viernes, 12 de junio de 2015

OTROS ULTRAJES AL HIMNO



No ha habido post sobre la pitada al himno de España en la final de la Copa del Rey del pasado 30 de mayo porque los seguidores de La pluma viperina ya saben muy bien, sin necesidad de que me pronuncie, qué medidas concretas pienso que deberían aplicarse tanto a los clubs implicados como a sus hinchas.

Lo que pasa es que ayer, viendo el partido de nuestra Selección contra Costa Rica, me hice algunas preguntas generales sobre el respeto que debería mostrarse durante la interpretación de la Marcha Real al comienzo de los encuentros deportivos. Porque de acuerdo en que pitar el himno, que es un símbolo oficial de España, constituye no solo un delito, sino también una falta de respeto intolerable que debería castigarse con el máximo rigor, de forma tan ejemplar que ni el más loco se atreviera a silbar de nuevo ni en el fútbol ni en la ducha, pero no puede olvidarse que existen otras formas de ultraje, también graves aunque no intencionadas.

En concreto me refiero a esa costumbre que tienen no pocos palurdos de tatarear ostentosamente la Marcha Granadera con diferentes onomatomeyas (chunda-chunda, la-la-la-la), pretendiendo en teoría paliar la ausencia de letra. En el partido de ayer se podía escuchar claramente.

Sin pretender comparar los pitidos insultantes con estos tarareos, el Himno Nacional debería escucharse en pie, en silencio y con actitud si no solemne, al menos deferente, y a los patanes que mosconean mientras está sonando habría que meterles un puro bien contundente que les quitara las ganas de canturrear. 

No pretendamos que la bazofia separatista respete el símbolo musical de nuestra nación si los que se suponen patriotas españoles se dedican a rebuznar mientras lo escuchan.