es de los demás, que no saben conducir, que ponen en peligro a los demás por ir despacio, que porqué a esos les dan el carnet de conducir.

A conducir tenemos derecho todos, cumpliendo unas normas básicas de salud mental y visual, pero los reflejos, la habilidad, y la prudencia, no es igual para todos, y hay que respetar y tener en cuenta que siempre hay personas con menos reflejos que nosotros, menos hábiles, y más prudentes, y teniendolos en cuenta, así tendremos que conducir.

ignatus dijo...

Aunque mi irresponsabilidad me suele llevar a superar los límites de velocidad, coincido con lo dicho por Teutates.

Añado que el que conduce muy despacio es sin duda una persona poco hábil o insegura, pero que al menos conoce sus límites y se ajusta a ellos. Y mientras esa velocidad no sea menor del límite inferior establecido reglamentariamente (si no recuerdo mal, la mitad de la velocidad máxima genérica, es decir, 25 en ciudad, 60 en autovía) no cabe sanción. El peligro lo provoca nuestra falta de paciencia con ellos.

Los que vamos rápido generalmente somos unos inconscientes que nos creemos capaces de controlar el coche, cuando hay mil factores que no dependen de nosotros y cuya peligrosidad aumentamos con nuestra conducción. Aunque nunca nos haya pasado nada y llevemos muchos años haciéndolo así.

Saludos

Al Neri dijo...

Yo tengo poca experiencia al volante. Ni la postura del Subdirector ni la de Teutates me convencen del todo. No se puede ir a lo loco, pero es que los límites de velocidad son absurdamente bajos en según qué circunstancias. Yo me intento adaptar a la situación y al nivel de tráfico. Si voy conduciendo un día de diario a las 7 de la mañana por la autovía del Mediterráneo para ir de vacaciones, creo que no es imprudente pisar un poco el acelerador por encima de lo permitido (otra cosa son los radares). También depende de otros factores, no sólo de la torpeza o la inseguridad. A mí me pasa por ejemplo que voy mucho más ágil cuando conozco la ruta y las rotondas que cuando hago el recorrido por primera vez. Hay que tener un poco de comprensión con la gente que va lenta en una travesía porque no sabe bien que intersección tomar, ya que no lo conoce. En todo caso sí creo que es tan peligroso ir demasiado deprisa que demasiado despacio. Lo que pasa es que los segundos casi nunca sufren los accidentes (sólo los provocan) y los primeros ambas cosas por igual.