domingo, 4 de enero de 2015

FRACASO




Es muy difícil asimilar nuestros fracasos en plena cultura del pelotazo. En una sociedad en la que todo se mide con la vara del éxito, en la que da la impresión de que si no brillas y destacas vales menos que una caquita, resulta complicado aceptar con naturalidad los reveses de la vida.

Fracaso es hoy en día una expresión tabú, demasiado estridente y dolorosa para ser pronunciada y mucho menos en casa del ahorcado. Ya nadie admite sus descalabros ni sus frustraciones más íntimas. Si alguien fracasa como hijo o como padre; si sus sueños se desvanecen en el sopor de la duermevela; si su matrimonio muere entre dolorosos estertores; si su negocio se hunde como el Titanic; si hipoteca toda su juventud en unas oposiciones nunca aprobadas; si su ilusionante noviazgo se rompe en añicos como una figurita de porcelana; si se arruina; si le echan de todos los trabajos por inútil; si descarrilan sus relaciones amistosas o cae presa del alcohol, es muy raro que reconozca abiertamente -ni siquiera a sí mismo- que ha fracasado en algún aspecto fundamental de su vida. Lo normal es decir que no importa, que ha sido una “experiencia enriquecedora” y que hay que dar al play al siguiente capítulo de la serie porque el final siempre es feliz y el protagonista nunca muere.

Si en algo estoy de acuerdo con esta actitud tan habitual es en que incluso tras una caída al precipicio debemos echarle huevos y seguir avanzando. En lo que discrepo es en el mecanismo de defensa de presuponer que “aquí no ha pasado nada”, restando importancia a gravísimos tropiezos o incluso hundimientos tras los que, nos guste o no, jamás volveremos a ser los mismos. El primer requisito para seguir afrontando la vida con dignidad y aprender -quizá- algo de lo sucedido, es acatar que hemos fracasado, que el fracaso ha sido grave y que todos los golpes duros dejan secuelas imborrables, por mucho que nos hagamos los longuis. Lo importante es saber convivir con esas cicatrices o mutilaciones sin ignorarlas estúpidamente, pues cerrar los ojos solo puede llevarnos a una catástrofe peor.

De todos modos, aunque nos empeñemos en lo contrario tras cualquier adversidad, hay muchas veces que es imposible aprender de las malas experiencias, primero porque seguramente nunca se reproduzcan idénticas circunstancias y después porque somos como somos, tan condicionados por nuestro carácter, nuestra genética o nuestras inercias que igual volvemos a toparnos con la misma encrucijada y enfilamos de nuevo, como idiotas, el sendero mortal.

Según cubrimos etapas y desperdigamos nuestros fracasos por el camino, se nos van cerrando puertas que ya no podremos volver a abrir. Cada traspiés, cada culada, cada derrumbe deja huellas en nuestro cuerpo y en nuestra alma que nos inutilizan en alguna medida para encontrar esa felicidad soñada. Aunque logremos caminar erguidos, lo cual nos honra, no olvidemos que en esas viejas peleas con la vida feroz, perdimos un pie, una pierna o un brazo, y que no volveremos a estar en las mismas condiciones ni a contar con las mismas oportunidades que cuando aguardábamos en la  línea de salida.

12 comentarios:

Aprendiz de brujo dijo...

Muy buen post, con ese sabor agridulce que tan bien sabes dejar en quien te lee.
Me ha encantado, aunque no comparto tu mensaje.
Empezando por tu clásica imputación a los tiempos actuales no sé que demonios presntes, que antes no estaban.
A mi la palabra fracaso, me parece una grosería vital.La vida es una gamberrada, una pasión inútil, una película que acaba entre mal y terriblemente mal.
Somos putos supervivientes. Y hay gente que está ó estamos condenados al fracaso. Si uno toma conciencia de si como un fracasado jamás remontará el vuelo. Yo creo que es una palabra a desterrar. Y hay otra variable con la que no cuentas. Estamos rodeados de "fracasables", que también nos pueden hacer fracasar. Yo creo que ese palabro no le hacer crecer a nadie. Y hay que obviarlo porque es un término confuso y por pura higiene mental.
Vamos a acabar siendo víctimas de los gusanos. Hay que aprovechar el viaje, lo mejor posible.
Además tu post, no aclara quien es más fracasado, si quien vive con su mujer treinta y cinco años en medio de la paz de los cementerios; ó quien se divorcia y decide "fracasar".
Que no, que no. Que no hay fracasados. Vivimos en medio de la putísima levedad del ser, un barco a la puta deriva. La vida es para quien mejor baile el valls en el titanic.
feliz año 2015.

