miércoles, 20 de abril de 2016

CAMPESINOS



El sábado provoqué una desagradable polémica comiendo con unos familiares. Habíamos quedado para almorzar en Rio Shopping, el mayor centro comercial de la ciudad (conocido coloquialmente como Río Choni), y a las tres todavía no habíamos pillado mesa. Estaba todo abarrotado, imposible. Aparcamos de milagro, ya que miles de coches habían copado el aparcamiento subterráneo y el de fuera. La multitud hacía colas kilométricas en tiendas, bares y restaurantes.

A mí se me ocurrió comentar:

    Ha sido una mala idea venir a comer aquí y encima un sábado. Los fines de semana esto se llena de campesinos de toda la provincia.

El escándalo fue mayúsculo. Casi todos los presentes me increparon acusándome de irrespetuoso y de clasista.

     Mejor no le llames eso a la cara a uno de un pueblo porque te pega una hostia que te deja fino.

Tras unas leves protestas, al final decidí callarme porque detecté que ciertamente había herido la sensibilidad de estos familiares, todos ellos urbanitas, por cierto. Pero de verdad que no entendí a qué tanto aspaviento.

No sé si servirá de algo defenderme con razones etimológicas que supongo que a la gente le dan igual. Aunque “campesino” significa, según la RAE, persona “que vive y trabaja de forma habitual en el campo”, imagino que el motivo del cabreo está totalmente al margen de estas disquisiciones académicas. Tampoco creo que hubiera valido de nada explicar que el diccionario oficial de la lengua también define como “campesinos” a los naturales de Tierra de Campos, comarca que ocupa buena parte de la provincia de Valladolid (también se les llama terracampinos).

De veras que no acierto a ver qué problema hay con usar este sustantivo para referirme a los habitantes de los pueblos (casi todos dedicados a labores agropecuarias) que peregrinan todos los sábados al Río Choni a comprar en Ikea y en Primark, a comer apretujados como sardinas en lata y a ver una peli en los multicines. Perdón, pero no lo pillo.


Esta palabra tiene una honda tradición en España, hace no tanto un país esencialmente agrícola. Durante siglos ha sido lo más corriente calificar a los agricultores y ganaderos como campesinos, tal como puede corroborarse en infinidad de textos oficiales y literarios. El uso del hoy controvertido vocablo se extendió sobre todo desde principios del siglo XX por las distintas organizaciones en defensa de los intereses del campo, con independencia del color político. Todos los partidos, desde los comunistas hasta Falange Española, desde el anarcosindicalismo al sindicalismo católico y a la derecha agraria, se han pasado más de un siglo diciendo “campesinos” en sus himnos y en sus mítines, y en ningún pueblo de España les daban hostias que les dejaran finos. Al contrario, se les aplaudía a rabiar.

Es más: en la actualidad uno de los más potentes sindicatos agrarios de la comunidad autónoma es la UCCL (Unión de Campesinos de Castilla y León), cuyos miles de afiliados supongo que no se sentirán ofendidos por esta denominación legal. 

Pero por la reacción que provoqué el sábado lo que empiezo a sospechar es que hoy en día o bien mucha gente vive acomplejada de ser lo que es, o, por el contrario, son los más pijos y elitistas los que se empeñan en suavizar según qué vocabulario para demostrar una “delicadeza” y una “sensibilidad” que nadie necesita ni nadie les pide.

En todo caso lo más prudente va a ser proveerse de un rico surtido de eufemismos para que nadie lloriquee cuando llames a su profesión –por muy digna que sea– por su nombre. Tendré que mentalizarme de que ya no es de recibo denominar “obreros”, “porteros”, “señoras de la limpieza”, “chóferes”, “basureros”, “tenderos” o “albañiles” a quienes desempeñan estas honestísimas tareas, y que deben emplearse fórmulas más sutiles, a ser posible muy largas y que incluyan terminología técnica o ambigua, como “operarios”, “técnicos de saneamiento e higiene”, “distribuidores externos de recursos humanos”, “técnicos de recogida y selección de residuos urbanos”, “empresarios” o “auxiliares de servicios de ingeniería civil”. Y si se incluye alguna palabra en inglés o se dice "emprendedor" por algún sitio, menos ofensivo todavía.

Eso sí, a los campesinos no tengo claro cómo debo referirme para que no me hostien creyendo, no sé por qué, que me estoy cachondeando de ellos. Tengo entendido que, según los códigos más actuales de la corrección política, lo más apropiado es decir “empresario agrícola”, o algo así, si te diriges al dueño de una parcela o de una explotación de cerdos (con perdón), y “agricultor” a secas si el señorín trabaja por cuenta ajena, evitando, por descontado, esa grosería de “labrador”, tan arraigada en España, y mucho menos el cuasi-insulto “peón agrícola”.

