martes, 14 de agosto de 2012

DINERO NEGRO


El otro día, tomando un chisme en una terraza con unos amigos, tuvimos una discusión sobre el dinero negro. Uno de mis colegas nos empezó a soltar un discursito moralista de que si la picaresca española, que qué vergüenza, que si en el taller del coche siempre le preguntan si quiere factura, que si la gente se forra haciendo chapuzas de tapadillo, que si la economía sumergida, que qué asco de país y que si vamos a acabar como en Grecia. En esto que pego un sorbo largo de cerveza y le interrumpo:

- Toño, perdona, pero es que ahora no me acuerdo… ¿Tú haces contrato y declaras todos los años el alquiler de tu apartamento de Luarca?

Toño resopla y hace un gesto despectivo con la mano.

- Pero joder, lo de Luarca son 15 días al año, no voy a estar con esos líos para una calderilla. Además conozco a los que se lo alquilo de toda la vida… No seas demagogo, Neri, porque estás hablando de cosas que no tienen nada que ver.

No quería ser demagogo y, en efecto, estábamos hablando de cosas que no tienen nada que ver: unas son las que hacen los demás y otras las que hace mi amigo Toño, que pueden ser las mismas, pero claro, no vamos a juzgarlas igual, que para eso es un amigo, ¿no?

No sé si el problema de este país es el dinero negro o nuestra costumbre de ver siempre la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.

Con esto del dinero B, como con otros tantos asuntos, los niveles de hipocresía y de envidia que hay en España superan límites escandalosos. La gente critica con desparpajo los ingresos extraoficiales del vecino hasta que él mismo tiene la oportunidad de obtenerlos por la misma vía o por otra similar. Entonces cambia radicalmente su perspectiva del asunto y ya estamos hablando de “cosas que no tienen nada que ver”. Nos ha jodido.

En cualquier caso, yo considero que el Estado no tiene por qué gravar absolutamente todas las fuentes de ingresos sean del tipo que sean. Es perfectamente natural que haya un margen para que podamos sacarnos unas perrillas sin dar cuenta a Hacienda cuando se trata de actividades que se desenvuelven en un ámbito doméstico, generan unas ganancias reducidas y, sobre todo, no desprotegen ni ponen en peligro a nadie.

Si yo tengo una determinada habilidad con la que puedo ganarme un pequeño extra en mi tiempo libre, los que me pagan están encantados de no hacer papeles y no perjudicamos a nadie, ¿por qué tengo que declararlo cuando si lo hago seguramente dejaría de serme rentable?

Si resulta (por poner un ejemplo cualquiera) que un señor sabe un poco de derecho administrativo y van a su casa los martes seis conocidos a que les ayude a preparar sus oposiciones y luego cada uno le da un sobre a fin de mes, ¿por qué tiene que ponerlo en el IRPF si es una actividad que se desarrolla en su hogar familiar sin ninguna formalidad ni infraestructura? Si lo declarara, en vez de 150 euros a lo mejor les tendría que clavar 200 a estos chicos que espontáneamente acuden a él en busca de sus conocimientos…

Entiendo que si este mismo señor monta una academia en un piso, hace publicidad, tiene una secretaria y 80 alumnos, y no lo declara ni pide las autorizaciones pertinentes, estamos ante un caso delicado, puesto que pueden entrar en juego cuestiones de seguridad, accidentes, estafas, esclavismos laborales y, sobre todo, hay ahí un montón de pasta que no repercute para nada en la economía nacional.


¿Dónde está el límite?

Si una chavala de 19 años da clases de guitarra en sus domicilios a cinco niños de Primaria a la semana, ¿tiene que pagar impuestos? ¿Y si en vez de cinco niños le salen treinta?

Si una señora va a darte un pasón a la casa dos horas los viernes, ¿tienes que darle de alta por narices, aunque ni a ella le interese?

Si el dueño de una ferretería se ofrece a hacer chapuzas por las tardes a sus clientes, a montarles un mueble, arreglarles un radiador o clavarles un tendedero, ¿tiene que tributar por los treinta pavos que cobra a cada uno?

¿Dónde demonios está el límite? ¿Hasta qué cantidad es razonable cobrar en B y a partir de cuál se entraría en el terreno del fraude inmoral y perseguible?

Yo no lo tengo tan claro, pero sí, al menos, que cuando criticamos ciertas conductas deberíamos estar muy seguros de no estar haciendo nosotros lo mismo o de no acabar haciéndolo si nos surge la ocasión. No hagamos como la fea que predica exaltada la abstinencia sexual solo porque no se le acerca ningún hombre. Lo mínimo es que la frontera de la inmoralidad la fijemos de forma objetiva y no en función de lo que nosotros mismos hacemos, que es la actitud española cien por cien.

5 comentarios:

Aprendiz dijo...

Yo estoy de acuerdo contigo Al Neri, de hecho siempre me molesta mucho que la gente critique tanto a los políticos y a los altos cargos, en relación a sueldos y demás beneficios, porque aunque ciertamente haya abusos, todos los que tanto se indignan haría exactamente lo mismo. Y eso se ve claramente en que todos en cuanto se les ofrece la mínima oportunidad chupan del bote.
El problema de las cosas no vienen de arriba, sino desde abajo, que cada uno se disculpa de lo que hace mal.

Aprendiz de Brujo dijo...

Comparto plenamente lo que dice Aprendiz.El problema está en la coartada moral del "pa que se lo lleve otro.."Y ese criterio es bidireccional.Unos desde el poder. Los otros desde la sociedad.
Dulci, que te parece mi perfil?

Al Neri dijo...

Por mucho que nos empeñemos, la política y todas las instituciones no son más que un reflejo de la sociedad.

Kello dijo...

Un gran articulo Neri.

Yo opinó sobre si una persona que hace alguna pequeña chapuza, venga del sector que venga, en principio no se tendría porque declarar, pero el ultimo caso que has expuesto (el de la señora de la limpieza), creo recordar que hace un tiempo en la tele, tenían previsto que querían ponerles un convenio para que declarasen.

Este tema también afecta a las "Señoras" de compañía nocturna, que también querían poner un convenio, para su gremio, pero al ver que ni a ellas ni a los clientes les interesaba, no cuajo esa idea.

sandra dijo...

El límite es la objetividad y el sentido común... que es el menos común de los sentidos...

Con estos baremos todo está resuelto.