martes, 4 de agosto de 2015

LAS TRES BODAS DE MANOLITA

Las tres bodas de Manolita (2014) es la tercera novela de la serie Episodios de una guerra interminable, iniciada en 2010 por la escritora Almudena Grandes para recrear, al estilo de Pérez Galdós y desde el punto de vista de los perdedores, las duras historias de varias chicas jóvenes  en la posguerra española.

Me recomendaron el libro por su enorme valor documental y en este sentido no me ha defraudado. La autora nos brinda una información exhaustiva sobre los últimos coletazos del Partido Comunista de España en el Madrid de principios de los cuarenta y nos describe con fidelidad el ambiente de hacinamiento, dolor y compañerismo de las cárceles franquistas en aquellos años de represión, en los que nadie duda que se cometieron muchísimas arbitrariedades.

La novela, que ha sido bestseller, narra la historia de Manolita, la hermana veinteañera de un destacado militante del PCE escondido en Madrid nada más terminar la contienda. La joven se ve obligada a hacer auténticos juegos malabares para mantener a sus hermanas pequeñas a la vez que colabora con el aparato clandestino del partido recién desmantelado. Los comunistas le encargan que contacte en la cárcel, a través de un vis a vis, con un mecánico llamado Silverio del que necesitan instrucciones precisas para poner en funcionamiento unas complejas imprentas con las que editar propaganda marxista. El capellán del centro penitenciario es un cura corrupto que autoriza encuentros sexuales entre los internos y sus novias camuflándolos como falsas bodas a cambio de un cuantioso estipendio. Lo que Manolita no espera es acabar prendada del tímido Silvero, sobre cuya cabeza pende una larga condena que pondrá a prueba a los enamorados.

El relato es de gran interés porque muestra diferentes aspectos de la posguerra muy poco tratados hasta ahora en una obra narrativa. Grandes describe la vida cotidiana en el penal de Porlier y en el campo de trabajo de Cuelgamuros, en el que los convictos republicanos construyeron el Valle de los Caídos. También explica, con tanta profusión de datos como poca objetividad, la política penitenciaria del primer franquismo y las medidas sociales que se adoptaron con las familias de los condenados. Finalmente es muy de destacar y de agradecer la atención dedicada por la escritora a un episodio tantas veces olvidado de la guerra civil como es el golpe de estado del Coronel Segismundo Casado (con el apoyo del PSOE y de los anarquistas) contra el Gobierno de Negrín (secundado por el PCE), que se negaba a capitular ante los nacionales.

Almudena Grandes no es una gran novelista. Se enreda demasiado con las tramas, tiende a enrollarse y construye pésimamente el hilo argumental. Sin embargo, sus personajes son muy buenos y llegan a emocionar en algunos momentos, y lo más importante de todo es que la novela está tan primorosamente documentada que se aprende mucho con ella. Eso sí, no es una lectura recomendable para personas que no estén muy interesadas en este período tan convulso de nuestra historia.

Como he explicado varias veces, me apasiona la guerra española y leo todo lo que cae en mis manos sobre el tema, tanto de un bando como de otro. Libros como Las tres bodas de Manolita me parecen muy enriquecedores por cuanto aportan el punto de vista y las vivencias del bando llamado republicano, y, en este caso concreto, de quienes se negaron a deponer las armas y siguieron luchando por sus ideas a su manera y con sus medios. Esto no quita para ser plenamente consciente de que Almudena Grandes es una escritora no solo de extrema izquierda, sino también especializada en el escabroso género de la novela pornográfica (Las edades de Lulú, 1989). Quiero decir que no se puede abrir un libro como este sin atesorar unos mínimos conocimientos previos sobre el contexto histórico y político de la narración, y, sobre todo, sin tener muy en cuenta las salvajes represalias ejercidas en la zona roja entre 1936 y 1939, que no digo que justifiquen pero desde luego sí explican en muchos casos los acontecimientos vividos en Madrid en los años inmediatamente posteriores a la victoria del General Franco.


La muy poco sugerente Almudena Grandes
Conviene advertir también que es imprescindible estar en guardia en cada página, pues doña Almudena nos mete unas morcillas ideológicas de padre y muy señor mío, aparte de emplear toda clase de tácticas sectarias para arrimar el ascua de los lectores a su sardina podrida. Entre otras artimañas, abusa de las generalizaciones, oculta información con todo el descaro, realiza continuas valoraciones e interpretaciones de los hechos, apela al sentimentalismo más ñoño para defender o criticar situaciones políticas o penales, y, en momentos puntuales, se le va la olla, como cuando se pone a comparar en el epílogo las condiciones del campo penitenciario de Cuelgamuros con las del Gulag soviético, concluyendo que este era más humanitario. También resulta irritante su denuncia del esclavismo que, según cuenta, sufrieron miles de niñas en el colegio de monjas de Zababilde, en Bilbao. En estas escuelas, como en tantas otras, se recogía caritativamente en régimen de internado a las hijas de los presos para aliviar las economías familiares, educar a las menores (muchas veces huérfanas) y enseñarles un oficio. Almudena Grandes prefiere interpretar que se esclavizaba a muchachas de 13 años obligándolas a lavar ropa hasta desgastarse las manos en vez de enseñarles a leer o escribir, olvidando las circunstancias de una época en la que todas las chicas pobres de esa edad se encontraban trabajando en situaciones mil veces peores que las alumnas de Zababilde. 

Por último, merece mencionarse la libérrima recreación que hace la autora de la vida y milagros del célebre Roberto Conesa, al parecer afilado a las Juventudes Socialistas Unificadas antes de la guerra para convertirse, justo después, en uno de los más enérgicos funcionarios policiales encargados del desmantelamiento de las organizaciones izquierdistas.

Pero no voy a enrollarme más, porque creo que sobra advertir a los lectores de La pluma viperina que en las páginas de Las tres bodas de Manolita también se encontrarán con todo el elenco de gorrinadas y sordideces que la lasciva imaginación de la señora Grandes es capaz de engendrar: un marqués convertido en anarquista que organiza orgías plurisexuales, un bondadoso bailarín maricón (prácticamente un santo) que responde al apelativo de Palmera, polvos descritos con minuciosidad casi ginecológica y, como no podía ser de otro modo, una monja lesbiana acosando a sus  alumnas. Es el tributo que hay que pagar para disfrutar de un relato solvente sobre la intrahistoria de los comunistas españoles que prefirieron la resistencia obstinada e inútil a la amargura del exilio.