Al Neri dijo...

En el ejemplo que ha puesto del matrimonio, son fracasos las dos cosas. Un divorcio es un fracaso vital grave; un matrimonio de treinta y cinco años "en medio de la paz del los cementerios", también.

¿De verdad usted cree que porque alguien se divorcie, tenga una nueva pareja y sea muy feliz con ella, deja de ser un fracaso su separación?

A mí higiene mental me parece aceptar el fracaso con todas sus consecuencias. Un fracaso no significa el fin, pero ya digo que todos los reveses serios hacen mella, mutilan, condicionan, inhabilitan... Conviene ser conscientes del equipaje que hemos perdido tras un buen mamporro.

A veces se puede remontar el vuelo bastante bien. Otras veces se intenta y es imposible. A algunos no les quedan fuerzas ni para agitar las alas.

En cuanto a lo de "lo tiempos presentes", a mí me parece obvio que en el pasado había mucha mayor conciencia de los propios fracasos vitales. Ahora la gente es como usted: ¡no existe el fracaso!, ¡es una experiencia más!

Aprendiz dijo...

Yo sí pienso que existen fracasados, pero no porque la vida vaya en contra de ellos, sino por pura actitud. En esta vida todos tenemos fracasos, es inevitable, pero de cada uno depende el cómo te lo tomes. Yo no voy a decir que sea la persona mas positiva y optimista del mundo, pero tengo muchas esperanzas en el futuro, y no en que vaya a ser una triunfadora, sino en que mi vida en general va a ser feliz, venga lo que venga. Hay épocas que pueden ser más tristes o más duras, pero lo importante es aceptarlas y cerrar etapas. Y para mí, una persona que sabe cerrar etapas no puede ser un fracasado.



Teutates dijo...

El fracaso existe y hay que reivindicarlo como algo a intentar evitar, pero al mismo tiempo una circunstancia superable. Se dice de forma acertada, que para poder hacer frente a un problema, lo primero que hay que hacer es reconocerlo, con el fracaso ocurre lo mismo, hay que hacerse consciente de él para poder tomar otro camino menos duro. Pero no todo es éxito o todo fracaso, en la vida de cada cual se mezclan las dos alternativas y tristemente en muchas ocasiones depende de las circunstancias que a uno le rodean más que de su propia ineptitud. Si a uno lo largan del curro, puede ser por inútil, pero también puede ser por la zotería del jefe, la envidia, o simplemente porque no hay dinero para pagarte, si uno se divorcia, puede ser porque tu no has hecho lo posible por cuidar a tu parienta y tratarla de forma adecuada y amorosa, o puede ser porque has tenido la mala fortuna de elegir a una mala pécora disfrazada de corderillo y que justo con el matrimonio ha desplegado todos sus encantos de bruja mala.
Hay personas abocadas al fracaso y otras que son imanes del éxito, pero la mayoría nos movemos en un devenir cambiante y aleatorio entre una cosa y la otra que muchas veces no podemos modificar ni hacer nada o muy poco por que sea diferente, y solo nos queda intentar aprender tanto del bofetón como de la palmadita que nos da la vida.

Aprendiz de brujo dijo...

Estoy bastante de acuerdo con algunas de las apreciaciones hechas por Aprendiz y Teutates. Quizás sea una cuestión puramente nominal. Yo no hablaría jamás de fracasos. O lo aplicaría en casos muy concretos.
Todos cosechamos triunfos y derrotas; alegrías y frustraciones; pesares y gozos. Rachas buenas y malas. Y es así. Más vale que aceptemos la derrota como una parte natural de nuestra vida y que sepamos reconocer nuestros errores y nuestros lados oscuros. El término fracaso me parece que carece de humanidad. Además es tan relativo su contenido y tan dogmático su continente...

