miércoles, 16 de julio de 2014

¡MARRUECOS ESPAÑOL!


Los delirios yihadistas sobre la reconquista de Al Andalus y la reivindicación marroquí de Ceuta y Melilla nunca obtienen más respuesta que el silencio cobarde del gobierno español, cuando un simple repaso a nuestra presencia histórica en el Norte de África basta para corroborar que no solo son absurdas las pretensiones territoriales de la morisma, sino que, a poco que tiremos del hilo, resulta que es España quien debería reclamar sus derechos legítimos sobre parte del  actual Reino de Marruecos y su área de influencia. 


Mauritania Tingitana 

Los lazos de Hispania con la Península Tingitana se remontan a la provincia romana de Mauritania Tingitana, también llamada Hispania Transfretana, que abarcaba el noroeste del Marruecos actual y dependía administrativamente de las provincias hispánicas. El cristianismo comenzó a extenderse por esta región a partir del siglo II. Tras la caída del Imperio Romano, fue ocupada sucesivamente por los vándalos, por los bizantinos y por los visigodos para terminar cayendo en manos del Califato Omeya, que invadió España en el 711.


 Los Reyes Católicos.

Tras la conquista de Granada, la Corona de Castilla se propuso ir más allá y tomar el Norte de África, no solo para reconstruir la vieja Hispania cristiana del Imperio Romano, sino como medida preventiva frente a un posible contraataque musulmán. La campaña, orquestada por el Cardenal Cisneros, culminó con la toma de Melilla, Mazalquivir, el Peñón de Vélez de la Gomera, Bugía, Túnez y Trípoli, entre otras plazas, la mayor parte de las cuales serían recobradas por los sarracenos en el siglo XVI debido a la concentración de los esfuerzos españoles en América.


Melilla y Ceuta

La Ciudad de Melilla y el Peñón de Vélez de la Gomera pertenecen a España desde entonces, mientras que Ceuta, conquistada en 1415 por los lusos, pasó a la soberanía española en 1580 al unirse España y Portugal en una misma corona durante el reinado de Felipe II. Al volver a separarse el país vecino, Ceuta se quedó con nosotros (Tratado de Lisboa de 1668).

Además la plaza ceutí (ciudad de Septem) ya había pertenecido a los visigodos en el siglo VI.

Tanto Ceuta como Melilla ampliaron notablemente su perímetro gracias la victoria española en la Guerra de África (1859-1860).


Ifni 

La franja de Ifni, de 80 kilómetros de costa y 25 de ancho, al suroeste de Marruecos, fue ocupada por Isabel la Católica en 1476. El asentamiento (actual ciudad de Sidi Ifni) fue bautizado como Santa Cruz de la Mar Pequeña, y se mantuvo español hasta su abandono, en 1524, a causa de las continuas incursiones bereberes. Tenía y tiene una gran importancia pesquera.

Tras la victoria de O´Donnell en la Guerra de África (1860), este territorio fue reconocido como español por el Sultán (Tratado de Wad-Ras), si bien no se ocupó de forma efectiva hasta 1934, en tiempos de la II República. Se convirtió a todos los efectos en provincia española en 1958 y fue entregado a los moros en 1969 ante las presiones de la ONU.


Sáhara occidental 

La presencia española en el sáhara Occidental se remonta al siglo XV. Tres siglos después, tras un conflicto pesquero, Sulayman de Marruecos reconocía los derechos de Carlos IV sobre estas tierras. 

La victoria en la Guerra de África permite a España expandirse por la zona, donde ya existían varias fábricas fundadas por españoles. A partir de 1885 va estableciendo, progresivamente y de mutuo acuerdo con Francia, asentamientos y destacamentos militares.

El Sáhara también alcanzó la categoría administrativa de provincia (1958). Estaba formada por los territorios de Saguia el Hamra y de Río de Oro (capital Villa Cisneros, hoy Dajla). 

Fue ocupado ilegalmente por Marruecos durante la Marcha Verde de 1975, pese a no existir ningún tipo de vinculación histórica. España se retiró, convirtiéndose así los marroquíes en administradores de facto de este “territorio no autónomo”. Legalmente, según Naciones Unidas, la administración corresponde aún hoy a España.


Villa Sanjurjo, Alhucemas e Islas Chafarinas

La ciudad de Villa Sanjurjo (hoy, Alhucemas) se fundó tras el famoso desembarco del General Sanjurjo en la Guerra del Rif (1926). 

Las pequeñas islas del mismo nombre todavía nos pertenecen, igual que las Islas Chafarinas, obtenidas oficialmente por nuestro país tras la firma del Tratado de Wad-Ras (1860) aunque ocupadas doce años antes por el General Serrano.


Protectorado español 

Tras la pérdida de Cuba y Filipinas en 1898, España vuelve su mirada al otro lado del Estrecho e intenta asegurar su influencia en la zona norte de Marruecos mediante un reparto territorial con Francia.

El Protectorado español en Marruecos se fundó en 1912 y duró casi 50 años. Abarcó dos zonas diferenciadas y alejadas: la región del Rif, al norte, y Cabo Juby, al sur, lindando con el Sáhara Occidental. Tánger quedaba como ciudad internacional bajo control conjunto de Francia y España, pero Franco la ocupó en 1940 y la retuvo durante cinco años aprovechando los reveses galos en la Segunda Guerra Mundial

El régimen de protectotado implicaba en la práctica el total control político y económico por parte del gobierno español, manteniéndose solo formalmente algunas instituciones locales (el jalifa) sin ningún poder de decisión más que en cuestiones religiosas.

En el contexto de la descolonización, España se vio obligada a reconocer la independencia marroquí entre 1956 y 1958, nada más hacer Francia lo propio en su zona de dominio. Primero cedimos el Rif y, tras la Guerra de Ifni, renunciamos a Cabo Juby.

3 comentarios:

PΩLITÍCOLA dijo...

hace años conocí un marroquí, muy laico y muy versado, al que le gustaba hacer rayitas en los mapas y rememorar con nostalgia los días en los que las normas sobre el derecho de riego o el diezmo a pagar al señor de turno se decidían en Marraquech.

Lo mismo le digo: vaya lacra de fronteras. Espero que lleguen pronto los días en los que los países (que no las distintas culturas) no sean sino un mal recuerdo.

Al Neri dijo...

No diga comunistadas.

Tábano porteño dijo...

A veces en estas cuestiones uno encuentra sorpresas polémicas.

Titus Burckhardt es un autor de la corriente perennnialista (como Guenon y Coomaraswamy) que creo respetable, más allá de su heterodoxia en lo religioso. Sin embargo, topé un día con el ensayo del enlace:

http://rua.ua.es/dspace/bitstream/10045/14028/1/burckhardt001.pdf