En fin, consintamos en estas nuevas modas. Todo sea por respetar al prójimo y, cómo no, por evitar agresiones innecesarias. 


Sobre este tema en La pluma viperina: Obreros

7 comentarios:

Sinretorno dijo...

el comentario anterior era mío.

Al Neri dijo...

Pues no se ha recibido...

Sinretorno dijo...

El de facebook

Tábano porteño dijo...

Inverso decurso tuvo el apelativo del hombre de campo argentino. El historiador Félix Luna lo resume:

"Curiosa la evolución del significado de la palabra gaucho. Empezó como una palabra despectiva y generalmente se reforzaba el sentido con el aditamento de un calificativo: gaucho pícaro, gaucho ladrón, gaucha malo... Después la palabra simbolizó todo un arquetipo humano Y hasta se convirtió en raíz de algo que significa camaradería, solidaridad: gauchada. (...)"

No está mal teniendo en cuenta que, como resume la Wikipedia, el prócer liberal D. F. Sarmiento
"publica en 1845: "Facundo o civilización y barbarie en las pampas argentinas", dedicada a analizar la vida de un caudillo gaucho como fue Facundo Quiroga, utilizando extensamente la palabra gaucho, asociándola a la de barbarie. Para 1861, su menosprecio hacia los gauchos se habían exacerbado, pues el 20 de noviembre de ese año le escribió a Bartolomé Mitre: "No trate de economizar sangre de gauchos; éste es un abono que es preciso hacer útil al país; la sangre es lo único que tienen de seres humanos.".



No tuvo igual suerte el término "brigante", nacido seguramente en las campiñas napolitanas; dice un tradicionalista aficionado a la historia:

"No sólo es la memoria íntima, sino que está muy bien descrito el desarrollo político-militar de la chuanería. Las situaciones de auténtico terror impuestas desde el poder revolucionario me hace recordar a las crudas escenas descritas por Alexander I. Solzhenitsyn sobre la Revolución Rusa; y es que ya cuando leí a Pierre Gaxotte, o bueno, cada vez que leo algo sobre la Revolución Francesa, cada vez me recuerda más a los hechos de Rusia. Por cierto que la república francesa, para moverse por el país, ya empezó a exigir certificados de civismo....¿ Nos suena, verdad ? Y quien no acata la tamaña injusticia, y por la contra, muestra la fidelidad del macabeo, es tildado de " bandido ". " Briganti " fueron llamados los realistas napolitanos, y semejante epíteto ha sido colocado desde el carlismo español a la Sönderbund suiza o los rusos blancos. Ya saben: Todo es relativo, menos lo que piense el iluminado de turno."


SUSTO dijo...

Hay una canción de Chiorchi Dan que se titula "Campesino": échele una oída.

Al Neri dijo...

Es terrible esa canción, Susto. terrible.

Creo que el problema del término "campesino" es que se ha politizado demasiado (igual que "obrero"). Entre los políticos, el cine, la literatura y la prensa lo han convertido en sinónimo de pobre e indefenso, y hoy en día nadie quiere ser considerado ni pobre ni indefenso.

La palabra es muy interesante y merece un análisis sociológico. Si en una película de Hollywood dicen "campesinos vietnamitas" no nos chirría. Oírla en un himno marxista nos parece lo más natural, e incluso en las siglas de un sindicato agrario. Cuando han desmontado hace poco el Monumento a Onésimo Redondo del Cerro de San Cristóbal de Valladolid, en todos los medios de comunicación se ha repetido hasta la saciedad que el conjunto escultórico representa al Caudillo de Castilla junto a un obrero, un soldado, un estudiante y un campesino, sin que nadie se haya extrañado. Eso sí, si tú eres agricultor y alguien te llama "campesino" te cabreas como una mona. Curioso, muy curioso.

Gustav Becker dijo...

El vocabulario es la peor y más latente de las armas. Los tremendos complejos de mucha gente hicieron que la palabra "campesino" (hombre del campo), adquiriese un tinte peyorativo que no debería de tener. Son los propios "desertores del arado" los que han considerado de forma desacertada como un insulto o un adjetivo despreciativo la palabra campesino.
Los cuadros de Cuadrado Lomas o de Castilviejo están llenos de "campesinos" y utilizan la palabra para sus títulos en cientos de ocasiones, sin que nadie diga nada.