Tábano porteño dijo...

Para evitar presente en nosotros la idea de la inexorabilidad del fracaso, que es inevitable a fin de cuenta en cualquier empresa humana, nada mejor que leer a los reaccionarios como Quevedo.

O como Álvaro Mutis, que dijo, p. e.: "a mayor lucidez mayor desesperanza y a mayor desesperanza mayor posibilidad de ser lúcido" o "cada poema es el testimonio de un incesante fracaso". Véase la letanía de su personaje Maqroll el gaviero:

"Letanía

Esta era la letanía recitada por el gaviero mientras se bañaba
las torrenteras del delta:

Agonía de los oscuros
recoge tus frutos.
Miedo de los mayores
disuelve la esperanza.
Ansia de los débiles
mitiga tus ramas.
Agua de los muertos
mide tu cauce.
Campana de las minas
modera tus voces.
Orgullo del deseo
olvida tus dones.
Herencia de los fuertes
rinde tus armas.
Llanto de las olvidadas
rescata tus frutos.
Y así seguía indefinidamente mientras el ruido de las aguas
ahogaba su voz y la tarde refrescaba sus carnes laceradas por
los oficios más variados y oscuros.

Extraído de ciertas visiones memorables de Maqroll El Gaviero
de la Obra poética."
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Obviamente, como en Quevedo y más difusamente en Mutis, lo que nos salva de la desesperación es la fe en la vida ultraterrena.

Llorente dijo...

El concepto de fracaso y la estética del perdedor son conceptos sobre los que me gusta divagar (por lo que le felicito y me felicito por su artículo) y, en general, suelen ser bastante atractivos para la masa consumidora de libros y películas.
Yo también creo que la única manera de afrontar positivamente un fracaso es tomarlo como punto de partida de algo, de lo siguiente, de lo nuevo que se hará con la experiencia adquirida. Por otra parte, también es una de las mejores oportunidades para que las personas dejen aflorar tanto su dignidad, aquellas que la tienen, al afrontar con hombría las consecuencias de sus actos, como su sentido del humor, a lo Groucho, que partiendo de la nada alcanzó la más grande de las miserias.

Un saludo.

Al Neri dijo...

Teutates, un fracaso es un fracaso, con independencia de que se tenga más o menos culpa del mismo. Ese ya es otro tema...

Aprendiz, en la actitud ante los fracasos está en gran parte la clave de la felicidad, eso sí es cierto, aunque el fracaso sigue ahí te lo tomes como te lo tomes, y a veces puede limitar la felicidad futura. Supongo que hay marcas que no pueden borrarse tan fácilmente aunque se quiera.

Hay personas que ante determinados reveses quedan bastante inhabilitadas para ser felices; otras que necesitan tiempo para volver a la normalidad y quizá a la felicidad, y luego hay algunos que son felices les pase lo que les pase, que yo me pregunto si son inconscientes, tontos o muy afortunados.

Tábano: "a mayor lucidez mayor desesperanza y a mayor desesperanza mayor posibilidad de ser lúcido". Siempre nos trae usted la sentencia exacta. Lo de la Fe tiene usted toda la razón.

Tábano porteño dijo...

Gracias, Neri.

Corrijo una errata: "Para evitar presente": quise decir "Para tener presente".

Una cosa: dice usted "y luego hay algunos que son felices les pase lo que les pase, que yo me pregunto si son inconscientes, tontos o muy afortunados."

¿No estará tomando un poco a la ligera la capacidad de esas personas? Porque si no entiendo mal se trata de gente que tiene capacidad de resiliencia, concepto que hoy usan mucho ciertas vertientes de la psicología (ciencia polémica pero que no debe desdeñarse en todas sus vertientes). De un sitio de la logoterapia, la escuela fundada por Víctor Frankl, copio tres párrafos:

"la resiliencia se definiría como “la capacidad de un individuo o de un grupo, de reaccionar y recuperarse ante las adversidades, lo que implica un conjunto de cualidades que fomentan un proceso de adaptación exitosa y de transformación, a pesar de los riesgos y de la propia adversidad”.

"Esta capacidad de recuperación se ha denominado “resiliencia”, es una palabra inglesa (resiliency, resilient), proveniente del campo de la Física que alude a la propiedad de los cuerpos elásticos de recobrar su forma original, liberando energía cuando son sometidos a una fuerza externa. En otras palabras se refiere a la capacidad de los metales de recobrar la forma luego de haber sido sometidos a una presión, capacidad de recuperación o de “rebote”.

"La resiliencia es más que la aptitud de resistir a la destrucción preservando la integridad en circunstancias difíciles: es también la aptitud de reaccionar positivamente a pesar de las dificultades y la posibilidad de construir basándose en las fuerzas propias del ser humano. No es sólo sobrevivir a pesar de todo, sino que es tener la capacidad de usar la experiencia derivada de las situaciones adversas para proyectar el futuro."

Por cierto, el origen de la logoterapia es relatado por Frankl en un bello libro llamado "El hombre en busca de sentido", en que el autor cuenta su difícil experiencia en los campos de concentración en la 2GM, y cómo el hecho de mantener una esperanza, un sentido último (que no llega a ser religioso aunque podría decirse lo religioso está implícito) le permite llegar incólume al final del conflicto en tanto otros compañeros de cautiverio que perdían toda fe, abatidos, se dejaban morir.

tomae dijo...

Pues a mi me apetece darle un "tirón de orejas" Neri, tengo la sensación de que usted se sube con este tipo de entradas y otea hacia la miseria humana con poca compasión . Me parece que a pesar de esa inmundicias que tan bien describe; da poca rienda a las cosas buenas, a la esperanza o a lo bonito (que por cierto no es diminutivo) ¡qué nos merecemos una oportunidad! y también aunque usted diga que son "mariconadas" estamos hecho para lo bueno y muchas veces sin darnos cuenta lo hacemos ¿no?.

Es una sensación, pero hay veces que me da por pensar que le va "ese tipo de marcha de cloaca".

Sr. Tabano Un Saludo, en ese libro que menciona, el mismo Víctor F. habla algo de sus sesiones de logoterapia, y empieza sus sesiones con sus pacientes preguntándoles ¿porqué no se suicida usted? ...quiero pensar que si me lo preguntaran, diría que por no "hacer una putada a alguien" ...y porque el Creador no esperaba eso de mi.

Un Saludo a todos.

PD. ¡Grande Baltasar! Han caído unos prácticos calcetines negros, una buena camisa y una colonia pija de Loewe.

Seguro que con usted también Neri porque aunque parezca un tipo duro, tiene el corazón de un niño.

Tábano porteño dijo...

Cordiales saludos para usted, Tomae.

Uno para el que el suicido fue tema recurrente era el "fanático sin credo" y talentoso escritor Emil Cioran; se trata, claro, de esos autores que la Iglesia sabiamente ponía en el Index (es decir, que no permitía leer a cualquiera de sus fieles que lo desease así como así, sin preparación). Vea estos aforismos:

-La vida es etérea y fúnebre como el suicidio de una mariposa.

-No vale la pena molestarse en matarse porque uno siempre se mata demasiado tarde.

-La imposibilidad de encontrar un solo pueblo, una sola tribu donde el nacimiento provoque duelo y lamentación, prueba hasta qué punto la Humanidad se encuentra en estado de regresión.

-Vivo únicamente porque puedo morir cuando quiera: sin la idea del suicidio, hace tiempo que me hubiera matado.

-El deseo de morir fue mi única preocupación; renuncié a todo por él, incluso a la muerte.

-Refutación del suicidio: ¿No es inelegante abandonar el mundo que tan gustosamente se ha puesto al servicio de nuestra tristeza?.

-Sólo se suicidan los optimistas, los optimistas que ya no logran serlo. Los demás, no teniendo ninguna razón para vivir, ¿por qué la tendrían para morir?.

tomae dijo...

Gracias Tábano ... entenderá que no lea ese libro ;)